TEMPLOS PARA CUBRIR LA TIERRA

CAPITULO 1 1

Terminada la Guerra de Corea y con la promesa de un retorno gradual a las normas regulares concernientes al llamamiento de misioneros, Gordon bien podría haber esperado descansar de las horas interminables y de las repetidas dificultades que debió pasar en su trabajo. Pero no sería así.

El 5 de agosto de 1953, el presidente David O. McKay dio la palada inicial y dedicó el lugar para un templo en Zollikofen, Suiza. Dicha ocasión tuvo gran significado para los miembros de la Iglesia, tanto en Europa, quienes se beneficiarían directamente al contar con un templo en su continente, como para todos los demás en el mundo, quienes proclamaron el acontecimiento como una evidencia de que la Iglesia estaba convirtiéndose en una organización de alcance e importancia internacional. Aunque él no lo percibió en ese momento, el evento llegaría a tener asimismo una íntima y profunda influencia en Gordon.

Cierto día en el otoño de 1953, el presidente le pidió que fuera a su oficina para tener una entrevista privada, durante la cual le explicó algunas de las importantes dificultades que el nuevo templo europeo presentaba. "Hermano Hinckley' comenzó diciéndole, "como usted sabe, estamos construyendo un templo en. Suiza, el cual será diferente de otros templos, los, ya que tendremos que servir a miembros que hablan muchos distintos idiomas. Quiero que busque usted una manera de presentar las instrucciones del templo en varios idiomas europeos empleando un número mínimo de obreros".

Tenia que desempeñar tal función simultáneamente con sus obligaciones en el Departamento Misional y el templo iba a ser dedicado dos años después. La nueva asignación le imponía una responsabilidad repleta de exigencias y relacionada con temas tan sagrados y sublimes como ninguna otra dentro de los propósitos del Evangelio.

Necesitaría un lugar espacioso y reservado para la tarea. El presidente McKay autorizó el uso de una sala en el quinto piso del Templo de Salt Lake donde Gordon podríaa estudiar y meditar en cuanto a-la dirección que el proyecto habría de tomar. En las noches, los sábados y algunas mañanas de domingo se dedicóó a examinar el lenguaje de las ceremonias del templo, a bosquejar ideas y a orar al Señor para que lo guiara.

El presidente McKay se reunía frecuentemente con él los domingos de mañana temprano en el templo. Gordon pedía el consejo del Presidente de la Iglesia acerca de la manera en que las palabras y la presentación debían adaptarse a fin de satisfacer los propósitos ya descritos. Solamente Marjorie sabía en cuanto al proyecto de su esposo y a la razón por que estaba súbitamente ausente del hogar más que antes.

Después de mucho estudiar y meditar, Gordon presentó una recomendación: Parecía' ser que la manera más eficaz de conducir a grandes números de participantes a través del sagrado servicio en el templo en varios idiomas y con un mínimo de obreros era hacer la presentación mediante una película. El problema ahora sería producir un filme que no sólo protegiera el carácter de las instrucciones del templo sino que, a la vez, resultara ser una digna representación de esa obra tan sagrada.

Gordon reunió a un grupo de colegas muy capaces, creativos y dignos de entrar al templo que le ayudarían a diseñar y producir esa tarea tan singular: Frank Wise, un excelente productor cinematográfico que había ayudado ya en materia de filminas misionales y otros proyectos; Paul Evans y;Joyce (Joe) Shaw, de KSL; Joe Osmond, el electricista de la Iglesia; Winnifred Bowers, una experta en vestuario; Harold'1. Hansen,.de la Universidad Brigham Young, quien dirigía el' espectáculo del Cerro Cumorah; y Bill Demos, un diseñador de escenarios.

Pusieron manos a la obra. La ornamentada sala de tres pisos en la que el presidente Wilford Woodruff había dedicado el templo en la primera de 31 sesiones parecía ser ideal. Gordon y sus compañeros comenzaron convirtiendo en un decorado cinematográfico el amplio lugar entre los pedestales del este y del oeste. Como telón de fondo para las cámaras, colgaron un enorme lienzo desde el cielo raso, hasta el suelo, usaron poleas industriales para levantar varios artefactos a través de las grandes ventanas del cuarto e instalaron una línea de energía eléctrica capaz de suministrar el voltaje necesario para las luces y las cámaras. Los ascensores del templo detrás de la puerta posterior posibilitaron el transporte de pequeñas cantidades de materiales directamente hasta el quinto piso sin distraer la atención de los obreros.

Trabajaban en días sábados y feriados, desde el alba hasta el atardecer en sus exigentes deberes en el templo sin perturbar sus correspondientes empleos. Al cabo de un año de largas horas e incesantes exigencias, terminaron la película en inglés. Y aunque la misma debió mejorarse en producciones posteriores el presidente McKay quedó muy satisfecho con tal esfuerzo pionero. Completada ya la versión en inglés, ahora tenían que producir el sagrado servicio en una docena de otros idiomas, y para cada película se necesitaban diferentes repartos y nuevas traducciones. Sólo mucho tiempo después habría de adaptarse una sola película para usarla en múltiples idiomas.

Una vez que la producción quedó terminada, se presentó otro delicado problema. ¿Dónde podrían procesarse las películas sin el riesgo de divulgar su lenguaje tan sagrado? Después de considerar varias posibilidades, Gordon se puso en contacto con un viejo amigo, James B. Keysor, un miembro de la Iglesia en California, quien mediante sus conexiones en Hollywood hizo los arreglos para que un laboratorio procesara la película de tal manera que solamente algunas personas previamente autorizadas podrían ver su contenido.

Finalmente, se completó la producción. Pero aún había que preparar muchas cosas más antes de la dedicación del templo. Como consecuencia de ello, Gordon se aprestó para viajar a Suiza antes de la dedicación a fin de asegurarse de que todo estaría listo para cuando arribara el presidente McKay. Para gran deleite suyo, invitaron a su esposa Marjorie para que lo acompañara, pero él estaba muy preocupado con las dificultades relacionadas con el transporte de los materiales del templo a Suiza.

Consiguientemente, se tomaron complicadas precauciones con el fin de proteger dichos materiales conteniendo la sagrada ordenanza. Llevando consigo los rollos de película de 16 milíme tros en dos pequeñas valijas y las grabaciones sonoras en dos pequeños barriles, Gordon y Marjorie partieron rumbo a Suiza.

Cuando llegaron a Basilea, el funcionario de aduanas preguntó qué contenían los barriles, Gordon le contestó: "Películas y disertaciones religiosas". El agente respondió: "No le puedo dejar pasar las películas por la aduana sin la aprobación del consejo federal cinematográfico". Y agregó que tendría que transferir los rollos de película a Berna, donde se someterían a la consideración del consejo en un par de días. Con gentileza, Gordon trató de persuadir al funcionario que le permitiera entrar con las películas, pero luego desistió de ello al pensar que era mejor evitar un debate antes de llamar indebidamente la'atención a tan valioso equipaje. Con cierta renuencia, depositó los' rollos bajo garantía e hizo los arreglos para que se transfirieran a la aduana suiza en Berna, donde los recogería en la mañana del lunes siguiente.

Al otro día Gordon y el presidente William F. Preschon, de la Misión Suiza-Austriaca, ayunaron y le suplicaron al Señor que mantuviera las sagradas películas fuera del alcance de otras manos. Temprano en la mañana del lunes, fueron a la aduana en Berna donde nuevamente le pidieron a Gordon que declarara el contenido de su equipaje. Entonces, por segunda vez, respondió: "Películas y disertaciones religiosas". El funcionario aceptó su declaración y los envió a la oficina del consejo federal cinematog ráfico donde otro funcionario les hizo una serie de preguntas.

"¿De qué trata esta película?" "Disertaciones y música religiosas", respondió Gordon. "¿Cuál es su propósito? "Son para utilizarlas en el nuevo templo que' estamos construyendo en Zollikofen". "¿Cuál es su título?", preguntó el funcionario. "No tiene título, respondió Gordon. "¿Cómo es posible que estas películas no tengan título?", siguió preguntando el funcionario. Con mucho cuidado, Gordon le dijo: "Se trata sólo de una disertación, y nosotros no les ponemos título a cada disertación que se da en nuestra iglesia". A medida que le explicaban la naturaleza de los materiales, fue manifestándose en el funcionario un amistoso entendimiento y cooperó de un modo sorprendente y estampó todos los sellos necesarios. Recogieron los rollos de película y los llevaron al templo. Nadie vio una sola escena ni escuchó una sola palabra de las películas.

Tanto Gordon como Marjorie se enfrascaron de inmediato en la excitación de los acontecimientos que ocurrían en Zollikofen. Temprano cada mañana tomaban el tranvía hasta el templo, listos para abordar las tareas del día. Marjorie ayudaba en todo, desde planchar ropa hasta pasar la aspiradora. Gordon supervisaba la instalación de los proyectores y el equipo sonoro, sincronizaba las diferentes partes del filme y la banda de sonido, y repasaba cada versión de la película en los diferentes idiomas.

Las largas horas y el afán que precedieron la dedicación fueron abundantemente recompensados por los eventos subsiguientes. Durante cinco días, el presidente McKay dirigió sesiones dedicatorias del templo en el cual muchos santos de toda, Europa experimentaron una notable manifestación del Espíritu.

Todo lo acontecido había sido tan dulce y espiritualmente agradable como nada en lo que Gordon había jamás intervenido. "Al;observar a aquellas personas de diez naciones que se habían congregado para participar en las ordenanzas del templo", comentó tiempo después, "al contemplar a' gente anciana proveniente del otro lado de la Cortina de Hierro y que había perdido a sus familiares en las guerras que tanto les acosaron y presenciar sus expresiones de gozo y sus lágrimas de regocijo que surgían de sus corazones como resultado de las oportunidades que recibieron; al ver a aquellos jóvenes esposos con sus esposas: y sus hijos-esos niños tan alegres y hermosos-y contemplar a esas familias que se unían en una relación eterna, supe con una certidumbre que sobrepasaba todo lo que había sabido antes de eso que [el presidente McKay] fue inspirado y enviado por el Señor para llevar esas preciosas bendiciones a la vida de aquellos hombres y mujeres de fe provenientes de las naciones de Europa".

Se había dispuesto que la obra del templo no comenzaría hasta la mañana del lunes 19 de septiembre, pero preocupado acerca de los miembros de países vecinos que tenían que regresar sin demorarse, el presidente McKay le preguntó a Gordon si era posible empezar las sesiones de inmediato. Entonces él y sus ayudantes trabajaron el jueves casi toda la noche después de la última sesión dedicatoria a fin de que dos grupos de santos de habla alemana pudieran recibir sus investiduras al día siguiente.

También los miembros de la Misión Francesa que deseaban participar en sesiones en francés pudieron hacerlo. Los santos de Suecia y de Holanda solicitaron lo mismo. El resultado fue que las sesiones del templo se llevaron a cabo ininterrumpidamente desde ese viernes a las 7 de la mañana hasta el sábado a las 7 de la noche. Gordon y los demás miembros designados para que escoltaran a centenares de santos a través del templo por primera vez, trabajaron nuevamente durante toda la noche.'

En una carta al presidente Richards, Gordon describió de esta manera aquellos dos primeros días de labor en el Templo de Suiza: "Si [mi respuesta a sus preguntas] parece ser un tanto confusa, es porque he estado trabajando por dos noches seguidas. El jueves trabajamos hasta las cuatro de la mañanapreparando las cosas para la [primera] sesión. El primer grupo pasó ayer a las ocho de la mañana y el último terminó esta mañana a las seis y media sin descanso alguno.

Yo tuve que encargarme de todo el equipo usado para la presentación, siendo que todavía no tienen a nadie acá que ya haya entrado al templo. El ingeniero local pasó ayer y espero que ahora podrá aprender todos los detalles en pocos días y así podré yo regresar a casa. El presidente McKay presenció ayer la primera sesión enn alemán y quedó satisfecho con los resultados. Desde entonces hemos tenido otra sesión en alemán, como así también sesiones en francés y en sueco, y teniendo en cuenta los problemas de idiomas y el hecho de que la gente ha recibido muy pocas instrucciones preparatorias en cuanto a la obra del templo, todo se ha desarrollado notablemente bien.

Yo estoy seguro de que habría sido extremadamente difícil presentar el servicio en seis idiomas y hacerlo con eficacia sin contar con algo del programa que estamos utilizando". Al mes siguiente, en la conferencia general, el presidente McKay reconoció los "incansables esfuerzos' del élder Gordon B. Hinckley", que hicieron posible que miles de santos europeos pasaran por el templo antes de regresar a sus hogares.

Aunque quedó física y emocionalmente agotado cuando partió de Suiza, Gordon se sentía muy entusiasmado ante todo lo que había acontecido. Si no hubiera sido por la ayuda de aquellos dedicados colegas que trabajaron incesantemente durante meses, y por la guía divina que les había conducido a través de la difícil tarea de la filmación del servicio del templo, él sabía que no habría podido cumplir el encargo del presidente McKay. Para él, esa experiencia fue una vívida confirmación personal de que de las cosas débiles y sencillas resultan grandes cosas, y que el Señor dirige y sostiene a quienes le sirven.

De regreso en Salt Lake City, Gordon volvió a concentrar su atención en el Departamento Misional. A pedido del presidente McKay, sin embargo, continuó asimismo participando en cuanto a la obra del templo. Otro templo más-éste en Los Ángeles [California]-estaba programado a dedicarse sólo pocos meses después y Gordon estaba especialmente capacitado para administrar muchas asignaciones relacionadas con la preparación del sagrado edificio para su habilitación.

El presidente McKay invitó -a Gordon para que asistiera a la dedicación. Siendo que la Costa Oeste se hallaba a sólo un día de viaje en automóvil, él y Marjorie decidieron que ésa era la oportunidad ideal para llevar a sus hijos y-contemplar el océano y conocer California personalmente, participando a la vez en la dedicación del templo.

Los hijos se maravillaron al atravesar el desierto Mojave y les encantó pasar, en Beverly Hills, por las residencias de artistas de' cine. También fueron hasta el océano, aunque la versión de los Hinckley en cuanto a un viaje a la playa' era más bien extraña. "Cuando fuimos a la playa, fuimos a mirar nada más, no a jugar en la arena", dijo Marjorie. "Cinco minutos después de estar allí, Gordon dijo, 'Muy bien, ya han visto el océano. Vamos`.

El' 11 de marzo de 1956, exactamente seis meses después de haber dedicado el Templo de Suiza, el presidente McKay dirigió la primera de ocho sesiones dedicatorias del Templo de Los Ángeles, el primero sobre la Costa Oeste y solamente el tercero, fuera de Utah en el territorio continental de los Estados Unidos. Tal como en el caso de Suiza, la dedicación dio lugar a un maravilloso derramamiento espiritual. En lo que a Gordon respecta, nada se comparaba a la manera en que se sentía en el templo, especialmente durante una dedicación. Con cada experiencia relacionada con un nuevo templo, se maravillaba de la oportunidad tan especial que se le presentaba de dedicarse a esta sagrada obra.

Aunque todavía tenía muchas responsabilidades relacionadas con la obra misional, era evidente que su intervención en cuanto a los templos habría de continuar. El presidente McKay le pidió que repitiera las funciones que había desempeñado en la inauguración de los templos de Suiza y de Los Ángeles en conexión, ahora, con los que se estaban construyendo en Nueva Zelanda y en Londres.

Merced a sus asignaciones en las oficinas generales, Gordon fue desarrollando un amplio concepto mundial de la creciente Iglesia. Por medio de su llamamiento en la presidencia de estaca, tuvo la oportunidad de trabajar a nivel de la comunidad, donde las normas y procedimientos generales llegaban; en efecto, a la gente. Durante más de diez años había servido como consejero del presidente Lamont B. Gundersen en la presidencia de la Estaca Millcreek.

Debido a que esa estaca estaba situada en uno de los lugares de mayor crecimiento en el valle, su presidencia estaba constantemente encarando cuestiones relacionadas con el progreso y el cambio. Durante los años en que sirvió en la presidencia de estaca, se crearon como mínimo quince nuevos barrios y la estaca fue dividida dos veces hasta convertirse en cuatro grandes estacas.

Una de esas divisiones tuvo lugar el 28 de octubre de' 1956, cuando los élderes Harold B. Lee y George Q. Morris dispusieron a los once mil miembros de la Estaca East Millcreek en tres estacas más pequeñas y llamaron a Gordon B. Hinckley como presidente de la original.'7 Fue un llamamiento pleno de históricas ramificaciones, puesto que constituía un miembro de la tercera generación de los Hinckley en ser llamado como tal.

Su abuelo fue presidente de una de las veintiuna estacas que existían entonces en la Iglesia; su padre había dirigido la que en esa época era la estaca más grande de la Iglesia; y él ahora asumía el liderazgo de la estaca número 150. Cuando el élder Lee presentó el nombre de Gordon Hinckley a los miembros de la Estaca Millcreek, un murmullo de aprobación circuló por toda la congregación. Más tarde, al apartarlo como presidente de estaca, el élder Lee le aconsejó que "escuchara los susurros del Espíritu, aun de noche, y que no hiciera a un lado las impresiones que recibiera".8 La bendición del élder Lee tuvo un profundo efecto en él y muchas veces a través de los años meditó en cuanto a las promesas que le fueron hechas.`

La estaca había sido dividida de tal forma que ahora contaba sólo con un edificio dentro de sus límites. Gordon se veía entonces confrontado no solamente con la tarea de construir capillas para alojar cinco barrios, sino también con tener que planear y preparar la creación inevitable de nuevas unidades. Como si eso fuera poco, se requería que toda estaca tuviese su propia granja de bienestar. Además de ello, su estaca era una de las que tenían a su cargo recaudar fondos para construir las instalaciones para un seminario en la Escuela Secundaria Olympus.

Casi de inmediato, se puso en campaña, de conformidad con las normas en vigencia, para construir un centro de estaca (estando obligada su estaca a solventar la mitad de los gastos), recaudar fondos para un edificio de seminario (las estacas del área eran responsables del 100 por ciento del costo), y adquirir una granja de bienestar (que también debían pagar los miembros de la estaca). Al considerar con sus consejeros las diferentes pos¡~ bilidades, les preocupaba tener que imponer en las jóvenes familias esas obligaciones adicionales. Justamente antes de que dividieran la estaca, habían construido dos centros de reuniones y Gordon sabía que muchos miembros pensaban haber contribuido ya todo cuanto podían.

Pero fiel a la promesa del élder Lee, una noche tuvo una súbita y clara impresión: "Se me ocurrió que éste no era solamente mi problema", explicó. "Ésta era la Iglesia del Señor y [por tanto] el problema era del Señor. Supe en ese instante que Él me ayudaría a determinar cómo teníamos que proceder Después de deliberar con sus consejeros, Gordon convocó una reunión del sacerdocio y explicó los problemas económicos que les esperaban, declarando a manera de introducción: "Hermanos, ésta no es mi estaca. Es la estaca del Señor, y la estaca de ustedes.

Todos ustedes son accionistas en esta organización, y esta noche tenemos que hablar acerca de nuestras necesidades y sobre cuál será la mejor manera en que habremos de resolverlas". Entonces invitó a quienes desearan hacerlo que expresaran sus comentarios.

La cosas no empezaron bien. Un hombre sentado en la primera fila se puso de pie y dijo: "Todo lo que he podido oír desde que vine a esta estaca es dinero, dinero y dinero. Voy a mudarme de aquí A esto siguieron otras expresiones similares. Los pensamientos se agolparon en la mente de Gordon. ¿Cómo habría de conciliar ahora la reunión?

Finalmente, un hombre que había permanecido en silencio a un lado del salón se puso lentamente de pie y comenzó a hablar, diciendo: "Hermanos, ésta es la obra del Señor y, como ha dicho el presidente Hinckley, la estaca del Señor. La Iglesia necesita contar con propiedades para poder funcionar. Como ya lo saben, yo soy un cartero y no tengo muy buen sueldo. Pero mi esposa y yo tenemos una pequeña cuenta de ahorros y sé que me apoyará en aportar cuanto dinero tenemos a estos proyectos".

Lo que ocurrió entonces fue algo maravilloso. Uno tras otro, los poseedores del sacerdocio se pusieron de pie y ofrecieron su apoyo. Para Gordon, ésa fue una experiencia conmovedora y le enseñó una lección que habría de guiarlo por el resto de su vida. , _ "Éste no es problema de ustedes, sino del Señor. Y si escuchan el susurro del Espíritu, prestan atención y consultan con sus hermanos, Él les dirá lo que tienen que hacer y les preparará el camino".

Con el apoyo de los quórumes del sacerdocio, el presidente Hinckley y sus colegas pusieron manos a la obra. En los meses subsiguientes, adquirieron el terreno para la nueva estaca, contrataron a un arquitecto y consiguieron que las oficinas generales de la Iglesia prepararan y aprobaran los planos,.y entonces comenzaron la obra de construcción.

También adquirieron intereses de participación con otra estaca en un terreno-' de más de 100 hectáreas para una granja de bienestar y ayudaron a otras estacas en la región para que recaudaran fondos destinados a construir un seminario. Los miembros aportaron donaciones personales, los quórumes del sacerdocio y las organizaciones auxiliares de barrio recaudaron centavos y dólares para comprar muchas cosas, desde ganado Hereford para la, granja, hasta las cortinas para el centro de estaca. "Puede que haya habido algunas murmuraciones", comentó tiempo después el presidente Hinckley, "pero la fe de la gente fue eclipsándolas. Contribuyeron generosamente a pesar de las preocupaciones impuestas por sus propias circunstancias y el Señor los bendijo extraordinariamente".

No obstante la gran responsabilidad de atender el bienestar espiritual de la gente y administrar los asuntos temporales de la estaca, Gordon no llevaba a cabo más reuniones que las absolutamente necesarias. Se le reconocía por su eficacia, su capacidad para trabajar, su espíritu compasivo y su sentido del humor. Sus reuniones empezaban a tiempo y terminaban a tiempo. Esperaba que los líderes de la estaca estuvieran bien preparados y hablaran con franqueza.

Cuando surgía algún tema serio, parecía estar siempre listo para encararlo directamente y sin demora. En base a esto, era cuestión de combinar la tarea con una oración sincera. En realidad, frecuentemente respondía a los problemas con esta declaración: "No conozco ninguna otra forma de realizar nada sino mediante el trabajo, así que, manos a la obra". Cuando tomaba una decisión, nunca miraba hacia atrás.

En esa época, Gordon no preveía aún los eventos que se aproximaban y que le exigirían adoptar cometidos de los que nunca habría de apartarse.


No hay comentarios:

Datos personales

Mi foto
Sacerdote de la Iglesia de Jesucristo de lo Santos de los Últimos días.