<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326</id><updated>2011-04-21T19:46:21.035-07:00</updated><category term='amigo'/><category term='fe'/><category term='tolerancia'/><category term='cristo'/><category term='apostol'/><category term='amiga'/><category term='cielo'/><category term='felicidad'/><category term='espíritu'/><category term='paciencia'/><category term='espiritual'/><category term='amor'/><category term='humildad'/><title type='text'>Fe en Cada Paso</title><subtitle type='html'>LA BIOGRAFIA DE GORDON B. HINCKLEY</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>28</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-2826032572230427907</id><published>2008-01-28T14:22:00.000-08:00</published><updated>2008-02-05T13:51:03.606-08:00</updated><title type='text'>FE EN CADA PASO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-family: verdana;font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt;LA BIOGRAFÍA&lt;br /&gt;DE&lt;br /&gt;GORDON B. HINCKLEY&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;PREFACIO&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A nadie que conozca al presidente Gordon B. Hinckley habrá de extrañarle saber que él era la última persona en querer que se publicara esta obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por varios años se opuso a la insistencia de muchos compañeros y familiares y rechazó a varios editores que trataron de persuadirlo a que permitiera la publicación de la historia de su vida. Y aunque finalmente transigió y consintió en colaborar con este proyecto, sin duda que preferiría que su historia No se contara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su reticencia se debe a varias razones. Una de ellas es que No le agrada la notoriedad y No cree realmente que alguien tenga necesidad de saber lo que él ha logrado durante las seis décadas de servicio a la Iglesia y a la comunidad. Otra razón es que el hecho de ser descrito en una reseña literaria como algo más de lo que él se considera a sí mismo ha sido muy poco atractivo y un tanto riguroso. "Nadie puede transformar quince centavos en un dólar", me ha dicho más de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca habré de olvidarme de la reunión que tuve con él después de que leyera las tres primeras partes del manuscrito. Al cabo de una pausa algo incómoda, durante la cual parecía estar buscando la manera adecuada para rebatirme con delicadeza, comenzó a decir: "Estoy hastiado, muy hastiado de leer acerca de Gordon Hinckley. Es demasiado lo que este manuscrito contiene acerca de Gordon Hinckley". Tratando de buscar una respuesta, pensé en decirle: "¿Y a quién cree que debiera referirme en su biografía?", pero No encontré palabras lo suficientemente respetuosas para verbalizar mi pensamiento y me quedé callada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que recibí el primer sermoncito que, en los meses subsiguientes, habría de repetirme por lo menos una docena de veces. "La adulación es algo venenoso", dijo, recalcando cada palabra. "La adulación ha arruinado a mucha gente buena y No quiero que este libro me describa como algo que No soy".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, le respondí: "Presidente, me parece que tenemos aquí un pequeño problema. Usted quiere que yo escriba un libro que diga que usted es simplemente una persona común y corriente".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Es que lo soy", dijo, interrumpiéndome. "Yo fui un muchacho normal que jugaba con canicas, solía tomarme a los puñetazos con otros muchachos y les metía en un tintero las trenzas a la jovencita que se sentaba adelante de mí en la escuela. No he hecho nada más que tratar de hacer siempre lo que se pedía y de hacerlo de la mejor manera posible. No quiero que haga de mi vida mucho más de lo que realmente ha sido".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que tal es mi cometido. Mi personaje No quiso que lo presentara como alguien extraordinario, pero desde el principio me di cuenta de que eso era precisamente lo que él era. George W. Durham II, el hijo del élder G. Homer Durham, cuya amistad con el presidente Hinckley data de los días de su adolescencia, lo resumió con elocuencia al decirme: "No la envidio en absoluto. Se le ha pedido que describa un retrato cuando en realidad se trata de todo un panorama. No puedo imaginar cómo habrá de lograrlo". Ésa fue una afirmación desafiante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto poeta ha dicho: "Aquí y allá, y de cuando en cuando, Dios pone a un gigante entre los hombres". Y cuánto más notable es cuando ese gigante No se considera como tal a sí mismo, que es lo que sucede con el presidente Hinckley. Por más que he tratado y con todo lo que he investigado, no he podido encontrar nada que sugiera que él es una persona común y corriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que ha experimentado los desafíos de la vida mortal. Ha reído y ha llorado, ha padecido sinsabores y logrado triunfos, ha cometido errores y ha sabido esforzarse por corregirlos. También ha mantenido un paso febril, ha conservado la serenidad ante la oposición, ha encarado diligentemente cada asignación que se le ha encomendado y, en general, ha procedido en base a una simple máxima que él mismo ha predicado durante toda su vida: que la única manera de llevar a cabo lo que deba hacerse consiste en doblar las rodillas y orar al Señor pidiéndole ayuda para después ponerse de pie y dedicarse a la tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue John Ruskin el que dijo que:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"La mayor recompensa no está en lo que recibimos por nuestra labor, sino en lo que nos convertimos al realizarla".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si jamás ha habido un verdadero ejemplo de ello, ése es el presidente Hinckley. Cuando llegó a ser el Presidente de la Iglesia, ya había trabajado durante casi seis décadas en las Oficinas Generales de la misma, los primeros veintiún años en relativo anonimato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora, al cabo de treinta y ocho años como Autoridad General y de quince de ellos en la Primera Presidencia, su influencia en cuestiones tan importantes como la obra misional, la construcción de templos, la obra que se realiza en ellos, las finanzas de la Iglesia y los asuntos públicos está muy bien documentada. Su segundo consejero, el presidente James E. Faust, ha sugerido que quizás ningún otro hombre haya llegado a ser Presidente de la Iglesia más ampliamente o mejor preparado para el oficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, no es exagerado afirmar que el presidente Hinckley ha ejercido una extraordinaria influencia en cuanto al progreso del reino del Evangelio que muy pocos han igualado. Y al hacerlo, ha sabido modelar una vida digna de emulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otras palabras, éste es un hombre cuya historia merece ser relatada. El mismo presidente Hinckley dijo una vez que "el prospecto más persuasivo del Evangelio es la vida ejemplar de un Santo de los últimos Días". No dudo que todo lector habrá de encontrar en esta biografía la historia de un hombre cuya vida constituye un prospecto indiscutible del Evangelio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto No quiere decir que el presidente Hinckley haya resultado ser una persona fácil de convencer. Aun me ha parecido ser toda una serie de contrastes. Es un hombre profundamente espiritual y sin embargo no hace ostentación de su testimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus colegas afirman que es una persona brillante pero, más que eso, es pragmático y sabio. Su inmenso respeto por el pasado lo relaciona casi de manera tangible con los fundadores de esta dispensación; no obstante, es un hombre vigoroso, No intimidado por reglas convencionales ni por las tradiciones, un verdadero pionero por derecho propio siempre dispuesto a aventurarse en territorios inexplorados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene pasión por el Evangelio y por la gente, y aun así No es excesivamente sentimental. Tiene un profundo conocimiento de las Escrituras y de la doctrina de la Iglesia, pero compone sus discursos de modo que nunca aflijan o atemoricen a nadie. Es muy elocuente, pero emplea con precaución su lenguaje y de tal manera que No llame la atención en sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toma con seriedad todo lo que hace, pero no es demasiado serio consigo mismo, de ahí que su modesto ingenio atraiga a la gente de cualquier condición social. No sería muy fácil encontrar que alguien haya defendido con mayor diligencia la posición de Presidente de la Iglesia mas, sin embargo, se siente incómodo cuando se le presta indebida atención ahora que ocupa ese cargo. Y aunque posee una gran habilidad natural, nunca se ha entregado a la tendencia humana de gloriarse en su propia fortaleza. Ha centrado su fe en un poder más grande que el suyo propio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de toda su renuencia en permitir la realización de este proyecto-demostrando en ello tanto la disponibilidad como la inmensidad de su carácter personal-el presidente Hinckley ha sido accesible y cooperativo en todo momento. Ha leído varios bosquejos del manuscrito, ofrecido sugerencias y hecho correcciones a la vez que me han permitido la libertad de conservar la integridad de esta obra. Estoy muy agradecida por su paciencia, su buen humor y su ejemplo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, todos aquellos que trabajan en la oficina del presidente Hinckley me han sido de gran ayuda. Agradezco en particular a Lowell R. Hardy, su secretario personal, quien ha sabido responder a innumerables pedidos y, al hacerlo, ha contribuido enormemente a este proyecto, y a Debbie Burnett, también de la oficina del Presidente, quien me ha suministrado una interminable cantidad de documentos, transcripciones y otros materiales informativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento una inmensa gratitud para con la familia Hinckley, especialmente hacia la hermana Marjorie P. Hinckley, quien con tanta voluntad me concedió varias entrevistas y siempre me ofreció su apoyo con gran amabilidad. El presidente Hinckley tiene a su lado una mujer de comparable estatura, fortaleza, convicción y buen humor. Cada minuto que pasé con ella fue verdaderamente placentero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hijos de los hermanos Hinckley-Kathleen Barnes, Richard Hinckley, Virginia Pearce, Clark Hinckley y Jane Dudley-no podrían haber sido más cooperantes, alentadores y pacientes. Cada uno de ellos consintió en mantener entrevistas, me suministró materiales relacionados con la familia y, en general, me proporcionó gran ayuda. Estoy muy agradecida por su amistad. La familia Hinckley es muy especial. A pesar del encandilamiento propio de la popularidad a través de los años, nada ha alterado su sencillez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos consejeros del Presidente Hinckley, los presidentes Thomas S. Monson y James E. Faust, accedieron a mis entrevistas, como así también cada uno de los miembros del Quórum de los Doce y muchas otras Autoridades Generales. Estoy agradecida por su discernimiento y su ayuda. En especial, expreso mi gratitud al élder M. Russell Ballard, quien ha patrocinado esta obra desde el principio, y al élder Yoshihiko Kikuchi, presidente del Templo de Tokio en la actualidad, quien hizo los arreglos para importantes entrevistas con miembros asiáticos de la Iglesia cuyos lazos de amistad personal con el presidente Hinckley datan de principios de la década de 1960.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, agradezco a mis padres, JoAnn y Charles Dew, y a mis hermanos y hermanas quienes con sus respectivas familias constituyen mis más entusiastas alentadores. Tanto ellos como varios de mis íntimos amigos, me han rescatado una y otra vez durante casi dos años, llevando con frecuencia sobre sus hombros parte de mi yugo a fin de que yo pudiera dedicar cada posible minuto extra a un proyecto que, por lógica, requirió una dedicación total. Su apoyo ha sido emocional, espiritual y, a veces, extremadamente práctico. Una simple expresión de agradecimiento no podrá jamás ser suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque muchas personas me han ayudado de varias maneras significativas e importantes, yo soy la única autora de esta biografía y en consecuencia asumo completa responsabilidad por esta interpretación de la vida del presidente Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que he aprendido acerca del presidente Hinckley durante este proyecto abarca varias fases. He leído cada una de las páginas de su diario personal, lo cual me proporcionó una incomparable idea de sus actividades, motivos y sentimientos. A través de unas treinta entrevistas le hice innumerables preguntas sobre cada aspecto de su vida, preguntas que él siempre contestó con candidez y consideración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo le he visto personalmente animar a los misioneros e inspirar a los miembros en media docena de países, como así también presidir o dirigir las ceremonias dedicatorias de dos templos en cada una de las cuales habló sin la ayuda de notas declarando diferentes mensajes. Su preparación y sus geniales expresiones se han puesto de manifiesto al ser entrevistado por periodistas en muchos países y ha sabido explicar la obra de la Iglesia a reporteros que No eran miembros de ella, y a otros que ni siquiera eran cristianos, sin ánimo de predicarles, de serles condescendiente o de manifestar arrogancia. Yo le he escuchado orar en un país donde ninguno de sus anfitriones era cristiano y hacerlo de una manera que suscitó el agradecimiento y el evidente respeto de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo he presenciado el inmenso afecto que siente por los pueblos del mundo, como asimismo el amor que ellos le han manifestado a él. He leído miles de páginas de los discursos, artículos y libros que él ha escrito durante los últimos sesenta años y he podido percibir cuán espiritualmente sagaz era cuando, como misionero, solía escribir a mediados de la década de 1930 para el Millennial Star, así como también me ha maravillado la amplitud y profundidad de la sabiduría de sus consejos en años más recientes. Aprovechando esas experiencias y los esfuerzos de mi investigación, he tratado de poner en palabras la vida del presidente Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probablemente alguien me preguntará si esta biografía es un tratamiento ecuánime. A tal pregunta yo, sin disculparme y con sencillez, respondo que "No". En primer lugar, dudo que tal proeza sea posible. Muchos biógrafos se abocan a la difícil tarea de seleccionar y asimilar toda una montaña de informaciones para decidir entonces cuánto material abreviado tendrían que incluir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la misma vez, determinan en cuanto a las contribuciones, los sueños, las aspiraciones y aun los propósitos que motivan a los personajes de sus obras. En todo esfuerzo biográfico, tal responsabilidad es algo muy serio-pero cuando el personaje es el Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, eso implica una sagrada obligación. Teniendo esto en cuenta, reconozco que ha sido imposible para mí separar de esta obra mi básica creencia personal de que, en tanto que admiro al presidente Gordon B. Hinckley y considero que es un hombre extraordinario, tal opinión es superada por mi convicción de que él es aún mucho, mucho más que eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque fuéramos a evaluarlo basándonos solamente en una lista de realizaciones, el presidente Hinckley ocuparía un lugar preponderante entre los grandes contribuidores del mundo. Pero todo lo que él ha hecho, todo lo que ha experimentado-en fin, todo lo que a él respecta-da testimonio de que No se trata simplemente de un hombre de éxito. Más bien, éste es un hombre que el Señor ha cuidado y conservado durante toda su vida, un hombre cuya labor transciende su curriculum vitae, un hombre que fue preordenado para asumir una gran responsabilidad y que ha sido refinado, preparado y alistado por un Tutor Divino para ocupar el cargo que hoy desempeña y cuyo programa ha sido completo e integral. Dicho sencillamente, el presidente Gordon B. Hinckley es un Profeta de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una presidenta de Sociedad de Socorro de California me contó una vez acerca de un grupo de mujeres No miembros de la Iglesia con quienes salía a caminar todas las mañanas. Una de ellas era una persona muy amable que se lamentaba profundamente en cuanto a los problemas sociales y la decadencia moral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierta mañana, a medida que se esforzaban cuesta arriba por una colina, aquella mujer se refirió a un problema que parecía No tener solución. De pronto, en medio de la conversación, se dirigió a la presidenta de la Sociedad de Socorro y dijo: "¿Sabe usted lo que este mundo necesita? Necesitamos un profeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como en las épocas bíblicas. Necesitamos a alguien que nos explique este embrollo que hemos creado aquí abajo, alguien que hable con Dios". Mi amiga suspiró profundamente y se quedó en silencio por un breve momento antes de responderle: "Nosotros tenemos un profeta. Y él se comunica con los cielos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, quienes creen que el presidente Hinckley es un Profeta de Dios, hacen esta significativa pregunta: ¿Qué más da que haya un profeta en la tierra? Una experiencia que tuve durante la preparación de esta biografía grabó en mi alma esta pregunta y su respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo he disfrutado la bendición de tener un testimonio del Evangelio durante toda mi vida. A través de los años, los susurros que me ha dado el Espíritu han sido muy dulces y alentadores. Aunque he vivido momentos de desaliento, soledad y dificultades, nunca he sentido el peso del descreimiento y siento una gratitud indescriptible por el don del testimonio. Yo sé que José Smith fue un Profeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He caminado por la Arboleda Sagrada y entrado al pequeño cuarto en el segundo piso de la Cárcel de Carthage donde él selló su testimonio con su sangre. En esos lugares y en muchos otros, he recibido una confirmación de que la obra que él ayudó a restaurar es la obra del Maestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca, sin embargo, había sentido yo tanta gratitud por los profetas actuales como desde el día en que, pocos meses atrás, recibí un llamado telefónico temprano en la mañana con la horrible noticia de que mi hermano menor acababa de fallecer a consecuencia de una ataque cardíaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca se me había ocurrido pensar que en mi existencia en este mundo la compañía de mi vigoroso y aparentemente saludable hermano de treinta y nueve años de edad iba a, ser tan breve. Siempre pensé que íbamos a envejecer juntos, disfrutando de las bromas, la camaradería y el respeto mutuo que caracterizaba nuestra relación. Pero No había de ser así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fallecimiento de mi hermano ha causado un vacío indescriptible en mí. Ésa es la parte más difícil. Pero también me ha hecho pensar profundamente en cuanto a la fe que he abrigado durante toda mi vida, porque en los momentos de angustia que resultan de tales experiencias uno llega a descubrir las cosas en las que realmente cree-y esas creencias nos fortalecen o nos engañan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué más da el saber que en la actualidad tengamos un profeta que preside en el reino del Señor, restaurado hoy en la tierra? Tiene mucha importancia. Una de las primeras cosas que pensé después del fallecimiento de mi hermano Steve fue en lo inmensamente agradecida que estoy por el profeta José Smith, por cuyo intermedio se restauró el Evangelio con un total entendimiento del plan de nuestro Padre Celestial. ¡Cuán agradecida estoy por saber que la vida tiene un propósito, que No termina en el sepulcro y que se han restaurado sagradas ordenanzas que se extienden más allá de nuestra esfera terrenal y nos unen para siempre a nuestras familias! ¡Cuán reconfortante es, en un mundo de "inestables valores morales", como el presidente Hinckley ha descrito repetidamente el ambiente actual de moralidad, estar aferrados a la sólida roca de fundamentos morales y teológicos que No fluctúan con los años, las tendencias u opiniones políticas del momento! ¡Cuán alentador es saber que los cielos están abiertos, que Dios No nos ha abandonado y que se comunica con los que acuden a Él! ¡Cuán trascendente es el don de saber que Jesucristo, el Creador de este mundo, está a la cabeza de esta Iglesia y que Su misión, y en realidad la razón misma de Su existencia, es ayudamos para que regresemos a una esfera más sagrada! Y qué privilegio es ser dirigidos por un Profeta que se comunica con los cielos y cuyas súplicas y admoniciones nunca denotan la más mínima muestra de interés propio, predilección personal o impostura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como el presidente Hinckley lo ha dicho muchas veces, si tenemos un Profeta, lo tenemos todo, y si No, nada tenemos. Mi convicción es que José Smith vio lo que dijo haber visto en aquella arboleda en el norte de Nueva York, y que él fue un instrumento en las manos del Todopoderoso para restaurar el Evangelio en la tierra. Y al haber tenido yo el privilegio de estar frecuentemente en la presencia del actual Presidente de la Iglesia y podido explorar en detalle su vida, declaro sin vacilar que también él es un Profeta, que toda su existencia da testimonio de su bondad, su preordenación y su preparación para dirigir la Iglesia en estos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente, lo tenemos todo una guía segura, una voz clara y un siervo ecuánime cuyo único objetivo es llevar almas a Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No tengo ninguna duda en cuanto a que el hombre que llega a ser el Presidente de la Iglesia ha sido educado y disciplinado por el Señor durante largo tiempo para tal responsabilidad", dijo el presidente Hinckley hace ya más de diez años. "En dicho proceso, No se le quita la individualidad, sino que más bien se le agudiza. El Señor capacita y disciplina al hombre. Pone a prueba su corazón y su misma esencia. Y mediante un proceso natural, lo dirige, lo adelanta a través del Quórum de los Doce hasta que llega a ser el Apóstol mayor quien, cuando muere el Presidente, pasa entonces a ser el Presidente de la Iglesia. No hay tal cosa como una campaña electoral, sino solamente el silencioso proceder de un plan divino que proporciona un liderazgo inspirado y comprobado. El Señor está a la cabeza de esta obra y el Presidente de la Iglesia es un instrumento en Sus manos para llevarla a cabo y fortalecer Su reino".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es esta jornada la jornada de la vida del presidente Gordon B. Hinckley, el más singular de todos los hombres comunes y corrientes lo que me he propuesto a relatar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;RECONOCIMIENTOS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque para escribir un libro de esta naturaleza es necesario hacerlo en plena soledad, su publicación ha sido una tarea de equipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las exigencias del tiempo hicieron que fuera imposible para mí llevar a cabo por mí misma toda la investigación primordial. Ariel Silver, Camille Lots, Joan Willes Peterson y Blake Johnson me ayudaron, cada uno de ellos, en varios aspectos de esta importante función. Siendo que determinadas partes de mi investigación requirieron que viajara a otros países, estoy muy agradecida a Peter Trebilcock, de Preston (Inglaterra), Hanno Luschin, del Templo de Preston (Inglaterra), el presidente Pak Byung Kyu, de Seúl (Corea), y David Fewster, de las Filipinas. También agradezco a Bruce Olsen, Director General del Departamento de Asuntos Públicos de la Iglesia, por haberme ayudado a coordinar importantes entrevistas y tener acceso a conferencias de prensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compañeros de confianza leyeron varias versiones o secciones del manuscrito. Agradezco las constructivas opiniones y las provechosas ideas que recibí de Eleanor Knowles, Robert L. Millet y Richard Turley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, estoy inmensamente agradecida por el apoyo que he recibido de mis colegas en Deseret Book. Ron Millet, nuestro presidente, me ha alentado y reconfortado desde el principio. Aprecio inmensamente sus expresiones de estímulo. Mis colegas vicepresidentes Gary Swapp, Keith Hunter y Roger Toone me han brindado gran respaldo y entusiasmo. Y el personal del Departamento Editorial supo acudir a mi rescate una y otra vez. En particular, agradezco a Jack Lyon por su constante optimismo, a Suzanne Brady por su gran capacidad técnica como editora, a Anne Sheffield por su sagacidad en supervisar eficazmente la producción de esta obra tan compleja, y a Elsha Ulberg por brindarme su continua colaboración. Mayormente, quiero expresar mi más sincera gratitud a Emily Watts, mi editora, a Kent Ware, nuestro director gráfico, y a Tonya Facemyer, nuestra tipógrafa, quien procesó miles de cambios y correcciones. Estas tres personas convirtieron el manuscrito en un producto total y, al hacerlo, dieron forma a un libro mucho mejor de lo que, de otra manera, podría haber sido. Estoy agradecida no sólo por sus excelentes aptitudes profesionales, sino también por su paciencia, perseverancia y amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;INDICE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 ¡ADELANTE!&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 2 DE PEREGRINOS A PIONEROS&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 3 NACIMIENTO Y ADOLESCENCIA&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 4 EL MUCHACHO SE CONVIERTE EN HOMBRE&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 5 UNA MISION Y MAS ALLÁ&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 6 PONIENDOSE EN CAMINO: COMIENZAN LAS DIFICULTADES&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 7 MARJORIE Y EL ARTE DE FORMAR UN HOGAR&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 8 LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y SUS CONSECUENCIAS&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 9 EN LA LINEA DE FUEGO&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 0 LA VIDA CON PAPÁ&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 1 TEMPLOS PARA CUBRIR LA TIERRA&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 2 AYUDANTE DE LOS DOCE&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 3 EL OCCIDENTE SE ENTRELAZA CON EL ORIENTE&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 4 EL OUORUM DE LOS DOCE&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 5 EL PROGRESO EN ASIA&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 16 NUEVAS TIERRAS NUEVOS DESAFÍOS&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 7 CONSTANCIA EN LOS CAMBIOS&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 8 LA IGLESIA PROGRESA&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 1 9 LA PRIMERA PRESIDENCIA&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 2 0 SIEMPRE ADELANTE SIN DAR PASO ATRAS&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 2 1 PRIMER CONSEJERO&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 2 2 SE ABREN NUEVAS PUERTAS&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 2 3 PRIMER CONSEJERO POR SEGUNDA VEZ&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 2 4 PRESIDENTE DE LA IGLESIA&lt;br /&gt;C A P Í T U L O 2 5 DE LA LUZ A LA OBSCURIDAD&lt;br /&gt;APENDICE&lt;br /&gt;RESEÑA HISTORICA&lt;br /&gt;NOTAS Y FUENTES DE INFORMACION&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-2826032572230427907?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/2826032572230427907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=2826032572230427907' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/2826032572230427907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/2826032572230427907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/fe-en-cada-paso.html' title='FE EN CADA PASO'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-2771453495658580423</id><published>2008-01-28T14:17:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T23:13:30.921-07:00</updated><title type='text'>¡ADELANTE!</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C A P Í T U L O 1&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El lunes 13 de marzo de 1995, exactamente a las 9 de la mañana, el presidente Gordon B. Hinckley encabezó una procesión de catorce hombres distinguidos que salían del llamado Salón Nauvoo del histórico Edificio Conmemorativo José Smith, en el centro de Salt Lake City, y se dirigieron a la elegante antecámara en la que se hallaba un gran número de periodistas locales, nacionales e internacionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que todos se hubieron sentado y que fue presentado formalmente al grupo, el presidente Hinckley se acercó al micrófono. A su izquierda se encontraban los presidentes Thomas S. Monson y James E. Faust; sentados en semicírculo detrás de ellos, estaban los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos se hallaban ante una magnífica escena: una impresionante estatua del profeta José Smith que parecía estar presidiendo la ocasión. El propósito de la asamblea era presentar formalmente ante la prensa y el mundo a Gordon Bitner Hinckley como el decimoquinto Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante aproximadamente catorce años, el presidente Hinckley se había sentado junto a tres distintos Presidentes de la Iglesia, había asumido responsabilidades adicionales a medida que cada uno de ellos fue experimentando las deficiencias propias de una edad avanzada y había ayudado a afianzar el progreso de la Iglesia como consejero en la Primera Presidencia. Pero a raíz del fallecimiento del presidente Howard W. Hunter, acaecido diez días antes, ahora pasaba a ser el Apóstol de mayor antigüedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de acuerdo con la norma establecida por el Señor y rigurosamente observada un siglo y medio antes desde que Brigham Young pasó a ocupar la sagrada posición que había quedado vacante al morir José Smith, Gordon B. Hinckley fue ordenado y apartado por las demás Autoridades Generales como Presidente de la Iglesia en solemne asamblea realizada en el Templo de Salt Lake.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con breves palabras, el presidente Hinckley prometió dedicarse con mayor determinación al progreso de la obra de Dios y expresó un sincero reconocimiento por sus consejeros, por su querido amigo y colega de tanto tiempo, el presidente Howard W. Hunter, y por los nueve millones de miembros de la Iglesia en todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También declaró que la obra del Señor continuaría avanzando y, de la manera en que pasaría a ser distintiva su presidencia, expresó un gran optimismo en cuanto al futuro, diciendo: "Nos sentimos particularmente orgullosos de nuestros jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que nunca hemos tenido una generación tan fuerte de hombres y mujeres jóvenes como la que hoy tenemos... Rodeados de fuerzas que podrían arrastrarlos y de tremendas presiones que podrían alejarlos de virtudes ya comprobadas, siguen avanzando con una existencia productiva y fortaleciéndose tanto intelectual como espiritualmente. No tenemos temores ni duda alguna en cuanto al futuro de esta obra".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación de su discurso, también hablaron brevemente los presidentes Monson y Faust. Luego, y por primera vez desde que el presidente Spencer W. Kimball lo había hecho en 1973, invitó a los periodistas a que le formularan preguntas. Durante treinta minutos, el presidente Hinckley respondió a una variedad de interrogantes relacionados principalmente con la condición y el futuro de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con marcada serenidad desde el comienzo, puso de manifiesto su calidez, su ingenio y la vastedad de sus conocimientos. Fue de inmediato evidente que éste es un hombre que comprende cabalmente la enorme y heterogénea organización que hoy preside. Un prominente reportero calificó la ocasión como "vigorizante"; otro describió el "debut" del presidente Hinckley como impresionante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomadas en conjunto, sus respuestas no sólo destacaron su fe y su devoción en cuanto a la obra a la que había estado dedicándose por casi sesenta años, sino que también revelaron las cualidades, virtudes y actitudes tan especiales con las que ha contribuido a su nuevo llamamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Hinckley demostró sentirse cómodo ante los periodistas y contestó aun las más comprometedoras preguntas con destreza y afabilidad. En respuesta al corresponsal en asuntos religiosos de Radio Londres, quien le preguntó si la Iglesia estaba dispuesta a reinterpretar su posición con referencia a temas esenciales, tal como otras importantes organizaciones religiosas lo han hecho, el presidente Hinckley fue muy respetuoso al afirmar nuevamente la posición de la Iglesia diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Toda iglesia hace lo que desea hacer y tienen la libertad para hacerlo. Nosotros esperamos no ser desviados por cada viento de doctrina y cada cambio social que se produzca... sino que esta Iglesia se mantenga como un ancla de fe y de verdad en este mundo de cambiantes valores.'&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;'Como guías, contamos con las Escrituras la palabra del Señor recibidas en la antigüedad y en la actualidad. Creemos en el principio de la revelación contemporánea y proclamamos que es una función fundamental de la Iglesia bajo su sistema ejecutivo y dependeremos de ella a medida que sigamos adelante con nuestro programa, aquí y en todo el mundo".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando un reportero de televisión local le preguntó si proclamaría algún lema especial durante su administración, el presidente Hinckley le respondió: "Sí. '¡Avanzara' Nuestro lema será el de adelantar la gran obra que promovieron nuestros antecesores, quienes han servido tan admirable y fielmente, y con tanta eficacia. ¿Fomentar valores familiares? Si. ¿Impulsar la educación? Sí. ¿Fortalecer un espíritu de tolerancia y condescendencia entre la gente de todo el mundo? Sí. Y proclamar el Evangelio de Jesucristo. Es Su nombre lo que esta Iglesia lleva y de Él son las enseñanzas y los ideales que procuramos emular y promover. Y continuaremos haciéndolo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante casi sesenta años desde el verano de 1935, cuando regresó de su misión en Inglaterra y aceptó una designación en las Oficinas Generales el presidente Hinckley ha dedicado toda su vida a algún determinado servicio en la Iglesia. Con frecuencia, sus labores han requerido que abriera camino por territorios inexplorados y que perseverara ante el desaliento y aun el fracaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de sus tareas fueron llevadas a cabo en el anonimato, reconocidas y atestiguadas por solamente las pocas personas con quienes trabajaba; otros servicios, en particular como&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Autoridad General y finalmente como consejero en la Primera Presidencia, han sido cada vez más notables y expuestos al escrutinio público. A lo largo de todo eso, al viajar por todo el mundo y superar las dificultades propias de una Iglesia progresista, ha sabido demostrar su carácter como hombre cuyos cimientos nunca fueron sacudidos ni siquiera en momentos inestables, como líder que confía en un rumbo del cual no se desviará aunque su posición no fuere popular, como visionario que puede ver en lontananza y que sin embargo realza con un reconfortante sentido de estabilidad todo lo que toca, y como devoto discípulo de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo, en Quienes tiene una fe inquebrantable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una y otra vez ha demostrado su incesante optimismo en cuanto a que el reino del Evangelio continuará progresando sin jamás dar un paso hacia atrás. "Ésta es la mejor época en los anales de esta obra", declaró en cierta ocasión como en tantas otras. "¡Cuán maravilloso es el privilegio y qué grande es la responsabilidad que tenemos de ser parte importante de esta obra de Dios en los últimos días! No permitan que les afecten las artimañas de Satanás, tan desenfrenadas en estos tiempos... Más bien, sigamos adelante con fe y con la visión del extraordinario y magnífico futuro que nos aguarda a medida que esta obra se fortalece y engrandece"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue con tal concepto y marco de referencia que Gordon B. Hinckley asumió sus nuevas responsabilidades como el Apóstol de mayor antigüedad y Presidente de la Iglesia. Y aunque con toda seriedad se consideraba incompetente, como se describió a sí mismo en la conferencia de prensa, y había esperado que este llamamiento nunca cayera sobre sus hombros, lo aceptó con la firme determinación de continuar edificando sobre los fundamentos del pasado y seguir avanzando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tal sentido, ahora se encontraba en una cómoda posición porque es el beneficiario del constante ejemplo de sus padres, de sus antepasados y de los líderes de la Iglesia a través de las edades todos quienes influyeron en su vida y le dejaron ejemplos de dedicación, perseverancia y fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Treinta y siete años antes, el 6 de abril de 1958, el día en que, a la edad de cuarenta y siete años, fue sostenido como Ayudante de los Doce, Gordon B. Hinckley había dicho: "He estado pensando en el sendero que me ha conducido hasta aquí. Yo sé que no lo he recorrido por mí mismo y estoy muy agradecido por el sinnúmero de hombres y mujeres... que me han ayudado. Lo mismo sucede con cada uno de nosotros en la Iglesia. Ninguna persona procede por sí sola... Todos somos mayormente el producto de otras vidas que han afectado la nuestra, y hoy me siento profundamente agradecido por todos aquellos que han influido sobre mi vida".'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel lejano día, él había pronunciado esas palabras con sinceridad y emoción. Con cuánto ardor las sentía ahora, porque no había llegado a este momento y lugar, a este alto y sagrado llamamiento, por sí solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-2771453495658580423?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/2771453495658580423/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=2771453495658580423' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/2771453495658580423'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/2771453495658580423'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/adelante.html' title='¡ADELANTE!'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-284357610608735570</id><published>2008-01-28T14:15:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T23:14:05.014-07:00</updated><title type='text'>DE PEREGRINOS A PIONEROS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 2&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para poder comprender a Gordon B. Hinckley, es menester saber algo acerca de los Hinckley que le precedieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en 1635 que Samuel Hinckley salió de su pueblo natal en Inglaterra y se dirigió a América, donde se radicó en Cape Cod, Massachusetts. Su hijo mayor, Thomas, había de distinguirse más tarde como gobernador de la Colonia de Plymouth, entre 1681 y 1692.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ira Nathaniel, el sexto biznieto del gobernador Thomas Hinckley, nació en Ontario, Canadá, el 30 de octubre de 1828. A la edad de 14 años, Ira quedó huérfano de padre y madre' y debió mantenerse a sí mismo con trabajos ocasionales en Springfield, Illinois.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo tenido la oportunidad de conocer las enseñanzas de la Iglesia, caminó casi 200 kilómetros desde Springfield a Nauvoo, donde escuchó predicar al profeta José Smith y a su hermano Hyrum. El espíritu del Evangelio restaurado comenzó a henchir y sanar su alma, y el primer día de julio de 1843, tres meses antes de cumplir sus quince años, fue bautizado. En el Evangelio, Ira encontró una gran paz interior y el propósito del que su vida había carecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los ataques y las persecuciones quebrantaron la paz en Nauvoo y al año siguiente causaron que José y Hyrum fueran brutalmente asesinados en la cárcel de Carthage. Ira y el resto de los Santos lamentaron la pérdida de su profeta y líder, pero no demoraron en responder a la dirección de Brigham Young y reanudaron el trabajo a fin de completar el templo y prepararse para una intensa emigración hacia el Oeste. A medida que los miembros de la Iglesia se alistaban para salir de Nauvoo, fueron construyendo carros a pasos agigantados y la destreza de Ira como herrero demostró ser muy valiosa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ira demoró en partir debido a ciertas razones económicas y personales. A mediados de 1848 contrajo matrimonio con Eliza Jane Evans y en julio del año siguiente nació su hija Eliza Jane. No fue sino hasta abril de 1850 que Ira y Eliza, habiendo acumulado bastantes suministros, pudieron iniciar su éxodo hacia el Oeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su grupo cruzó el río Misuri en Council Bluffs y se hallaban viajando por el río Platte en dirección a Sweetwater cuando se desencadenó una plaga de cólera en su campamento. Eliza cayó violentamente enferma y falleció. Abrumado por la tragedia, Ira sepultó a su esposa en una tumba sin marca. No había cumplido todavía veintidós años de edad y ya había perdido a sus padres y quedado ahora viudo con una hija de once meses, con quien arribó al Valle del Lago Salado en septiembre de 1850.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ira construyó una casa en Salt Lake City y en 1853 se casó con Adelaide Noble. Dieciocho meses después contrajo enlace polígamo con Angelina, hermana de Adelaide.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1867, Brigham Young encomendó a Ira Hinckley la construcción de un fuerte y la supervisión de una granja de la Iglesia en Cove Creek, en la región central de Utah. Sin vacilar, a los veintiocho años de edad, aquel esposo y padre de doce hijos abandonó la idea de residir en un hogar permanente y volvió su atención a la perspectiva de edificar un fuerte en las solitarias y ventosas llanuras del Condado de Millard. Ira dejó atrás por un tiempo a sus esposas e hijos hasta poder prepararles una cómoda vivienda en el proyectado fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Brigham Young tenía un doble propósito en construir aquella ciudadela en Cove Fort: proteger la diligencia, los portadores de correos y los operadores y las líneas del telégrafo, y también facilitar a la gente que viajaba a lo largo del "Corredor Mormón" desde y hacia el sur de Utah un refugio contra las inclemencias del tiempo y los ataques de indígenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A poco de ausentarse Ira del hogar, Angelina dio a luz a otro hijo-Bryant Stringham Hinckley que tenía cuatro meses de edad cuando su padre regresó para llevar consigo a su familia a Cove Fort, el cual ya estaba listo para brindarles albergue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bryant Hinckley recuerda cómo era la vida en Cove Fort, donde él y sus hermanos aprendieron a cabalgar tan pronto como habían aprendido a caminar. En numerosas ocasiones durante las tardes se encaramaban sobre la muralla del fuerte, con prismáticos en sus manos, para observar cómo los vaqueros en sus veloces potrillos acorralaban los caballos y el ganado salvaje que correteaban por las colinas hacia el este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de su aislada existencia, a los niños les parecía estar viviendo en el centro mismo del universo territorial. Las noticias acerca del floreciente territorio colmaban las líneas de la oficina telegráfica del fuerte y los niños se sentaban por largas horas para observar cómo los operadores pulsaban los mensajes. La diligencia paraba allí dos veces por día llevando pasajeros hacia y desde la costa occidental y el sur de Utah. Por los cuatro portales del fuerte pasaban exploradores de minas, funcionarios de gobierno y aristócratas.' Para todo viajero, el fuerte era un agradable oasis en el desértico territorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bryant Hinckley pasó los primeros diez años de su vida en Cove Fort, hasta que su familia se mudó a Fillmore. A la edad de dieciséis años se inscribió en la Academia Brigham Young, en Provo, donde habría de recibir la influencia del Dr. Karl G. Maeser, el director de la misma. El Dr. Maeser era muy conocido por su talento como orador y Bryant, que se perfilaba ya como muy comunicativo, se esforzó conscientemente por emular los métodos de su maestro. Después de su graduación en 1890, Bryant viajó a Nueva York y asistió a la Facultad de Comercio Eastman, de la que se graduó dos años más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También completó sus estudios en la Universidad de Comercio Rochester antes de regresar a Utah para enseñar en la Academia Brigham Young. Eso fue en 1893, el mismo año en que contrajo matrimonio con Christine Johnson, con quien tuvo nueve hijos y juntos pasaron una vida muy feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bryant fue nombrado director del flamante Instituto Superior de Comercio LDS, en Salt Lake City. Sus instintos naturales para los negocios, como también su capacidad para la enseñanza y la comunicación, beneficiaron enormemente al instituto. Como maestro, sabía cómo captar la atención tanto de los jóvenes como de los adultos, y llegó a ser difícil conseguir asiento en sus clases de historia, ciencias políticas, álgebra, ciencias económicas y sobre el Antiguo Testamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1904, Bryant fue llamado a servir en la mesa directiva de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de los Hombres jóvenes. Desde tal posición instó a la Iglesia en 1913 que adoptara el programa de los Boy Scouts como parte integral del programa para sus hombres jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También se estima que Bryant escribió más manuales de la A.M.M. que ningún otro hombre en la historia de la Iglesia .6 Sus varias actividades y su prestigio pusieron a Bryant en contacto directo con líderes de la Iglesia y funcionarios cívicos. Pero la relativa insignificancia de sus realizaciones se le manifestó angustiosamente en 1908, cuando su amada esposa Christine enfermó y luego falleció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de quince años de casado, Bryant se encontró entonces solo y el dolor de la separación fue abrumador. La muerte de Christine lo dejó muy desconsolado; así también quedaron sin madre sus hijos, el menor de los cuales tenía apenas dos meses de edad. Dos de los hijos fueron a vivir con sus abuelos maternos en Provo, mientras que los demás permanecieron en su hogar merced a la ayuda de amas de llave y algunos familiares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasado cierto tiempo, Bryant consideró casarse nuevamente. Comenzó entonces a pensar en Ada Bitner, una hermosa y muy culta mujer que integraba el cuerpo docente del colegio y enseñaba inglés y estenografía. Durante el cortejo, Ada "se enamoró locamente" de Bryant, quien era trece años mayor que ella. El 4 de agosto de 1904 se casaron en el Templo de Salt Lake y desde ese instante pasaron a ser, mutuamente, el centro de atención de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con su casamiento a los veintinueve años de edad, Ada obtuvo no solamente un esposo sino también una casa llena de hijos que todavía sufrían la pérdida de su madre. Sin tener el lujo de contar con el tiempo necesario para adaptarse a la vida de casada, debió encarar la responsabilidad de satisfacer las necesidades tanto físicas como emocionales de "sus" hijos. En una bendición patriarcal, se le había prometido que encontraría un esposo "a quien honraría con mucho agrado". Ella estaba segura de que Bryant Hinckley era ese hombre y estaba dispuesta a aceptar todo-y a cada uno que con él viniera. Esa misma bendición concluyó con una significante profecía: "La mirada del Señor ha estado sobre ti desde tu nacimiento y el Padre ha decretado que tú tendrás una misión para cumplir, una obra que realizar... Tu nombre será conservado y vivirá en el recuerdo de los Santos".'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También Bryant tuvo una promesa en su bendición patriarcal: "No solamente llegarás a ser grande sino también tu posteridad; de tus lomos provendrán estadistas, profetas, sacerdotes y Reyes para el Más Alto Dios. El Sacerdocio nunca se desprenderá de tu familia, jamás. Tu posteridad no tendrá fin... y el nombre Hinckley llegará a ser honrado en toda nación bajo los cielos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos años después de su matrimonio, Ada y Bryant Hinckey dieron la bienvenida a su primer vástago. No podrían haber previsto entonces que ese hijo cumpliría en gran manera las profecías de aquellas bendiciones patriarcales. Nacido el 23 de junio de 1910 y habiendo recibido el apellido de soltera de su madre, habría de conocérsele como Gordon Bitner Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-284357610608735570?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/284357610608735570/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=284357610608735570' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/284357610608735570'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/284357610608735570'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/de-peregrinos-pioneros.html' title='DE PEREGRINOS A PIONEROS'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-1186007487837032179</id><published>2008-01-28T14:13:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T23:14:47.275-07:00</updated><title type='text'>NACIMIENTO Y ADOLESCENCIA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;CAPITULO 3&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquélla era una época muy interesante para hacer su entrada en el escenario mundial. El siglo veinte había comenzado sólo una década antes de que Gordon llegara al hogar de los Hinckley, y los Estados Unidos eran una nación muy diferente de lo que llegaría a ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1910, el índice de longevidad de un hombre nacido en Estados Unidos era de cincuenta años. Una lata de sopa Campbell costaba diez centavos, una camisa para hombre valía menos de un dólar y el kilo de carne se vendía a 65 centavos.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los estadounidenses se encontraban al borde de una transformación fenomenal. Apenas dos años antes, Henry Ford había fabricado su primer automóvil Modelo T. Y el día en que nació Gordon, los periódicos anunciaron la inauguración del "primer servicio aéreo regular de pasajeros" del mundo entre dos ciudades de Alemania.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Joseph F. Smith dirigía la Iglesia que entonces alardeaba tener casi 400.000 miembros, con 993 misioneros en el campo mundial. Los cuatro templos en funcionamiento se encontraban en el estado de Utah: St. George, Logan, Manti y Salt Lake City. Sólo veinte años antes, el presidente Wilford Woodruff había declarado con el "Manifiesto" la finalización del matrimonio plural y habrían de pasar dos décadas antes de que la Iglesia celebrara el centenario de su organización. Poco a poco, sin embargo, iba progresando desde su era inaugural de persecuciones a una de prosperidad y moderado respeto. El reino del Evangelio se preparaba para un gran impulso después de haber soportado ochenta años de dificultades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal era el ambiente que esperaba al joven Gordon Hinckley, quien, aunque era el primer vástago de su madre, fue bienvenido por una numerosa familia de hermanos y hermanas. Con el correr de los años, no había tal cosa como hermanastros o hermanastras, ni se trataba de "la familia de Christine" o "la familia de Ada". Eran todos una sola familia, los Hinckley, sin distinción de quién había nacido de quién.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dieciséis meses después, nació Sherman, a quien siguieron tres hermanas: Ruth, Ramona y Sylvia. Aunque todos los de la familia Hinckley eran muy unidos, Gordon y Sherman, por ser varones de edad semejante, eran casi inseparables. Gordon era mayor, pero Sherman era más grande, más veloz y más fuerte que él. Gordon era un muchacho delgado y débil, susceptible a dolores de oído y otras enfermedades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También padecía alergias, asma y fiebre del heno. A la edad de dos años contrajo un grave caso de tos convulsa, tanto que un médico le dijo a Ada, su madre, que el único remedio era el aire libre del campo. Bryant decidió entonces comprar una granja de unas dos hectáreas en la región de East Millcreek en el Valle del Lago Salado, donde construyó una pequeña casa de veraneo. Y así empezó-en 1914-la tradición de los Hinckley de pasar los inviernos en el centro de la ciudad y los veranos en East Millcreek.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon y Sherman disfrutaban inmensamente la vida rural. Tenían libertad para explorar y jugar en el badén que había al sur de la propiedad. Saltaban desde las parvas de heno, tomaban leche de vaca recién ordeñada, jugaban a las escondidas en el sembrado de maíz, se acoplaban a un carro tirado por caballos y volaban en una hamaca sobre la frondosa hondonada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida agreste cultivó el ingenio de Gordon y Sherman, que aun como niños demostraron tener talento en cuestiones mecánicas y aprovecharon su inventiva natural para una serie de artefactos. Fabricaron toda clase de aparatos con ruedas y tablas, incluso un carro tirado a caballo y una ducha con un viejo tanque expuesto de modo que el sol calentara el agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, sus proyectos fueron siendo cada vez más complicados y tal como le sucede a todo inventor, algunas veces les fracasaban-tal como les pasó el día en que decidieron construir una bomba de carburo con una lata. Los muchachos entendían lo suficiente sobre química para preparar un dispositivo incendiario que explotó al prenderle un fósforo. No se les hirió ni fracturó nada, excepto el orgullo y su reputación como ingenieros. Sin embargo, eso no impidió que Sherman utilizara dinamita para romper una porción de terreno que creían no poder cultivar de ninguna otra manera. Y nuevamente los resultados fueron explosivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En numerosas ocasiones, los muchachos dormían de noche en un carro al aire libre, bajo un cielo tachonado de estrellas. Cuando llovía, juntaban apresuradamente sus mantas y corrían hasta el pórtico en busca de protección, donde a la mañana siguiente los encontraría Ada, su madre, profundamente dormidos después de una agitada aventura nocturna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La granja ofrecía también a los hijos de la familia Hinckley oportunidades de trabajo. Comúnmente, Bryant se levantaba a las 5 de la mañana y esperaba que el resto hiciera lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siembre había muchas tareas para los muchachos y a diario esperaban recibir una lista de cosas que debían completar antes del mediodía. Una vez terminadas esas tareas, podían entonces hacer lo que quisieran por el resto del día, pero durante las horas frescas de la mañana tenían que librar de malezas el enorme jardín, irrigar el extenso terreno, excavar hoyos donde colocar postes, recoger frutas, juntar huevos, cuidar caballos y atender dos vacas-una lechera Guernesey llamada Polly y otra Jersey de pura raza y vivaracha llamada Babe. Los muchachos tenían que vaciar el agua de la nevera en el sótano, pero con frecuencia se olvidaban de hacerlo y terminaban secando y limpiando el piso inundado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hinckley cultivaban la mayoría de las cosas que consumían. Las vacas les daban toda la leche que la familia podía tomar y un extenso huerto con una gran variedad de árboles frutales-manzanas, melocotones, cerezas, peras, albaricoques y ciruelas-les proveían de abundantes cosechas. Cuando Gordon y Sherman fueron creciendo, su padre requería que le ayudaran en el huerto y los llevaba a demostraciones de poda presentadas por el colegio de agricultura. La mayoría de los días sábado en enero y febrero, Bryant y sus hijos iban a la granja y podaban los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era una tarea muy agradable, pero los muchachos volvían a demostrar su naturaleza inventiva al construir andamios con piso de madera de arce para alcanzar las ramas más altas. Todas esas tareas, año tras año, les enseñaron a Gordon una importante lección que había de quedarle embebida en el subconsciente: la calidad de la fruta recogida en septiembre es determinada por la manera en que se moldean y podan los árboles en febrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los muchachos participaban en el proceso desde el principio hasta el fin, aunque no les agradaba mucho cosechar las frutas, tarea que les resultaba cansadora y rigurosa. Pero a los melocotones había que recogerlos, clasificarlos, empaquetarlos y venderlos, y requería que todos colaboraran en ello.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente, la granja ofrecía un ambiente muy fértil para un sinnúmero de lecciones, y quizás ninguna de ellas fue más eficaz que la de que sólo cosechamos lo que sembramos. Los jóvenes Hinckley percibieron que esta lección se repetía de una temporada a otra a medida que araban la tierra y la sembraban en la primavera, cuidaban los sembrados en el verano y obtenían la recompensa de las cosechas en el otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día en que la energía eléctrica llegó a la granja resultó ser un verdadero acontecimiento. Para Ada, el contar con luces y una pequeña cocina eléctrica era como estar en el cielo. Traer agua a la casa era más difícil pero, con el tiempo, Bryant solucionó también ese problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante el notable adelanto que significó tener electricidad y agua corriente, la señal más emocionante de progreso en el hogar de los Hinckley se produjo aquel día en el verano de 1916 cuando Bryant manejó un auto negro Modelo T con un refulgente radiador de bronce. Al verlo llegar, los muchachos lo contemplaron con ojos azorados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque el Modelo T fue un gran paso adelante en materia de transporte, también resultó ser una máquina rústica y temperamental. Requería que dos personas le plegaran o desplegaran la capota y el parabrisas estaba dispuesto de manera que, cuando llovía, el agua se escurría adentro del condensador eléctrico y era entonces poco menos que imposible hacer arrancar el motor, lo cual resultaba ser toda una aventura aun en las mejores circunstancias. Siendo que el auto no tenía arranque eléctrico, Bryant llamaba frecuentemente a los muchachos para que le dieran vuelta a la manija en la parte delantera tarea bastante peligrosa si no se ejecuta apropiadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos aprendieron rigurosamente que si no atrasaban la chispa y mantenían el dedo pulgar extendido en forma indebida, la manija podía retroceder y fracturarles un dedo o toda la mano. Algunas veces, después de que los muchachos hubieran dado vuelta en vano a la manija, solían empujar el caprichoso vehículo cuesta abajo para hacerlo arrancar. Puesto que el auto carecía de batería, recibía la electricidad de un magneto, cuyo rendimiento dependía de la velocidad del motor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el motor disminuía su marcha, las luces se volvían de un color amarillo pálido y eran casi inservibles. La persona que manejaba el vehículo durante la noche tenía que mantener el funcionamiento del motor a paso firme. De su experiencia al manejar aquel Modelo T, Gordon destacó tiempo después cierta analogía al decir: "La industriosidad, el entusiasmo y el trabajo afanoso nos conducen hacia un brillante progreso. Para obtener luz en la vida, uno tiene que permanecer con pie firme y continuar moviéndose".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque a todos en la familia les encantaba la vida de campo, también les agradaba mucho regresar a su hogar en el centro de la ciudad durante el otoño. Después de su ausencia en el verano, los muchachos estaban ansiosos por visitar otros lugares predilectos y volver a reunirse con sus amigos del vecindario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las ventajas de regresar a la ciudad era que a Bryant su trabajo le quedaba más cerca. Hasta 1910, fue el director del Instituto Superior de Comercio LDS. Ese año, cuando la Iglesia edificó el Gimnasio Deseret como centro de recreo para la comunidad, se le designó gerente general de esa empresa y encargado de sus operaciones diarias. Bryant era un hombre de negocios muy capacitado y mantuvo el gimnasio en constate operación aun en épocas de dificultades económicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bryant y Ada fomentaron mucho la educación en su familia. Habiendo sido maestra de inglés, Ada era muy instruida y también exigente en cuanto a la gramática. No toleraba ningún lenguaje inapropiado y sus hijos aprendieron a hablar con precisión y cuidado. El que pronunciaran mal una palabra o que emplearan palabras de jerga era algo prácticamente imperdonable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ada había sido una alumna excepcional y lo mismo esperaba de sus hijos. Los libros y la educación eran también muy importantes para Bryant, y entonces transformó en biblioteca uno de los amplios cuartos de la casa. Sus estantes estaban repletos con más de mil libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que es de sorprender, con todo el énfasis que los Hinckley ponían en la literatura y la enseñanza, a Gordon no le agradaba ir a la escuela. A los seis años de edad, cuando tenía que empezar con el primer grado, el primer día de clases se escondió para que sus padres no lo vieran. Puesto que era un pequeño niño de salud delicada, Bryant y Ada decidieron que sería mejor esperar entonces hasta el año siguiente para que asistiera a la escuela junto con Sherman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó el primer día de clases al año siguiente, Gordon se escapó corriendo alrededor de la casa tratando de evitar que su madre lo alcanzara, pero Ada lo alcanzó. Ambos niños iniciaron juntos el primer grado en la Escuela Hamilton. No pasó mucho tiempo hasta que Gordon se unió con los de su propia edad en el segundo grado, pero a pesar de todo el esfuerzo de sus padres y hermanos, continuó sin mucho entusiasmo en cuanto a su educación formal durante sus años de escuela primaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque los primeros antecedentes académicos de Gordon no eran muy sobresalientes, en el hogar de los Hinckley se establecieron, y se esperaba que se cumplieran, ciertas normas de conducta y rendimiento. Bryant y Ada no eran muy estrictos; Bryant nunca le levantó la mano a ninguno de sus hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguna reprimenda era, por supuesto, necesaria en ciertas ocasiones. Un día, cuando tenía siete u ocho años de edad, Gordon se hallaba conversando con algunos de sus amigos en el pórtico de la casa e hizo unos comentarios despreciativos acerca de una familia de personas negras que venían por la calle. Ada, al oírle, se horrorizó y ordenó que él y sus amigos pasaran a la sala de estar y les dio un serio sermón sobre el respeto y la bondad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque Gordon y Sherman eran buenos amigos y se habrían defendido mutuamente contra cualquier amenaza o insulto exterior, la semejanza de sus edades fue creando una cierta rivalidad que solía provocar riñas entre ellos. Sherman, siendo el más fuerte de los dos, tenía la ventaja física, pero su hermano mayor era más agresivo y obstinado. Ninguno salía fácilmente victorioso de esas refriegas. Años más tarde, Gordon dijo: "Yo solía andar siempre bien. Con la cabeza sangrando, pero sin doblegarme". Finalmente, cansado ya por las peleas de sus hijos, Bryant trajo a casa unos guantes de boxeo y les dijo que resolvieran de una vez por todas sus problemas. "Lo hicimos", dijo Gordon, "y desde entonces hemos sido buenos amigos".`&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, la personalidad de Gordon tenía un cierto rasgo impetuoso. Al prepararse para iniciar el séptimo grado, él y sus amigos esperaban ser la primera clase en entrar a la Escuela Intermedia Roosevelt. Pero cuando llegaron allí, se les dijo que el edificio ya estaba repleto y que su clase debía retornar a la escuela primaria por un año más. Gordon y sus amigos pensaban que merecían algo más que pasar otro año con los grados inferiores y al día siguiente se pusieron en huelga y no fueron a clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresaron a la escuela un día después, el director de la misma, Harold J. Stearns (quien según Gordon era muy estricto), los recibió a la entrada y les dijo que solamente se les admitiría de nuevo si presentaban una carta explicativa de sus padres. Ada no se sintió muy complacida cuando se enteró de lo que había acontecido y su carta al director manifestó un reproche que perturbó a su hijo mayor: "Estimado Sr. Stearns, tenga a bien disculpar la ausencia de Gordon en el día de ayer. Su proceder se debió a un impulso de hacer lo que hacen los demás". Tiempo después, Gordon habría de explicar por qué el comentario de su madre fue tan punzante: "No fue un impulso de hacer lo que hacen los demás. Yo fui uno de los instigadores. Pero que mi propia madre me calificara como alguien que hizo algo sólo para imitar a otros me llamó a la realidad, y decidí entonces que jamás haría nada simplemente porque otros lo hacen".'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra ocasión, después de un día particularmente dificultoso en la escuela, Gordon regresó a su casa, arrojó los libros sobre la mesa dirigiéndose hacia la cocina y dejó escapar una mala palabra. Ada, horrorizada por tal lenguaje, le dijo que jamás, bajo ninguna circunstancia, tal palabra habría de salir otra vez de su boca y lo llevó al cuarto de baño donde empapó abundantemente con jabón una toallita con la cual le refregó la lengua y los dientes. Él escupió, se encolerizó y sintió como que quería blasfemar, pero resistió la tentación.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hinckley vivían en la Estaca Liberty y su barrio, el Barrio Primero, era para ellos el centro del universo. No sólo era un importante centro espiritual, sino también social. El obispo John C. Durham, cuyo barrio tenía más de mil miembros, sirvió a su congregación durante un cuarto de siglo. A pesar del número de familias en ese barrio, el hermano Durham era no solamente su obispo pero asimismo su amigo y consejero. Él estuvo presente cuando a Gordon y sus hermanos y hermanas se les dio un nombre y fueron bendecidos. Más tarde, el obispo Durham entrevistó a Gordon y lo encontró digno de ser ordenado diácono, lo llamó a ocupar su primera asignación como miembro de la presidencia del quórum de diáconos, lo recomendó luego para que recibiera el Sacerdocio de Melquisedec y confirmó su dignidad para que sirviera una misión. Gordon amaba y respetaba mucho a su obispo, quien ejerció una gran influencia sobre él durante su adolescencia.`&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la casa del obispo Durham, enfrente a su hogar, a donde anualmente los Hinckley iban a entrevistarse con él para el ajuste de diezmos. En el caso de Gordon, su diezmo total de todo un año podría haber sido apenas veinticinco o treinta centavos, pero se le había enseñado a pagarlo de todos modos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El centro de reuniones del barrio estaba casi siempre ocupado en las noches de semana con bailes, obras teatrales, concursos de oratoria y otros programas de la A.M.M., y desde temprana edad Gordon participaba en todo lo que allí se ofrecía y le interesaba. Cuando tenía cinco años, su padre le escribió una carta a Ada, quien en ese momento se encontraba visitando familiares en la costa occidental del país, diciéndole: "Los niños [Gordon y Sherman] asistieron hoy a la Primaria y esta noche Gordon ha estado haciéndome algunas preguntas muy interesantes".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el hogar, Bryant y Ada siempre encontraron maneras de mantener los principios del Evangelio frente a sus hijos. Con frecuencia, antes de irse cada cual a su cama, Ada reunía a todos y de la obra Mother Stories from the Book of Mormon (Relatos maternales del Libro de Mormón), publicada por primera vez alrededor del año 1911 por William Albert Morton, les leía en cuanto a Nefi, Lehi y otros héroes del Libro de Mormón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1915, cuando el presidente Joseph F. Smith aconsejó a las familias de la Iglesia que se reunieran por lo menos una vez por semana para efectuar una noche de hogar, Ada y Bryant respondieron: "El Presidente de la Iglesia nos ha pedido que tengamos una noche de hogar. Por lo tanto, tendremos una noche de hogar". El anuncio fue recibido con desagrado por los niños, quienes pocas ganas tenían de que se les acorralara para otra reunión más, pero desde ese momento en adelante la noche de los lunes era reservada para la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bryant o Ada les daban una lección y alentaban a los niños para que actuaran, cosa que les incitaba a las imitaciones, la farsa o las risas. Los niños no eran artistas por naturaleza y pedirle a uno que cantara frente a los demás era, como Gordon diría tiempo después, "como pedirle a un helado que se conserve congelado sobre la estufa de la cocina. Nos llevó mucho tiempo llegar al punto en que pudimos cantar en conjunto sin reírnos. Tiene que haber sido algo mortificante para nuestros padres que nos riéramos de ese modo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Bryant y Ada perseveraron. Todos participaban de la oración familiar con regularidad y frecuentemente escuchaban historias aparentemente inextinguibles que Bryant les relataba para cultivarles la fe. El efecto cabal de ello fue positivo. Aquellas sencillas reuniones fueron creando sólidos lazos entre padres e hijos, y entre hermanos y hermanas-un elemento muy importante para la unificación de esa familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través de éstas y otras experiencias, Gordon comenzó a aprender por sí mismo que era mucho lo que sus padres creían tan profundamente en cuanto a la Iglesia. Ya para el momento de ser bautizado por su padre, Gordon quería ser miembro de la organización. "Asistíamos a la Iglesia, pero no bajo compulsión", comentó años después. "De alguna manera nuestros padres nos hacían saber lo que esperaban de nosotros, y nosotros les seguíamos sin mucho reparo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una experiencia en particular influyó grandemente en Gordon. No mucho tiempo después de haber sido ordenado diácono, asistió con su padre a su primera reunión del sacerdocio de la estaca. Para comenzar la reunión, los trescientos o cuatrocientos hombres allí presentes se pusieron de pie y cantaron el himno de William W. Phelps en honor al profeta José Smith: "Al gran profeta rindamos honores. Fue ordenado por Cristo Jesús a restaurar la verdad a los hombres y entregar a los pueblos la luz"." Gordon no estaba preparado para lo que experimentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo después comentó: "Algo sucedió en mi interior cuando escuché cantar a aquellos fieles hombres. Me llegó al corazón. Me produjo un sentimiento difícil de describir. Sentí un gran poder conmovedor, tanto emocional como espiritual. Nunca antes lo había sentido en ninguna otra experiencia en la Iglesia. Sentí que mi corazón se henchía con la convicción de que el hombre en cuanto a quien cantaban fue realmente un Profeta de Dios. Supe entonces, por el poder del Espíritu Santo, que José Smith fue verdaderamente un Profeta de Dios".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con frecuencia, Gordon había escuchado a su padre hablar con respeto y reverencia acerca de los Presidentes de la Iglesia, a la mayoría de los cuales conoció personalmente. Bryant consideraba al profeta José Smith como el hombre de mayor trascendencia, con excepción del Salvador, que jamás haya vivido, y también sentía tener una relación personal con Brigham Young, sobre cuyas rodillas se había sentado cuando era niño. Éstos y los demás Presidentes de la Iglesia eran los héroes de Bryant Hinckley. Y también llegaron a serlo de Gordon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hinckley disfrutaban de bienestar y estabilidad en su hogar. Varias décadas más tarde, Gordon recordó: "En realidad no hablábamos abiertamente del amor entre unos y otros con frecuencia en aquellos días. No teníamos necesidad de hacerlo. Podíamos sentir esa seguridad, esa paz, y la tácita fortaleza que poseen las familias que oran en conjunto, trabajan juntas y se ayudan mutuamente"." Los hijos sabían que sus padres los amaban, tenían fe en ellos y los consideraban, no una molestia, sino una inversión para el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La inherente disposición positiva de Bryant y de Ada impregnaba el ambiente familiar. Ada creía-y lo aseveraba con frecuencia-que una actitud feliz y un semblante alegre contribuyen a superar cualquier contratiempo, y que cada persona es responsable de su propia felicidad. Los hijos solían escuchar a su padre decir: "Los cínicos nada contribuyen; los escépticos nada crean; los que dudan nada logran". A pesar de las comunes frustraciones relacionadas con la crianza de una familia numerosa, aquella combinación de optimismo y responsabilidad individual que ejemplificaban creó un hogar emocionalmente sano y equilibrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así y todo, había momentos de sufrimiento y angustia. Ninguna experiencia durante los primeros ocho años de la vida de Gordon fue más lamentable que la de cuando recibieron la noticia, a fines de noviembre de 1918, de que Stanford, el hijo mayor de Bryant, quien se había alistado en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, había fallecido en un hospital de Francia a causa de pulmonía. Su muerte había acaecido menos de un mes antes de que se firmara el Armisticio, y Stanford fue sepultado en un cementerio americano en las afueras de París. Fue la primera vez que Gordon y Sherman vieron a su padre llorar, y también ellos lloraron. Fue un momento muy penoso que dejó en Gordon una marca indeleble. Aquella experiencia fue algo que jamás olvidaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-1186007487837032179?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/1186007487837032179/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=1186007487837032179' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1186007487837032179'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1186007487837032179'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/nacimiento-y-adolescencia.html' title='NACIMIENTO Y ADOLESCENCIA'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-427797252386715149</id><published>2008-01-28T14:11:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T23:15:21.608-07:00</updated><title type='text'>EL MUCHACHO SE CONVIERTE EN HOMBRE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;CAPÍTULO 4&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vida era realmente buena para los adolescentes que vivían en Salt Lake City en la década de 1920. Aunque a Gordon le correspondían algunas tareas y otras responsabilidades, tanto en la granja como en la casona de la familia en el centro de la ciudad, pocas eran las exigencias y muchas las oportunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás Gordon haya tratado de eludir su asistencia al primer grado escolar, pero ya cuando ingresó a la Escuela Secundaria LDS, su actitud acerca de la educación cambió notablemente. Existía un gran espíritu y armonía entre los alumnos y al comenzar a reconocer sus propios intereses y talentos, la enseñanza adquirió para él un nuevo atractivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun cuando era un adolescente, Gordon revelaba una evidente inclinación hacia el lenguaje. Su apetito por la literatura fue desarrollándose naturalmente y no era extraño encontrarlo sentado ante la extensa mesa de la biblioteca asimilando algún otro libro más. Sin embargo, no todos sus talentos eran intelectuales porque también poseía excelentes instintos mecánicos. Le encantaba tratar de reparar casi cualquier cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el gramófono se averiaba, siempre conseguía hacerlo funcionar otra vez. Su maestro de carpintería en el taller de la escuela fue inculcándole una pasión por las herramientas bien afiladas y el dulce aroma de la madera, y Gordon llegó a tallar y producir una gran variedad de figuras. En la escuela intermedia tomó una clase de dibujo y descubrió entonces que le gustaba hacer bocetos de automóviles y de casas, dibujándolos en proporción y con cada detalle. Trabajaba por largas horas en el auto Modelo T de la familia, sacándolo a probar por el camino para entonces intentar nuevamente repararle algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como acontece con la mayoría de los adolescentes, lo que sucedía fuera del hogar fue convirtiéndose en algo cada vez más importante para Gordon. El Barrio 1 de la Estaca Liberty ofrecía a los jóvenes del vecindario un lugar donde reunirse. Los teatros ambulantes, las obras teatrales, los concursos de oratoria, los bailes y una variedad casi interminable de actividades les proporcionaban oportunidades para pasar momentos juntos y a la vez mantenerse activos en la Iglesia. El barrio era, en verdad, el centro de reunión para ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enfrente al hogar de los Hinckley vivía la familia de Georgetta y LeRoy Pay, cuya hija Marjorie se granjeó el interés de Gordon desde aquel momento en que, cuando todavía era una niña que peinaba trencitas, ofreció una lectura en una reunión social del barrio. Gordon notó el obscuro y ondulado cabello de la jovencita y sus grandes ojos pardos, pero también percibió con cuánto talento se comportó ante el auditorio. Ramona, la hermana de Gordon, dijo en otra ocasión: "Pese a ser tan joven, Marge siempre se mostró muy primorosa y agradable en sus lecturas y presentaciones en nuestro barrio. Todos los otros jovencitos se quedaban en silencio y murmuraban algo, pero Marjorie actuaba siempre con mucha propiedad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el barrio había muchas familias que eran numerosas y tenían dificultades para subsistir. Pero en su mayoría eran gente honrada y devota que vivía en sus propios hogares y trataba de criar familias responsables. Los entretenimientos fuera del hogar eran pocos y a Gordon le encantó cuando su familia adquirió su primer receptor de radio con audífonos. A los doce años de edad, disfrutaba sobremanera escuchar la estación KZN Deseret News, precursora de la que es hoy KSL.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el hogar de los Hinckley siempre se estuvo al tanto de lo que acontecía en el mundo que les rodeaba, pero la Iglesia estaba primero. Ada sirvió en varias presidencias de organizaciones auxiliares, tanto a nivel de barrio como de estaca, y Bryant se desempeñó como segundo consejero de la presidencia de estaca desde 1907 a 1919 y desde entonces hasta 1925 como primer consejero. Ese año fue llamado a servir como presidente de la Estaca Liberty, la mayor de todas las estacas de la Iglesia, con unos quince mil miembros. Bryant ocupó ese cargo hasta 1936.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La influencia que Bryant Hinckley ejerció se extendió más allá de los confines de su estaca. Era un prolífico autor y un orador elocuente; en ocasiones, hablaba aun en conferencias generales de la Iglesia. Bryant se sentía realmente apasionado en cuanto a los sacrificios y las contribuciones de sus antepasados y escribió copiosamente sobre temas de la Restauración y la labor de los pioneros, y también publicó numerosos artículos acerca de los líderes de la Iglesia. Estas cosas no pasaron desapercibidas para Gordon, puesto que él asimilaba todo lo que su padre tenía que decir. Bryant poseía una habilidad particular para extraer inspirados ejemplos de aquellos cuya vida estudiaba. Creía que uno debe esperar lo mejor en otras personas, que el hombre común está dotado de virtudes y de bondad y que hay nobleza de sentimientos en la clase obrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si había algo de nobleza entre los de la clase obrera, a fines de la década de 1920 y en los primeros años de la de 1930 se manifestaba también algo extremadamente complicado. El 24 de octubre de 1929 se produjo el derrumbe del mercado de valores, lo cual precipitó en los Estados Unidos la llamada Gran Depresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya para la primavera de 1933, aproximadamente una tercera parte de la clase obrera había quedado sin empleo. Como presidente de estaca, Bryant Hinckley debió encarar el problema de cuidar no solamente a su familia sino también de ayudar a quienes estaban bajo su mayordomía, porque la crisis resultó ser un duro golpe de guadaña en cuanto al bienestar espiritual, temporal y emocional de toda su gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos hombres con buenos empleos de pronto se encontraron literalmente en la calle. Tanto el empleado de oficina como el obrero de fábrica se vieron obligados a deambular entre una y otra faena. Cierta familia de la vecindad perdió su hogar porque no pudo seguir pagando los ocho dólares mensuales de la hipoteca. Décadas más tarde, Gordon comentó: "Aquellos fueron días muy, pero muy difíciles. Nadie se imagina cuán difíciles fueron, a menos que los haya experimentado en carne propia".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por alguna extraña razón, el Gimnasio Deseret continuó funcionando, aunque no sin dificultad. Durante cierto tiempo, Bryant recibió sólo una parte de su salario anual de tres mil dólares, distribuyendo el resto del dinero entre algunos empleados que lo necesitaban para vivir. ' Él y Ada se dedicaron a componer, remendar y renovar sus cosas o a simplemente privarse de otras. Pero la comida nunca les faltó en la mesa y la ropa de la familia estaba siempre limpia y bien planchada, aunque no estuviera de moda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1928, justamente un año antes de la Gran Depresión, Gordon se graduó de la Escuela Secundaria LDS y se matriculó en la Universidad de Utah. Tanto su agudeza intelectual como su sagacidad mental eran extraordinarias y, siendo que se había dispuesto a prepararse para ganarse respetablemente la vida, vislumbraba largos años de educación en su futuro. Esperaba trabajar con mucho afán, pero quería hacerlo en una carrera que pudiera disfrutar y por medio de la cual contribuir algo a la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez había considerado la posibilidad de estudiar arquitectura, pero al aproximarse al nivel universitario decidió seguir un curso diferente y obtuvo su asignatura en idioma inglés. Tomó difíciles cursos de gramática y composición, estudió las obras literarias de Milton y Longfellow, Emerson y Carlyle, Shakespeare y otros autores europeos. También tomó cursos menores de latín y de griego, y leyó La Ilíada y La Odisea, como así también el Nuevo Testamento, en griego. Su educación en humanidades le significó un amplio caudal de conocimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellos días de la Depresión no resultaba fácil continuar estudiando. Los derechos de matriculación en la Facultad de Humanidades y Ciencias costaba diecinueve dólares por trimestre,' suma difícil de conseguirse. Una taza de trigo hervido con higos, azúcar y crema podía comprarse por diez centavos en la cafetería de la universidad y ése era el plato preferido de Gordon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros de texto eran caros y, en lo posible, a veces se privaba de ellos; no obstante, compró el de Shakespeare y lo conservó a lo largo de toda su vida. Solventó sus propios estudios universitarios pagando los derechos de matriculación y demás gastos con lo que ganaba trabajando en tareas de limpieza y mantenimiento en el Gimnasio Deseret. Al ir avanzando en sus estudios, decidió graduarse en periodismo y empezó a ahorrar dinero para tal propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso de su carrera universitaria, Gordon, como muchos de sus compañeros, comenzó a cuestionar ciertas presu posiciones en cuanto a la vida, el mundo y aun la Iglesia. Sus inquietudes se vieron complicadas por el cinismo propio de la época. "Sólo quienes hayan vivido en aquel período podrían realmente comprender cuán grave fue la catástrofe económica que azotó al país", explicó una vez. "Fue una época de terrible desaliento, y lo sentimos intensamente en el campo universitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo mismo lo sentí. Empecé a dudar de algunas cosas, incluso quizás, en cierta medida, de la fe de mis padres. Eso no es nada extraño para los estudiantes universitarios, pero el ambiente era particularmente serio en aquel entonces".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente, pudo conversar con su padre acerca de algunas de sus preocupaciones y juntos analizaron las preguntas que formulaba: la natural falibilidad de las Autoridades Generales; por qué padece dificultades la gente que vive de acuerdo con el Evangelio; por qué permite Dios que sufran algunos de Sus hijos, etc. El ambiente pleno de fe que reinaba en su hogar fue algo fundamental para Gordon en aquellos días de introspección, y así lo explicó tiempo después: "La fe de mi padre y de mi madre era absolutamente sólida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No trataron de imponerme el Evangelio ni de obligarme a participar, pero tampoco vacilaron en manifestarme sus sentimientos. Mi padre era muy sabio y sensato y de ningún modo intransigente. Había enseñado a estudiantes universitarios y entendía a los jóvenes con sus diversos puntos de vista y sus problemas. Tenía buena disposición hacia la tolerancia y la comprensión y no vacilaba en hablar sobre cualquier cosa que me interesara".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por debajo de los interrogantes y de la actitud crítica de Gordon existía un hilo de fe que por largo tiempo había estado enhebrando. Poco a poco, no obstante sus preguntas y su incertidumbre, fue reconociendo un testimonio que no podía negar. Y aunque comenzó a entender que no siempre hay una solución simple o fácil para cada problema, también descubrió que su fe en Dios sobrepujaba todas sus dudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquella noche muchos años antes en que había asistido a su primera reunión de sacerdocio en su estaca, supo siempre que José Smith fue un profeta de Dios. "El testimonio que recibí cuando era muchacho permaneció conmigo y llegó a ser un baluarte al que pude aferrarme durante aquellos años tan difíciles", dijo' Cuando Gordon era todavía un adolescente, los doctores diagnosticaron que su madre tenía cáncer del seno y entonces su médico la sometió a cirugía. Durante un par de años, el cáncer entró en remisión pero después le reapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ada empezó a recibir tratamientos de radioterapia, lo cual agravó aún más su enfermedad. Ella y Bryant acostumbraban a sentarse juntos en el pórtico de su casa de campo en las tardes, y eso a Gordon le apenaba sobremanera. Peor todavía, le agobiaba el temor de lo que se presentía. Por un lado, trataba desesperadamente de ejercer su fe en el Señor y le suplicaba que sanara a su madre; por otro, era difícil no temer lo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que su salud declinaba rápidamente, Ada insistió en acompañar a Beulah, su nuera, en un peregrinaje a Europauna excursión con todos los gastos pagos para las madres y viudas de los soldados que perdieron la vida en la Primera Guerra Mundial-con el fin de visitar la tumba de Stanford. Bryant no estaba muy seguro en cuanto a permitir que su esposa viajara, pero Ada insistió.` A pesar de su mala salud, ella habría de disfrutar inmensamente la aventura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo zarpó hacia Francia en el barco SS George Washington, y Ada aprovechó todo lo que le permitió su energía: Versailles con sus hermosos jardines, el museo Louvre y la catedral de Notre Dame, y otros fascinantes lugares históricos. Las experiencias más emotivas, sin embargo, fueron sus visitas al Cementerio Militar Americano en las afueras de París, donde estaba la tumba de Stanford. El día de su última visita a ese lugar, ella escribió en su diario personal: "Salí de allí con la satisfacción de saber que nuestros soldados americanos estaban muy bien cuidados y que no se podría haber levantado un mejor monumento a su memoria".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el viaje, Ada no mencionó a nadie que su salud se estaba deteriorando rápidamente. Cuando regresó, Bryant trató desesperadamente de encontrar algo que curara a su esposa o que al menos demorara su empeoramiento. Se enteró que en Los Ángeles (California) había dos facultativos que habían desarrollado una posible cura para el cáncer. A principios de octubre, dispuso que, acompañada por su hermana Mary, Ada viajara a California para recibir ese tratamiento. Sin embargo, aunque los potentes medicamentos le aliviaron el dolor, no lograron detener el avance de su enfermedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ada Bitner Hinckley falleció una hermosa mañana de domingo, el 9 de noviembre de 1930. Para Gordon y sus hermanos y hermanas, el tiempo pareció detenerse. Nunca había sentido Gordon tanta desolación y angustia. Todos fueron a la estación del ferrocarril para recibir a su padre que regresaba de California, pero les pareció increíble-aun inconcebible-que la carroza fúnebre estacionada cerca de la estación estuviera allí para llevar el cuerpo de su madre a la funeraria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo después, Gordon comentó: "Mi acongojado padre... bajó del tren y saludó a sus hijos desconsolados. Juntos caminamos hasta el vagón de donde descargaron el féretro para que el personal de la funeraria se lo llevara. Pudimos comprender mucho más que antes la ternura del corazón de nuestro padre... Asimismo, yo pude comprender algo en cuanto a la muerte-la absoluta angustia de los hijos que pierden a su madre-pero también un sentimiento de paz sin dolor y la certidumbre de que la muerte no puede ser el fin del alma".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel jueves 30 de noviembre en que sepultaron a Ada fue un día sombrío y gris. Más tarde, Gordon dijo: "Adoptamos una actitud de bravura y tratamos de contener nuestras lágrimas. Pero, por dentro, nuestras heridas eran profundas y dolorosas"." Bryant no alcanzaba a comprender por qué tenía que soportar otra vez una pesadilla tal. A sus hijos, la experiencia les resultaba devastadora; algunos de ellos perdían ahora una segunda madre. Gordon tenía veinte años de edad; su hermana menor, Sylvia, tenía diez. Todos, más allá de su edad, lamentaban haber perdido a la mujer que les había proporcionado un hermoso hogar pleno de alegría y protección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el fallecimiento de Ada, Bryant se encontró nuevamente ante la angustiosa responsabilidad de criar por sí mismo una familia numerosa y soportar la dolorosa separación de la mujer que tanto amaba y atesoraba, esta vez después de veintiún años de casados. Para Gordon, los primeros meses subsiguientes parecieron transcurrir lentamente en extremo. El acostumbrarse a la pérdida de su madre era mucho más doloroso de lo que jamás había imaginado. Le parecía que el mundo entero se obscurecía y no podía siquiera imaginar que jamás volvería a estar contento en su vida. Como hijo mayor de Ada, había disfrutado de una íntima y afectuosa relación con su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo había atendido de una a otra enfermedad infantil y, en cierto modo, fue transformándose en una reflexión de ella-un joven inteligente y virtuoso a quien le encantaba aprender y que era, a la vez, genuino y lleno de fe. Ahora hubiera querido titubear menos en decirle a su madre cuánto la amaba, aunque tales expresiones no eran muy comunes en la familia y tanto él como los demás sufrían en silencio su angustia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de lo difícil que era acostumbrarse a vivir sin su querida madre, los Hinckley siguieron, día tras día, hacia adelante. Según lo recordaba, Gordon escuchó decir a su padre que, aunque las cosas no siempre son como uno querría que fueran, había que seguir andando sin volver atrás la mirada. "Nunca hay que mirar hacia atrás", era un lema de la familia Hinckley. Sin embargo, ante la ausencia de su madre, Gordon solía pensar acerca de la inmensa riqueza del hogar en el que se le había nutrido-una riqueza no evaluada en dinero, sino en amor, apoyo y esmero. "Para todos quedó un remanente que nos dotó de fortaleza, guía y disciplina", dijo tiempo después. "De mi madre aprendí muchas cosas, entre ellas el respeto por la mujer y un profundo aprecio por la enorme fuerza que ella poseía y que manifestó al gozar su vida con entusiasmo y felicidad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo el hijo mayor de su madre, Gordon se sentía responsable por ayudar a sus hermanos y hermanas a fin de que se adaptaran a las nuevas circunstancias y pasó a ser como un segundo padre para ellos. Por ejemplo, con parte del dinero ahorrado para sus estudios universitarios le compró a Ramona un vestido para que asistiera a un importante evento del colegio. Asimismo, cuando no se cumplían los quehaceres domésticos, él preparaba un programa de trabajo para sus hermanos menores y se aseguraba de que la empleada supiera cuáles eran las tareas que era necesario realizar."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás Gordon suponía que la vida continuaría como de costumbre, asumiendo él mismo algunas de las responsabilidades del hogar y ayudando a cuidar de sus hermanos y hermanas. Así que no estaba en realidad preparado aquel día, a principios de 1932, en que Bryant reunió a sus hijos y les informó que iba a casarse nuevamente. Su prometida era May Green, la administradora de la Clínica Salt Lake. May era una mujer de notable capacidad, una trabajadora muy dedicada que poseía un contagioso sentido del humor. Pero a Gordon no le interesaban sus virtudes. Se había propuesto preservar el recuerdo de su madre y le molestó que su padre estuviera dispuesto a reemplazarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hijos de Bryant no podían siquiera imaginar a su padre junto a otra mujer que no fuera Ada. Una noche, varios días después, Gordon y su padre hablaron sobre el tema y su conversación fue muy emotiva. Finalmente, Bryant le preguntó: "¿Quieres que envejezca completamente solo? ¿Quieres acaso que tus hermanas se sientan responsables por cuidarme cuando llegue a ser un anciano?".. Le aseguró a Gordon que amaba profundamente a Ada y que nunca dejaría de amarla. Pero también le señaló cuán desolada sería su existencia terrenal si se viera forzado a vivir el resto de ella en soledad. Padre e hijo hablaron durante casi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;toda la noche y Gordon sintió enternecerse su corazón al reconocer cuán devastadora había resultado para su padre la muerte de su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 22 de febrero de 1931, Bryant y May contrajeron matrimonio. Al principio hubo cierta tirantez y se produjeron algunos momentos desagradables entre los jovencitos y su nueva madrastra. Pero, con el tiempo, la Tía May-como solían llamarla-se ganó un rinconcito del corazón de cada uno; y Gordon y sus hermanos y hermanas llegaron a amar a aquella mujer que con tanto afán los amaba a ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, se acercaba el momento de la graduación de Gordon. En junio de 1932 recibió de la Universidad de Utah su diploma de Licenciado en Letras, con un grado de especialización en inglés y una asignatura secundaria en idiomas antiguos. Habiéndose propuesto continuar su educación y prepararse mejor para su carrera en la vida, pensó en inscribirse en la Facultad de Periodismo de la Universidad Columbia en Nueva York, la que en aquellos días era considerada como quizás la mejor escuela de periodismo en el país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como resultaron las cosas, sin embargo, la preparación de Gordon había de ser más amplia y muy diferente de lo que había previsto. Un domingo por la tarde, antes de que cumpliera veintitrés años de edad, el obispo Duncan lo invitó a que fuera a su casa. El obispo fue directamente al grano: ¿Había pensado alguna vez en servir una misión? Gordon se quedó pasmado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellos días de depresión económica, el servicio misional era más una excepción que una regla. La abrumadora situación monetaria había convertido el compromiso de mantener a un misionero en algo prácticamente imposible para la mayoría de las familias; en realidad, muy pocos misioneros eran llamados. No obstante, tan pronto como el obispo Duncan le hizo esa pregunta, Gordon supo cuál debía ser su respuesta y le contestó que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, la realidad de tener que financiar su misión era algo muy serio. Bryant aseguró a su hijo que encontrarían la manera de hacerlo y Sherman se ofreció a ayudar en ello. Gordon planeó dedicar los escasos fondos que había ahorrado para sus estudios. Desafortunadamente, poco después de haberse comprometido a aceptar el llamamiento, el banco en que guardaba sus ahorros se presentó en quiebra y Gordon perdió todo lo que tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero algo más tarde la familia descubrió que, durante varios años, Ada había acumulado algunos fondos con las monedas que recibía como vuelto al comprar comestibles, con la idea de financiar el servicio misional de sus hijos. Gordon se sintió profundamente impresionado ante los años de callado sacrificio y la sagaz previsión de su madre. Aún después de fallecida continuaba cuidando de él. Más importante todavía era el ejemplo de consagración que había sido su madre y por lo tanto consideró que ese dinero ahorrado por ella era algo sagrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella época, a los misioneros se les preguntaba en qué lugar les agradaría servir. El idioma diplomático internacional era el francés y a raíz de su interés particular en el periodismo y de cierta inclinación personal, Gordon sugirió que se le enviara a Francia. Pero no habría de ser así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando recibió su llamamiento, se enteró de que se lo necesitaba del otro lado del Canal de la Mancha, en el centro mismo de una de las regiones más literarias del mundo. El élder Gordon B. Hinckley había sido llamado a servir en la Misión Europea, cuya sede era Londres, Inglaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-427797252386715149?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/427797252386715149/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=427797252386715149' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/427797252386715149'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/427797252386715149'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/el-muchacho-se-convierte-en-hombre.html' title='EL MUCHACHO SE CONVIERTE EN HOMBRE'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-151292791002638594</id><published>2008-01-28T14:09:00.002-08:00</published><updated>2008-03-11T23:16:12.963-07:00</updated><title type='text'>UNA MISION Y MAS ALLÁ</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;C A P Í T U L O 5&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noticia de que Gordon Hinckley había sido llamado a la Gran Bretaña provocó gran conmoción en el Barrio 1. El servir una misión no era tema acostumbrado de conversación en la mayoría de los hogares de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las misiones costaban dinero y en su mayoría las familias se consideraban afortunadas con sólo mantener un techo sobre sí. Muy pocos hombres y mujeres jóvenes estaban dispuestos y se creían capaces de aceptar un llamamiento misional. Gordon Hinckley era uno de solamente 525 misioneros que habrían de ser llamados ese año a servir en las 31 misiones existentes. Para mayor complicación, vivir en Inglaterra era excesivamente caro, costando en esos días el equivalente aproximado a $500 por mes en dólares del año1990.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para entonces, Gordon y Marjorie Pay, la jovencita que vivía enfrente de su casa a quien había estado cortejando, estaban cada vez más interesados entre sí. Ella quería que él sirviera en una misión, pero a medida que se acercaba la fecha de su partida, sentía más y más cuánto extrañaría a aquel joven a quien consideraba su mejor amigo y confidente. Ella tendría casi veinticuatro años de edad cuando él regresara. ¿Estaría aún soltera? ¿Y cómo se sentirá entonces él con respecto a ella? No era posible saber lo que el futuro habría de depararles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En junio de 1933, el élder Hinckley fue a la Casa de la Misión en Salt Lake City. Durante la semana en que permaneció allí, fue apartado como misionero regular por el élder George Albert Smith. Junto con sus colegas misioneros, recibió también instrucciones de varias Autoridades Generales, entre ellas del élder David O. McKay, quien pidió a cada élder y hermana que escribieran un comentario sobre lo que significaba para ellos ser misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así lo hizo el élder Hinckley y un par de días después se le pidió que fuera a la oficina del élder McKay. Al presentarse ante el apóstol, vio que sobre el escritorio estaba su comentario. El élder McKay lo felicitó tanto por el estilo como por el contenido de su escrito y agregó que era el mejor que había leído jamás. Quería asimismo saber si le permitiría referirse alguna vez al mismo. Gordon se sintió muy sorprendido y también complacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, al prepararse días más tarde a tomar el tren en la estación de Union Pacific en Salt Lake City, experimentó cierta inseguridad y aun temor por lo que le esperaba. Su padre, quien debe haber presentido las preocupaciones de su hijo, le entregó una tarjeta en la que había escrito las cuatro palabras de Jesús que se encuentran en Marcos 5:36: "No temas, cree solamente".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, al cabo de una rápida pero cálida despedida de sus familiares y amigos, inclusive Marjorie-quien había ido a saludar a su mejor amigo sabiendo que no existía compromiso alguno entre ellos-se fue. "Aunque yo anhelaba que sirviera en una misión", dijo Marjorie tiempo después, "nunca olvidaré cuán vacía y sola me sentí al ver el tren alejarse de la estación".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon y sus compañeros de viaje habían comprado boletos de segunda clase en ese tren que se dirigía a Chicago (Illinois), donde se estaba llevando a cabo la Feria Mundial de 1933. Pasó un día en Chicago, fascinado por la ciudad más grande que jamás había visto, y asistió a la feria. Le impresionó sobremanera el tema futurista de la exposición y las imaginativas creaciones que mostraba. También disfrutó de la exhibición presentada por la Iglesia. Al día siguiente tomó el tren a Nueva York y se embarcó en el S. S. Manhattan para la travesía oceánica de una semana. Fue en altamar que cumplió sus veintitrés años de edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el viaje, el élder Hinckley sacó la bendición patriarcal que había recibido a la edad de once años y que desde entonces no había leído con mucha frecuencia. "Alcanzarás tu cabal estatura de madurez y llegarás a ser un fuerte y valiente líder en medio de Israel", le había prometido el patriarca Thomas E. Callister. "Disfrutarás del Santo Sacerdocio y lo administrarás en medio de Israel sólo como aquellos que son llamados de Dios pueden hacerlo. Serás siempre un mensajero de paz; las naciones de la tierra escucharán tu voz y serán llevadas al conocimiento de la verdad mediante el maravilloso testimonio que habrás de manifestar". -Quizás esa misión en Inglaterra llegaría a cumplir al menos una parte de su bendición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de casi una semana en el mar, el Manhattan arribó en horas de la medianoche al puerto de Cobb, cerca de Cork, en Irlanda. Al contemplar el muelle, el élder Hinckley escuchó a un tenor irlandés que a pleno pulmón cantaba "Danny Boy ", la cual para siempre jamás habría de ser una de sus canciones predilectas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su permanencia en Irlanda, sin embargo, fue breve y el barco zarpó nuevamente hacia Plymouth, Inglaterra, donde ancló el martes 27 de junio de 1933. 'Siendo que no allí nadie les esperaba, el élder Hinckley y sus dos compañeros de viaje tomaron el ferry desde Plymouth a Londres, llegando a la Estación Paddington a eso de la medianoche. Otra vez, nadie les esperaba allí y se encontraron solos, en plena noche, en una de las ciudades más grandes del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contando con escasos recursos, alquilaron un cuarto en un hotel cercano. A la mañana siguiente, llevando en sus manos la dirección de la casa misional-33 Tavistock Square, Londres WC1-comenzaron a andar. Tiempo más tarde, durante su misión, después que el élder Hinckley hubo residido en Londres por casi diecinueve meses, no podía imaginar cómo pudieron orientarse aquel día en esa intimidante metrópolis inglesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante esa inhospitalaria introducción a Inglaterra y su ciudad capital, el trío llegó ileso a la casa de la misión. El élder Hinckley había sido llamado a servir en la Misión Europea, entonces bajo la dirección del presidente John A. Widtsoe, pero el presidente Widtsoe se encontraba de viaje por el continente europeo y le había pedido al presidente James H. Douglas, de la Misión Británica, que pusiera a trabajar de inmediato al nuevo misionero. El élder Hinckley fue asignado sin demora a la llamada Conferencia Liverpool, con oficinas en Preston, a unos 320 kilómetros al norte. Los dos compañeros con quienes había viajado a Inglaterra permanecieron en Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue que Gordon debió viajar sin compañía y al tomar el tren hacia Preston se sintió terriblemente solo. Todo era nuevo y extraño para él. Su breve acogida en la casa de la misión no le había resultado alentadora ni placentera. No le era difícil preguntarse en qué enredo se había metido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al bajar a la plataforma de la estación en Preston, el élder Hinckley vio al élder Kent Bramwell, un joven de Ogden, Utah, quien lo estaba esperando. El élder Bramwell no tenía intención alguna de capacitar gradualmente a su nuevo compañero, así que le informó que tenían que llevar a cabo una reunión callejera esa misma noche. La sola idea de predicar a transeúntes desinteresados fue muy desalentadora y de inmediato el élder Hinckley le respondió: "Yo no soy la persona indicada para ello". Pero el élder Bramwell estaba determinado y unas pocas horas después los dos misioneros se dirigieron a la plaza central y comenzaron a cantar. Poco a poco, algunas personas fueron agrupándose y los misioneros les enseñaron y expresaron su testimonio. "Yo estaba aterrorizado", confesó después el élder Hinckley. "Subí a una pequeña plataforma, contemplé a esa multitud y me pregunté qué estaba yo haciendo allí".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según la providencia del Señor, Gordon había sido enviado al área en que Heber C. Kimball y sus colegas del Quórum de los Doce Apóstoles habían bautizado a miles de personas casi un siglo antes. Esa primera noche en la plaza central-o plaza de la bandera, como la gente del lugar la llamaba-Gordon fue presentado a un sitio rebosante de historia. Fue en Preston que el élder Kimball y Brigham Young habían predicado por primera vez las doctrinas del Evangelio restaurado de Jesucristo en Gran Bretaña. Todos los presidentes de la Iglesia, desde Brigham Young a Heber J. Grant, habían servido en Inglaterra. Preston ocupaba un lugar importante en la historia de la Iglesia y Gordon se deleitaba con estar allí.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así y todo, el clima social y religioso que Gordon encontró en Preston difería significativamente de lo que había conocido en su país. Las casas eran tan grandes como en Salt Lake City y en su mayoría se calentaban con pequeñas estufas, hasta cuatro o cinco de ellas en cada casa. Una broma habitual entre los misioneros era que primero debían calentarse de un lado y luego darse vuelta para calentarse el otro. Mucha gente dependía de las dádivas y aun aquellos que no estaban tan mal contaban con muy pocos bienes materiales. El élder Hinckley, sin embargo, pudo comprobar que los británicos eran gente de elevados principios, muy resuelta, franca y sincera que sabía cómo emplear debidamente el inglés real y que, en general, eran personas honradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La religión, no obstante, era un tema difícil de tratar. Muchos rehusaban descartar la pregunta fundamental en cuanto a que, si hay un Dios, ¿por qué permite tanto sufrimiento? A pesar de encontrarse entre los que proverbialmente eran la sal de la tierra, los residentes de Preston no estaban, por lo general, interesados y hasta abrigaban prejuicio contra lo que consideraban una incipiente religión norteamericana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empeorar aún más las cosas, el élder Hinckley no se sentía bien. Padeciendo alergia por causa del polen de la pradera tan abundante en la región, se sintió muy mal desde el momento en que bajó del tren. Su vigor, su energía y su estado de ánimo habían disminuido considerablemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de haber soportado todo lo que pudo, le escribió a su padre diciéndole que no estaba logrando nada con su labor misional y que no veía por qué tenía que malgastar su tiempo y el dinero de su familia. Dirigiéndose a él a la vez como padre y como presidente de estaca, Bryant Hinckley le envió esta respuesta breve y elocuente: "Querido Gordon, he recibido tu carta y tengo una sola sugerencia: olvídate de ti mismo y pon manos a la obra".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temprano ese mismo día, él y su compañero habían estado estudiando la promesa mencionada en los Evangelios: "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará" (Marcos 8:35). Ese pasaje de las Escrituras, combinado con el consejo de su padre, atravesó su misma alma. Llevando en sus manos la carta, fue a su habitación en aquella casa de 15 Wadham Road y se arrodilló para orar. Al derramar su corazón ante el Señor, le prometió que trataría de olvidarse de sí mismo y dedicarse a Su servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos años después comentó acerca de tan significativos acontecimientos diciendo: "Aquel día de julio en 1933 fue mi hora decisiva. Una nueva luz resplandeció en mi vida y un nuevo gozo llenó mi corazón. La niebla de Inglaterra pareció disiparse y pude ver la luz del sol. Todo lo bueno que me ha sucedido desde entonces ha sido el resultado de la decisión que tomé aquel día en Preston".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rama de Preston se reunía en un deteriorado salón que alquilaban en el segundo piso de una tienda. El presidente de la rama trataba de que los pocos miembros locales participaran activamente, pero al contar con tan reducido número sus reuniones dejaban mucho que desear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cambiar la naturaleza de la rama no resultaba cosa fácil, siendo que la labor de los misioneros no era particularmente fructífera. La obra misional arrojaba, sin embargo, algunos beneficios además de las conversiones. El testimonio y el entendimiento que Gordon tenía del Evangelio fueron incrementándose constantemente a medida que estudiaba cada mañana con su compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dones literarios del élder Hinckley fueron enriqueciéndose en el campo misional. Había residido apenas un mes en Inglaterra cuando publicó su primer artículo en el Millennial Star. "A Missionary Holiday" ["El feriado de un misionero"] relataba la experiencia que él y otros misioneros habían tenido el 4 de julio (día de la celebración de la independencia de los Estados Unidos) cuando visitaron el hermoso Lago District, al norte de Preston, y durmieron en una verde pradera que se extendía entre los lagos Windermere y Grasmere. "¡Qué panorama!", decía describiéndolo. "Una perla fina y resplandeciente que descansa silenciosa en las verdes colinas onduladas y boscosas, con el sol de un nuevo día reflejándose sobre las aguas"." En su edición del 14 de septiembre de 1933, el Star publicó un artículo suyo elogiando las virtudes de la Asociación de Mejoramiento Mutuo que revelaba también su idea sobre el efecto del Evangelio en la vida de una persona: "El 'mormonismo' es una religión de refinamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demuestra que todo hombre tiene en su interior posibilidades divinas, y que la salvación, esencialmente, es un desarrollo. Sostiene que todo hombre es potencialmente una gran persona. Y por medio de un inspirado sistema, ofrece las más amplias oportunidades en todo el mundo para que cada persona se descubra a sí misma y descubra sus posibilidades para vivir de manera que pueda enaltecer su vida y contemplar una huella de realizaciones y no un estero de energías derrochadas. Un escaso número, a lo sumo, y quizás ninguno de nosotros, podría cincelar un nombre inmortal cuando se pase lista entre las grandes personalidades de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probablemente ninguno de nosotros logrará algo más allá del estrecho margen del ambiente que nos rodea. Pero esto es indiscutible: feliz habrá de ser el hombre o la mujer que haya aprovechado algún recurso escondido y le haya dado expresión. Tal persona recibirá el grato sentimiento benéfico de poderes fortalecedores, de haber hecho algo que ha ennoblecido más aún su vida. Dios nos ha bendecido generosamente a todos con talentos... ¡Apreciemos la silente emoción del progreso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun las cartas de Gordon demostraban su ingenio periodístico. No eran ordinarios recitados de acontecimientos semanales. Una de sus cartas a Marjorie describía un incidente que experimentó en un autobús:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ustedes son todos unas ratas infames", fueron las últimas palabras de aquel obeso y afectado gerente de oficina al dirigirse a la puerta del autobús y arrojar por la ventanilla los fragmentos de mi tarjeta sin siquiera haberla leído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la próxima parada, tres o cuatro mineros sucios y harapientos subieron al autobús. Uno de ellos se sentó a mi lado. Sus labios enrojecidos y el blanco de sus ojos resaltaban cual espectros en su tiznado rostro. Su ropa arrojaba el hedor húmedo e irrespirable del polvo de las minas. Su espalda y sus hombros eran musculosamente amplios y redondos, y su pecho encogido. Hasta parecía murmurar en vez de respirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellas minas desde su niñez-todo el día en ellas, recuperándose en la noche para volver a ellas a la mañana siguiente. ¿Qué significado tenían los cielos, las flores, los dioses para aquel hombre? A mi mente acudieron las palabras de Edwin Markham:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Es esto lo que el Señor Dios hizo y mandó hacer Para que tenga dominio sobre la tierra y el mar; Para que explore estrellas y cielos en procura de poder;Para que anhele con pasión la eternidad?"Traté de entablar conversación. "¿Ha sido un día duro hoy?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre me miró sorprendido al pensar que alguien estaba prestándole atención. "Sí, pero tenemos que hacer nuestra parte".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos un poco acerca de su trabajo. Entonces le dije quién era yo y le entregué un folleto.&lt;br /&gt;"Gracias", dijo; "yo no sé leer, pero nuestra Anita sabe hacerlo. Gracias". El autobús se detuvo. El hombre saludó con la cabeza; cuando fue a bajarse, su vasija de té resonó al dar contra el marco de la puerta. Pude oír el golpeteo de sus zapatones sobre los mojados adoquines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A excepción del conductor, quien iba contando sus boletos, quedé solo en el autobús a lo largo de las próximas cinco millas. La lluvia repiqueteaba contra la ventanilla y en silencio me puse a pensar en los dos hombres que conocí ese día."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de ocho meses en la Conferencia Liverpool, Gordon había distribuido 8.785 folletos, compartido más de 400 horas con los miembros, asistido a 191 reuniones, participado en 200 conversaciones sobre el Evangelio, confirmado a una persona y bautizado a ninguna.` En marzo de 1934 fue transferido a Londres para trabajar en las oficinas de la Misión Europea como ayudante del élder Joseph F. Merrill, del Quórum de los Doce, quien para entonces presidía todas las misiones en Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon se sintió inmediatamente encantado con Londres. No demoró en enamorarse de esta joya del imperio británico y el hecho de que un joven misionero trabajara junto a un apóstol era un raro privilegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Merrill era un líder metódico y sensato, un científico que había sido decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Utah, y a su cargo tenía la responsabilidad administrativa de las misiones europeas. En general, la Iglesia trabajaba allí afanosamente y no era fácil lograr conversos. Aunque el élder Hinckley no lo acompañaba en sus viajes por el continente europeo, solía conversar por largo tiempo con el presidente Merrill cada vez que éste regresaba. Y gracias a estas numerosas conversaciones, Gordon pudo formarse una idea cabal del funcionamiento de la Iglesia, tanto en Gran Bretaña como en el resto de Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los días domingo, a menos que estuviera lloviendo torrencialmente, dos misioneros de las oficinas de la Misión Europea y dos de la Británica tomaban el autobús desde la calle Oxford hasta Hyde Park, donde llevaban a cabo reuniones al aire libre junto a otros predicadores y vendedores callejeros que allí concurrían. Después de entonar un himno y ofrecer una oración, predicaban a la indisciplinada multitud desde sus estrados portátiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ciertas ocasiones, algunos hombres y mujeres de la congregación se mostraban sinceramente interesados en religión, pero con mayor frecuencia aquellas reuniones públicas atraían a unu nn5iun y nlus ufu grupos de expertos provocadores que se complacían en tratar de distraer y humillar a los jóvenes misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para aquella gente, eso era como un deporte, una oportunidad para divertirse. Y mientras no tocaran físicamente a los oradores-lo cual constituía una razón para ser arrestados-podían hacer cuanto se les antojara. Gordon llegó a disfrutar particularmente la actitud de los provocadores más experimentados, quienes acostumbraban agitar una vara tan cerca de la nariz de los misioneros como fuera posible sin llegar a tocarles la cara. Al hacerlo, se burlaban de los jóvenes norteamericanos gritándoles: "Vamos, muchacho. Vete de aquí. Vuélvete a tu casa, yanqui". Al élder Hinckley le intrigaba en particular uno de los provocadores que parecía saber siempre cuándo estarían allí los misioneros y le gustaba argumentar con aquel detractor y sus compinches.&lt;br /&gt;Muchos domingos por la tarde los misioneros solían reanudar las reuniones en Regents Park. La actividad probablemente beneficiaba más a los misioneros que a quienes les escuchaban, porque si un misionero era tímido, como era al principio el élder Hinckley, lograba superar sin demora su timidez. Las reuniones públicas servían para enseñarles a hablar con aplomo en medio de la confusión y a mantener la serenidad aun ante una concurrencia hostil. El élder Wendell J. Ashton, quien fue transferido a las oficinas de la Misión Británica en la primavera de 1935 para que sirviera como editor ayudante del Millennial Star y como compañero de Gordon, dijo: "En esos días no bautizamos a muchas personas en Londres, pero el élder Hinckley era descollante en aquellas reuniones en Hyde Park. Aprendimos a hablar de pie sin vacilar y el élder Hinckley era el mejor de todos. Desde el principio obtuvo una tremenda experiencia defendiendo la Iglesia y declarando valientemente sus verdades".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon tuvo otras oportunidades para pulimentar sus habilidades oratorias. Cuando fue llamado a enseñar en la Primaria de la Rama Londres Sudoeste, el presidente Merrill le dijo: "Vaya, élder Hinckley. Si usted logra aprender cómo mantener el interés de los niños, nunca tendrá dificultades en mantener el interés de los adultos". 14 En otra ocasión, aceptó la asignación de enseñar a un grupo de indisciplinados adolescentes que habían amedrentado a varios maestros. Gordon decidió concentrarse en el comportamiento de los jóvenes y con el tiempo la clase se convirtió en una de sus mayores satisfacciones. Se deleitaba en el desafío de convencer a aquellos alumnos desinteresados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La principal responsabilidad educacional del élder Hinckley, por supuesto, se relacionaba con la obra misional. El presidente Merrill no estaba muy contento con los escasos materiales disponibles para que los misioneros pudieran predicar. Al ver que, al desempeñar la asignación de supervisar la publicidad en la misión, su ayudante demostraba poseer excelentes cualidades comunicativas, el presidente Merrill le encargó que preparara varias filminas con transparencias en blanco y negro como ayudas para la enseñanza. Una filmina representaba la aparición del Libro de Mormón, otra describía importantes eventos de la historia de la Iglesia y una tercera mostraba una apropiada imagen de Salt Lake City. Cada una de estas filminas demostró ser muy útil para que los misioneros pudieran entrar en los hogares de la gente y para eliminar los desagradables rumores que por años habían persistido en Inglaterra acerca de los mormones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley también continuó escribiendo y muchos de sus artículos fueron publicados en el Millennial Star. Su campo de intereses era amplio y su habilidad para expresarse realmente envidiable. Pero quizás su influencia más trascendente como escritor tuvo lugar en febrero de 1935, cuando la revista London Monthly Pictorial publicó su artículo titulado "La historia inicial de los Santos de los últimos Días". Esto pareció contribuir a que se produjera un cambio significativo en la actitud de la prensa londinense hacia la Iglesia.`&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierta mañana, el presidente Merrill mostró al élder Hinckley varios periódicos de Londres que contenían reseñas de un libro recientemente publicado declarando ser una historia de los mormones. El libro, sin embargo, no era halagador. "Élder Hinckley", le dijo el presidente Merrill, "quiero que vaya a donde el editor y le proteste en cuanto a la publicación de este libro".&lt;br /&gt;Aunque aparentó sentirse tranquilo, el élder Hinckley sintió que se le retorcía el estómago. Tal asignación era un tanto aterradora. Pero fue a su habitación y se arrodilló a orar, pensando que probablemente así debe haberse sentido Moisés cuando el Señor le encomendó que fuera a hablar con Faraón. Sabiendo que el Señor lo ayudaría, tomó el tren subterráneo hasta la calle Fleet y fue a las oficinas de Skeffington &amp;amp; Son, Ltd., de Inglaterra, editores del ofensivo libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la intrepidez de un joven misionero, Gordon entregó su tarjeta personal a la recepcionista y pidió hablar con el Sr. Skeffington. La mujer desapareció tras la puerta de una oficina interior y luego regresó para informarle que el editor estaba muy ocupado y que no podía atenderle. El élder Hinckley le dijo entonces que se hallaba allí en representación de la Iglesia Mormona, que había viajado ocho mil kilómetros para ello y que tendría mucho gusto en esperar. Durante la hora subsiguiente, la recepcionista iba y venía de la oficina del Sr. Skeffington. Finalmente, dijo a Gordon que el editor le concedería unos pocos minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esto, el élder Hinckley entró a la amplia oficina y se presentó al hombre que fumaba un largo cigarro. Con una mirada despectiva que claramente parecía decirle: "Usted está importunándome", el Sr. Skeffington le preguntó qué podía hacer por ese joven norteamericano. Gordon le mostró las reseñas que sobre el libro habían publicado los periódicos y comenzó a hablar. Al principio, el editor se puso a la defensiva, pero a medida que el élder Hinckley fue razonando y explicándole los problemas relacionados con el libro, la actitud del Sr. Skeffington fue suavizándose. "Estoy seguro", concluyó diciendo el élder Hinckley, "que un hombre de tan elevados principios como usted no querrá perjudicar a un pueblo que ya ha sufrido tanto por causa de su religión". Al escucharle, el editor expresó su sincero reconocimiento y prometió recoger el libro de todas las librerías y agregarles una aclaración de que su contenido no debía considerarse como una historia del pueblo mormón, que por el contrario tenía una historia respetable y valiente, pero que debía interpretarse como algo ficticio y carente de realidad. El élder Hinckley reconoció que ésa era una decisión extraordinaria para un comerciante que tanto habría de perder y nada que ganar económicamente con un esfuerzo tal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sr. Steffington fue fiel a su palabra. Mandó que se retiraran los libros y cuando fueron devueltos a los estantes de las librerías contenían la prometida aclaración. Desde aquel momento hasta la fecha de su fallecimiento, el editor se mantuvo en contacto con Gordon enviándole todos los años una tarjeta de Navidad. "Ésa fue una extraordinaria lección para mí", habría de comentar luego el élder Hinckley. "Aprendí que si ponemos nuestra fe en el Señor y continuamos confiadamente, Él nos irá abriendo camino. No debemos tener miedo al defender lo que creemos. Nunca lo olvidé. Aquella experiencia dejó una marca en mi vida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no era tan fácil y favorable. Había momentos en que parecía que nadie estaba interesado en el mensaje del Evangelio, períodos en que la oposición llegaba a ser violenta, y días en que habría resultado más fácil volver a casa. En ocasiones, particularmente cuando las cosas se tornaban deprimentes, el élder Hinckley sentía la reconfortante y alentadora influencia de su madre. En esas horas le parecía que ella estaba a su lado, fortaleciéndolo y animándolo. "Esa vez, como lo he hecho desde entonces, traté de vivir y de cumplir con mi deber de manera que pueda honrar su nombre", dijo. "La simple idea de vivir por debajo de las expectativas de mi madre ha sido algo penoso, pero me ha permitido desarrollar una disciplina que de otro modo no habría logrado obtener". Aun después de muerta, la influencia de Ada en su hijo era muy profunda."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El método particular del élder Hinckley era esperar lo mejor en todo y entonces ponerse a trabajar para lograrlo. Se concentraba en lo que podría hacerse en vez de lo que no, buscaba soluciones a los problemas en lugar de resignarse a ellos, y trataba de sentirse feliz aun cuando las cosas no le iban bien. Su actitud reflejaba abundancia en vez de escasez y con frecuencia meditaba acerca del espíritu de regocijo que su madre había cultivado en su hogar. Para reforzar su optimismo, él y su compañero acostumbraban a darse todas las mañanas un apretón de manos y a decir: "La vida es buena". Y, verdaderamente, a diferencia de lo que experimentó en aquellas primeras semanas en Preston, Gordon fue descubriendo que, estando al servicio del Señor, la vida era tan agradable y provechosa como jamás lo había percibido.18 Por el resto de su existencia habría de predicar y practicar el valor de una actitud positiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al aproximarse el fin de sus dos años como misionero, el presidente Merrill preguntó al élder Hinckley si consideraría la posibilidad de quedarse otros seis meses. Gordon estaba muy dispuesto a ello, siempre que su padre consintiera en seguir manteniéndolo. Pero unos pocos días después, cuando habló con él nuevamente, el presidente Merrill le preguntó si más bien estaba dispuesto a regresar a su hogar. Acababa de recibir una carta de la Primera Presidencia con una respuesta desalentadora acerca de sus preocupaciones en cuanto a la falta de materiales disponibles para ayudar a los misioneros en su proselitismo. "No he conseguido que la&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primera Presidencia entienda nuestras preocupaciones", le explicó el presidente Merrill. "Quiero que vuelva usted a su casa, vaya a ver personalmente a la Primera Presidencia y les hable con respecto a nuestras necesidades. Quizás usted logre describirles la situación de una manera que yo no puedo hacerlo en una carta". La simple idea de reunirse con la Primera Presidencia y conversar con ellos sobre cualquier tema le pareció al élder Hinckley un tanto presuntuoso, pero aceptó la asignación de su líder y comenzó a prepararse para salir de Inglaterra en compañía de Homer Durham y Heber Boden, a quienes se les relevaba en esa oportunidad. Los jóvenes deseaban pasar unos días en Europa antes de partir para los Estados Unidos, como acostumbraban hacer los misioneros en esa época, y el presidente Merrill estuvo de acuerdo en que demorar por un par de semanas la presentación del élder Hinckley ante la Primera Presidencia no iba a ser un problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cien dólares cada uno en sus bolsillos, los tres misioneros emprendieron su aventura europea. El élder Hinckley quedó fascinado por lo que vio en Europa. Su excursión fue empañada por la amenaza de guerra que saturaba el ambiente. En Alemania los trenes iban llenos de soldados nazis y a Gordon le deslumbraban su apariencia y su comportamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Munich, el trío pudo presenciar un desfile de la juventud Hitleriana. "Fue algo increíble", dijo Gordon, "contemplar que un pueblo pudiera tomar a sus jovencitos de catorce y quince años de edad, colocarlos en batallones y alistar una generación de soldados. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no habría podido comprender lo enajenado del caso".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los misioneros arribaron a Nuremberg apenas tres días después de que Hitler se hubo presentado en un enorme campo deportivo y enardecido a la ciudad entera. Los estandartes y las banderas nazis flameaban todavía en los mástiles alrededor del estadio. Gordon salió de Alemania con la impresión de que habían estado "sentados en la primera fila de las gradas de la historia"&lt;br /&gt;Pero no todo fue triste y sombrío para los misioneros, porque doquiera que iban fueron visitando los lugares históricos y culturales de Europa. En París fueron al Museo del Louvre y también consiguieron costosas entradas para asistir a una presentación de la Ópera de París. Homer Durham parecía saber donde se habían firmado los tratados importantes y visitaron un monumento y un museo tras otro sirviéndoles él como guía. Pero lo sobresaliente de toda la aventura tuvo lugar en una hermosa colina que se levanta a un lado de París, en el Cementerio Militar Norteamericano de Suresnes. Homer recordó luego la experiencia con estas palabras: "Extendiéndose hasta el portal, había 1.541 tumbas marcadas con cruces de mármol blanco... Entonces GBH [Gordon B. Hinckley] nos llevó hasta la hilera 11, N° 5, y dijo: 'Hermanos, aquí yace mi hermano mayor'. Entonces leímos: 'Stanford Hinckley, Utah, 19 de octubre de 1918'. Después de algunos momentos de silencio, el hermano GBH habló de nuevo: 'Hermanos, es probable que esta tumba nunca haya sido dedicada'. Ahora lo está. Permanecimos de pie en silencio mientras, con poder, nuestro compañero suplicó que ése fuera un lugar sagrado hasta el día que tanto esperamos"." La paz reinante en ese paraje le pareció a Gordon que era un notable contraste con la maquinaria bélica alemana que había presenciado pocos días antes, y entonces pensó en ese hermano al que había perdido en la guerra, y en su madre, quien había hecho su último peregrinaje en este sagrado lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de haber deambulado por Europa durante dos semanas, los misioneros se dirigieron a El Havre, en Francia, donde el 4 de julio se embarcaron en el SS Manhattan, la misma nave que el élder Hinckley había tomado en el viaje de ida a Inglaterra. Ello constituyó un alegre comienzo para la última etapa de su regreso a casa. Una banda de música tocaba canciones patrióticas y la bandera estadounidense flameaba en la brisa. Después de todo lo que había presenciado, Gordon se sintió orgulloso y agradecido de ser un ciudadano norteamericano. Amaba a Inglaterra y a los británicos, pero ¡cuán maravilloso era regresar a su patria!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siete días más tarde, el 11 de julio, el barco echó anclas en la ciudad de Nueva York. Al cabo de su excursión europea, la ropa de Gordon se había arrugado y estirado. Quería estar presentable al llegar porque su hermana Christine planeaba recibirlo cuando descendiera por la planchada, pero su traje no estaba en condiciones de inmediata compostura. Entonces se acordó del traje cruzado de lana azul que había comprado en la calle Regent, en Londres. Sacó de su baúl esa bonita pero arrugada ropa y aunque hacía un calor sofocante en esa&lt;br /&gt;húmeda atmósfera neoyorquina del mes de julio, Gordon decidió que lucía mucho mejor que cualquier otra cosa que tenía.&lt;br /&gt;Cuando el barco hubo anclado y su hermana no aparecía por ningún lado, Gordon salió corriendo del barco y fue hasta una sastrería para que le plancharan sin demora su traje. Se introdujo en la primera tienda que encontró, donde el propietario, quien estaba fumando un cigarro, le indicó que fuera a desvestirse a un cuarto de atrás. Cuando el sastre fue en busca del pesado traje de lana de Gordon y lo vio allí parado vistiendo lo que parecía ser otra capa de larga ropa interior de algodón, se sacó el cigarro de la boca y exclamó: "¡Diablos, hombre! ¿Qué viento le ha traído aquí? ¿El del Polo Norte?" Gordon ni siquiera trató de explicárselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de partir de Nueva York, Gordon tomó el autobús hasta la calle 116 y caminó luego a través del campus de la Universidad Columbia sólo para ver lo que había dejado atrás y averiguar qué debía hacer para inscribirse. Luego los misioneros fueron a Washington, D.C., y desde allí tomaron el tren hacia el norte hasta Rochester, Nueva York, y el Cerro Cumorah. El presidente Heber J. Grant acababa de llegar allí para inaugurar y dedicar la impresionante estatua de Moroni que ahora se encuentra sobre la cumbre de ese cerro legendario. Unas dos mil personas se habían congregado para escuchar al presidente David O. McKay, Segundo Consejero en la Primera Presidencia, quien pronunció el discurso dedicatorio, y al presidente Grant, quien ofreció la oración dedicatoria. Gordon y sus compañeros presenciaron la ceremonia y asistieron al espectáculo subsiguiente, que fue la segunda representación dramática anual.'&lt;br /&gt;Desde el norte del estado de Nueva York los misioneros tomaron el tren hasta Detroit, donde Gordon tenía que buscar un automóvil sedán Plymouth para su padre, el cual costaba 741 dólares. Ésa era una costumbre que se les permitía a los misioneros. Su itinerario los llevó a través de Illinois, donde hicieron un alto en Cartaghe para visitar la cárcel en la que asesinaron a balazos a José y a Hyrum Smith y luego recorrieron las polvorientas calles de Nauvoo. Desde allí siguieron, tanto como les fue posible hacerlo, la trayectoria de las compañías de vanguardia de los pioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al manejar hacia Salt Lake City, Gordon pensó que se había cumplido por lo menos una de las promesas de su bendición patriarcal. Se le había dicho que levantaría su voz en testimonio a las naciones de la tierra. Durante aquellos últimos momentos había dado su testimonio en Londres, en Berlín, en París y en Washington, D.C.-cuatro de las grandes capitales del mundo. "Bueno, esa parte de mi bendición se ha cumplido", se dijo a sí mismo.&lt;br /&gt;Pocos días más tarde, después de una reunión con su familia, Gordon programó su cita con la Primera Presidencia de la Iglesia para cumplir con la asignación que le había encomendado el presidente Merrill antes de que partiera de Londres. El martes 20 de agosto, el ex misionero de veinticinco años de edad se presentó ante el presidente Heber J. Grant y sus consejeros, los presidentes J. Reuben Clark, hijo, y David O. McKay.&lt;br /&gt;Ello podría haber sido una experiencia atemorizante, pero Gordon iba animado aún de su confianza como misionero. "Nadie iba a asustarme en esos días", comentó. "Bien podría haber ido a ver la reina con la misma disposición".' Sin embargo, cuando lo llevaron a la augusta cámara donde la Primera Presidencia se había reunido durante décadas y estrechó la mano de cada miembro de la Presidencia, se sintió de pronto atemorizado por las circunstancias en las que se hallaba. El presidente Grant le habló diciendo: "Hermano Hinckley, le daremos quince minutos para que nos diga lo que el presidente Merrill quiere que sepamos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon describió las preocupaciones que él y el presidente Merrill habían considerado antes de partir de Inglaterra-que los escasos materiales de que disponían los misioneros para cumplir sus labores eran inadecuados y sin atractivo. Después de que Gordon hubo tomado sus quince minutos, la Presidencia empezó a hacerle preguntas. Una cosa llevó a la otra y transcurrieron una hora y quince minutos hasta que el misionero recientemente relevado salió del cuarto.&lt;br /&gt;Desde el punto de vista de Gordon, lo habían recibido cordialmente y se sintió aliviado al cumplir la asignación del presidente Merrill. Según pensaba, realmente su misión había concluido ya y era tiempo ahora&lt;br /&gt;de seguir adelante y planear su futuro-un futuro que, a criterio suyo, incluiría su graduación en periodismo de la Universidad Columbia, lo cual estaba decidido a procurar.&lt;br /&gt;Pero dos días después de su reunión con la Primera Presidencia, Gordon recibió una llamada telefónica del presidente McKay, quien le dijo: "Hermano Hinckley, en una reunión de la Primera Presidencia con los Doce hemos tratado acerca de lo que hablamos durante su entrevista con nosotros. Hemos organizado un comité integrado por seis miembros de los Doce, con el élder Stephen L. Richards como director, para considerar las necesidades que usted ha descrito. Queremos invitarlo a que venga y trabaje con dicho comité".&lt;br /&gt;Gordon no había ni pensado en que su reunión dos días antes se convertiría en una entrevista de empleo. Aunque se sintió atormentado entre la idea de seguir la carrera que había escogido y la de responder a la Primera Presidencia, Gordon consideró la invitación del presidente McKay como un mandamiento y aceptó el cargo. Para comenzar, su posición como secretario ejecutivo del recientemente organizado Comité de Radiodifusión, Publicidad y Publicaciones Misionales era de media jornada, con un sueldo de 65 dólares mensuales.&lt;br /&gt;Preocupado en cuanto a su propia manutención-y la de alguien más, si la ocasión se presentase-luego recibió con agrado un llamado del élder John A. Widtsoe, el Comisionado de Educación de la Iglesia, quien lo empleó para que en horas de la tarde enseñara una clase de seminario en la Escuela Secundaria South por 35 dólares mensuales. 100 dólares por mes eran, por ahora, suficientes. Y así fue que, una vez más, Gordon Hinckley guardó los folletos de la Universidad Columbia en un cajón y tomó un desvío de su planeado rumbo. Esta nueva dirección habría de cambiar su vida para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-151292791002638594?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/151292791002638594/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=151292791002638594' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/151292791002638594'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/151292791002638594'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/una-mision-y-mas-all.html' title='UNA MISION Y MAS ALLÁ'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-1631368090136250803</id><published>2008-01-28T14:09:00.001-08:00</published><updated>2008-03-11T23:16:50.327-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tolerancia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='felicidad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='humildad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apostol'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='paciencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cristo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amigo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='espíritu'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amiga'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='espiritual'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cielo'/><title type='text'>PONIENDOSE EN CAMINO: COMIENZAN LAS DIFICULTADES</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;CAPITULO 6&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La expectativa de trabajar en las oficinas generales de la Iglesia dio lugar a un torrente de íntimas emociones en el joven exmisionero quien no demoró en reconocer que él era muy particular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran depresión económica había causado un agotamiento en los recursos de la Iglesia y en 1935 el número de empleados que trabajaban en sus oficinas centrales podría contarse con los dedos de la mano. Así que emplear a un "civil" para que trabaje con las Autoridades Generales y darle libre acceso a casi cualquier sección en el edificio era algo sin precedente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También resultó ser una nueva experiencia aun para las Autoridades Generales, quienes no estaban acostumbrados a desenrollar los tapetes de bienvenida a un principiante. El primer día, el élder Stephen L. Richards dijo a Gordon que podía ocupar una oficina vacante junto a la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No demoró entonces en comprobar que las palabras del élder Richards eran literales: la oficina no sólo estaba desocupada, sino totalmente vacía. No le habían proporcionado un escritorio ni una silla y carecía hasta de un cubo para basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin inmutarse, llamó a un amigo cuyo padre vendía artículos de oficina y con su ayuda encontró una antigua mesa combada con una pata más corta. La llevó a su nueva oficina, le colocó un bloque de madera debajo de la pata estropeada y trajo de su casa su vieja máquina de escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando le pidió una resma de papel al empleado que distribuía los suministros, el hombre le preguntó con asombro: "¿Sabe usted cuánto papel hay en una resma?" "Sí, quinientas hojas", le contestó Gordon. "¿Qué piensa usted hacer con quinientas hojas de papel?", le preguntó el empleado, a quien aparentemente nadie antes le había hecho tal pedido. "Voy a escribir en ellas, una a la vez", le respondió Gordon. Y obtuvo la resma de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de 1935, las actividades en materia de relaciones públicas en la Iglesia habían sido desorganizadas, casuales y por lo general ineficaces. El Comité de Radio, Publicidad y Publicaciones Misionales recibió la asignación de cambiar todo eso. Aunque Gordon trabajaba bajo la dirección del comité en pleno, se esperaba que fuera él quien se ocupara de las tareas cotidianas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lenta pero ordenadamente, el comité empezó a publicar los primeros materiales originados en las oficinas generales de la Iglesia-presentaciones en filmina, folletos, panfletos y grabaciones sonoras sobre temas que variaban desde los profetas y pioneros de tiempos modernos hasta los templos y el Libro de Mormón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon tenía la responsabilidad no solamente de conceptualizar y escribir los libretos sino también de hacer los arreglos necesarios para su producción y distribución. En primer lugar, tenía que determinar qué temas y programas abordar y entonces decidir cómo habría de proceder con cada uno de ellos de manera que resultaran de provecho sin distinción de cultura o circunstancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada material se diseñaba como un instrumento que facilitara a los misioneros una mejor enseñanza y presentación del Evangelio restaurado. Los nuevos materiales fueron recibidos con gran entusiasmo por los presidentes de misión y por los misioneros, y la queja más frecuente era que necesitaban más materiales y con mayor rapidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La demanda excedía el abastecimiento, al menos en parte, debido a que los misioneros encontraban que los nuevos materiales era realmente eficaces. Las experiencias de los misioneros en Nueva Inglaterra son evidencia del gran valor de una serie de 24 programas de 15 minutos cada uno que las estaciones locales de radio consintieron en transmitir como parte de sus programas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un misionero informó que el gerente de una de las estaciones que había escuchado previamente las grabaciones se quedó "muy impresionado. Se oponía a cualquier programa de larga duración que exhortara al arrepentimiento, pero pensó que las predicaciones breves armonizarían muy bien con sus programaciones. Así que, a partir del 18 de agosto, saldremos al aire".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Joseph F. Merrill elogió con estas palabras las tres filminas referentes a predicar en base al Libro de Mormón: "Nuestros presidentes han encontrado que estas pláticas ilustradas son nuestros medios más provechosos para establecer nuevos contactos con la gente, así que les llamamos 'pláticas de contacto'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No son sermones y muchas personas que nunca asistirían a una reunión de predicación vendrán a escuchar estas pláticas. Estas pláticas despiertan su interés y estamos descubriendo que muchas de estas personas quieren entonces saber algo más acerca de nuestra religión". El presidente Merrill, cuya inspiración de que su joven misionero se reuniera con la Primera Presidencia resultó en éste y muchos otros programas, agregó: "Nuevamente quiero decirle que estamos inmensamente agradecidos por el dedicado y competente servicio que nos ha prestado en esta causa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El empleo de "media jornada" de Gordon fue muy gratificador, pero también extenuante. Preparaba las agendas para las reuniones del comité, organizaba eventos de relaciones públicas, formulaba ideas en cuanto a la producción de los programas y los dirigía, y tecleaba centenares de propuestas, libretos, discursos y folletos en su vieja máquina de escribir sobre el destartalado y torcido escritorio de su oficina. El élder John A. Widtsoe lo había denominado "el Esclavo" y luego le quedó ese apodo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el grupo trataba alguna asignación adicional, el élder Widtsoe, con cierto humor, decía generalmente: "Que lo efectúe el Esclavo", y por lo que podía esperarse, tal asignación recaía sobre Gordon. Aunque estaba seguro de que las Autoridades Generales apreciaban sus esfuerzos, tales elogios no redundaban en ventajas monetarias. En los primeros seis meses del año 1936, había ganado un total de $450.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campo de responsabilidades de Gordon fue más allá de tener que conceptualizar y dirigir la producción de nuevos materiales de relaciones públicas y obra misional. La estación de radio KSL propalaba una serie de programas de la Iglesia los días domingo por la noche. Estos programas estaban ahora bajo la dirección del comité y durante casi un cuarto de siglo Gordon planeó, organizó y frecuentemente escribió los libretos para su transmisión semanal, y para los cuales se invitaba a muchos miembros de la Iglesia de varias condiciones de vida a fin de que hablaran sobre temas del Evangelio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon parecía comprender instintivamente la potencial influencia de los medios electrónicos y ansiosamente aprovechó el poder de la radio para comunicar el mensaje de la Iglesia a un auditorio más amplio y rápido que cualquier otro medio.' Pero existían otras oportunidades para llevar el Evangelio a grandes números de personas. A fines de la década de 1930, por ejemplo, el comité decidió preparar una exhibición para la Feria Mundial de 1939 en Treasure Island, cerca de San Francisco (California). Como era de esperarse, "el Esclavo" recibió la asignación de conceptualizar una idea y recomendarla al comité.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atento al hecho de que la mayoría de la gente tenía un concepto equivocado de la Iglesia, Gordon sugirió que la exhibición se basara en la fama del Coro del Tabernáculo y presentara una réplica de la Manzana del Templo, incluyendo un Tabernáculo con su cúpula ovalada que tuviera su propio órgano y una capacidad para cincuenta personas. Gordon trabajó varios meses en el proyecto, coordinando los talentos de artistas, fotógrafos, constructores y otros artesanos que contribuyeron sus habilidades profesionales a tan complicada empresa. El resultado valió bien todo ese esfuerzo. La exhibición de la Iglesia atrajo a más de 1.400 personas el día inaugural y a unas 320.000 durante los trece meses que duró la feria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A fines de la década de 1930, se le presentó al comité otra magnífica oportunidad. Mertens and Price Radio Feature Service, una compañía de promoción radiotelefónica de Hollywood, le propuso a la Iglesia que desarrollara y auspiciara una serie de treinta y nueve programas de radio de media hora cada uno. Bajo el título de "El cumplimiento de los tiempos", presentaría episodios dramatizados de la historia de la Iglesia. En consecuencia, Gordon supervisó lo que llegó a ser un extraordinario proyecto que habría de mejorar significativamente la calidad y el alcance de las programaciones relacionadas con la Iglesia. "Lo que deseamos", dijo a G. L. Price, uno de los dirigentes de la compañía radiotelefónica, "es presentar la historia de la Iglesia de una manera que atraiga el interés de quienes nos escuchen, les haga sentarse, prestar atención y reconocer que... hay algo estimulante y digno en el Mormonismo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chase Varney, un autor de Hollywood, escribió los primeros trece libretos. Gordon viajó a California para exponer el punto de vista de la Iglesia en la producción de cada episodio. Hubo, por ejemplo, uno de los miembros del elenco de actores que insistía en pronunciar "Moronei" en vez de Moroni y "Nafi" en vez de Nefi. "Se había obstinado a pronunciarlos así", recordó Gordon, "pero yo era más obstinado que él". Aunque nunca llegó a estar muy conforme con la música utilizada, los actores eran de primera clase y realizaron profesionalmente las producciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de ciertas diferencias, Gordon se relacionaba muy bien con sus colegas no miembros, tal como lo indicaba una carta que recibió de G. L. Price diciéndole:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Estoy especialmente agradecido... de que sea usted miembro del comité [encargado] de los libretos. Nosotros dos percibimos que, además de sus cualidades espirituales como élder y de su absoluta e innegable lealtad hacia la Iglesia, usted posee una gran perspicacia y gran tolerancia ante el punto de vista de los gentiles, todo lo cual le constituye en un colaborador particularmente valioso tanto para Chase como para mí".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al suscitarse algunas circunstancias que impidieron que el Sr. Varney continuara escribiendo los libretos de la serie, le pidieron a Gordon que lo reemplazara temporariamente y escribiera un par de ellos. Su labor fue tan admirable que los productores le instaron a que continuara haciéndolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era fácil preparar buenos libretos. Aunque todos los encargados de su revisión elogiaban su estilo como muy elocuente y conmovedor, Gordon se preocupaba sobremanera ante el complicado proceso de hilvanar palabras. A fin de prepararse para ello, pasaba largas horas en la biblioteca histórica de la Iglesia escudriñando diarios personales y artículos para obtener relatos que pudiera narrar con eficacia por radio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus primeras asignaciones de escribir y producir tales programas llegaron a cimentar su extraordinaria educación en cuanto a la historia de la Iglesia. Una y otra vez fue reconstruyendo en su mente las circunstancias que sus antepasados pioneros habían experimentado en generaciones anteriores. Cuanto más estudiaba y escribía, más reales iban haciéndose aquellas escenas para él. Su genuino interés en la historia de la Iglesia fue convirtiéndose en un profundo y conmovedor respeto, al reconocer cuán íntima era su relación con aquellos que se sacrificaron para consolidar el reino del Evangelio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que examinaba los diarios personales y artículos, comenzó no solamente a entender sino a sentir el fervor y la visión de los Santos acerca de un reino espiritual que finalmente habría de extenderse más allá de su humilde comienzo. Y su visión de lo que podría ser-y llegaría a ser-fue motivándolo mucho más que las horas de cierre que cada programa demandaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su sentido visionario era asimismo fortalecido por el privilegio de trabajar íntimamente con las Autoridades Generales y poder observarlos cuando evaluaban los problemas, tomaban decisiones y consideraban situaciones importantes. La oportunidad que Gordon tenía era algo excepcional para una persona de su edad y experiencia. Y a raíz de que no demoraron en reconocer su intuición, sus motivos y su razonamiento, los miembros del comité hablaban abiertamente con él, respondían francamente a sus preguntas y depositaron en él su confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando tomó el empleo, varias personas lo llamaron hacia un lado y le ofrecieron una cordial advertencia, diciéndole: "No podrá jamás trabajar con el élder Richards. Nadie puede hacerlo. Él es muy estricto, muy exigente". El élder Richards era exigente y minucioso, y quienes trabajaban con él habían aprendido a planear cuidadosamente las cosas y a ejecutarlas con precisión. Pero Gordon también, por naturaleza, era meticuloso y esmerado en sus recomendaciones y en sus presentaciones. Y aunque había momentos en que se preguntaba si podría ponerse a la altura del élder Richards, su dinamismo y su naturaleza optimista lo estimulaban en horas de desaliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el transcurso del tiempo, llegó a valorar los frutos de su rigurosa preparación y su inclinación hacia los detalles, y desarrolló un enorme respeto y admiración por su jefe. En verdad, a excepción de su padre, quizás ninguna otra persona haya llegado a ejercer tanta influencia en el joven Gordon Hinckley como Stephen L. Richards.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su ventajosa posición, Marjorie, en cuya compañía Gordon ahora pasaba tanto tiempo como le era posible y a quien le contaba muchas de sus experiencias, pudo ver que el élder Richards y su novio eran verdaderamente amigos del alma: "Ambos eran muy listos. El élder Richards era inteligente y también lo era Gordon. Y se llevaban bien en sus tareas gracias a su intelecto. Gordon aprendió mucho de él, particularmente en cuanto a tratar con la gente. Aprendió que uno no debe altercar con la gente, sino arreglar sus diferencias".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una clase de educación que aun las más importantes universidades no podrían haberle ofrecido, aunque de vez en cuando Gordon solía lamentarse de que sus planes de cursar estudios avanzados parecían haber quedado permanentemente interrumpidos. No se arrepentía de haber decidido aceptar el cargo que la Primera Presidencia le había ofrecido, pero a veces se preguntaba (y aun se preocupaba) en cuanto a lo que el futuro le depararía trabajando para la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una carta a su amigo Homer Durham, comentaba: "Aprecio tus felicitaciones con respecto a los programas de radio. Actualmente estamos trabajando para continuarlos. Hay mucho que hacer. La tarea de este comité de tan largo nombre se está volviendo cada vez más extensa, más complicada y más interesante... [La] radio, las películas y las publicaciones de diverso tipo también sirven para mantenerme orando, humilde, ocupado y trabajando largas horas... [como así también] a los golpes en altas horas de la noche para batir las horas de plazo que parecen acelerarse tanto como mi bien lubricado fotómetro. Todo esto me ha forzado a depender más de mis anteojos... [a tener] hombros más abultados, a tranquilizarme un poco más y a maravillarme algo más en cuanto a en qué terminará todo esto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque a Gordon le era imposible adivinar lo que le esperaba en el futuro, una inmediata y aun notable consecuencia de su empleo era la oportunidad de instruirse en temas relacionados con el reino bajo la tutela de los maestros del Señor. Con el tiempo, Gordon adquirió un extraordinario concepto de los hombres llamados a servir como Autoridades Generales. Tiempo después dijo: "Me llevé a las mil maravillas con aquellos hombres notables que tan bondadosos fueron conmigo. Pero aprendí que eran seres humanos. Tenían sus debilidades y sus problemas, pero eso no me molestaba. En realidad, incrementó aun mi aprecio por ellos al ver que por sobre su naturaleza mortal se manifestaba un fundamento divino, o al menos un elemento de consagración a la magnífica causa que tenía preponderancia en sus vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pude ver la inspiración que se manifestaba en su diario vivir. No tuve duda alguna de sus proféticos llamamientos o del hecho de que el Señor hablaba y actuaba por su intermedio. Podía ver yo su carácter humano, sus flaquezas-y todos ellos las tenían. Pero también presencié la avasalladora fortaleza de su fe y de su amor por el Señor, y su absoluta lealtad hacia la obra encomendada y la confianza depositada en ellos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante aquellos primeros años, Gordon enseñaba también en las tardes una clase de seminario en la Escuela Secundaria South. No era fácil mantener la atención de los adolescentes al cabo de un largo día escolar, pero disfrutaba mucho de apacentar a su clase con las Escrituras. Cuando le ofrecieron un empleo regular como maestro de seminario, estuvo tentado a aceptar. Pero al enterarse de tal ofrecimiento, el élder Richards le dijo: "No, queremos que se dedique a trabajar totalmente con nosotros". Gordon aceptó la invitación del élder Richards y tiempo después comentó: "Decidí trabajar para los apóstoles en vez de enseñar seminario. Tomé la decisión correcta, aunque no era fácil hacer todo lo que ellos esperaban que hiciera".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque su "carrera", por así decirlo, había tomado un rumbo completamente inesperado, estaba teniendo experiencias que nunca había soñado tener y adquiriendo poco a poco una perspectiva panorámica de la Iglesia y del mundo. Y aunque se estaba educando bajo la tutela de las Autoridades Generales e incrementando diariamente su comprensión en cuanto a las tareas que se requieren para administrar la Iglesia, también iba progresando en otro importante aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-1631368090136250803?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/1631368090136250803/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=1631368090136250803' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1631368090136250803'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1631368090136250803'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/poniendose-en-camino-comienzan-las.html' title='PONIENDOSE EN CAMINO: COMIENZAN LAS DIFICULTADES'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-4090325429632467763</id><published>2008-01-28T14:06:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T23:10:52.276-07:00</updated><title type='text'>MARJORIE Y EL ARTE DE FORMAR UN HOGAR</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 7&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante todo el tiempo desde que Gordon regresó de su misión en Inglaterra, él y Marjorie habían llegado a ser inseparables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier otro interés romántico había desaparecido ya al reconocer, ambos, que su relación iba a ser permanente. Pero vivían aún en la "plenitud de la Depresión", como Gordon denominaba entonces-y más tarde-esos años, los salarios eran mezquinos, había muy pocos empleos estables y ellos, como la mayoría de las parejas jóvenes, pensaban con prudencia en el matrimonio. "En aquellos días", explicó más tarde Marjorie, "una persona no se casaba a menos que tuviera y pudiera mantener un empleo. Pero no teníamos ninguna duda de que sí nos casaríamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era sólo cuestión de tiempo".' A pesar de toda precaución en cuanto a las ramificaciones económicas del matrimonio, su compatibilidad era indudable. Gordon y Marjorie sentían una atracción mutua por su sentido del buen humor, su amor por el Evangelio, su innato optimismo y su amor por la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie poseía una animada y alegre disposición que era como un elixir para Gordon. A su vez, a ella le encantaba su translúcido humorismo, dado el hecho de que a pesar de ser su novio una persona sensata, autodisciplinada y correcta en cuanto a las cosas que consideraba importantes no tomaba la vida con mucha seriedad y con frecuencia era el primero en mofarse de sus propias sutilezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como Gordon, Marjorie tenía antepasados relacionados con el Evangelio que abarcaban varias generaciones. También ella estaba vinculada a antecesores que habían aceptado el Evangelio y establecido los cimientos para las comodidades de que disfrutaba y las creencias que ella misma había adoptado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1855, los misioneros le habían enseñado el Evangelio a Mary Goble, una niña de 12 años de edad, y a su familia en Brighton, Sussex (Inglaterra), y la madre de ella, también llamada Mary, estaba ansiosa por reunirse con los Santos en Utah. En la primavera siguiente, el 19 de mayo de 1856, ella y su esposo, William (Bill), y sus seis hijos-Mary, Edwin, Caroline, Harriet, James y Fanny-tomaron el barco Horizon en Liverpool y viajaron a los Estados Unidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de seis semanas en altamar, arribaron a Boston [Massachusetts] y de allí fueron por tren a Iowa City, donde se prepararon para el viaje a través de las llanuras. El verano llegaba ya casi a su fin cuando partió la compañía pionera que dirigía Dan Jones (y luego John Alexander Hunt), y no llegaron a Council Bluffs sino a fines de septiembre. Esperaban poder llegar a Utah antes del invierno, pero la compañía no se hallaba muy lejos de Council Bluffs cuando el clima pareció cambiar antes de lo acostumbrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven Mary contó después acerca del tormento consiguiente, incluso el nacimiento de una hermanita llamada Edith que vivió solamente seis semanas antes de fallecer por falta de nutrición. Sin otra alternativa que la de sepultarla en una sencilla tumba en la pradera, la familia Gobble soportó su dolor y continuó viajando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bill Goble era el cazador del grupo y obtuvo alimentos para sus compañeros de jornada. Cuando la compañía de carros alcanzó al grupo de carretones de mano dirigido por Martin, a Bill se le designó para que se quedara con dicho grupo de pioneros por si necesitaran su ayuda. La buena voluntad de la familia para quedarse atrás fue causa del terrible precio que debió pagar por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mary escribió: "Cuando llegamos a Devil's Gate, hacía un frío espantoso. Debimos abandonar muchas cosas allí... Mi hermano James comió una cena abundante y se sentía muy bien al acostarse. A la mañana siguiente, había muerto. A mí se me congelaron los pies, y también mi hermano Edwin y mi hermana Caroline tenían los pies congelados".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nombre de Devil's Gate (El portal del diablo) era muy apropiado. Allí quedaron atrapados los pioneros de la compañía de carretones de mano Martin y del grupo de carros Hunt-Hodgett, al impedir que continuaran el viaje debido al continuo azote de las nieves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el diario aumento en el número de muertos, parecía que todos perecerían en los altiplanos de Wyoming. Lo que la familia Goble y sus compañeros no sabían era que Brigham Young había recibido noticia de la situación en que se hallaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo 5 de octubre de 1856, en horas de la mañana, el profeta pronunció el discurso de apertura de la conferencia general en la Enramada de la Manzana del Templo y dijo: "Muchos de nuestros hermanos y hermanas se encuentran en las llanuras con sus carretones de mano... y debemos ayudarles a llegar aquí... Quiero decirles a todos que su fe, su religión y su creencia religiosa no lograrán salvar a ninguno de ustedes en el reino celestial de nuestro Dios, a menos que cumplan justamente los principios que les estoy enseñando hoy. Vayan y traigan acá a esa gente que se encuentra ahora en las llanuras".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando un explorador del grupo de rescate llegó a donde estaban las compañías de carretones de mano cerca de South Path (Wyoming), los que aún tenían energías para hacerlo entonaron canciones y hasta bailaron. Pero al cruzar las últimas montañas antes de entrar al valle, la madre de Mary falleció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven escribió luego: "Llegamos a Salt Lake City el 11 de diciembre de 1856, a las nueve de la noche. Tres de cada cuatro personas aún con vida estaban congeladas. Mi madre yacía muerta en la carreta... Temprano a la mañana siguiente, llegaron el hermano Brigham Young y un médico... Al ver [Brigham Young] la condición en que estábamos-los pies congelados y nuestra madre muerta-las lágrimas humedecieron sus mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor amputó los dedos de mis pies empleando un serrucho y un cuchillo de carnicero. Brigham Young me prometió que nada más sería cortado de mis pies. Las hermanas estaban vistiendo a mi madre por última vez. Oh, ¿cómo pudimos soportarlo?` La familia de Mary se mudó luego a Nephi (Utah).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un joven llamado Richard Pay había inmigrado también de Inglaterra y soportado adversidades al cruzar las llanuras. La hijita con que habían sido bendecidos en Iowa murió en [el lugar llamado] Chimney Rock, y la esposa de Richard falleció después en Fort Bridger. Él llegó solo a Salt Lake City y en la primavera siguiente ató todas sus pertenencias con un pañuelo de mano y caminó hasta Nephi (Utah), donde tiempo después conoció a Mary y se casó con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el correr de los años, Richard y Mary Pay fueron bendecidos con trece hijos; el menor de ellos, llamado Phillip LeRoy, nació el 14 de noviembre de 1885. Siendo el último vástago de la familia, recibió mucha atención por parte de sus hermanos y hermanas mayores, pero su primera experiencia con el pesar se manifestó muy temprano en su vida. Tenía sólo siete años de edad cuando una noche su padre regresó de un viaje al templo quejándose de un dolor en el abdomen. Mary llamó inmediatamente a un médico, pero éste llegó demasiado tarde. Richard murió de apendicitis el 18 de abril de 1893, a los setenta y un años de edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roy se sintió muy acongojado a raíz del fallecimiento de su padre y Mary se vio obligada a reanudar su capacidad como enfermera para sostener a su familia. Aunque nunca consiguió tener ningún dinero adicional, logró satisfacer las necesidades de sus hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como adolescente, Roy trabajaba durante el verano en una granja en la vecina localidad de Eureka, donde aprendió de primera mano en cuanto a la ley de la cosecha y llegó a apreciar los frutos de la obediencia y de la fe. Más tarde lo emplearon para que atendiera una tienda de dulces en Nephi, donde luego conoció a Georgetta Paxman, una menuda jovencita de espeso y brillante cabello negro y hermosos ojos pardos de profundo mirar.' Con el tiempo, su amistad fue floreciendo y ambos presintieron que su relación podría llegar a ser permanente. Antes de ello, sin embargo, Roy habría de servir en la Misión de los Estados del Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Roy se hallaba en el campo misional, Georgetta se mudó con Frances, su hermana, y su madre a Salt Lake City, donde ambas hermanas continuaron su educación. Como buena estudiante, Georgetta se recibió tras dos años en la Universidad de Utah en la primavera de 1908. A pesar de sus muchas oportunidades sociales, no podía dejar de pensar en su amigo de la ciudad de Nephi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Roy regresó de su misión en mayo de ese año, lo que había sido apenas un romance de adolescentes se convirtió en algo más y el 7 de septiembre de 1910 contrajeron enlace en el Templo de Salt Lake. Su primera hija, llamada Marjorie, nació catorce meses después, el 23 de noviembre de 1911, en Nephi. Tres años más tarde, la familia se mudó a Salt Lake City.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie fue hija única por casi cinco años. Entonces, el 18 de julio de 1916, Roy y Georgetta fueron bendecidos con la llegada de un hijo, Harold George. Su felicidad duró muy poco, no obstante. Unos días después de la Navidad de ese año, despertaron para encontrar a Harold padeciendo convulsiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras ver a su hijo sufrir durante varias horas, Roy y Georgetta se arrodillaron en oración para suplicarle al Señor que preservara su vida, pero concluyeron su pedido con las palabras "no se haga mi voluntad, sino la tuya"-las palabras más duras que ninguno de ellos jamás había pronunciado. Harold falleció pocos minutos después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un segundo hijo, Douglas LeRoy, les nació el 24 de agosto de 1918 y sólo entonces pudo Marjorie saber lo que era tener un hermano en su hogar. Con el transcurso del tiempo, ella y Douglas tuvieron cuatro hermanas-Helen, Evelyn, Dorene y Joanne-y las cinco muchachas desarrollaron un sólido vínculo que a lo largo de los años les proporcionó un gran apoyo y camaradería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del nacimiento de Evelyn, los Pay decidieron edificar un hogar suficientemente grande para la comodidad de su creciente familia en el barrio de la Iglesia que habían llegado a querer tanto desde que se mudaron a Salt Lake City-el amplio Barrio 1 de la Estaca Liberty. Adquirieron un terreno contiguo a la casa del obispo John C. Duncan y enfrente a lo de Bryant y Ada Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésos fueron años felices. Los niños hicieron muchos amigos en el vecindario y la familia participó de inmediato en las actividades del barrio. Georgetta enseñó a las abejitas y Roy fue presidente de los hombres jóvenes en la AMM. "Aun antes de que tuviéramos edad para asistir a la Mutual", recordó Marjorie, "nos vimos envueltos en todo lo que hacía nuestro padre. Nos quedábamos levantados hasta que él regresaba a casa y lo convencíamos a que nos contara todo lo que había acontecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Iglesia era muy entretenida y nos encantaba todo lo que con ella se relacionaba".' Tiempo después, como abejita, el entusiasmo de Marjorie fue aumentando. Según parecía, todas las principales actividades del vecindario se concentraban en la Mutual del ra Nathaniel Hinckley y Angeline Wilcox Noble, los abuelos paternos de Gordon Habiendo sido designado para ello por Brigham Youn&amp;amp; Ira Nathaniel Hinckley supervisó,en 1867, la construcción de Cove Fort(don en ocasión de su primer viaje a Asia, en mayo de 1960.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 28 de abril de 1961, el élder Hinckley condujo una histórica reunión en el Cementerio Militar Americano en Manila, durante la cual inauguró la obra misional en la Islas Filipinas.6 (El presidente Robert S. Taylor está a su derecha). Sólo un miembro filipino de la Iglesia, David Lagman (foto a la derecha) estuvo presente en la misma Barrio 1, y Marjorie pensaba que era una suerte fenomenal el que su padre estuviera envuelto en el programa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Georgetta y Roy eran gente muy amable y generosa que abrían de manera acogedora las puertas de su casa, lo cual atraía a muchos amigos y familiares. En las tardes del día domingo, Marjorie y sus amigas iban después de la reunión sacramental a comer panqueques-una celebración tan sagrada que cada vez que la plancha de hacer panqueques se descomponía, las amigas de Marjorie hacían una colecta para comprarle otra a los Pay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos padres manifestaban gran condescendencia cuando se trataba de disciplinar a la familia. El modo más severo de Roy para reprender a sus hijos consistía en levantar la vista del periódico cuando se comportaban mal y les decía con firmeza: "Eso es suficiente, niños". Georgetta tenía su propio método para tratar a sus hijos: "Yo no recuerdo que mi madre me dijera jamás. que yo era desobediente", recordaba Marjorie años después. "Si me portaba mal, ella me decía: 'Ésta que se encuentra en mi cocina debe ser Sally, la de las montañas. Mi niña nunca actuaría de esta manera'. Y entonces yo me corregía".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En general, Marjorie era una muchacha feliz y de buen temperamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le iba bien en los estudios, estaba ansiosa de conocer nuevas cosas y, al igual que sus padres, era infaliblemente optimista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Refiriéndose a los años de su niñez, Marjorie dijo: "Mis padres crearon un ambiente de satisfacción y paz. Aun durante la Depresión no nos sentíamos desposeídos ni preocupados sobre lo que habría de sucedernos. De alguna manera, mamá siempre se las arreglaba para tener un dólar en su cartera y eso nos daba un sentido de seguridad. No teníamos mucho dinero, pero nos divertíamos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roy le decía frecuentemente a su familia que quizás no les dejaría mucho en cuanto a herencia temporal, pero que nunca les faltaría algo de mayor valor-su amor y su testimonio de que Dios vive.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando tenía más de ochenta años de edad resumió así la experiencia de su vida: "Nunca hemos tenido dinero en demasía, pero tampoco nos hemos muerto de hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que poseemos es mucho más valioso que cualquier dinero que podríamos haber acumulado en alguna parte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si habrá habido en el mundo dos personas que hayan sido más felices que mi esposa y yo... Tenemos una familia de la que nos sentimos privilegiados...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tuviéramos que vivir de nuevo esta vida, no podríamos pedir nada mejor de lo que hemos tenido. Si sólo pudiéramos vivir de modo que logremos estar juntos en el Reino Celestial, sería algo muy, pero muy maravilloso".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este ambiente de fe, amor y optimismo, creció y desarrolló Marjorie Pay su propio concepto del mundo. Principalmente, su idea de la vida era sencilla, aun quizás un tanto ingenua. Criada en el ambiente relativamente protegido de Salt Lake City, era muy poco lo que sabía acerca del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando tenía dieciséis años de edad, sus padres le permitieron que acompañara a una de sus amigas en una excursión a San Francisco por una semana. Fue aquélla una aventura que excedió la más encantadora de sus expectativas. Cuando contempló el Océano Pacífico por primera vez, Marjorie sintió como que ya no le quedaba nada por ver. Pero cuando el guía de la excursión las llevó a un restaurante junto a la playa famoso por sus platos de mariscos y les informó que era un excelente lugar para comer cóctel de pescado, Marjorie y su amiga se miraron asombradas y, casi al unísono, exclamaron: "¡Cóctel! ¡No, esperaremos en el autobús!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su tierna edad, Marjorie aceptó la fe de sus padres, algo que les atribuía, en parte, a ellos. "El amor de mis padres por el Evangelio era contagioso", dijo, "y mamá nos enseñó desde pequeños a amar a Jesucristo. Orábamos en cuanto a todo y sobre todo, aun pidiendo que no se nos quemara la sopa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo crecí creyendo que mis oraciones serían contestadas y que si oraba por algo, sucedería". En la habitación donde dormían ella y sus hermanas había un amplio cuadro del Salvador. "Todas las mañanas, al despertar", dijo, "lo primero que veía era el rostro hermoso de Jesucristo. Ya era grande y había salido de casa cuando me di cuenta del efecto que ese cuadro había tenido sobre mí".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo que ambos asistían a distintas escuelas secundarias, Gordon y Marjorie no se relacionaban socialmente, excepto en actividades de la Iglesia-y ni aún así. Al principio, Marjorie ni siquiera le había prestado mucha atención, pero al cursar el último año Gordon la invitó a que lo acompañara al Baile de Oro y Verde [de la Mutual].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ese entonces, él era estudiante universitario. Aquella primera cita fue el comienzo de una amistad que luego se tomó en idilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie se graduó de la Escuela Secundaria East en junio de 1929. El día en que fue a inscribirse en la Universidad de Utah, cuando regresó a casa se enteró que la compañía donde trabajaba su padre había cerrado. Sin vacilar, Marjorie consiguió un empleo de jornada completa como secretaria, pero nunca volvió a tener la oportunidad de continuar su educación universitaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Gordon fue a cumplir su misión, Marjorie lo extrañó inmensamente. Gracias a sus cartas, pudo compartir sus experiencias en forma vicaria y, aunque todo un océano los separaba, pudo percibir que él estaba cambiando."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que saliera para su misión", dijo ella, "Gordon todavía trataba de entender algunos puntos del Evangelio. Pero cuando regresó, no había nada que pudiera hacerle desistir de lo que consideraba tan importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Evangelio pasó a ser lo principal en su vida".' Ahora que se encontraba de vuelta y totalmente dedicado a trabajar para la Iglesia, Marjorie pudo ver algo proverbial escrito en el aire: "Al aproximarse la fecha de nuestra boda", dijo, "tuve la completa seguridad de que Gordon me amaba. Pero también alcancé a comprender que yo nunca llegaría a ocupar el primer lugar en su vida. Supe que yo estaría en segundo lugar y que el Señor vendría primero. Y así lo acepté".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal reconocimiento podría haber descorazonado a cualquier otra futura esposa, pero no a Marjorie. "Me pareció", explicaba ella, "que si entendemos lo que es el Evangelio y el propósito por el que estamos aquí, una debería esperar que su esposo pusiera primero al Señor en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sentí protegida sabiendo que [Gordon] era esa clase de hombre".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante saber que eran el uno para el otro, Gordon y Marjorie experimentaron algunos momentos de tirantez en su largo noviazgo, como resultado, al menos en parte, de la espera que se impusieron a sí mismos. A Gordon le preocupaban mucho las realidades económicas del matrimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche antes de su boda, llamó a Marjorie y le pidió que se encontraran en una confitería en el centro de la ciudad, donde le explicó el problema: Había hecho cuentas y todo lo que tenía era menos de 150 dólares. Y lo que era más alarmante aún, él ganaba apenas 185 por mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie no se preocupaba por eso. Su concepto fundamental era que, de alguna manera, todo saldría bien. Para ella, ciento cincuenta dólares era una fortuna y entonces respondió con su optimismo característico que esperaba tener un esposo y que ahora venía a enterarse de que también estaba obteniendo 150 dólares. "Todo andará a las mil maravillas", le dijo a Gordon. "Si tienes 150 dólares, estaremos bien".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, el 29 de abril de 1937, Gordon Bitner Hinckley y Marjorie Pay fueron casados por el élder Stephen L. Richards en el Templo de Salt Lake. La ceremonia fue hermosa por lo simple y magnífica por su promesa. Horas después Gordon dijo: "Marjorie ha llegado a ser una joven maravillosa y yo he tenido la sensatez de casarme con ella. Un fulgor prodigioso de femineidad descansaba sobre ella. Se veía hermosa, y yo fascinado".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo que el dinero no era suficiente para una tradicional fiesta de bodas, los recién casados no tuvieron una recepción. Después de la ceremonia del templo, salieron hacia los hermosos parques nacionales del sur de Utah en luna de miel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque el mundo se encontraba en el apogeo de una nueva era desde donde se podía vislumbrar el fin de la Depresión y el comienzo de lo que resultaría en la guerra más devastadora de los tiempos modernos, la vida de Gordon y Marjorie fue, desde el principio, sin complicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de su luna de miel en el sur de Utah, se mudaron a la casa de campo de Bryant y May en East Millcreek, el cortijo en el que cuando era muchacho Gordon había pasado los meses de verano. Pero aunque la casa había acogido a la familia de Bryant en muchas vacaciones agradables, ahora necesitaba serias mejoras para convertirla en una vivienda adecuada para todo el año. Por ejemplo, no tenía alacenas en la cocina ni armarios en los dormitorios. Y lo que era más grave aún, carecía de calefacción y eso era esencial si habían de vivir allí durante el invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon encargó un calentador y empezó a estudiar las complicadas instrucciones para instalarlo. Al no tener dinero con qué pagar a un experto para que lo hiciera, tendría que instalarlo él mismo. Le llevaron el aparato el primero de septiembre e inmediatamente se puso a construir la chimenea de ladrillo y a instalar el equipo. Aunque hubiera podido pagar para que le hicieran el trabajo, no lo habría hecho porque siempre pensó que no era lógico emplear a un profesional cuando su lema siempre fue, &lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;"Uno es tan capaz como cualquier otra persona, y quizás un poco más todavía"&lt;/span&gt;. Una vez que el calentador quedó instalado y en funcionamiento, construyó alacenas y agregó otras comodidades. Con el tiempo, los recién casados convirtieron la casa de campo en un hogar placentero y cómodo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa de campo no fue el único proyecto que requirió el tiempo y la atención de Gordon. A los siete meses de casados, fue llamado a servir como miembro de la Mesa Directiva de la Escuela Dominical.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los miembros de la Mesa Directiva escribían los manuales de lecciones, dirigían convenciones en las estacas a través de la Iglesia, publicaban la revista Instructor, servían en diversos comités y por lo general cumplían funciones de supervisión en cuanto al amplio programa de la Escuela Dominical de la Iglesia. Para Gordon, el privilegio de asociarse con sus colegas de la Mesa Directiva, muchos de los cuales eran líderes experimentados con años de servicio en diferentes cargos, &lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;era todo un beneficio inesperado."&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él y Wendell Ashton, quien poco después fue llamado a servir en la Mesa Directiva, eran manifiestamente más jóvenes que muchos de sus colegas. Cierto fin de semana, ambos llegaron temprano a una conferencia de Escuela Dominical de estaca que tenían que dirigir y fueron a presentarse y a hacer las preparaciones necesarias. Cuando la presidencia de la estaca los vieron caminar por los pasillos del edificio, suponiendo que estos dos jóvenes desconocidos viajaban con los miembros de la Mesa Directiva, les preguntaron: "¿Dónde están los hermanos de Salt Lake City?". Los de la presidencia de estaca se quedaron azorados cuando Gordon y Wendell les informaron que eran ellos "los hermanos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las experiencias que adquirió en la Mesa Directiva expandieron el concepto juvenil de Gordon. Aparte de su misión en Inglaterra, ésa era la primera vez que participaba en la Iglesia fuera de Utah, y el panorama fue toda una revelación. Comenzó a ver que la Iglesia no era una simple organización provincial basada en Utah y que existía gran fortaleza, fe, testimonio y poder lejos de su sede central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A fines del verano de 1938, los Hinckley recibieron la noticia que tanto anhelaban recibir: al llegar la primavera, tendrían una criatura. No mucho antes del vivificante acontecimiento, Gordon expresó cierta incertidumbre en una carta a Homer Durham, diciendo: "Marge y yo nos hemos alejado un poco de los círculos sociales últimamente, dedicándonos a limpiar la casa, plantar zanahorias y arvejas y a hacer otras cosas, lo cual no nos deja tiempo para fiestas, programas y demás, todo en anticipación de la llegada de nuestro primer vástago en la próxima quincena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo marcha bien, pero ando un poco nervioso. Estoy seguro que me entiendes".` El 31 de marzo de 1939, los nueve meses de expectativa culminaron en el nacimiento de su primer retoño, una hija, a la que dieron el nombre de Kathleen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El evento trascendió cualquier otra cosa que ninguno de ellos podía haber imaginado. "Era alarmante pensar en ser responsable por otro ser humano, pero también fue maravilloso sentirse como me sentía", dijo Gordon.` En lo que a Marjorie respecta, la experiencia fue "realmente emocionante", y reconoció: "No sabía lo suficiente como para preocuparme acerca de lo que podría suceder. No sabía que la gente suele a veces tener problemas con sus hijos. Así que el tener una hija propia era mucho mejor de lo que había imaginado".'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa Navidad, en el boletín informativo de la familia, Gordon sintetizó la vida tal como la percibía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Les habla el labrador... ¡Saludos!-y ¡Feliz Navidad! Los tres aquí andamos como de costumbre, Marjorie, Kathleen y Gordon B. Salimos a cavar tierra los sábados por la tarde, corremos a la Iglesia los domingos de mañana y de noche, los lunes nos ponemos a lavar, los martes vamos saltando a las reuniones de la Mesa Directiva de la Escuela Dominical, los miércoles acudimos temblando a las reuniones del Comité de Radiodifusión, los jueves nos apresuramos a gastar lo que hemos ganado y esperamos que las tardes del sábado lleguen los viernes. Maravillosas son las semanas que vivimos, convirtiéndose en años abundantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El auto que manejamos está empezando a verse tal como eran las carretas de los peregrinos de 1620 que la historia describe. La casa en que vivimos es la misma en que crecimos... Y el trabajo que realizamos es el mismo que hemos estado haciendo durante los últimos cuatro años. Pero tenemos algo nuevo: Ella es la niña más dulce que jamás haya agitado una pestaña".`&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon y Marjorie descubrieron que el agregado de una criatura a la familia requería algunos ajustes en su previamente bien ordenada existencia. Aunque los tres se acomodaban muy bien en esa casa de un solo dormitorio, era evidente que pronto necesitarían una vivienda más grande y permanente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando en el otoño de 1940 los Hinckley se enteraron de que iban a tener otro hijo, Gordon comprendió que tenía que encontrar una solución para el problema. Además, en abril de 1939 su padre y la Tía May habían regresado del campo misional y estaban ansiosos por mudarse de vuelta a la casa de campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bryant Hinckley le ofreció a su hijo una parcela de su terreno en East Millcreek. Gordon se lo agradeció mucho; el terreno estaba a corta distancia de la casa de campo, al otro lado del huerto. Ahora le pertenecía a él, libre de gravámenes, y se hallaba en un lugar al que consideraba su hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principio de su adiestramiento universitario, Gordon había pensado en estudiar arquitectura. Poseía aptitudes naturales para la mecánica y podía trazar planos y construir casi cualquier cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con estas habilidades fundamentales, se preparó para edificar su propia casa. No habría de ser su hogar a menos que interviniera en ello desde el principio y, de todas maneras, tampoco estaba en condiciones de pagar para que alguien más se lo construyera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue que con algunos instrumentos para dibujar que le habían quedado de sus clases en la escuela intermedia, preparó un plano, armó un modelo de cartón a escala y puso manos a la obra en el hogar al que Marjorie se referiría luego como "la casa que edificó el Supernumerario".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En verdad, cuando tiempo después los hijos de Gordon y Marjorie solían decir que su padre había construido su casa, muy pocos les creían. Desde el comienzo del proyecto, sin embargo, la visión que Gordon tenía en cuanto al resultado final le sirvió de guía en cada decisión que tomaba. Sabía cómo quería que se hicieran las cosas y sólo contrataba gente para las tareas que requerían una aptitud especial o que eran tan complejas que no podría efectuarlas a tiempo sin ayuda alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante muchos meses, el proyecto había de consumirle a Gordon sus vacaciones, las horas tempranas de cada mañana, las noches, los sábados y sus días libres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de actuar como contratista general, hizo la instalación eléctrica y de plomería y hasta trabajos de carpintería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días volaron y aunque las cañerías y la electricidad fueron terminadas y funcionaban a fines de abril, la casa no era habitable todavía para el 2 mayo de 1942, el día en que nació Richard Gordon Hinckley. Marjorie estaba sin embargo tan feliz con la llegada de su primer hijo varón, que muy poco le preocupó la condición en que se hallaba su vivienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon trabajaba noche y día para terminar la casa. La empresa fue extenuante, física y mentalmente. A través de su vida llegarían a haber muchas ocasiones en que se sentiría exhausto, pero cada vez que comenzaba a quejarse de cuán cansado estaba, él mismo se corregía diciéndole a su esposa: "Pero no estoy tan agotado como aquel día en que te mudé a nuestro nuevo hogar":'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa en East Millcreek no sólo permanece como un monumento a su tenacidad y destreza sino que también ha sido como una cortina de fondo para muchos años de recuerdos familiares. Los Hinckley fueron una de muchas parejas jóvenes que trataron de establecerse en la región. La comunidad rural de East Millcreek fue transformándose rápidamente en un vecindario suburbano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el desarrollo metropolitano se sucedieron las dificultades de adaptarse al progreso, y como nuevo propietario de su hogar a Gordon le interesaba tener voz y voto en las decisiones cívicas. Durante una temporada sirvió como director de la Compañía de Irrigación de East Millcreek y como presidente de la Sociedad de Mejoramiento de East Millcreek, que era una cámara de comercio voluntaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tanto que Gordon se dedicaba a cuestiones relacionadas con su comunidad, una oscura nube amenazaba a la humanidad a medida que la guerra iba agravándose y un país tras otro era arrastrado a las hostilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun a fines de 1940, la guerra de ultramar todavía parecía tener lugar en un mundo aparte para muchos norteamericanos. Pero el 7 de diciembre de 1941 la aparente complacencia de los Estados Unidos se vio quebrantada cuando los aviones japoneses bombardearon la flota norteamericana en Pearl Harbor (Hawai). En cuestión de horas, la vida cambió para casi cada norteamericano al entrar Estados Unidos en la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De una manera u otra, se requirió el trabajo de casi toda persona fuerte y sana para apoyar el esfuerzo bélico. Una mezcla de temor y de fervor patriótico se propagó por todo el país. No había nada que pudiera separar a los Hinckley de las consecuencias de la guerra, las que afectaron aun el suburbio de East Millcreek y extendieron sus tentáculos en torno a la joven familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-4090325429632467763?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/4090325429632467763/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=4090325429632467763' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/4090325429632467763'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/4090325429632467763'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/marjorie-y-el-arte-de-formar-un-hogar.html' title='MARJORIE Y EL ARTE DE FORMAR UN HOGAR'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-2878113865010504396</id><published>2008-01-28T14:05:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T23:19:08.009-07:00</updated><title type='text'>LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y SUS CONSECUENCIAS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;CAPITULO 8&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la víspera del Año Nuevo, 1941, Gordon le escribió a uno de sus amigos diciéndole: "Aquí nos encontramos al fin de otro año y al principio de uno nuevo. Ningún año en toda mi vida ha transcurrido con mayor rapidez... [Pero] el Año Nuevo empieza con cierto presagio para todos nosotros. No hay necesidad de decir que experimentaremos grandes cambios en nuestras vidas. Hay un solo rumbo a seguir y yo creo que nuestro país está haciendo todo lo posible por seguirlo. Los valores cambiarán, pero las verdades eternas habrán de perdurar. Y tenemos que aferrarnos a ellas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuestión de minutos, el ataque japonés a Pearl Harbor había transformado completamente el concepto político de los Estados Unidos, disipando toda resistencia norteamericana en cuanto a su intervención en el conflicto global.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A raíz de la consecuente declaración de guerra de Estados Unidos contra el Imperio del Sol Naciente y de Alemania contra Estados Unidos, la mayoría de los norteamericanos se encontraron de pronto procurando, de una manera u otra, determinar cómo sostener la enorme maquinaria bélica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sólo se vio profundamente afectado cada ciudadano, sino que las instituciones también tuvieron que adaptarse al cambio de prioridades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para acomodar las circunstancias de sus miembros, la Iglesia modificó sus operaciones. El 17 de enero de 1942, la Primera Presidencia notificó a todas las mesas directivas y a las organizaciones auxiliares que debían suspender la realización de conferencias y otras reuniones de estaca para facilitar que los miembros pudieran obedecer las restricciones propias en época de guerra en cuanto a viajes, y también para reducir gastos personales a raíz del aumento de los impuestos debido al conflicto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conferencia general anual de abril se limitó a las Autoridades Generales y a las presidencias de las 141 estacas que entonces existían. El 5 de abril de 1942, la Primera Presidencia cerró el Tabernáculo hasta que terminara la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo ese tiempo, las sesiones de las conferencias se llevaron a cabo en el Salón de Asambleas de la Manzana del Templo y en el salón de asambleas solemnes, en el quinto piso del Templo de Salt Lake.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que resultó más perjudicado fue el programa misional. Los misioneros fueron evacuados de muchos países, algunas misiones fueron clausuradas por completo y cesó el llamamiento de nuevos misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al suspenderse la obra misional, el trabajo que Gordon tenía para proporcionar publicaciones eficaces para el proselitismo fue cada vez menos necesario. Percibiendo que sus tareas habrían de disminuir mientras durara la guerra y consciente de su responsabilidad ciudadana de apoyar el esfuerzo bélico, respondió con un amigo suyo al aviso de un periódico respecto al alistamiento de candidatos a oficiales en la fuerza naval.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sintió muy desalentado al saber que aceptaron a su amigo pero que a él lo descalificaban por causa de que padecía de alergias y fiebre del heno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atormentado a raíz del rechazo de la marina y sintiendo que de alguna manera tenía que colabor con su país, Gordon consiguió que lo entrevistara un gerente del Ferrocarril Denver-Río Grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por simple casualidad, le pidió empleo justo el día en que necesitaban un ayudante de jefe de estación en la terminal de Salt Lake City. Aunque carecía de experiencia con respecto a la industria del transporte, solicitó y obtuvo el cargo como superintendente auxiliar en la compañía ferroviaria. Era el año 1943.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon había trabajado en las oficinas generales de la Iglesia por más de siete años en un empleo muy riguroso, pero ahora tenía que encarar lo que calificó como la "tremenda" responsabilidad de mantener en movimiento el tránsito ferroviario a través de Salt Lake City en una época en que los trenes entraban y salían de la estación como si fueran simples tranvías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de no conocer mucho en cuanto a la operación ferroviaria, no lo acobardaba el trabajo duro y asumió sus responsabilidades con energía, buen sentido común y con la disposición de aprender lo más rápidamente posible todo lo que pudiera. Su primera lección era sencilla pero imperativa: Mantener los trenes en funcionamiento, a tiempo y sin que se estorbaran entre sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellos días, las perspectivas internacionales eran desalentadoras. Los alemanes en Europa y los japoneses en el Pacífico parecían conservar la delantera, aunque los norteamericanos que respaldaban la guerra en el país y en el extranjero se movilizaban como nunca antes. Entretanto, el ferrocarril se encontraba en la obligación de operar más rápida, inteligente y eficazmente. A pesar de las condiciones económicas impuestas por la guerra, el notable progreso de la industria ferroviaria exigía contar con supervisores y jefes de estación mejor adiestrados.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consecuentemente, Gordon fue una de las personas invitadas a asistir, en el verano de 1944, y bajo los auspicios del ferrocarril, a un curso en Denver (Colorado) para candidatos aventajados en concepto administrativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque la industria ferroviaria era un campo nuevo para él, algunas de sus aptitudes naturales resultaron ser muy importantes para la tarea de supervisar la estación de Salt Lake City. Gordon era ingenioso y productivo, un administrador innato que mejoraba toda eficiencia y hacía cumplir las cosas con mínimo esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ávido por echar mano a todos los pormenores de su nuevo cargo, en el seminario hacía más preguntas que los demás participantes en conjunto. "Siendo que yo no había crecido en el ambiente ferroviario, era mucho lo que no sabía", dijo. "Estaba ansioso por aprender y aquella gente no me intimidaba. Considerando que ya había trabajado para hombres de un mayor calibre del que ellos jamás podrían obtener, no me preocupaba en lo más mínimo tener que hablar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los oficiales de la compañía ferroviaria observaron al supervisor ayudante de Salt Lake City y dos semanas después lo llamaron por teléfono. ¿Aceptaría el cargo de gerente auxiliar de correos, equipaje y transporte expreso de todo el sistema férreo? La promoción le significaría un aumento de salario y oportunidades, pero le requeriría mudarse con su familia a Denver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio cuenta de que, en realidad, la "decisión" no estaba bajo su control siendo que la compañía esperaba que mudara su domicilio. Después de considerar todos los factores de importancia, los Hinckley llegaron a la conclusión de que no les quedaba otra cosa que trasladarse a Colorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi inmediatamente se fue a Denver para asumir sus nuevas responsabilidades y buscar una vivienda. Marjorie permaneció en Salt Lake City tratando de encontrar a alguien que les alquilara la casa. Las propiedades eran caras en Denver-aun los garages modificados y los altillos se alquilaban a alto precio-y encontrar algo adecuado le resultó a Gordon mucho más difícil de lo que esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras aguardaba que algo conveniente se presentara, residió en un pequeño hotel y trabajaba casi día y noche. Después de dedicar largas horas durante el día, viajaba por las noches en los trenes para familiarizarse mejor con todo. En muchas ocasiones se lo encontraba viajando hasta Grand Junction (Colorado) para regresar entonces en el vagón de equipajes repleto no sólo de valijas sino también de féretros y otras cosas resultantes de la guerra. Ese ambiente le ofrecía muchas horas para meditar en cuanto a los horrores del conflicto bélico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Gordon y a Marjorie les afligía su separación, la cual se extendió por casi seis meses. Él aliviaba un tanto la situación utilizando los fines de semana su pase gratis para viajar durante doce horas en coche dormitorio, tomando el tren hacia el oeste en días viernes tan temprano como le fuera posible, regresando en el expreso nocturno de los domingos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La circunstancia no era muy conveniente, pero hacía que la separación fuera más tolerable. A fines de año, Gordon pudo finalmente conseguir una pequeña casa en el centro de la ciudad y en junio de 1945 llevó a su familia a la capital de Colorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Mesa Directiva [de la Escuela Dominical] rehusó relevarlo, ofreciéndole en cambio un permiso de ausencia y casi inmediatamente, al ser llamado a enseñar una clase en Denver, tuvo la oportunidad de practicar lo que había estado predicando. Según recuerdan, ésa fue la única vez en toda su vida que sus hijos pudieron sentarse con su padre en las reuniones sacramentales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había muchos miembros de la Iglesia en Denver y los Hinckley se hallaron viviendo en un ambiente totalmente ajeno a los Santos de los últimos Días. Era muy poco lo que la mayoría de sus vecinos, así como los colegas ferroviarios de Gordonconocían en cuanto a la Iglesia. Muchos de los que habían oído hablar de los mormones tenían un concepto infundado o equivocado. A Gordon le interesaba, sin embargo, relacionarse con aquellos que no comprendían a la. Iglesia y sus miembros, pues durante aproximadamente diez años había estado estudiando maneras de mejorar la presentación del Evangelio a esa clase de personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al vincularse con sus compañeros y amigos, fue mentalmente tomando notas y apuntando ideas para usarlas en el futuro. Y a pedido del élder Richards, solía en ocasiones tomar el tren a Salt Lake City por un largo fin de semana a fin de continuar algunos proyectos relacionados con la obra misional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon sospechaba que, una vez terminada la guerra, habría de regresar a su empleo de incógnito en relaciones públicas con la Iglesia. Pero por el momento, se dedicaba a mantener el ferrocarril en funcionamiento. Denver era un centro muy importante y el movimiento en la terminal ferroviaria bullía día y noche. No era extraño que cada una de las vías en la estación estuviera atestada y que otros trenes a la distancia esperaran recibir la señal para adelantarse y desembarcar sus cargas. "A toda costa", explicaba Gordon, "teníamos que mantener las vías abiertas y los trenes en movimiento, porque si algo causaba la detención del tráfico, ello provocaba una reacción en cadena por todo el sistema".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día se produjo un descarrilamiento en un desfiladero a cierta distancia de Denver. A Gordon lo enviaron como rectificador para que resolviera rápidamente el problema. Encontró que se habían volcado cinco vagones bloqueando así la línea. Había sólo una posible solución y Gordon ordenó que tres vagones de carga se empujaran arrojándolos al río Colorado. Esta firme decisión despejó la línea y restableció el tráfico que se había acumulado por varios kilómetros. El episodio le quedó grabado en la mente. "Aprendí cuán importante es mantener el tráfico en funcionamiento y hacer todo lo posible por conservar abiertas las líneas", dijo. Dicho principio tuvo muchas aplicaciones que fueron grabándosele en el subconsciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En febrero de 1945, Gordon y Marjorie recibieron un tercer agregado a la familia Virginia, a quien sus familiares y amigos apodarían Ginny. Kathy tenía casi seis años de edad y Dick cuatro, ambos lo suficientemente grandes como para excitarse por la llegada a su hogar de esa pequeña hermanita pelirroja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres meses después se rendían los alemanes. El regocijo de la victoria en Europa solo fue atenuado por la noticia del fallecimiento del presidente Heber J. Grant, a la edad de ochenta y ocho años. Aunque la salud del presidente Grant había sido delicada por varios años, Gordon tenía la esperanza de volver a verlo otra vez. Amaba mucho a ese hombre que fue presidente de la Iglesia desde que Gordon tenía ocho años de edad y no podía recordar a ningún otro profeta. Le habría gustado estar en Salt Lake City a fin de presentar sus respetos a ese líder que tan profunda influencia había tenido en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En agosto de ese mismo año se rindieron los japoneses, dando fin a la terrible guerra. Las tropas comenzarían a regresar y todos los civiles que trabajaban en relación con la economía debida a la guerra,  Gordon podrían volver a la normalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Stephen L. Richards se había mantenido en contacto personal con Gordon y le ofreció de vuelta su empleo anterior. Sin vacilación, Gordon presentó su renuncia a la compañía ferroviaria, pero a ésta le agradaba mucho lo que veía en el gerente oriundo de Utah y le hicieron otra oferta con un salario mayor del que podría jamás esperar trabajando para la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oferta fue tentadora, pero su corazón estaba de regreso en las oficinas de administración de la Iglesia en Salt Lake City y sentía que ése era el lugar en que debía estar, siempre y cuando le permitieran modificar su antiguo trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contestó entonces al élder Richards que estaba dispuesto a regresar si le dejaban "hornear tortas sin tener que lavar siempre los platos". Cuando el élder Richards le aseguró que podría emplear a alguien más para que lo ayudara en sus tareas, Gordon notificó a la compañía ferroviaria que había decidido regresar a Salt Lake City. "No se apresure a tomar decisiones todavía", le instaron. "Tómese noventa días de licencia y entonces decida. Le conservaremos su cargo hasta entonces". Gordon estuvo de acuerdo y partió nunbo a Utah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hinckley se sentían muy emocionados al regresar a su hogar en East Millcreek. Cuando entró en las oficinas generales de la Iglesia, a Gordon le pareció que nunca en realidad había salido de ahí. Era realmente agradable regresar a un ambiente más adecuado a su naturaleza personal y volver a concentrarse en temas que tanto lo apasionaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Treinta días después llamó a los administradores de la compañía ferroviaria y les informó que no retornaría. Aún así los ferroviarios no se dieron por vencidos; volvieron a comunicarse con él para ofrecerle algo mucho mejor, la gerencia de un departamento con un sueldo de 510 dólares mensuales. No obstante la perspectiva de tan generoso aumento de sueldo, Gordon consideró que su decisión era relativamente fácil. Así lo explicó a un amigo: "Ésta es la obra del Señor. Siento que mi mayor contribución en la vida consiste en continuar haciendo humildemente todo lo que pueda para promover Su causa".'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Autoridades Generales y los empleados de las oficinas generales de la Iglesia parecían complacidos de tener de vuelta a Gordon. Su reputación de "esclavo" continuaba intacta y de nuevo se necesitaban seriamente sus talentos. De inmediato reanudó la tarea de escribir y producir materiales para la obra misional y de relaciones públicas. Tal como antes, su estilo de escritor era claro, preciso y exento de excesos literarios: cada palabra tenía su significado, concepto tras concepto, y nunca su redacción atraía la atención sino simplemente comunicaba el mensaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su experiencia en Colorado lo había convencido de que mucha gente continuaba teniendo un concepto falso sobre los mormones y su religión, lo cual le proporcionó una idea diferente en cuanto a lo que podría hacerse para llevar de manera más eficaz el Evangelio a los que no eran miembros de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal discernimiento demostró ser muy valioso cuando el presidente George Albert Smith le pidió que escribiera una franca descripción del Evangelio que un miembro pudiera entregar con toda confianza a un investigador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resultado fue un libro de 230 páginas dividido en dos secciones. La segunda sección reseñaba la historia de la Iglesia desde la Restauración hasta la fecha, la que luego se reimprimió por separado bajo el título de La verdad restaurada. Durante varias décadas, La verdad restaurada ha servido como un texto de referencia modelo para centenares de miles de misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de las obras de Gordon se ofrecieron a otra gente además de los miembros de la Iglesia. En la primavera de 1951,la revista Look lo invitó a que escribiera algo en respuesta a un artículo que se había publicado ese año en la edición del 24 de abril bajo el título "Los Mormones: Somos una gente peculiar",escrito por Lewis W. Gillenson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gordon fue concluyente en su análisis de la interpretación que Gillenson había hecho en cuanto a la Iglesia: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"[Este artículo] es una decepción después de haber leído algunos de los que ha escrito acerca dé las iglesias protestantes de América... En general... es una caricatura de la gente mormona", comenzó diciendo a la vez que señalaba las razones específicas que daban pie a su comentario desfavorable:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El título de su artículo dice, 'El "pueblo escogido" de José Smith se deleita en su peculiaridad a medida que se prepara en el desierto para el recogimiento de Israel'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué quiere decir con esto? ¿Pretende hacernos creer que los mormones son una secta de gente fanática de largos cabellos que vive alejada del mundo, preparando algún tipo de asilo en el desierto para el dispersado Israel?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sr. Gillenson sugiere que los adeptos de José Smith son un grupo de personas ingenuas-'discípulos fronterizos', hombres de 'vehementes esperanzas' y 'candidez'. La realidad es que la mayoría de los primeros conversos al mormonismo eran de los estados de Nueva Inglaterra. Eran por lo menos tan bien educados y cultos como cualquier otra clase del país".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon concluyó diciendo: "Es lamentable que para reseñar la historia de un pueblo que ha logrado tanto a pesar de enormes dificultades, el Sr. Gillenson haya dependido tanto de fuentes de información evidentemente indignas de confianza. Al hacerlo, sólo ha conseguido presentar un panorama mediante el cual sus lectores tendrán problema en distinguir entre lo verdadero y lo ficticio".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En general, como parecía indicar [la revista] Look, el prestigio de la Iglesia estaba en aumento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1947, cien años después de que la primera compañía de pioneros arribara al Valle del Lago Salado, el número de miembros de la Iglesia había alcanzado a un millón. En octubre de 1949, como resultado, al menos en parte, del entusiasmo y los esfuerzos de Gordon, la conferencia general fue por primera vez transmitida por la estación KSL de televisión. Durante varios años antes de eso, él había hecho los arreglos para que mediante conexiones privadas se transmitieran las reuniones generales del sacerdocio a numerosas congregaciones en todo el mundo y continuó asimismo participando en otros programas radiotelefónicos .l&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que progresaba la obra misional, Gordon deseaba tener el tiempo necesario para llevar a cabo todas sus ideas y aprovechar cada oportunidad. Había momentos, sin embargo, en que le parecía haber llegado a su límite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para complicar aún más su agenda, Gordon y Marjorie continuaban tratando de restablecer su hogar después de su mudanza desde Colorado cuando, el 20 de abril de 1946, a él lo sostuvieron como segundo consejero de Lamont B. Gundersen en la presidencia de la Estaca East Millcreek.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba complacido ante la perspectiva de trabajar entre sus propios amigos y vecinos y comenzó así un prolongado período de servicio a la Iglesia en East Millcreek. Después de servir dos años y medio como segundo consejero del presidente Gundersen, el 14 de noviembre de 1948 lo llamaron como su primer consejero en reemplazo de Ralph S. Barney, quien fue relevado por razones de salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ir cumpliendo sus varias asignaciones en el sacerdocio, Gordon fue conociendo a otros líderes de las estacas vecinas, aumentando de ese modo su círculo de amistades. Por ejemplo, trabajó con un joven abogado que servía como consejero en la presidencia de la Estaca Cottonwood, llamado James E. Faust, y con Thomas S. Monson, que servía como consejero en la Estaca Temple View.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las actividades de Gordon fueron creando una interesante yuxtaposición: Durante el día proyectaba maneras de presentar el Evangelio a personas no miembros y en las noches procuraba obtener soluciones para la integración de numerosas concentraciones de Santos de los últimos Días a los programas de la Iglesia. Al mismo tiempo, él y Marjorie trataban de criar a sus propios pequeños Santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida en el hogar de los Hinckley era muy raramente monótona, frecuentemente alegre y casi siempre ruidosa. El 30 de octubre de 1947, fueron bendecidos con la llegada de su vástago número cuatro, el segundo varón, Clark Bryant.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madre ahora de dos varones y dos niñas, Marjorie no podía imaginar una mayor felicidad en su vida. Las obligaciones de criar hijos pequeños parecía darle más energías en lugar de desalentarla. Aunque con frecuencia tenía que entendérselas por sí sola con su progenie mientras Gordon atendía sus obligaciones en la presidencia de estaca, siempre había aceptado la realidad de que él habría de tener exigentes responsabilidades en la Iglesia. Ella se sentía cómoda con la mayordomía de él y feliz con la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de los hijos, sin embargo, tenía dudas sobre quién mandaba en la casa, aunque Gordon rara vez tomaba parte en solucionar controversias o en disponer las numerosas labores que correspondían al cuidado de los niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni él ni Marjorie eran muy estrictos, ya sea en disciplinarlos o en establecer normas severas. A Gordon le gustaba comentar que su padre nunca le puso la mano encima, excepto para bendecirlo, y que él pensaba hacer lo mismo. Tampoco era la pareja muy exigente, el uno con el otro. Marjorie lo explicó así: "Gordon siempre dejó que yo hiciera lo que quisiera. Nunca insistió en que lo hiciera a su manera o de ninguna manera, en realidad. Desde el principio me dio libertad de acción y me dejó que alzara vuelo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el horizonte se perfilaban maravillosas oportunidades. Habiendo dejado atrás el trauma de la Segunda Guerra Mundial, los jóvenes que habían dedicado varios años a su patria estaban ansiosos por sentar raíces, tal como las señoritas que habían permanecido atrás. A diferencia de la década que acababa de finalizar, la de 1950 comenzó con un sentimiento general de buena voluntad. Los ciudadanos en general confiaban en que sus líderes les dirían la verdad y mantendrían el país exento de guerras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso es que el estallido de la Guerra de Corea en 1950 fue como la descarga de un rayo. Los Estados Unidos se encontraron en medio de otro conflicto internacional. Fue entonces que, al aproximarse la fecha de la conferencia general de abril de 1951, falleció el presidente George Albert Smith después de haber servido casi seis años como Presidente de la Iglesia. Tanto el conflicto coreano como el fallecimiento del profeta habrían de tener una profunda y directa influencia en la vida de Gordon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-2878113865010504396?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/2878113865010504396/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=2878113865010504396' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/2878113865010504396'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/2878113865010504396'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/la-segunda-guerra-mundial-y-sus.html' title='LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y SUS CONSECUENCIAS'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-339193180590093616</id><published>2008-01-28T14:03:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T23:09:49.410-07:00</updated><title type='text'>EN LA LINEA DE FUEGO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:180%;"  &gt;C A P Í T U L O 9&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:georgia;font-size:180%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Habiendo fallecido el presidente George Albert Smith justamente dos días antes de comenzar la conferencia general de abril de 1951, David O. McKay fue sostenido como Presidente de la Iglesia en una asamblea solemne efectuada el lunes 9 de dicho mes.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Un oleaje de sorpresa se extendió por todo el Tabernáculo cuando el vigoroso nuevo profeta, dejando a un lado la tradición, nombró a Stephen L. Richards como su primer consejero y a J. Reuben Clark (hijo) como su segundo consejero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Clark había servido por dieciocho años como primer consejero en la Primera Presidencia; durante casi todo ese tiempo había llevado la mayor parte de las responsabilidades sobre sus hombros.' Gordon se preguntaba cómo la nueva asignación del presidente Richards habría de afectar sus relaciones de trabajo y pensó que quizás ahora tal vez tendría menos contacto con su buen amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nueva Primera Presidencia asumió el liderazgo de la Iglesia que para entonces se expandía rápidamente. Con 1.100.000 miembros en 42 misiones y 191 estacas, el paso iba acelerándose y todos los que trabajaban en las oficinas generales de la Iglesia y otros departamentos percibieron que el reino se preparaba para expandirse de una manera sin precedentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Richards no demoró en llamar a Gordon a su oficina y le dijo: "El presidente McKay me ha dado la responsabilidad del programa misional de la Iglesia y necesito que usted me ayude". La "ayuda" de Gordon había de ser mucho más que ocasional, porque el presidente Richards lo designó secretario ejecutivo del Comité General Misional y le encomendó la supervisión de las operaciones diarias del Departamento Misional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésa era una enorme y complicada responsabilidad. Anteriormente,las varias fases del programa misional habían estado divididas entre cuatro diferentes comités en las oficinas generales de la Iglesia; ahora se consolidaban en uno Solo .2Cuando., el presidente Richards describió las dificultades que debían encarar-incluso la incrementada conscripción militar ocasionada por la Guerra de Corea, con sus consecuencias para el programa misional-, Gordon respondió: "Presidente Richards, usted no me necesita en este cargo; usted necesita un abogado". La reacción del presidente Richards fue firme: "Yo soy abogado. Yo no quiero pleitear esto. Quiero solucionarlo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Departamento Misional tenía la responsabilidad sobre prácticamente todo lo relacionado con la obra misional: la traducción de todo material misionero, incluso las Escrituras, a un creciente número de idiomas; el llamamiento y la capacitación de misioneros y presidentes de misión; la preparación y distribución de publicaciones misionales y de materiales para la enseñanza; el continuo desarrollo de artículos para los medios de difusión y de proyectos de relaciones públicas; y la obligación de responder a los continuos problemas de varios miles de misioneros sirviendo en todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si ésa hubiera sido una época de tranquilidad, el peso de la labor y las consiguientes presiones habrían sido más que suficientes. Pero la Guerra de Corea lo complicaba todo y alteraba drásticamente el panorama misional. El gobierno [norteamericano] quería reclutar a los mismos jóvenes mormones que deseaban servir en una misión. El reclutamiento permitía ciertas excepciones, una de las cuales era la clasificación sacerdotal (4D).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La posición de la Iglesia era que a un misionero le correspondía la clasificación de ministro sacerdotal, la que, por ser temporaria, sólo postergaba su servicio militar y no lo eximía. Pero algunas juntas de reclutamiento no estaban de acuerdo con ello. La nueva asignación de Gordon llevaba consigo la responsabilidad de hacer trámites a través de ese caos burocrático y representar a la Iglesia en las discusiones entre las juntas de reclutamiento y los misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas juntas de reclutamiento locales se negaban categóricamente a otorgar cualquier clasificación sacerdotal a los misioneros, no importa cuál fuere su condición como reclutas. Otras juntas ordenaban a los jóvenes dentro de sus respectivas jurisdicclones que abandonaran el campo misional y se presentaran para el servicio activo.' Irónicamente, las juntas de reclutamiento de Utah y de Idaho eran de las que menos cooperaban al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La incertidumbre era desconcertante, particularmente para los candidatos a misioneros, sus padres y sus líderes. No había joven que supiera lo que le deparaba el futuro o qué planes podía hacer. Y desde 1951 hasta 1953, tales circunstancias redujeron las fuerzas misionales en un cincuenta por ciento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La desilusión fue en aumento. A un joven de Idaho la junta de reclutamiento le ordenó que regresara del campo misional y se presentara para el servicio activo. Apeló ante los tribunales estatales y federales, y perdió en ambos. La junta de reclutamiento en otro pueblo de Idaho dispuso que todos los jóvenes que estuvieran sirviendo como misioneros debían, en el término de una semana, presentarse a la entrada del edificio de los tribunales para someterse a un examen médico antes de ser reclutados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante tales decisiones tomadas en un estado con tantos habitantes miembros de la Iglesia, era evidente que la Iglesia nunca lograría progresar mucho si continuaba tratando exclusivamente con las juntas locales de reclutamiento. Y así fue que el presidente Richards y Gordon viajaron a Washington, D.C., para tener una reunión con el General Lewis B. Hershey, Director Nacional del Servicio Selectivo. Su propósito era aclarar la intención del programa misional y asegurarle al general que la Iglesia no esperaba que se eximiera a sus jóvenes del servicio militar, sino simplemente que se postergara su reclutamiento por un período suficiente para que pudieran servir como misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El general Hershey no deseaba interferir con los programas de ninguna religión para llevar a cabo su ministerio y manifestó una disposición favorable hacia la causa de la Iglesia. Gracias a su apoyo y después de triunfar en una serie de apelaciones federales, Gordon cooperó con el Servicio Selectivo para llegar a lo que parecía ser un compromiso razonable: una cuota que permitía a un limitado número de misioneros servir en un determinado tiempo. Comenzando en julio de 1953, cada barrio y rama existente en los Estados Unidos podía llamar a un joven para que sirviera en una misión durante ese año y quizás a dos en el año siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sistema de cuotas no era una solución ideal, aunque era preferible a tener que suspender todo el programa misional. Pero el sistema era, por naturaleza, motivo para disensiones y provocó resentimientos en barrios donde un joven iba a la guerra en tanto que otro salía como misionero. Gordon se enteró de muchos casos y aconsejó a muchas de las familias afectadas por tales circunstancias. Recordaba las dificultades de esos años como una "época terrible... [en la que] la continuidad misma del programa misional... estaba en juego y cada día presentaba una nueva batalla".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al firmarse el acuerdo de paz que dio término a la Guerra de Corea se redujo la urgente necesidad de soldados y, finalmente, en junio de 1955, una resolución del Congreso declaró que los misioneros Santos de los últimos Días debían ser considerados legalmente como ministros ordenados de la Iglesia y por consiguiente supeditados al aplazamiento sacerdotal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era difícil imaginar que una guerra librada al otro lado del mundo pudiera haberle provocado a Gordon tanto pesar, causándole tantas noches de insomnio y obligándolo a participar en un sinnúmero de reuniones, negociaciones, llamados telefónicos y deliberaciones. Un resultado positivo fue que continuó beneficiándose gracias a su amistosa relación con el presidente Richards, cuya tutela fue providencial. Gordon dijo: "Para crédito de este sabio e inspirado hombre, las situaciones que parecían imposibles de manejar se resolvían de tal manera que los jóvenes de la Iglesia podían cumplir son sus obligaciones militares y a la vez servir en misiones".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el punto de vista personal, Gordon aprendió de inmediato cómo encarar la burocracia y llegó a entender el efecto de las decisiones de los consejos supremos de la Iglesia. "El presidente Richards era un hombre concienzudo, considerado, cuidadoso y sabio", explicó. "Nunca tomaba decisiones apresuradas sin observar las cosas con cautela antes de proceder. Yo aprendí que en esta labor es mejor proceder cuidadosamente, porque cualquier decisión que uno tome tiene ramificaciones de largo alcance y afecta la vida de muchas personas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su vez, el presidente Richards apreciaba mucho a su joven compañero. Después de terminada la Guerra de Corea, le expresó de esta manera su agradecimiento en una tarjeta de salutación: "No puedo manifestarle adecuadamente cuán profundamente aprecio su vinculación y su ayuda. No sé cómo podría yo llevar a cabo mis asignaciones sin el eficaz servicio que usted ofrece tan voluntariosamente. Estoy seguro de que el Señor habrá de bendecirlo por ello, porque usted es un gran contribuyente a Su sagrada causa ".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun teniendo en cuenta los sacrificios relacionados con mantener funcionando el programa misional, los resultados obtenidos bien valieron el esfuerzo. Hacia fines de la década de 1950, el número de misioneros regulares en el mundo fue incrementándose hasta exceder los seis mil, y durante esos años se bautizaron más personas-casi medio millón-que en los primeros noventa años de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que el Departamento Misional fue ampliándose en alcance y tamaño, se iban agregando otros empleados para que ayudaran. Entretanto, sin embargo, aunque contaba con la ayuda de dos secretarias, Gordon continuaba siendo, en realidad, el Departamento Misional propiamente dicho. Consecuentemente, su teléfono sonaba a toda hora, noche y día, en su oficina y en su hogar: "Me iba a trabajar temprano en las mañanas y antes de que pudiera quitarme el sombrero, el teléfono ya estaba sonando", explicó. "Durante todo el día y la mitad de la noche, mi teléfono sonaba con llamados de todo el mundo. Cada vez que algún misionero se enfermaba, extrañaba su familia, se mareaba o echaba de menos a su novia, yo recibía un llamado telefónico" .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Día tras día, se ocupaba con marcada diligencia de los innumerables detalles que recaían sobre él. Tenía gran capacidad para absorber una inmensa cantidad de información y tomar medidas sin complicar las cosas o tratar de justificar sus decisiones. Conocía a cada presidente de misión en todo el mundo y había ayudado a capacitarlos antes de que fueran al campo misional. Y era, para cada uno de ellos, el primer punto de contacto en las oficinas generales de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya para 1951, Gordon había sugerido al presidente Richards que el Departamento Misional adoptara un programa uniforme de estudio para los misioneros a fin de que los traductores pudieran ofrecer ayudas educativas en varios idiomas y que todos dispusieran del mismo manual. Ya existían tres o cuatro misiones que habían, para sí mismas, preparado planes al respecto, los cuales fueron evaluados y desarrollados en un "Programa sistemático para enseñar el Evangelio", el primer método modelo de proselitismo utilizado por la Iglesia en todo el mundo. Aunque al principio el uso de este programa era optativo, ya para 1961 la Primera Presidencia determinó que un plan uniforme de enseñanza fuera parte del programa obligatorio para capacitar misioneros en la casa de la misión de Salt Lake City.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tanto que Gordon adiestraba a los líderes locales, a los presidentes de misión y en ocasiones a los candidatos a misioneros en cuanto a los puntos esenciales de la obra misional, habitualmente recalcaba que debían convertir a los investigadores antes de bautizarlos. Y exhortaba a los líderes locales a intensificar la obra misional coordinada de miembros y misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mediante esta participación, Gordon pudo constatar cuánto había aumentado su propio testimonio del Libro de Mormón como una clave para la conversión. La urgencia de proporcionar traducciones adicionales del Libro de Mormón fue creciendo continuamente a medida que más habitantes de países extranjeros se unían a la Iglesia y se ponía en evidencia la necesidad de contar con el Libro de Mormón en nuevos idiomas. Durante la década de 1950 el libro se publicó en nuevas, reevaluadás o actualizadas traducciones en alemán (1955 y 1959), noruego (1959), portugués (1951, 1952 y 1958), español (1950 y 1952), sueco (1959), francés (1952 y 1959), japonés (1957) y finlandés (1952).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon pasó muchas horas trabajando con traductores que comprendían la terminología y los diversos matices particulares de la Iglesia para producir correctas ediciones de las Escrituras en idiomas extranjeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había que traducir además todos los otros materiales relacionados con la obra misional y la supervisión de la Liahona, la revista oficial de la Iglesia en español, también recayó sobre su escritorio. Durante este período, se encontró frecuentemente coordinando la impresión de varias ediciones del Libro de Mormón, como también de otros materiales para los misioneros, con Thomas S. Monson, quien en esa época supervisaba la impresión de las publicaciones de la Iglesia como parte de sus responsabilidades en Deseret News Press. [Thomas S. Monson] describió con estas palabras su interacción: "Nuestro catálogo de publicaciones misionales contaba con más de cien artículos y el hermano Hinckley enfrentaba la enorme tarea de tener a mano una cantidad suficiente de cada uno de esos materiales. Juntos planeábamos lo que debía imprimirse, cuántos había que imprimir y cuándo ordenarlos de nuevo. La tarea más grande era procesar nuevas órdenes del Libro de Mormón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que se imprimían, no importaba en qué idioma, planeábamos juntos la manera en que debía hacerse".` En esa época, quizás no había nadie en toda la Iglesia que estuviera mejor familiarizado con el programa misional y sus complicaciones operativas que Gordon B. Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El marcado énfasis de la obra misional se extendió hasta su propia vida familiar. Los hijos escuchaban la interminable narración de historias sobre misioneros que habían estado progresando en sus labores y algunas cosas relacionadas con los problemas que debían encarar en sus llamamientos. Después de haber escuchado durante meses acerca de los misioneros "en el campo", Dick-que acostumbraba a correr libremente a través de los campos que rodeaban su casa-hizo lo que para él era una pregunta lógica: ¿Por qué andaban los misioneros "en el campo"? ¿Por qué nunca venían adentro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inevitablemente, algunas dificultades solían suscitarse entre las numerosas tropas de misioneros que servían por todo el mundo, y cuando salían a relucir, se convertían asimismo en problemas para Gordon. Él empleaba un raciocinio natural al encarar cualquier circunstancia que surgiera y podía dedicarse personalmente a solucionar problemas basándose en algún precedente. Si no existía un criterio preestablecido para ello, procuraba entonces el consejo del presidente Richards.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ocuparse con la enorme variedad de detalles, preguntas y dificultades que iban a parar a su escritorio, llegó a amar tanto a sus compañeros de tarea como la tarea misma y se interesaba personalmente por el bienestar de los misioneros y de los presidentes de misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cierta ocasión, cuando un joven élder que padecía una seria enfermedad se vio forzado a volver del campo misional para someterse a una operación en un hospital de Salt Lake City, la Iglesia reservó una habitación cercana en la que el misionero y su madre pudieran quedarse durante su convalecencia. Desafortunadamente, el cuarto era muy sofocante debido a la alta temperatura de ese verano. Dándose cuenta de la desagradable condición en que se encontraba esa gente, Gordon les prestó el ventilador eléctrico de su oficina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teniendo que tomar decisiones en casos de mala conducta entre misioneros, en lo posible trataba de inclinarse hacia la clemencia. Cuando se hacía necesaria una reprimenda o una sanción, generalmente manifestaba que su primer interés era el bienestar y el futuro del infractor y que toda acción adoptada se basaba en el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las responsabilidades de Gordon requerían una íntima relación con la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce y le ofrecía un excepcional acceso a quienes servían en los más altos concilios de la Iglesia. Con gran frecuencia solía observar cómo encaraban cuestiones serias; participaba asimismo en evaluaciones que requerían tomar decisiones con consecuencias de gravedad y fue instruido en cuanto a la conducción y la administración de la Iglesia. A su vez, las Autoridades Generales fueron adquiriendo gran confianza y fe en sus opiniones, su capacidad y su integridad-por todo lo cual quedó en posición de aceptar responsabilidades adicionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-339193180590093616?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/339193180590093616/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=339193180590093616' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/339193180590093616'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/339193180590093616'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/en-la-linea-de-fuego.html' title='EN LA LINEA DE FUEGO'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-1813049627597755221</id><published>2008-01-28T14:01:00.002-08:00</published><updated>2008-03-11T23:06:07.419-07:00</updated><title type='text'>LA VIDA CON PAPÁ</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P I T U L O 1 0&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A medida que las responsabilidades de Gordon iban aumentando en las oficinas generales de la Iglesia, también su familia iba creciendo. Al enterarse de que habrían de tener otra hija más, él y Marjorie se regocijaron mucho. Su hijo menor, Clark, tenía seis años y había empezado a asistir a la escuela. Virginia tenía nueve años de edad, Dick casi trece y Kathy se aproximaba a los quince. Desde la mayor al menor, el nacimiento de Jane, la tercera niña de Gordon y Marjorie, el 27 de febrero de 1954, fue motivo de celebración.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vida era realmente activa para los siete miembros de la familia Hinckley. Gordon estaba constantemente desenmarañando sus tareas en la oficina, cumpliendo sus asignaciones en la presidencia de la estaca y realizando trabajos en la casa o el jardín que necesitaban terminarse. Teniendo que cuidar a dos adolescentes, dos escolares, una bebé y un hogar, Marjorie apenas si daba a basto. Con cada temporada, el hogar de los Hinckley parecía cobrar una nueva vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era fácil saber quién de todos esperaba con mayor entusiasmo la llegada del verano-si Gordon, quien sentía claustrofobia en los meses de invierno que lo confinaban a vivir entre paredes, o Marjorie, a quien le encantaba escuchar el sonido de las puertas cuando los niños la azotaban al entrar corriendo desde el patio, o los hijos, que tanto disfrutaban de su libertad para corretear por el amplio terreno que circundaba la finca de la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie se deleitaba en quedarse sola con sus cinco vástagos y se empeñaba en mantener cada verano sin restricciones a fin de que los niños tuvieran tiempo para echarse al suelo a disfrutar del ambiente y escuchar, si así lo querían, el trinar de los pájaros. Cada vez que llegaba el otoño, sollozaba al tener que mandar a sus hijos de vuelta a la escuela; aun en horas de clase, aguardaba ansiosa el momento en que los niños entrarían bulliciosos a la casa y empezarían a revolverlo todo en busca de algo para comer. Un día, cuando Dick tuvo que quedarse en la escuela después de hora por razones de disciplina, Marjorie fue hasta la clase y dijo a la sorprendida maestra: "Usted puede hacer lo que quiera con este niño, pero después de las 3 de la tarde él es mío".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque a Gordon le encantaba East Millcreek, donde había disfrutado tanto sus despreocupados días de la infancia y ahora criaba a su propia familia, y pesar de que protegía tanto la propiedad que tan devotamente cuidaba y el hogar que había construido con sus propias manos, su decisión de mudar a la familia más cerca de la ciudad era tan fácil de vaticinar como el cambio mismo de las estaciones del año. Se exasperaba constantemente en cuanto a la distancia que tenía que viajar, como si los diecisiete kilómetros que recorría a diario fueran un fastidio insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero cada vez que llegaba la primavera, al sentir el olor de las flores de cerezos y empezar a escarbar la tierra, y siendo que a Marjorie le encantaban las abundantes lilas de doble pétalo que florecían en su jardín, comentaban: "¿Cómo podríamos dejar atrás todo esto?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para los hijos, "todo esto" era realmente un cielo. Con los huertos, la pastura y el enorme patio que rodeaba una hondonada llena de senderos y escondites, creían estar viviendo en el mejor lugar de la tierra. La hondonada en la que Gordon había jugado cuando muchacho era igualmente atractiva para sus varones, quienes construían fortificaciones en la maleza y dormían por las noches en los huertos para "proteger" sus frutos contra posibles invasores. Las niñas iban de una casa a la otra en sus bicicletas o "merendaban" en el columpio del Papá Hinckley. En la mayoría de las tardes, todos jugaban hasta ya entrado el anochecer y nunca les faltaba algo que hacer en la casa para mantenerse entretenidos y ocupados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el principio, Gordon había diseñado su casa de modo que pudiera ampliarse a medida que fueran cambiando las necesidades de la familia. Aún continuaba haciendo reparaciones y modificaciones por sí mismo; por tanto, con frecuencia se encontraba envuelto en un proyecto u otro. En cualquier momento libre que le quedaba entre su trabajo y sus obligaciones en la Iglesia, ponía de inmediato manos a la obra, ya sea levantando una pared, derribando otra o agregando un cuarto de baño, etcétera. Durante años, la mesa del comedor solía estar cubierta de planos arrollados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caos de las construcciones molestaba a veces a Marjorie, porque era prácticamente imposible renovar una parte de la casa sin crear confusión en otra. Pero las reparaciones de Gordon iban mejorando siempre su hogar, y siendo que las tareas tenían un efecto terapéutico en él-cuando se intensificaban las presiones en la oficina, él llegaba a casa, se ponía unos pantalones de trabajo y una desvencijada camisa blanca, se ajustaba un cinturón de carpintero y empezaba a martillar clavos-Marjorie era muy complaciente con sus proyectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ir creciendo, los muchachos tenían que trabajar a la par de su padre y si no estaban levantados entre las siete y las ocho de la mañana, Gordon iba a despertarlos: "¿Qué están haciendo en la cama todavía? Ya ha pasado la mitad del día", les decía. Sin embargo, a los muchachos les gustaba pasar los sábados con su padre. Juntos hacían reparaciones y modificaciones, plantaban y planeaban. Gordon terminaba de hacer todo lo posible ese día, sabiendo que solo de vez en cuando podría aprovechar unas pocas horas durante la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún entonces no era posible contratar a un artesano o constructor. Él sabía cómo quería que fueran hechas las cosas y aunque era ahorrativo y habilidoso, su empeño más apremiante era el buen resultado. No creía que era necesario contratar a alguien para que hiciera lo que también él mismo podía hacer-y aun mejor todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No importaba si papá ya había hecho algo similar o no", explicaba Ginny después. "Si decidía que era necesario hacer alguna cosa, la hacía. No creo que jamás se le haya ocurrido no ser capaz de hacer algo determinado y tampoco recuerdo que haya empezado nada sin completarlo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que lo limitaba no era su aptitud, sino disponer de tiempo; Gordon era habilidoso y podía construir o componer casi cualquier cosa. Ya fuera que se tratara de una caja de engranajes de la antigua máquina de lavar, el motor de la cortadora de césped o el automóvil, podía resolver el problema y por lo general sin tener que comprar repuestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era necesario reparar algo, iba de inmediato al sótano o al galponcito detrás de la casa y ponía manos a la obra hasta que lo conseguía o encontraba la manera de reemplazar la parte defectuosa con algo similar. Kathy quedó muy sorprendida cuando en casa de una de sus amiguitas alguien mencionó que tenía que ir a buscar un tostador que había llevado para que se lo repararan. "No podía creerlo", dijo Kathy. "No sabía que fuera posible llevar un artefacto a alguna tienda para que alguien lo reparara. Pensaba que eso, el componer las cosas, era tarea de los padres".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa era probablemente el monumento más evidente a las habilidades mecánicas, la visión, el ingenio y las cualidades naturales de Gordon. Cuando la construyó, dejó libre de travesaños ciertas secciones de las paredes, pensando en las futuras modificaciones cuando tuviera que abrir pasillos o colocar puertas a medida que fuera necesario ampliarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por varios años, en la sala de estar se hallaba un tocadiscos escondido que apareció cuando hubo necesidad de abrir una pared para colocar una puerta. Siendo un habilidoso plomero, Gordon tenía una caldera para derretir el plomo que usaba para ensamblar las cañerías. Con el tiempo, transformó el patio en una sala familiar y el dormitorio principal en una cocina, dividió el garaje en dos dormitorios, agregó una amplia entrada en el comedor y convirtió un cobertizo en cuarto de baño-entre muchas otras cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solamente el cuarto de baño original se salvó de los martillazos de Gordon. A pesar de que la familia siempre se quejaba del repetido trastorno causado por sus construcciones, a él lo guiaba un solo motivo en su constante actividad renovadora: 'Pensaba en el aumento de mi familia y sabía que nuestro hogar podía ser cada vez más adecuado y cómodo. Lo hacía todo con la esperanza de mejorar las cosas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como la casa, también el jardín era el producto e inventiva de su creador quien, de acuerdo con el plan maestro de su cerebro, vislumbraba lo que llegaría a ser todo el terreno cuando concluyera su labor. Clark comentó que, desde el principio, su padre "tenía una visión y un plan para el futuro. No sólo pensaba en reparar las cosas, sino en ir mejorándolas para el futuro".`&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, el diseño original de los jardines incluía una hilera de pequeños olmos chinos en la parte sur del terreno, intercalados con otros árboles de madera dura algo más atractivos y de crecimiento lento. La idea era simple: una vez que los árboles de madera dura hubieran crecido lo suficiente, sacaría los olmos y entonces quedaría una hilera de hermosos árboles de sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desafortunadamente, el proyecto tenía una falla: los vigorosos olmos crecieron tan rápidamente que terminaron por dominar todo el patio, produciendo millones de vainas de semillas que había que barrer constantemente de la entrada al garaje. Peor aún, una enorme cantidad de semillas fueron germinando abundantemente, llenando de pequeños arbolitos cada rincón del terreno. Durante todo un verano, habiéndosele asignado la tarea de arrancar todos los olmos que no fueran parte del diseño original, Clark recogió por lo menos doscientos arbolitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ir creciendo los hijos y mudándose a sus propios hogares, el mantenimiento del enorme jardín fue tornándose cada vez más difícil. Con el tiempo, llegó a ser evidente que, tal como la casa misma, la absoluta inmensidad del plan maestro contrarrestaba el empeño en llevarlo a cabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La familia creció acostumbrada a los constantes esfuerzos para tal fin que, aunque nunca se realizaron por completo, constituían un vigorizante objetivo. Si bien en base a las normas de la época era una residencia modesta, aquella maravilla progresista que al principio contaba con dos dormitorios y un baño tenía ahora cuatro dormitorios y dos cuartos de baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que sus hijos eran pequeños, las reuniones requerían que Gordon volviera tarde a su casa muchas noches de la semana y virtualmente todos los domingos. Solamente Kathy podía recordar-y apenas vagamente-una temporada en que su padre no era el "presidente Hinckley". Había ocasiones en que sus hijos deseaban que él tuviera más tiempo disponible para ellos. "Solíamos, sí, estar juntos", dijo Dick, "pero nunca para ir a cazar o a pescar, sino martillando clavos y serruchando. De vez en cuando sentía lástima de mí mismo, pero con el paso de los años reconocí que, en realidad, pasamos mucho tiempo juntos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los domingos, Gordon estaba siempre ocupado con los asuntos de la estaca, tanto en la mañana como en la noche, pero dedicaba las tardes a su familia. Habitualmente, al llegar a la casa después de las reuniones, juntaba a todos los miembros de la familia y a muchos amigos para conversar con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esas horas de la tarde, parecía como si el tiempo se detuviera, lo cual era para deleite de todos. Así era porque Gordon tenía que comprimir una enorme cantidad de trabajo durante los otros seis días de la semana. La eficacia y la puntualidad eran "marca registrada" de Gordon-de ahí que fuera tan impaciente con todo lo que trastornara su tiempo, como ser las multitudes y tener que formar fila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día en que se conmemora a los soldados muertos en la guerra, la familia acostumbraba a llevar flores al cementerio antes de las 7 de la mañana a fin de "adelantarse al gentío". (Ya siendo adultos, los hijos se sorprendieron al descubrir que bien podrían haberlo hecho aun al mediodía sin tener problemas de tránsito.) Para Gordon, media docena de automóviles a la vez en cualquier lugar constituía una aglomeración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los veranos, la familia iba por lo menos una vez a un cine al aire libre, pero prácticamente nunca se quedaban hasta que terminara la película. Antes del final, Gordon encaminaba el automóvil hacia la salida para no arriesgarse a formar cola en el tráfico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si una recepción de bodas comenzaba a las 6 de la tarde, él y Marjorie arribaban a las 5 y 30 para evitar la muchedumbre. Si programaba una reunión para que comenzara a una hora determinada, los que asistían a la misma sabían que tenían que estar sentados diez minutos antes porque era más probable que la comenzara antes de hora. En días de semana iba a trabajar bien temprano y por lo general estaba sentado a su escritorio antes de las 7, pero salía de su oficina en camino a su casa a eso de las 5 de la tarde para así evitar la conglomeración del tránsito automotor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces, al llegar, se ponía ropa de trabajo y dedicaba una hora a su último proyecto antes de cambiarse de camisa y ponerse una corbata para ir al centro de estaca. "Papá nunca tuvo problema para hacer en veinticuatro horas más que nadie que yo conozca", dijo Kathy. "Nunca tuvo paciencia en cuanto a la falta de disciplina y menos todavía con los que malgastan el tiempo, particularmente el suyo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el punto de vista de Gordon, siempre hubo una buena razón para que se preocupara en cuanto al tiempo. Según su propia experiencia, todo aquel que es disciplinado tiene una visión de lo que quiere realizar y si se esfuerza generalmente triunfa. "No hay nada que no podamos hacer cuando queremos hacerlo y estamos dispuestos a trabajar con afán", decía con frecuencia a sus hijos. "Ustedes son tan inteligentes y capaces como cualquier otra persona, y si quieren hacer algo, háganlo". Aunque nunca consideró en realidad que sus hijos e hijas eran extraordinariamente geniales o talentosos, siempre deseaba que pudieran, cada uno, apreciar sus posibilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También le decía a Marjorie que esperaba que sus hijos se casaran en el templo, obtuvieran una buena educación, contemplaran el mundo y conocieran a su gente. También quería que vieran la vida más allá de lo que experimentaban en East Millcreek y captaran un sentido de las aventuras y el potencial que les esperaba en el futuro. Los libros y la educación eran medios para tal fin. A Gordon le encantaban las palabras y la hora de la cena frecuentemente le ofrecía una oportunidad para enseñar a sus hijos una lección de gramática al corregirles la manera en que empleaban el idioma, construían las frases y pronunciaban las palabras. Esperaba que sus hijos tomaran con toda seriedad su educación escolar e hicieran al respecto lo mejor que pudieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mismo tiempo que administraba el hogar, Marjorie cumpla con otras asignaciones complicadas. Servía ya sea como presidenta de la Sociedad de Socorro, de las Mujeres jóvenes o de la Primaria del barrio o como directora de la campaña contra el cáncer en la comunidad y aceptaba muchos otros programas que se beneficiaban mucho a raíz de su entusiasmo y habilidad para alentar a otros para que participaran. Durante años enseñó las lecciones de Refinamiento Cultural en la Sociedad de Socorro y se granjeó la reputación de ser una instructora sobresaliente. La familia se acostumbró a ver libros diseminados por toda la casa cuando ella se preparaba para la próxima lección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie era un singular ejemplo de apoyo e independencia, una mujer cuya cálida y genuina disposición amigable atraía a mucha gente. Ella no era presumida, no pretendía poder o posición alguna ni trataba de figurar. Y tenía la capacidad para hacer que las personas con quienes se relacionaba se sintieran bien recibidas y cómodas consigo mismas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La atareada agenda de Gordon requería que su esposa fuera tolerante y flexible. Pero aunque naturalmente optimista y serena, Marjorie era asimismo decididamente independiente e inclinada a hablar con toda franqueza y trazar límites donde lo consideraba justo. Sí estaba convencida en cuanto a alguna cosa, no vacilaba en decírselo a Gordon, y él respondía en la debida forma. Así como no se imponía a sus hijos, tampoco trataba de dominar a su esposa. Gordon no tenía interés en controlarla porque sabía que ella era completamente capaz de administrar el hogar y de criar a sus cinco activos hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años más tarde, Clark observó: "El carácter independiente de mi madre es algo muy interesante. Siempre apoyó a papá, pero ella es también la única persona que puede refrenarlo. Si ella le decía, 'Esta semana no harás reparaciones en la cocina, y eso es todo', papá ni siquiera tocaba la cocina. A él siempre le ha encantado en ella ese rasgo de personalidad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo después, Gordon comentó ante un auditorio de toda la Iglesia: "Desafortunadamente, algunas mujeres quieren remodelar a sus esposos en base a sus propios designios. Algunos esposos consideran como una de sus prerrogativas el obligar a sus esposas a satisfacer las normas de lo que les parece ideal. Eso nunca resulta"' Lo que ha resultado en el caso de los Hinckley es el respeto y la colaboración entre uno y otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso no quiere decir que no hayan tenido algunas discordias en el hogar. Los Hinckley han experimentado las lógicas irritaciones y molestias típicas de la vida familiar. Pero, en general, todo ha sido parte de una rutina natural. Los familiares y los amigos sabían que no debían llamarles muy tarde porque las luces se apagaban siempre a las 10 de la noche. A través de su vida, Gordon ha declarado: "Si se acuestan a las 10 de la noche y se levantan a las 6 de la mañana, todo les saldrá bien". Y también hay otras fórmulas que él no sólo predicaba sino que también llevaba a la práctica. Una de las reglas básicas que les destacaba repetidamente a sus hijos era ésta: "Pónganse de rodillas y pidan ayuda; entonces, levántense, pónganse a trabajar y podrán encontrar la manera de superar cualquier situación".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un tema que los hijos incluían en sus oraciones cada verano era que no sucediera nada que pudiera postergar o, pero aún, cancelar las vacaciones anuales de la familia que Gordon siempre les prometía para cuando terminara de atender sus deberes en la oficina. Marjorie y sus hijos nunca estaban totalmente seguros del día en que ello sucedería, así que cuando él anunciaba que iba a ser al día siguiente, se producía un revuelo al ponerse todos a preparar las cosas, llenar las bolsas de agua que colgarían del paragolpes del auto y elegir libros para leer durante el viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día señalado, se levantaban a las 4 de la mañana pero nunca salían antes de las 5-entre los rezongos de Gordon, claro está. Los niños casi siempre reñían entre sí antes de llegar a los límites de la ciudad y en tales circunstancias él detenía el automóvil y les anunciaba con impaciencia: "Si no pueden quedarse quietos, regresaremos ya mismo a casa". Una vez que la vacación estaba en plena marcha, todos pasaban un tiempo maravilloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las vacaciones les llevaban por todo el panorámico oesteal cañón Bryce, donde Gordon, Kathy y Dick descendían hasta el fondo del impresionante desfiladero y luego escalaban hasta la cumbre; a Moab y el Valle de los Monumentos, donde un día Dick se mareó al ver que el automóvil tenía que andar por el borde de un precipicio y dijo: "Cuando nuestro Padre Celestial creó el mundo se olvidó de completar esta parte"; y al Parque Nacional Yellowstone, donde se tapaban la nariz al caminar en puntillas alrededor de los pozos de lava. Para cuando los hijos llegaron a ser adultos, ya habían visitado, según Marjorie, "cada pulgada cuadrada" de Utah y preferían éste, su estado natal, por las maravillosas formaciones de arenisca roja y las cumbres de las Montañas Wasatch. También viajaban a muchos otros lugares fuera de Utah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie acostumbraba a leerles a los miembros de la familia durante los viajes y juntos exploraban el mundo literario, y se ensimismaban con historias a las que ella daba vida con su manera de relatarlas. Cuando terminó de leerles el cuento Where the Red Fern Grows, todos en el auto sollozaban. El tierno capítulo final coincidió con su llegada a destino—el hogar de una tía en el estado de Nevada. Gordon dio varias vueltas alrededor de la manzana hasta que todos lograron tranquilizarse antes de llamar a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon consideraba que las vacaciones eran magníficas oportunidades educacionales, así que se detenía en cada mojón histórico a la vera de los caminos y les relataba el evento que conmemoraban. Parecía conocer las fechas y los detalles de casi todos los lugares de interés histórico. Cuando era posible, hacía un alto en el Fuerte Cove o en Fillmore, donde les narraba las historias sobre Ira Hinckley y otros de sus antepasados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con respecto a la disciplina, ni Gordon ni Marjorie eran propensos a imponer en sus hijos normas muy rígidas. Gordon siempre decía que ya había predicado lo suficiente en otros lugares y que no tenía deseo alguno de llegar a su casa y continuar haciéndolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manejaban la disciplina más o menos de igual manera. Ambos pensaban que toda medida correctiva sólo provocaba resentimiento. "Mamá y papá nos enseñaron que hay una diferencia entre los principios y los reglamentos", explicó Ginny. "No existen suficientes reglamentos que puedan decirnos lo que tenemos que hacer en cada circunstancia. Pero nos impartían algunos principios. Teníamos libertad para tomar decisiones porque conocíamos los principios fundamentales en los que debíamos basarnos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hinckley enseñaban a sus hijos esos principios--ser responsables, trabajar con afán, cumplir con su palabra, obtener una buena educación, ser disciplinados, completar lo que comenzaran, guardar los mandamientos, etcétera-mediante el ejemplo, que es el mejor libro de texto. Dick recordó un período crucial en su propia vida, diciendo: "Cuando en mi adolescencia tuve ciertas interrogantes y dudas, mi padre era como un ancla para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recuerdo haber analizado con él muchas de mis preocupaciones, pero en mi corazón yo sentía que él sabía que el Evangelio es verdadero, y eso era realmente significativo para mí. Yo sabía que él era un verdadero creyente-no porque manifestara abierta y repetidamente sus sentimientos, pero yo simplemente sentía en mi interior que él lo sabía. Para él, Dios era una persona real. Las experiencias de José Smith eran, para mi padre, algo real. Nunca se me ocurrió siquiera pensar que él dudara de su autenticidad. Nuestros padres nos enseñaban más por el ejemplo que por la predicación. Observábamos que se guiaban por principios y entonces hacíamos lo mismo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando surgían los inevitables problemas relacionados con la crianza de los hijos-tales como las multas de tráfico, pequeños accidentes, las llegadas tarde a casa-Gordon tenía su propia manera de responder: tomaba las tijeras, salía afuera y se ponía a podar árboles. Ese ejercicio era, para él, una buena terapia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través de todo esto, los hijos de la familia Hinckley llegaron a entender que debían ajustarse a ciertas normas. Una vez establecido un código de conducta, Gordon y Marjorie no necesitaban estar vigilándolos constantemente. Querían que sus hijos y sus hijas se fortalecieran a sí mismos a fin de que aprendieran a tomar sus propias decisiones y entonces seguir adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oración familiar era uno de los fundamentos en los que Gordon y Marjorie dependían para proteger a sus hijos de los males del mundo. Años después, Dick conservaba un vívido recuerdo del efecto que las oraciones de su padre surtían en él: "No recuerdo que haya habido un solo día sin que tuviéramos la oración familiar. Cuando era su turno ofrecerla, mi padre oraba con profunda sinceridad, pero nunca con tono dramático o apasionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a saber cuán profunda era su fe con sólo escucharle orar. Se dirigía a Dios con gran reverencia, como que si se tratara de un sabio y venerado maestro o consejero, y se refería con intenso sentimiento al Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era niño, yo sabía que, para él, se trataba de personajes reales-que él los amaba y reverenciaba, y que apreciaba profundamente el sufrimiento del Salvador"." Gordon oraba con regularidad por sus hijos, por sus maestros y por todos aquellos que se hallaban "afligidos y oprimidos" y "abandonados y temerosos". Entre otras cosas, sus oraciones enseñaban a la familia a dónde podrían acudir siempre en caso de necesidad. Una de las frases que empleaba con frecuencia quizás no tuvo un efecto cabal cuando sus hijos eran niños, pero prevaleció en ellos tiempo después: "Oramos para poder vivir sin tener que lamentarnos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había otras características en la familia Hinckley que incrementaban un sentimiento de seguridad en sus hijos. Ni Gordon ni Marjorie fomentaban la actitud de hacer algo simplemente para figurar. "Siempre nos sorprendía que otras personas insinuaran que necesitábamos ser perfectos", dijo Ginny. "Mamá y papá nunca nos hicieron sentir que teníamos que hacer algo sólo para hacerles sentir bien".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, Gordon y Marjorie les decían que esperaban que sus hijos procedieran con integridad y que cooperaran cada vez que se les pidiera. "Nuestros padres tenían una cierta manera de hacernos sentir que éramos los mejores niños que ellos conocían", dijo Clark. "Nunca nos hicieron creer que éramos mejores que los demás, pero pensábamos que para ellos probablemente éramos un poquito más inteligentes y más trabajadores que otros niños".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frecuentemente, Gordon les decía que no estaba interesado en tener ningún genio en la familia, que las cárceles estaban llenas de genios que se habían creído demasiado vivos. "Pero mamá y papá nos hacían sentir que si bien no éramos los niños mejor dotados, ellos esta ban inmensamente satisfechos con nosotros", agregó Ginny.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas maneras, Gordon y Marjorie se las arreglaban para saber siempre lo que sucedía en la vida de sus hijos, aun mientras permanecían lo suficientemente a la distancia para que aprendieran a tomar sus propias decisiones. Cuando cursaba su último año en la escuela secundaria, Kathy sabía que se espera baque comprara su propio distintivo al graduarse del seminario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El distintivo costaba cuatro dólares y cincuenta centavos, lo que parecía ser una extravagancia siendo que nunca volvería a usarlo, así que ella y varias de sus amigas decidieron no comprarlo. Sin embargo, al acercarse la fecha de su graduación, todos, a excepción de Kathy, accedieron a la exhortación de la directora del seminario de que compraran el distintivo. Kathy fue la única en oponerse. La situación fue aun más violenta cuando invitaron a Gordon para que hablara en el banquete de graduación y la directora temía avergonzarse cuando todos, excepto Kathy, recibieran el distintivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para entonces, todo era ya cuestión de principios y Kathy rehusó cambiar de idea. Una noche, sonó el teléfono. A juzgar por las palabras de su padre durante la llamada, Kathy pudo percibir que la directora le estaba refiriendo el caso del distintivo. "Oh, bueno, si así lo ha decido ella, así debe ser", dijo Gordon, al terminar la conversación. "Ésa era la directora, que llamó acerca del distintivo del seminario", le informó a Kathy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta respondió: "Yo no quiero gastar $4,50 en ese distintivo, pero veo que va a ser difícil que asista al banquete si he de ser la única que no recibirá uno". Su padre dijo entonces: "Y bueno, ya oíste todo lo que yo puedo decir".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kathy no compró el distintivo ni asistió al banquete. "Ni mamá ni papá me dijeron jamás otra palabra al respecto", comentó. "Estoy segura de que se tienen que haber preguntado por qué simplemente no me amoldé a la situación, pero ésa era mi decisión y ellos la respetaron. Ese incidente fue una de las cosas que me enseñaron lo que era importante para ellos-era yo, no el distintivo del seminario".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra ocasión, el maestro de la Escuela Dominical de Kathy insistió en que toda la clase diera su testimonio el domingo siguiente durante la reunión de testimonios. A Kathy le molestó que la obligaran a hacer algo tan personal para ella, así que informó a la familia que no tenía intención de participar. Nuevamente, sus padres decidieron no contribuir a que la situación se convirtiera en un problema. "Mamá y papá procedían en base al principio de que éramos bastante inteligentes para tomar nuestras propias decisiones", explicó Kathy. "No nos ponían obstáculos y por lo tanto no había nada que necesitáramos esquivar. Me dejaban probar mis propias alas y resolver las cosas por mí misma, confiando en que, a la larga, yo adoptaría la decisión que ellos esperaban en primer lugar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno de los hermanos y hermanas de Kathy tuvieron experiencias similares. La asistencia de Ginny a la Mutual era menos que perfecta durante su último año en la escuela secundaria. No había muchas jóvenes de su edad en el barrio y teniendo tantas tareas escolares a veces se quedaba a estudiar en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cierta ocasión, la presidencia de las Mujeres jóvenes fue a ver a Gordon y a Marjorie para explicarles que, a raíz de que la asistencia de Virginia era tan irregular, corría el riesgo de no recibir el Premio Individual del sexto y último año-un reconocimiento anual basado principalmente en la asistencia. Padeciendo la hipersensibilidad propia de la adolescencia, Ginny estaba segura de que aquellas líderes no estaban tan interesadas en el bienestar personal de ella como en lo inusitado que sería que la hija de Gordon Hinckley no recibiera el premio. Después de que las líderes se fueron, ni su padre ni su madre le dijeron absolutamente nada con respecto a la conversación que habían tenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era alumna de la escuela secundaria, Jane le mencionó por casualidad a su madre que una amiga suya no iría a estudiar con ella porque estaba en confinamiento. "¿En confinamiento? ¿Qué disparate es ése?", le preguntó Marjorie. Jane le explicó que su amiga se había comportado mal y que por un tiempo determinado podía salir de su casa solamente para asistir a la escuela. Considerándola como una manera arbitraria de castigo, Marjorie no podía creerlo y exclamó: "¡Ésa es la cosa más ridícula que jamás he escuchado!".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie pensaba que había ciertas cosas que no merecen intervención, angustia o, peor aún, castigo alguno; y por supuesto no eran dignas de que suscitaran un conflicto entre padres e hijos. "Aprendí que tenía que confiar en mis hijos", dijo tiempo después, "así que nunca trataba de decir que no cuando era posible decir que sí. Mientras criábamos a nuestra familia, todo era cuestión de completar el día y en lo posible divertirnos a la vez un poquito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabiendo que de todas maneras no podría decidir nada por mis hijos, yo trataba de no preocuparme por nimiedades. Creo que heredé eso de mis padres, porque ellos tenían absoluta confianza en mí y en mis hermanos. A pesar de algunas dificultades, Gordon y yo tratábamos de tener esa misma confianza en nuestros hijos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un domingo por la mañana, al prepararse la familia para asistir a la iglesia, Ginny se quejó preguntando a su madre: "¿Tengo que ir a la iglesia hoy?", a lo que Marjorie, sin vacilar, respondió con calma: "No, no tienes que ir si no quieres hacerlo". Después de una breve pausa y como si se tratara simplemente de algo lógico, agregó: "Pero si has de quedarte en casa, ¿por qué no preparas la cena? Sería maravilloso regresar a casa después de la iglesia y que alguien estuviera esperándonos con la cena lista". Ginny estuvo de acuerdo y Marjorie se fue pensando que quizás tendría que haber encarado las cosas de otra manera. "Virginia jamás se quedó otra vez en casa", dijo Marjorie. "Descubrió que era mejor ir con la familia que quedarse sola en la casa. En aquella ocasión, hice bien en no provocar un altercado con el asunto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo circunstancias en que la enseñanza entre padres e hijos fue más directa. Un día, Kathy le preguntó a su padre cómo era que había diferentes opiniones entre las Autoridades Generales y que sin embargo los miembros de la Iglesia tenían que seguir al profeta. La respuesta de Gordon fue concluyente: "Préstale atención al Presidente de la Iglesia y nunca cometerás errores".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra oportunidad, Kathy y su padre se hallaban caminando por el centro de la ciudad y se detuvieron a conversar con un conocido de él. Kathy se quedó mirando al hombre, algo perturbada por su aspecto. Al seguir caminando por la calle, le preguntó a su padre qué pasaba con ese hombre. "Su apariencia me dice que es un hombre que no honra su sacerdocio", respondió Gordon. Ésa fue una lección que Kathy no habría de olvidar nunca. "El comentario de papá produjo en mí un gran impacto", dijo. "Llegué a la conclusión de que algo que hace del mundo un lugar seguro es el hombre que honra su sacerdocio".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a tales experiencias, Kathy y sus hermanos y hermanas aprendieron, a confiar implícitamente en sus padres. "Aun cuando era jovencita pude reconocer que mi padre poseía lo que yo consideraba buen juicio y sabiduría", comentó una vez. "Él parecía saber y entender las cosas por encima de lo que es obvio. No nos obligaba, no se ponía a filosofar, sino que nos hacía preguntas que inevitablemente daban lugar a una adecuada declaración. Parecía tener la innata capacidad para comprender toda situación. Yo tenía el presentimiento de que él siempre sabía exactamente lo que era apropiado y lo que no lo era".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las reacciones de Gordon y Marjorie en cuanto a los distintivos del seminario, los premios y otras cuestiones semejantes, se veían siempre templadas por su proverbial naturaleza sencilla. "Era de gran ayuda", dijo Jane una vez, "que tanto mamá como papá pudieran reírse de sí mismos y tomar las cosas con humorismo. De alguna manera, siempre evitaban reaccionar exageradamente ante todas nuestras rencillas cotidianas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie admitió: "Tratábamos de no tomar las cosas muy en serio, porque sabíamos que eso suele causar problemas".20Realmente, tanto Gordon como Marjorie reconocían sus propias flaquezas y las tomaban abiertamente en broma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El buen humor era algo típico en esa familia en que todos tenían la habilidad para reírse de sí mismos como si fuera algo esencial para su supervivencia&lt;/span&gt;. A Gordon le encantaba escuchar o contar buenos chistes y solía reírse tan apasionadamente al aproximarse a la culminación del relato que hasta parecía no poder, seguir hablando o que se le cortaba la respiración. Ver la manera en que reaccionaba era á veces más cómico que el cuento en sí. Las reuniones familiares llegaron a ser verdaderas celebraciones, al punto de transformarse en un jolgorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hijos de la familia Hinckley con frecuencia oían a su madre decir: "La única manera de vivir bien la vida es acostumbrándonos a reír", y Marjorie lo aplicaba con su esposo y toda la familia, sin ofenderse jamás ante hechos o palabras sin mala intención y encarándolo todo con una actitud de buen humor. Aunque según sus hijos vivía preocupándose, siempre trataba de reír aun cuando sentía el deseo de llorar. Un día, al sacar del horno cierta comida que ella consideraba deliciosa, Dick le preguntó inocentemente: "Mamá, ¿por qué horneaste: la basura?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como padres, Gordon y Marjorie se basaban en su propio instinto y aunque los resultados no siempre evidenciaban un padre y una madre perfectos, criaron una familia sólida y cariñosa. Él nunca había leído un manual sobre paternidad, pero Gordon habló tiempo después a millones de personas sobre ese tema. Sus consejos siempre se han basado en lo fundamental, como lo indicó en un discurso al identificar cuatro principios sencillos que los padres podrían considerar al criar a sus hijos: amarlos, enseñarles, respetarlos y orar con ellos y por ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-1813049627597755221?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/1813049627597755221/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=1813049627597755221' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1813049627597755221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1813049627597755221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/la-vida-con-pap.html' title='LA VIDA CON PAPÁ'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-7424106022960240793</id><published>2008-01-28T14:01:00.001-08:00</published><updated>2008-03-11T22:59:33.210-07:00</updated><title type='text'>TEMPLOS PARA CUBRIR LA TIERRA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;CAPITULO 1 1&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Terminada la Guerra de Corea y con la promesa de un retorno gradual a las normas regulares concernientes al llamamiento de misioneros, Gordon bien podría haber esperado descansar de las horas interminables y de las repetidas dificultades que debió pasar en su trabajo. Pero no sería así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 5 de agosto de 1953, el presidente David O. McKay dio la palada inicial y dedicó el lugar para un templo en Zollikofen, Suiza. Dicha ocasión tuvo gran significado para los miembros de la Iglesia, tanto en Europa, quienes se beneficiarían directamente al contar con un templo en su continente, como para todos los demás en el mundo, quienes proclamaron el acontecimiento como una evidencia de que la Iglesia estaba convirtiéndose en una organización de alcance e importancia internacional. Aunque él no lo percibió en ese momento, el evento llegaría a tener asimismo una íntima y profunda influencia en Gordon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto día en el otoño de 1953, el presidente le pidió que fuera a su oficina para tener una entrevista privada, durante la cual le explicó algunas de las importantes dificultades que el nuevo templo europeo presentaba. "Hermano Hinckley' comenzó diciéndole, "como usted sabe, estamos construyendo un templo en. Suiza, el cual será diferente de otros templos, los, ya que tendremos que servir a miembros que hablan muchos distintos idiomas. Quiero que busque usted una manera de presentar las instrucciones del templo en varios idiomas europeos empleando un número mínimo de obreros".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenia que desempeñar tal función simultáneamente con sus obligaciones en el Departamento Misional y el templo iba a ser dedicado dos años después. La nueva asignación le imponía una responsabilidad repleta de exigencias y relacionada con temas tan sagrados y sublimes como ninguna otra dentro de los propósitos del Evangelio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesitaría un lugar espacioso y reservado para la tarea. El presidente McKay autorizó el uso de una sala en el quinto piso del Templo de Salt Lake donde Gordon podríaa estudiar y meditar en cuanto a-la dirección que el proyecto habría de tomar. En las noches, los sábados y algunas mañanas de domingo se dedicóó a examinar el lenguaje de las ceremonias del templo, a bosquejar ideas y a orar al Señor para que lo guiara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente McKay se reunía frecuentemente con él los domingos de mañana temprano en el templo. Gordon pedía el consejo del Presidente de la Iglesia acerca de la manera en que las palabras y la presentación debían adaptarse a fin de satisfacer los propósitos ya descritos. Solamente Marjorie sabía en cuanto al proyecto de su esposo y a la razón por que estaba súbitamente ausente del hogar más que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de mucho estudiar y meditar, Gordon presentó una recomendación: Parecía' ser que la manera más eficaz de conducir a grandes números de participantes a través del sagrado servicio en el templo en varios idiomas y con un mínimo de obreros era hacer la presentación mediante una película. El problema ahora sería producir un filme que no sólo protegiera el carácter de las instrucciones del templo sino que, a la vez, resultara ser una digna representación de esa obra tan sagrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gordon reunió a un grupo de colegas muy capaces, creativos y dignos de entrar al templo que le ayudarían a diseñar y producir esa tarea tan singular: Frank Wise, un excelente productor cinematográfico que había ayudado ya en materia de filminas misionales y otros proyectos; Paul Evans y;Joyce (Joe) Shaw, de KSL; Joe Osmond, el electricista de la Iglesia; Winnifred Bowers, una experta en vestuario; Harold'1. Hansen,.de la Universidad Brigham Young, quien dirigía el' espectáculo del Cerro Cumorah; y Bill Demos, un diseñador de escenarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pusieron manos a la obra. La ornamentada sala de tres pisos en la que el presidente Wilford Woodruff había dedicado el templo en la primera de 31 sesiones parecía ser ideal. Gordon y sus compañeros comenzaron convirtiendo en un decorado cinematográfico el amplio lugar entre los pedestales del este y del oeste. Como telón de fondo para las cámaras, colgaron un enorme lienzo desde el cielo raso, hasta el suelo, usaron poleas industriales para levantar varios artefactos a través de las grandes ventanas del cuarto e instalaron una línea de energía eléctrica capaz de suministrar el voltaje necesario para las luces y las cámaras. Los ascensores del templo detrás de la puerta posterior posibilitaron el transporte de pequeñas cantidades de materiales directamente hasta el quinto piso sin distraer la atención de los obreros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajaban en días sábados y feriados, desde el alba hasta el atardecer en sus exigentes deberes en el templo sin perturbar sus correspondientes empleos. Al cabo de un año de largas horas e incesantes exigencias, terminaron la película en inglés. Y aunque la misma debió mejorarse en producciones posteriores el presidente McKay quedó muy satisfecho con tal esfuerzo pionero. Completada ya la versión en inglés, ahora tenían que producir el sagrado servicio en una docena de otros idiomas, y para cada película se necesitaban diferentes repartos y nuevas traducciones. Sólo mucho tiempo después habría de adaptarse una sola película para usarla en múltiples idiomas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que la producción quedó terminada, se presentó otro delicado problema. ¿Dónde podrían procesarse las películas sin el riesgo de divulgar su lenguaje tan sagrado? Después de considerar varias posibilidades, Gordon se puso en contacto con un viejo amigo, James B. Keysor, un miembro de la Iglesia en California, quien mediante sus conexiones en Hollywood hizo los arreglos para que un laboratorio procesara la película de tal manera que solamente algunas personas previamente autorizadas podrían ver su contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, se completó la producción. Pero aún había que preparar muchas cosas más antes de la dedicación del templo. Como consecuencia de ello, Gordon se aprestó para viajar a Suiza antes de la dedicación a fin de asegurarse de que todo estaría listo para cuando arribara el presidente McKay. Para gran deleite suyo, invitaron a su esposa Marjorie para que lo acompañara, pero él estaba muy preocupado con las dificultades relacionadas con el transporte de los materiales del templo a Suiza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consiguientemente, se tomaron complicadas precauciones con el fin de proteger dichos materiales conteniendo la sagrada ordenanza. Llevando consigo los rollos de película de 16 milíme tros en dos pequeñas valijas y las grabaciones sonoras en dos pequeños barriles, Gordon y Marjorie partieron rumbo a Suiza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron a Basilea, el funcionario de aduanas preguntó qué contenían los barriles, Gordon le contestó: "Películas y disertaciones religiosas". El agente respondió: "No le puedo dejar pasar las películas por la aduana sin la aprobación del consejo federal cinematográfico". Y agregó que tendría que transferir los rollos de película a Berna, donde se someterían a la consideración del consejo en un par de días. Con gentileza, Gordon trató de persuadir al funcionario que le permitiera entrar con las películas, pero luego desistió de ello al pensar que era mejor evitar un debate antes de llamar indebidamente la'atención a tan valioso equipaje. Con cierta renuencia, depositó los' rollos bajo garantía e hizo los arreglos para que se transfirieran a la aduana suiza en Berna, donde los recogería en la mañana del lunes siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día Gordon y el presidente William F. Preschon, de la Misión Suiza-Austriaca, ayunaron y le suplicaron al Señor que mantuviera las sagradas películas fuera del alcance de otras manos. Temprano en la mañana del lunes, fueron a la aduana en Berna donde nuevamente le pidieron a Gordon que declarara el contenido de su equipaje. Entonces, por segunda vez, respondió: "Películas y disertaciones religiosas". El funcionario aceptó su declaración y los envió a la oficina del consejo federal cinematog ráfico donde otro funcionario les hizo una serie de preguntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿De qué trata esta película?" "Disertaciones y música religiosas", respondió Gordon. "¿Cuál es su propósito? "Son para utilizarlas en el nuevo templo que' estamos construyendo en Zollikofen". "¿Cuál es su título?", preguntó el funcionario. "No tiene título, respondió Gordon. "¿Cómo es posible que estas películas no tengan título?", siguió preguntando el funcionario. Con mucho cuidado, Gordon le dijo: "Se trata sólo de una disertación, y nosotros no les ponemos título a cada disertación que se da en nuestra iglesia". A medida que le explicaban la naturaleza de los materiales, fue manifestándose en el funcionario un amistoso entendimiento y cooperó de un modo sorprendente y estampó todos los sellos necesarios. Recogieron los rollos de película y los llevaron al templo. Nadie vio una sola escena ni escuchó una sola palabra de las películas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto Gordon como Marjorie se enfrascaron de inmediato en la excitación de los acontecimientos que ocurrían en Zollikofen. Temprano cada mañana tomaban el tranvía hasta el templo, listos para abordar las tareas del día. Marjorie ayudaba en todo, desde planchar ropa hasta pasar la aspiradora. Gordon supervisaba la instalación de los proyectores y el equipo sonoro, sincronizaba las diferentes partes del filme y la banda de sonido, y repasaba cada versión de la película en los diferentes idiomas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las largas horas y el afán que precedieron la dedicación fueron abundantemente recompensados por los eventos subsiguientes. Durante cinco días, el presidente McKay dirigió sesiones dedicatorias del templo en el cual muchos santos de toda, Europa experimentaron una notable manifestación del Espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo acontecido había sido tan dulce y espiritualmente agradable como nada en lo que Gordon había jamás intervenido. "Al;observar a aquellas personas de diez naciones que se habían congregado para participar en las ordenanzas del templo", comentó tiempo después, "al contemplar a' gente anciana proveniente del otro lado de la Cortina de Hierro y que había perdido a sus familiares en las guerras que tanto les acosaron y presenciar sus expresiones de gozo y sus lágrimas de regocijo que surgían de sus corazones como resultado de las oportunidades que recibieron; al ver a aquellos jóvenes esposos con sus esposas: y sus hijos-esos niños tan alegres y hermosos-y contemplar a esas familias que se unían en una relación eterna, supe con una certidumbre que sobrepasaba todo lo que había sabido antes de eso que [el presidente McKay] fue inspirado y enviado por el Señor para llevar esas preciosas bendiciones a la vida de aquellos hombres y mujeres de fe provenientes de las naciones de Europa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había dispuesto que la obra del templo no comenzaría hasta la mañana del lunes 19 de septiembre, pero preocupado acerca de los miembros de países vecinos que tenían que regresar sin demorarse, el presidente McKay le preguntó a Gordon si era posible empezar las sesiones de inmediato. Entonces él y sus ayudantes trabajaron el jueves casi toda la noche después de la última sesión dedicatoria a fin de que dos grupos de santos de habla alemana pudieran recibir sus investiduras al día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También los miembros de la Misión Francesa que deseaban participar en sesiones en francés pudieron hacerlo. Los santos de Suecia y de Holanda solicitaron lo mismo. El resultado fue que las sesiones del templo se llevaron a cabo ininterrumpidamente desde ese viernes a las 7 de la mañana hasta el sábado a las 7 de la noche. Gordon y los demás miembros designados para que escoltaran a centenares de santos a través del templo por primera vez, trabajaron nuevamente durante toda la noche.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una carta al presidente Richards, Gordon describió de esta manera aquellos dos primeros días de labor en el Templo de Suiza: "Si [mi respuesta a sus preguntas] parece ser un tanto confusa, es porque he estado trabajando por dos noches seguidas. El jueves trabajamos hasta las cuatro de la mañanapreparando las cosas para la [primera] sesión. El primer grupo pasó ayer a las ocho de la mañana y el último terminó esta mañana a las seis y media sin descanso alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tuve que encargarme de todo el equipo usado para la presentación, siendo que todavía no tienen a nadie acá que ya haya entrado al templo. El ingeniero local pasó ayer y espero que ahora podrá aprender todos los detalles en pocos días y así podré yo regresar a casa. El presidente McKay presenció ayer la primera sesión enn alemán y quedó satisfecho con los resultados. Desde entonces hemos tenido otra sesión en alemán, como así también sesiones en francés y en sueco, y teniendo en cuenta los problemas de idiomas y el hecho de que la gente ha recibido muy pocas instrucciones preparatorias en cuanto a la obra del templo, todo se ha desarrollado notablemente bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estoy seguro de que habría sido extremadamente difícil presentar el servicio en seis idiomas y hacerlo con eficacia sin contar con algo del programa que estamos utilizando". Al mes siguiente, en la conferencia general, el presidente McKay reconoció los "incansables esfuerzos' del élder Gordon B. Hinckley", que hicieron posible que miles de santos europeos pasaran por el templo antes de regresar a sus hogares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque quedó física y emocionalmente agotado cuando partió de Suiza, Gordon se sentía muy entusiasmado ante todo lo que había acontecido. Si no hubiera sido por la ayuda de aquellos dedicados colegas que trabajaron incesantemente durante meses, y por la guía divina que les había conducido a través de la difícil tarea de la filmación del servicio del templo, él sabía que no habría podido cumplir el encargo del presidente McKay. Para él, esa experiencia fue una vívida confirmación personal de que de las cosas débiles y sencillas resultan grandes cosas, y que el Señor dirige y sostiene a quienes le sirven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso en Salt Lake City, Gordon volvió a concentrar su atención en el Departamento Misional. A pedido del presidente McKay, sin embargo, continuó asimismo participando en cuanto a la obra del templo. Otro templo más-éste en Los Ángeles [California]-estaba programado a dedicarse sólo pocos meses después y Gordon estaba especialmente capacitado para administrar muchas asignaciones relacionadas con la preparación del sagrado edificio para su habilitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente McKay invitó -a Gordon para que asistiera a la dedicación. Siendo que la Costa Oeste se hallaba a sólo un día de viaje en automóvil, él y Marjorie decidieron que ésa era la oportunidad ideal para llevar a sus hijos y-contemplar el océano y conocer California personalmente, participando a la vez en la dedicación del templo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hijos se maravillaron al atravesar el desierto Mojave y les encantó pasar, en Beverly Hills, por las residencias de artistas de' cine. También fueron hasta el océano, aunque la versión de los Hinckley en cuanto a un viaje a la playa' era más bien extraña. "Cuando fuimos a la playa, fuimos a mirar nada más, no a jugar en la arena", dijo Marjorie. "Cinco minutos después de estar allí, Gordon dijo, 'Muy bien, ya han visto el océano. Vamos`.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El' 11 de marzo de 1956, exactamente seis meses después de haber dedicado el Templo de Suiza, el presidente McKay dirigió la primera de ocho sesiones dedicatorias del Templo de Los Ángeles, el primero sobre la Costa Oeste y solamente el tercero, fuera de Utah en el territorio continental de los Estados Unidos. Tal como en el caso de Suiza, la dedicación dio lugar a un maravilloso derramamiento espiritual. En lo que a Gordon respecta, nada se comparaba a la manera en que se sentía en el templo, especialmente durante una dedicación. Con cada experiencia relacionada con un nuevo templo, se maravillaba de la oportunidad tan especial que se le presentaba de dedicarse a esta sagrada obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque todavía tenía muchas responsabilidades relacionadas con la obra misional, era evidente que su intervención en cuanto a los templos habría de continuar. El presidente McKay le pidió que repitiera las funciones que había desempeñado en la inauguración de los templos de Suiza y de Los Ángeles en conexión, ahora, con los que se estaban construyendo en Nueva Zelanda y en Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Merced a sus asignaciones en las oficinas generales, Gordon fue desarrollando un amplio concepto mundial de la creciente Iglesia. Por medio de su llamamiento en la presidencia de estaca, tuvo la oportunidad de trabajar a nivel de la comunidad, donde las normas y procedimientos generales llegaban; en efecto, a la gente. Durante más de diez años había servido como consejero del presidente Lamont B. Gundersen en la presidencia de la Estaca Millcreek.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a que esa estaca estaba situada en uno de los lugares de mayor crecimiento en el valle, su presidencia estaba constantemente encarando cuestiones relacionadas con el progreso y el cambio. Durante los años en que sirvió en la presidencia de estaca, se crearon como mínimo quince nuevos barrios y la estaca fue dividida dos veces hasta convertirse en cuatro grandes estacas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de esas divisiones tuvo lugar el 28 de octubre de' 1956, cuando los élderes Harold B. Lee y George Q. Morris dispusieron a los once mil miembros de la Estaca East Millcreek en tres estacas más pequeñas y llamaron a Gordon B. Hinckley como presidente de la original.'7 Fue un llamamiento pleno de históricas ramificaciones, puesto que constituía un miembro de la tercera generación de los Hinckley en ser llamado como tal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su abuelo fue presidente de una de las veintiuna estacas que existían entonces en la Iglesia; su padre había dirigido la que en esa época era la estaca más grande de la Iglesia; y él ahora asumía el liderazgo de la estaca número 150. Cuando el élder Lee presentó el nombre de Gordon Hinckley a los miembros de la Estaca Millcreek, un murmullo de aprobación circuló por toda la congregación. Más tarde, al apartarlo como presidente de estaca, el élder Lee le aconsejó que "escuchara los susurros del Espíritu, aun de noche, y que no hiciera a un lado las impresiones que recibiera".8 La bendición del élder Lee tuvo un profundo efecto en él y muchas veces a través de los años meditó en cuanto a las promesas que le fueron hechas.`&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estaca había sido dividida de tal forma que ahora contaba sólo con un edificio dentro de sus límites. Gordon se veía entonces confrontado no solamente con la tarea de construir capillas para alojar cinco barrios, sino también con tener que planear y preparar la creación inevitable de nuevas unidades. Como si eso fuera poco, se requería que toda estaca tuviese su propia granja de bienestar. Además de ello, su estaca era una de las que tenían a su cargo recaudar fondos para construir las instalaciones para un seminario en la Escuela Secundaria Olympus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi de inmediato, se puso en campaña, de conformidad con las normas en vigencia, para construir un centro de estaca (estando obligada su estaca a solventar la mitad de los gastos), recaudar fondos para un edificio de seminario (las estacas del área eran responsables del 100 por ciento del costo), y adquirir una granja de bienestar (que también debían pagar los miembros de la estaca). Al considerar con sus consejeros las diferentes pos¡~ bilidades, les preocupaba tener que imponer en las jóvenes familias esas obligaciones adicionales. Justamente antes de que dividieran la estaca, habían construido dos centros de reuniones y Gordon sabía que muchos miembros pensaban haber contribuido ya todo cuanto podían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero fiel a la promesa del élder Lee, una noche tuvo una súbita y clara impresión: "Se me ocurrió que éste no era solamente mi problema", explicó. "Ésta era la Iglesia del Señor y [por tanto] el problema era del Señor. Supe en ese instante que Él me ayudaría a determinar cómo teníamos que proceder Después de deliberar con sus consejeros, Gordon convocó una reunión del sacerdocio y explicó los problemas económicos que les esperaban, declarando a manera de introducción: "Hermanos, ésta no es mi estaca. Es la estaca del Señor, y la estaca de ustedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos ustedes son accionistas en esta organización, y esta noche tenemos que hablar acerca de nuestras necesidades y sobre cuál será la mejor manera en que habremos de resolverlas". Entonces invitó a quienes desearan hacerlo que expresaran sus comentarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosas no empezaron bien. Un hombre sentado en la primera fila se puso de pie y dijo: "Todo lo que he podido oír desde que vine a esta estaca es dinero, dinero y dinero. Voy a mudarme de aquí A esto siguieron otras expresiones similares. Los pensamientos se agolparon en la mente de Gordon. ¿Cómo habría de conciliar ahora la reunión?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, un hombre que había permanecido en silencio a un lado del salón se puso lentamente de pie y comenzó a hablar, diciendo: "Hermanos, ésta es la obra del Señor y, como ha dicho el presidente Hinckley, la estaca del Señor. La Iglesia necesita contar con propiedades para poder funcionar. Como ya lo saben, yo soy un cartero y no tengo muy buen sueldo. Pero mi esposa y yo tenemos una pequeña cuenta de ahorros y sé que me apoyará en aportar cuanto dinero tenemos a estos proyectos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que ocurrió entonces fue algo maravilloso. Uno tras otro, los poseedores del sacerdocio se pusieron de pie y ofrecieron su apoyo. Para Gordon, ésa fue una experiencia conmovedora y le enseñó una lección que habría de guiarlo por el resto de su vida. , _ "Éste no es problema de ustedes, sino del Señor. Y si escuchan el susurro del Espíritu, prestan atención y consultan con sus hermanos, Él les dirá lo que tienen que hacer y les preparará el camino".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el apoyo de los quórumes del sacerdocio, el presidente Hinckley y sus colegas pusieron manos a la obra. En los meses subsiguientes, adquirieron el terreno para la nueva estaca, contrataron a un arquitecto y consiguieron que las oficinas generales de la Iglesia prepararan y aprobaran los planos,.y entonces comenzaron la obra de construcción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También adquirieron intereses de participación con otra estaca en un terreno-' de más de 100 hectáreas para una granja de bienestar y ayudaron a otras estacas en la región para que recaudaran fondos destinados a construir un seminario. Los miembros aportaron donaciones personales, los quórumes del sacerdocio y las organizaciones auxiliares de barrio recaudaron centavos y dólares para comprar muchas cosas, desde ganado Hereford para la, granja, hasta las cortinas para el centro de estaca. "Puede que haya habido algunas murmuraciones", comentó tiempo después el presidente Hinckley, "pero la fe de la gente fue eclipsándolas. Contribuyeron generosamente a pesar de las preocupaciones impuestas por sus propias circunstancias y el Señor los bendijo extraordinariamente".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante la gran responsabilidad de atender el bienestar espiritual de la gente y administrar los asuntos temporales de la estaca, Gordon no llevaba a cabo más reuniones que las absolutamente necesarias. Se le reconocía por su eficacia, su capacidad para trabajar, su espíritu compasivo y su sentido del humor. Sus reuniones empezaban a tiempo y terminaban a tiempo. Esperaba que los líderes de la estaca estuvieran bien preparados y hablaran con franqueza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando surgía algún tema serio, parecía estar siempre listo para encararlo directamente y sin demora. En base a esto, era cuestión de combinar la tarea con una oración sincera. En realidad, frecuentemente respondía a los problemas con esta declaración: "No conozco ninguna otra forma de realizar nada sino mediante el trabajo, así que, manos a la obra". Cuando tomaba una decisión, nunca miraba hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa época, Gordon no preveía aún los eventos que se aproximaban y que le exigirían adoptar cometidos de los que nunca habría de apartarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-7424106022960240793?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/7424106022960240793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=7424106022960240793' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/7424106022960240793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/7424106022960240793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/templos-para-cubrir-la-tierra.html' title='TEMPLOS PARA CUBRIR LA TIERRA'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-5520113897226599305</id><published>2008-01-28T13:58:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T22:54:46.674-07:00</updated><title type='text'>AYUDANTE DE LOS DOCE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 1 2&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Un sábado par la tarde, en abril de 1958, el presidente McKay llamó al hogar de los Hinckley y le pidió a Gordon que fuera a verle a su oficina tan pronto como le fuera posible. Cuando entró a la oficina del presidente McKay, presintió que no se trataba de una llamada habitual. Después de saludarlo cordialmente, el presidente McKay fue directamente al grano: Quería que Gordon aceptara un llamamiento para servir como Ayudante de los Doce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras del presidente McKay le sobresaltaron. "Fue como un golpe para mí, una sorpresa total", reconoció. "Yo había estado trabajando por años en las oficinas administrativas de la Iglesia y conocía muy bien a estos hombres que llamamos Autoridades Generales. Estaba familiarizado con sus virtudes y sus debilidades. Sabía que eran seres mortales, pero también percibía su bondad. Sabía que eran gente muy especial y que se me ofreciera ingresar a sus filas era algo casi increíble. Fue realmente deslumbrador ser llamado por el Presidente de la Iglesia".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, el 6 de abril de 1958, el presidente McKay se acercó al púlpito durante la conferencia general y pidió el voto de sostenimiento para el presidente de estaca de East Millcreek. Aproximándose a ese púlpito imponente, el elder Hinckley fue tomando aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese ventajoso lugar, el Tabernáculo en que había asistido a tantas reuniones desde su niñez le pareció como una caverna. A su mente acudieron toda una vida de recuerdos relacionados con ese noble estrado. Cuando era muchacho, se había sentado en la parte superior para escuchar al presidente Heber J. Grant. Cuando adolescente, había visto a sus maestros-hombres cuya labor los hizo más que hombres para él-pronunciar mensajes inspiradores y con frecuencia profundos desde ese mismo púlpito. No alcanzaba a comprender, realmente, el llamamiento que había recibido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley comenzó a hablar con cierta modestia en ese tono humorístico por el que habría de ser reconocido en décadas futuras, diciendo: "Esto me recuerda un comentario hecho por mi primer compañero misional cuando recibí la noticia de mi traslado a las oficinas de la Misión Europea. Después de leer aquella carta, se la mostré a él. La leyó y dijo entonces: 'Veo que usted, élder, tiene que haber ayudado a una anciana a cruzar la calle en la vida premortal. No creo que esto se deba a nada que haya hecho en esta vida`. Al cabo de una breve pausa para permitir la hilarante reacción de la congregación, el élder Hinckley continuó hablando con palabras que indicaban la conmoción de lo que estaba experimentando: "Me abruma el presentimiento de no estar preparado para esto. Siento mucha inquietud".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nueva Autoridad General dio testimonio en cuanto a la divinidad de la obra para con la que había estado comprometido durante toda su vida adulta y rogó: "Dios nos ayude, a ustedes y a mí, a vivir de conformidad con el testimonio que llevamos en nuestro corazón".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, el periódico Deseret News describió al élder Hinckley como "un hombre cuya callada y casi increíble labor entre bastidores en la administración de la Iglesia es conocida por unas pocas personas", agregando que "su fiel atención a los detalles, como asimismo su habilidad para concebir y realizar grandes e ingeniosos planes le han transformado en un fuerte brazo derecho de las Autoridades Generales".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro días después, el presidente McKay apartó al élder Hinckley y lo bendijo para que fuera protegido y guiado con buen discernimiento y fortaleza física. Entonces el Profeta le encomendó: 'Persevera en la realización de esta gran obra bajo la inspiración y guía del Santo Espíritu. Ahora... representas a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Que puedas afirmar tu testimonio en cuanto a Él-más aún de lo' que ha sido en el pasado, aunque has comprendido claramente, como lo hemos notado a través de tu servicio, la veracidad de esta gran obra salvadora de la humanidad en esta tierra".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el período de casi veintitrés años en que había trabajado en las oficinas generales de la Iglesia, Gordon cultivó una afectuosa relación con muchas Autoridades Generales, particularmente con los Doce y la&lt;br /&gt;Primera Presidencia. Ser contado ahora entre ellos le parecía inconcebible, pero como se lo había dicho el presidente Stephen L. Richards: "Usted ha estado por años cumpliendo la tarea. Bien le corresponde ahora tener el título".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque por tanto tiempo se había dedicado a "trabajar en la Iglesia", era tranquilizante pensar que la trayectoria del resto de su existencia quedaba ahora definida. No habría para él retiro alguno ni oportunidad para entrar al mundo de los negocios. Sus momentos de descanso serían pocos. Viajaría extensamentealgo que más bien soportaba en vez de disfrutar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y su joven familia tendría que adaptarse a su frecuente ausencia. Desde un punto de vista práctico, sin embargo, esta nueva asignación le resultaba en cierto sentido algo acostumbrado. El elder Hinckley todavía iría diariamente al mismo edificio. Puesto que continuaba siendo el secretario ejecutivo del Departamento Misional,su oficina no cambió para nada. Aun siguió sirviendo como pre-e sidente de estaca durante otros cuatro meses y medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La familia tomó con tranquilidad su llamamiento-particularmente porque el y Marjorie se habían determinado a conservar una actitud habitual-aunque los hijos mayores manifestaron una diferente reacción ante la noticia. Kathy cursaba el primer año en la Universidad Brigham Young cuando se enteró de la nueva responsabilidad de su padre. "Al principio no tomé muy seriamente el llamamiento de papá", admitió más tarde. "No era que no se nos había enseñado a respetar a las Autoridades Generales, pero simplemente no podíamos imaginar que llamarían a nuestro padre para que fuera una de ellas. Pero no fue problema para nosotros".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con trece años de edad, Virginia pensaba que, en realidad, sus padres no eran perfectos y dijo: "Yo estaba al tanto de las debilidades humanas de mis padres, así que el llamamiento de papá resultó una prueba de fe para mí y pensé, '¿Cómo es que el Señor ha llamado a una persona tan común y aun a veces deficiente como mi papá?' Esa noche, a la hora de la cena, mientras todos tratábamos de sobreponernos a los acontecimientos, yo dije, empleando una expresión que mi padre había usado al referirse a los misioneros, 'Y bueno, creo que el Señor tendrá que trabajar con lo que cuenta'. Todos se rieron, pero para mí eso fue una expresión de fe. Yo realmente creí que el Señor lo convertiría en algo más que simplemente mi padre".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de las primeras responsabilidades del élder Hinckley como Autoridad General tuvieron que ver con asuntos a los que estaba ya acostumbrado. Poco después de la conferencia de abril, él y su esposa fueron a Nueva Zelanda donde participaron en la dedicación del templo. Una vez más, viajaron antes de que lo hiciera el presidente McKay a fin de completar los preparativos para la dedicación y el comienzo de la obra de las ordenanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los viajes internacionales eran todavía un tanto abrumadores para los Hinckley, aunque a ambos les encantaba conocer otros lugares y países. Por cierto que Nueva Zelanda era entonces su destino más fascinante, y al asociarse con los pakehas, los maoríes, los tonganos y los tahitianos, y tener sus primeras impresiones acerca de otras culturas que sólo conocían en base a los libros que habían leído, apenas podían creer lo que estaban experimentando. Al llegar, el presidente McKay fue recibido con un glorioso espectáculo en el que varios grupos de santos polinesios en sus trajes típicos amenizaron, cantaron y bailaron durante casi cuatro horas. El festival fue algo que los Hinckley jamás habían visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje les ofreció el privilegio de alojarse con el presidente y la hermana McKay en el hogar del presidente del templo. Para Marjorie, ésa fue la primera oportunidad que tuvo de asociarse con un Presidente de la Iglesia en circunstancias extraoficiales. "Pude ver cómo era el presidente McKay, casi hasta el punto de saber si le gustaban los pasteles fríos o calientes", dijo. "Y fue algo maravilloso. Me sentaba a la mesa frente a él y después de haber comido disfrutaba la experiencia de estar con un profeta. El presidente McKay tenía en torno de sí una aureola sencillamente poderosa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 20 de abril d 1958, el presidente McKay dedicó el templo, ubicado en Temple View a unos 120 kilómetros al sur de Auckland. El élder Hinckley se sintió muy inspirado por los miembros de toda la región del Pacífico Sur, algunos de los cuales hicieron tremendos sacrificios para concurrir al evento. Le llamó particularmente la atención un hombre procedente de una lejana región australiana que al principio se había resignado a no viajar por falta de recursos económicos, pero que después había cambiado de idea. Había contemplado a su esposa y a sus hijos, y reconociendo que no podía darse el lujo de privarse de la ocasión, vendió todo lo que poseía a fin de obtener los fondos necesarios. Su caso fue representativo de muchos otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al regresar de Nueva Zelanda, la más nueva Autoridad General empezó a sentir ciertas imposiciones propias de su ocupación, quizás en gran parte asumidas por él mismo. En junio, pronunció el discurso de graduación en la Universidad Brigham Young. En sí, la asignación no fue muy extraordinaria, porque para entonces ya había pronunciado centenares de discursos ante concurrencias similares. Pero ahora se encontraba haciéndolo como Autoridad General. Quizás solamente se lo imaginaba, pero le pareció que quienes le escuchaban esperaban de él mucho más y que sus palabras debían ser más elocuentes. La responsabilidad era por momentos aterradora y hasta se preguntó si estaría cumpliendo debidamente con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En septiembre, el élder y la hermana Hinckley viajaron a Inglaterra a fin de participar en la dedicación del Templo de Londres. ¡Oh, con cuánto afán habían esperado esa ocasión! Una vez más, viajaron antes de que lo hiciera la comitiva oficial para poder coordinar los preparativos finales de aquel evento que habría de congregar en Inglaterra al mayor grupo de Autoridades Generales desde 1840.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ajustes y detalles de último momento mantuvieron ocupados a los trabajadores hasta la mañana misma de la dedicación. En una tarjeta postal que envió a su familia, Marjorie hizo alusión a sólo un problema inesperado: "El cuerpo de bomberos tuvo que venir a drenar el sótano del templo que la lluvia de anoche había inundado. La mayoría de los hombres trabajaron toda la noche. Yo había esperado poder regresar a Londres con papá esta mañana, pero tengo que quedarme e integrar la brigada para secar el piso".10Verdaderamente, un intenso relampagueo y una copiosa lluvia, tales como el élder Hinckley nunca había presenciado, provocaron un desastre. Muy tarde esa noche, él, el presidente del templo Selvoy Boyer y el élder ElRay L. Christiansen, los tres en pijamas, trabajaron con el agua a la cintura tratando de franquear la escalera que conducía al sótano del templo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La breve crisis, sin embargo, fue solucionada y el domingo 7 de septiembre por la mañana se dio comienzo a las primeras seis sesiones dedicatorias, tal como se había programado. El presidente McKay, quien celebró sus ochenta y cinco años de edad el segundo día de los servicios, leyó la oración dedicatoria en cada una de las seis sesiones. El élder Hinckley habló en las sesiones vespertinas del domingo y del martes, refiriéndose en cada ocasión al sacrificio y la dedicación de los primeros santos ingleses. En definitiva, la dedicación fue una verdadera fiesta espiritual enmarcada en un ambiente de celebración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de salir de Inglaterra, el élder y la hermana Hinckley viajaron hacia el norte hasta Preston para que Marjorie visitara por primera vez la primer área de labor misional de su esposo. Había oído hablar tanto acerca de varios lugares históricos que todo le pareció muy familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Gordon, los recuerdos fueron tan emotivos que anduvo caminando en silencio, sin saber cómo expresarle ni siquiera a Marjorie sus sentimientos. Había sido allí donde debió encarar aquel momento decisivo, allí donde había madurado su testimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo general, los primeros meses de su desempeño como Autoridad General le ofrecieron al élder Hinckley oportunidades para observar la influencia positiva del Evangelio en la vida de la gente, y en el discurso de su segunda conferencia general habló de la naturaleza divina de la obra que había presenciado desde Europa hasta Nueva Zelanda. No obstante su talento verbal, descubrió que prepararse para hablar en conferencias generales era una de las tareas más difíciles que jamás había emprendido y se sintió atormentado al hacerlo. (Con el correr de los años habría de seguir descubriendo que ni con la práctica se le hacía más fácil.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No todas sus asignaciones eran agotadoras. Algunas-en realidad muchas-le causaban verdadera satisfacción. Aunque siempre quedaba exhausto al cabo de ello, el frecuentar con los miembros en conferencias de estaca era para el élder Hinckley un deleite espiritual. La dedicación de nuevos edificios era también para él algo muy especial-una evidente manifestación del progreso de la Iglesia y del sacrificio de sus miembros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las asignaciones más gratas fue la de participar en la dedicación del centro de la Estaca East Millcreek-edificio para el cual había iniciado los planes dos años antes. El 17 de mayo de 1959, llegó al centro de estaca y encontró la playa de estacionamiento repleta de lustrosos automóviles. Esa experiencia enseñaba un principio del que nunca se olvidó. "Nadie echó nunca de menos lo que contribuyó a ese edificio", dijo, "y éste ha sido mi testimonio a los santos en toda la Iglesia. Uno jamás extrañará lo que dé al Señor".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al aproximarse el fin de la década de 1950, una serie de importantes acontecimientos de naturaleza nacional e internacional presagió la tumultuosa década siguiente. En 1959, Alaska y Hawai pasaron a integrar la nación estadounidense, la N.A.S.A. seleccionó a sus primeros astronautas, el primer ministro soviético Nikita Khrushchev efectuó una visita sin precedentes a los Estados Unidos y Fidel Castro depuso a Juan Batista y se constituyó en el líder de Cuba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a la familia Hinckley, el último año de la década fue indicativo de una serie de dramáticas transformaciones resultantes de su desarrollo natural. En mayo de 1959, Kathleen anunció sus planes de contraer matrimonio en noviembre con Alan Barnes, y Dick se graduó de la Escuela Secundaria Olympus. Como candidato al servicio militar obligatorio, se alistó en la Reserva de los Estados Unidos y fue enviado a Fort Ord, en el norte de California, para su adiestramiento básico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Percibiendo que la naturaleza de su hogar muy pronto cambiaría para siempre, Gordon y Marjorie aprovecharon la oportunidad para salir de vacaciones, por última vez, con toda la familia. Viajaron hasta San Francisco y durante varios días antes de que Dick se presentara al ejército, todos juntos anduvieron en tranvías, caminaron a lo largo del famoso muelle de pescadores, tomaron el llamado Crucero de la Bahía alrededor de la isla Alcatraz, cenaron en el tradicional Barrio Chino y fueron a ver la obra teatral My Fair Lady ("Mi bella dama").&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo siempre disfrutado tanto de tener a sus hijos junto a ella, Marjorie no lograba acostumbrarse a la idea de separarse pronto de ellos. Cuando regresaron 'a Utah, habiendo dejado atrás a Dick, Marjorie se encerró a llorar en el cuarto de baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inminente casamiento de Kathy impuso asimismo cambios drásticos. Todas las anteriores actividades que había emprendido para edificar, remodelar y reparar no lograban compararse con la extensa renovación que su padre emprendió cuando decidieron tener la fiesta de bodas en la casa. Los planes de Gordon incluían transformar el dormitorio principal en una amplia cocina, convertir la vieja cocina en dormitorio, construir un nuevo dormitorio principal en el garage, abrir otra puerta en el comedor para que éste sirviera de sala de recepción y convertir en comedor familiar la sala de estar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trataba de un proyecto serio y ambicioso, tal como muy pocos hombres han intentado realizar, y a ello se sumaba el hecho de que faltaban pocos meses para la recepción de casamiento que habría de tener lugar allí. Pero Gordon no se desanimaba fácilmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por consiguiente, durante todo el verano y el otoño, el ruido de martillos y serruchos despertaba a Marjorie y a sus hijos temprano en las mañanas cuando él dedicaba una hora para trabajar antes de ir a su oficina. Aun el día antes de la boda estuvo empapelando paredes y pintando. "Siempre me he hallado entre la espada y la pared", comentó después. "Toda mi vida ha estado sujeta a plazos. Cuando era estudiante universitario, siempre entregaba mis exámenes el último día. He vivido bajo constante presión".12 Esa noche, Alan fue a la universidad a buscar a Kathy, la trajo a la casa, se puso ropas de trabajo y empapeló las paredes de la cocina. "Al fin y al cabo", le dijo Gordon sin tono alguno de disculpa, "toda persona que pase a formar parte de esta familia tiene que aprender a trabajar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 13 de noviembre de 1959, en horas de la mañana, el élder Hinckley efectuó el casamiento de su hija mayor. Esa noche, los invitados disfrutaron de una agradable recepción que para la familia resultó ser un verdadero milagro después de haber participado en la magnífica transformación de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos fueron los cambios que experimentaron, uno a uno, los miembros de la familia, en particular el élder Hinckley mismo. En la mañana del martes 19 de mayo de 1959, él y otros de sus colegas del Departamento Misional asistieron, en la oficina del presidente Stephen L. Richards, a la reunión semanal en la que se determinaban las asignaciones de misioneros. Siendo que el presidente Richards llegaría tarde a la reunión, se preguntaron si debían de todos modos dar comienzo a la misma pero entonces decidieron que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, sonó el teléfono y quien llamaba les comunicó una triste noticia: el presidente Richards había sufrido un ataque cardíaco y lo habían llevado de urgencia al hospital. Menos de una hora después, falleció. La noticia consternó al élder Hinckley. Sabía que su mentor padecía problemas del corazón, pero no había habido ninguna advertencia de que su fallecimiento fuera inminente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte del presidente Richards dejó un vacío en la vida de Gordon. Después de su propio padre, aquel hombre había ejercido en él más influencia que nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 12 de junio de 1959, el presidente McKay reorganizó la Primera Presidencia con J. Reuben Clark, hijo, como primer consejero y Henry D. Moyle como segundo consejero. El presidente Moyle supervisaba ahora el Departamento Misional, así que casi inmediatamente él y el élder Hinckley comenzaron a reunirse con regularidad para tratar todo asunto pertinente. No le llevó mucho tiempo al élder Hinckley amar al presidente Moyle. Aunque su estilo en el liderazgo era muy diferente del que caracterizaba al presidente Richards, el élder Hinckley no pudo menos que admirar la energía y firme determinación del presidente Moyle en su proceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto día, a principios de 1960, el presidente Moyle llamó al élder Hinckley a su oficina. Siendo que se reunían con frecuencia, tal requerimiento no le pareció en realidad extraño. Pero en esa ocasión, sin embargo, el tema a tratar tendría ramificaciones inesperadas. Señalando un enorme mapa mundial que tenía sobre su escritorio, el presidente Moyle le explicó que en breve habría de proponer a la Primera Presidencia y al Quórum de los Doce que se dividiera el mundo en áreas, con la supervisión de cada una de ellas por una Autoridad General. Y dijo: "Tengo demarcada ya cada área, a excepción de una, y ésa es Asia. No me atrevo a pedirle a nadie que vaya a Asia". El élder Hinckley respondió: "Presidente Moyle, si necesita que alguien supervise Asia, a mí me agradaría hacerlo". "¿Lo haría usted? ¿Estaría dispuesto a supervisar un área al otro lado del mundo?", le preguntó el presidente Moyle. Ante la simple respuesta afirmativa del élder Hinckley, la asignación quedó formalizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiéndose embebido en la obra misional, el élder Hinckley no demoraría en contemplar sus frutos de una manera diferente y conmovedora. Su asignación de supervisar la obra en Asia llegaría a ser una intensa responsabilidad y una gran oportunidad-algo en lo que experimentaría de nuevo la más difícil y a la vez gloriosa tarea en todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-5520113897226599305?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/5520113897226599305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=5520113897226599305' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/5520113897226599305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/5520113897226599305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/ayudante-de-los-doce.html' title='AYUDANTE DE LOS DOCE'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-4391761197538050529</id><published>2008-01-28T13:55:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T22:49:50.783-07:00</updated><title type='text'>EL OCCIDENTE SE ENTRELAZA CON EL ORIENTE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 1 3&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El conocimiento que el élder Hinckley tenía acerca de Asia y sus países no iba más allá de lo que pudo leer en una enciclopedia. No recordaba haberse relacionado jamás muy de cerca con alguien de descendencia oriental y no tenía ningún sentimiento particular hacia los asiáticos. Sabía que la Iglesia era todavía muy reducida y débil en las regiones del Pacífico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante su enorme extensión, todo el continente asiático estaba divido en solamente dos misiones-la del Lejano Oriente Sur y la del Lejano Oriente Norte-y las propiedades de la Iglesia se limitaban a dos edificios en todo el Oriente. Algunos miembros de pequeñas ramas-una docena aquí y otra allá-se reunían en las salas de estar de familias Santos de los últimos Días y en salones alquilados en distintos lugares del vasto continente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La asignación que había recibido el élder Hinckley habría de ser un esfuerzo pionero en todo el sentido de la palabra. Tenía que dirigir a presidentes de misión, motivar a misioneros, enseñar a los miembros y atender sus necesidades, y preparar líderes en toda esa enorme y tan heterogénea región. Pero su primer cometido era familiarizarse con toda la gente sobre la cual tenía ahora mayordomía. En la primavera de 1960, por lo tanto, se pre-paró para viajar por primera vez a Asia y efectuar una prolongada gira a través de ambas misiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajar al Oriente se consideraba todavía algo raro, reservado principalmente para gente profesional y personas de alto nivel social. Aunque le atraía la idea de viajar hasta el otro lado del mundo y visitar una docena de países totalmente desconocidos para él, no dejaba de reconocer que la oportunidad era un tanto extraña. Una noche, al momento de la cena, anunció a su familia que tenía que ir al Japón. Nadie respondió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez más y tratando de usar un tono casual, repitió que en breve saldría con rumbo a Japón. De nuevo, no hubo reacción alguna. Finalmente, sorprendido al ver que la noticia no provocaba ninguna reacción, ni siquiera un asomo de asombro, declaró con énfasis: "Les he di-cho que su pa-dre es-tá por via-jar al Ja-pón". Entonces Dick, quien había regresado a casa después de su entrenamiento militar y que cumpliría los diecinueve años de edad mientras su padre estuviera ausente, lo miró y le preguntó: "¿Podrías arreglar la radio del auto antes de irte, papá?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque le preocupara que su esposo tuviera que irse por dos meses en un viaje de ultramar, Marjorie no dijo nada. Tanto ella como Gordon hacían siempre lo posible por que sus despedidas fueran alegres. Pero más tarde, al sobrevolar el Océano Pacífico, él se sintió muy intranquilo y preocupado por lo que tenía que hacer. No llegaba a vislumbrar lo que le esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Robert S. Taylor y un pequeño grupo de misioneros y miembros de la Iglesia esperaban al élder Hinckley a su llegada a Hong Kong. ¡Qué fascinante ciudad! Nunca había visto a tanta gente, una hilera que parecía interminable de peatones que emergían de innumerables callejones, edificios y tiendas a lo largo de las calles. Los edificios parecían cubrir cada centímetro cuadrado del suelo y los extraños aromas que colmaban el aire eran agudos y punzantes. El élder Hinckley se sintió maravillado desde el primer día en que llegó a Hong Kong.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi inmediatamente decidió que los misioneros debían ser el objeto primordial de su atención. Cuanto más eficaces llegaran a ser, más rápidamente avanzaría el Evangelio. A fin de evaluar el bienestar de cada uno de ellos, se reunió con los cuarenta y cinco misioneros que allí servían. Se arrodilló con ellos a orar, les ofreció consejos y aliento, y prodigó bendiciones de salud y de consuelo a quienes lo necesitaban. Después de entrevistarlos uno por uno, comentó: "Están haciendo muy buen trabajo y parecen ser felices... Estoy seguro de que no podríamos ir a ninguna otra misión en el mundo y encontrar un espíritu mejor entre los misioneros".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, determinó cuáles eran los problemas que la obra enfrentaba en Hong Kong. Los habitantes nativos de la China no tenían mucha experiencia en cuanto a la Iglesia. Los textos en ese idioma eran inadecuados y los misioneros tenían dificultad para comunicarse. Le preocupó mucho el plan de enseñanza que los misioneros estaban utilizando. Era muy extenso y complicado y no les permitía emplear la flexibilidad que necesitaban para enseñar a tan amplia gama de personas, desde protestantes cristianos hasta budistas. El élder Hinckley creyó que, si tuviera el tiempo necesario, podía adaptar ese plan para que fuera más eficaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante las reuniones que tuvo con pequeños grupos de miembros, el élder Hinckley se vio confrontado con los problemas relacionados con capacitar a líderes del sacerdocio cuyo idioma era totalmente extraño para él. A medida que describía los detalles y las informaciones correspondientes empleando la pizarra, un intérprete iba detrás suyo anotando las palabras con caracteres chinos. Era un proceso monótono, pero la Iglesia no podría progresar nunca sin el liderazgo de los miembros locales que entendieran tanto los principios del Evangelio como la administración eclesiástica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de ocho días de permanencia en Hong Kong, el élder Hinckley viajó en avión a Manila, donde su primera labor era comenzar los trámites para obtener el reconocimiento oficial de la Iglesia en las Filipinas. Encontró allí una pequeña rama de cuarenta y cinco miembros, quienes en su mayoría eran personal militar estadounidense. Que se supiera, había un solo miembro filipino de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque no lo hubiera creído posible aun el día antes, en las Filipinas encontró una cultura, un pueblo y una tierra considerablemente más fuera de lo común que en Hong Kong. El clima era más caluroso y la mayoría de la gente parecía vivir en extrema pobreza. El tránsito violento que vio en Hong Kong le pareció realmente tranquilo en comparación con lo que ahora experimentaba. "Los caminos aquí son angostos y la gente maneja como si estuviera loca", escribió luego. "En las carreteras, los desvencijados camiones y autobuses tratan de competir con los carros arrastrados por caballos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miles de "jeepneys", una pintoresca y singular adaptación filipina de los tradicionales "Jeeps" que quedaron atrás después de la Segunda Guerra Mundial, andaban cargados de personas que se acumulaban unos sobre otros en los estirados vehículos o se encaramaban a sus costados o en la parte trasera como los pasajeros de los tranvías de San Francisco. En las afueras de Manila, pudo observar grandes extensiones de bananeros y cocoteros, y a medida que manejaba por los campos se imaginaba que así sería Hawai antes de que los misioneros arribaran allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley se enamoró inmediatamente de la gente filipina, tan cordial y sociable. Sin embargo, enseguida percibió que el gobierno de las Filipinas parecía estar atascado en trámites burocráticos y su primera impresión fue que el país ofrecía muy pobres perspectivas para la obra misional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero después de llevar a cabo una pequeña reunión, empezó a sentirse cada vez más optimista en cuanto al potencial de esa nación isleña. A través de todo el país, habló ante grupos de personas en servicio militar, entrevistó a los miembros y se reunió con funcionarios del gobierno nacional procurando la autorización para que los misioneros pudieran ingresar al país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin que aún fuera solucionado el problema del reconocimiento oficial de la Iglesia en las Filipinas, el élder Hinckley partió con destino a Taiwán (Formosa), donde aunque era todavía muy pequeña, la Iglesia ya estaba organizada. Había muy pocos miembros de la Iglesia de nacionalidad china, pero eran gente muy promisoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante casi una semana recorrió la isla con el presidente Taylor en busca de propiedades, aunque su precio le resultaba excesivo. Fue dándose cuenta de que, aun los centros de reuniones más sencillos que podrían servir también como residencias para los misioneros, costarían a la Iglesia millones de dólares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley dedicó la mayor parte de sus instrucciones a los misioneros en cuanto a los principios del Evangelio y las maneras de enseñarlo con mayor eficacia, pero también se preocupó acerca de los asuntos prácticos. Se afligió mucho, por ejemplo, al verificar las condiciones en que vivían algunos misioneros. "Sus madres se espantarían si pudieran ver las circunstancias en que viven sus hijos", escribió en su diario personal. "Les dije que cubrieran con alambrera los desagües para evitar la entrada de las cucarachas y las ratas... [y que] no tenía sentido que se lavaran los dientes usando agua hervida y dejaran luego sus cepillos afuera para que las cucarachas les pasaran por encima".'4 A pesar de esos problemas, era evidente que los misioneros sentían gran afecto por la gente china, por lo cual el élder Hinckley concluyó diciendo: "La obra tiene aquí enormes posibilidades".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley estaba acostumbrado a mantener un paso enérgico en todo lo que hacía, pero ese ambiente tan foráneo para él, la situación, la diferencia de horarios y el clima mismo le afectaron mucho. Mañana tras mañana, se despertaba antes del amanecer aun después de haberse acostado a dormir exhausto la noche anterior al cabo de viajar de una ciudad a otra padeciendo temperaturas sofocantes y extrema humedad. "El calor me extrae toda la energía", admitió cuando se hallaba en Taiwán. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque al principio se preocupó por la desganada manera con que trabajaban algunos misioneros, fue dándose cuenta de las condiciones en que tenían que hacerlo y dijo: "No están efectuando tanto proselitismo como debieran, pero creo que necesitan descansar más que los misioneros que sirven en otras regiones. El aire caliente y húmedo les impone dificultades. A mí me resulta agotador".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo casi completado ya su visita de la Misión del Lejano Oriente Sur, el élder Hinckley regresó a Hong Kong para poner en orden el voluminoso conjunto de notas que había ido tomando durante todo ese mes de viaje y también para investigar las posibilidades de traducir el Libro de Mormón a los idiomas cantonés y mandarín. Aquél había sido un mes muy abrumador, pero ya estaba comenzando a sentir una cierta afinidad con las singulares culturas del Oriente. No se jactaba de entender a toda esta gente, pero le caían muy bien. Le impresionó sobremanera la industria, las tradiciones y la afabilidad inherentes de sus culturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Hong Kong, el élder Hinckley voló a Tokio, donde le esperaban el presidente Paul C. Andrus, de la Misión del Lejano Oriente Norte, y un clima más fresco. El élder Hinckley se sintió fascinado también con Tokio. Se maravillaba al ver que los taxímetros se desplazaban por todos lados cual hormigas, las grandes multitudes que se arremolinaban en los distritos comerciales y la singular cortesía y las características de la cultura japonesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una experiencia en particular, sin embargo, lo dejó pasmado. En Tokio, fue a inspeccionar una hermosa casa de estilo japonés en una zona residencial. Su ubicación era excelente, pero cuando le dijeron cuánto pedían por ella-¡682.000 dólares!-se horrorizó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por varios días se atormentó pensando en si debía o no recomendar a la Primera Presidencia que la Iglesia invirtiera tan alta suma en un edificio. Sin embargo, algo le decía que era muy importante que se empezara a adquirir propiedades en el Oriente. Los edificios no sólo sirven para el funcionamiento de las ramas, sino que ofrecen a la Iglesia una mayor presencia y contribuyen a que los miembros se sientan orgullosos de la organización a la que pertenecen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al investigar más a fondo el mercado de bienes raíces en Tokio, fue haciéndosele cada vez más aparente que sería imposible encontrar en un lugar apropiado un edificio o un terreno donde se pudiera construir uno sin pagar un tremendo precio por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tener que recomendar lo que sabía que sus líderes considerarían un precio exorbitante era una gran preocupación para él. Después de orar pidiendo el consejo del Señor, consultó por teléfono al presidente Moyle quien le hizo saber a su joven colega que la Iglesia nunca había pagado una cantidad tal por un centro de reuniones. "Bueno", dijo el élder Hinckley, "si hemos de adquirir una propiedad en Japón, eso es lo que tendremos que pagar por ella".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Moyle le prometió que se comunicaría con el presidente McKay y que le respondería por telegrama. Al día siguiente, el élder Hinckley recibió un telegrama en el que se le daban instrucciones para que empleara su mejor criterio y que, si sentía la inspiración, hiciera la compra. Esa respuesta no era lo que en realidad esperabamás bien, quería que le dieran instrucciones específicas. No podía dejar de pensar en el hecho de que todos los fondos monetarios de la Iglesia provenían del diezmo que pagaban sus miembros, pero a la vez sentía que la Iglesia progresaría en Japón y que había llegado la hora de pagar el precio que allí se cobraba por los bienes inmobiliarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Era evidente que las propiedades nunca costarían menos y ese edificio se hallaba en una excelente ubicación", explicó el élder Hinckley. "Después de considerar todos los factores y de haber orado con devoción al respecto, tuve la firme impresión de que debíamos seguir adelante e iniciar los trámites para comprar la propiedad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresó, el élder Hinckley descubrió que algunos de sus colegas no estaban muy de acuerdo con su decisión. Pero, como habría de constatarse posteriormente, el lugar demostró ser una piedra fundamental para la edificación de la Iglesia en Japón, y años después se vendió por un precio treinta veces mayor que el que había costado. La compra de uno de los primeros edificios de la Iglesia en Asia fue un paso muy significativo y el élder Hinckley se asombraba por haber participado en ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las ramas y los distritos en todo Japón tenían la tendencia a tener más miembros que las que había encontrado en Hong Kong, pero el problema de capacitar a toda una generación de conversos asiáticos para que llegaran a ser líderes era el mismo. Reunión tras reunión, el élder Hinckley se quitaba los zapatos, se sentaba en el suelo con los hermanos locales y les enseñaba. "Descubrí que la mejor manera de trabajar con esta gente", comentó luego, "era sentarse con ellos sobre una alfombrilla tatami, enseñarles los principios del Evangelio y dejar que el significado de esta obra les llegara al corazón".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el comienzo, el élder Hinckley demostró tener una afinidad natural con los asiáticos. Admiraba su integridad, su ingenio y su ética profesional; y apreciaba también su manera de proceder, la que, aunque estimaba ser muy formal, le resultaba gentil y benevolente. A pesar de que la Iglesia era todavía pequeña y avanzaba con dificultad, alcanzaba a ver el potencial de ese reducido núcleo de miembros. Kenji Tanaka, quien llegó a ser el primer presidente de estaca en el continente asiático, asistió a una reunión de sacerdocio durante la primera visita del élder Hinckley al Japón. "Nos animaba una enorme esperanza", recordó una vez, "y en los ojos del élder Hinckley podíamos ver su gran entusiasmo. Sus primeras palabras fueron Subarashii! ['¡Maravilloso!'].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La atmósfera de aquella reunión cambió, de ser rígida y formal, a una de amistad y familiaridad hacia él, y prevaleció un sentimiento de bienvenida. Durante la reunión, nos dijo: 'Quienes se hallan aquí reunidos poseen el poder más importante para el pueblo japonés, un poder mucho mayor que el del Primer Ministro del Japón'. Él verdaderamente nos inspiró y nos motivó a superarnos con metas firmes y definidas. Su energía era radiante y manifestaba un gran amor".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los aspectos más abrumadores de la supervisión de la obra en Asia era las distancias que debía cubrir. Al cabo de seis semanas de viajar sin interrupción, durante las cuales tuvo que ir casi cada día a una nueva ciudad, el élder Hinckley simplemente había logrado visitar los principales centros metropolitanos. Pensó que era muy poco lo que había logrado en Japón cuando prosiguió viaje a Corea, donde en la terraza del aeropuerto una multitud lo esperaba desplegando un cartel que decía: "Bienvenido a Corea élder Gordon B. Hinckley".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Corea encontró muchas similitudes con otros países asiáticos, pero también percibió notables diferencias. Después de treinta y seis años de dominación japonesa, la que fue seguida por la amarga guerra civil que involucró a Estados Unidos y a otras potencias mundiales, Corea del Sur contaba con el más bajo nivel de renta nacional íntegra en todo el mundo-tanto financiera como espiritualmente-y eran muy pocos los que confiaban en sus propias habilidades como líderes. Al-élder Hinckley le apenó ver las condiciones en que vivían los Santos coreanos, muchos de cuales se esforzaban con gran dificultad por proveerse aun de las cosas más básicas. Su corazón se compadeció de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley encontró a unos 650 miembros de la Iglesia esparcidos entre cinco pequeñas ramas en Corea. La Iglesia estaba comenzando a avanzar allí, aunque eran muy pocos los matrimonios que parecían tener interés en ella. Pero los misioneros estaban teniendo éxito entre la juventud. "Si logramos convertir a algunos jóvenes bien educados, la Iglesia progresará y se afianzará en Corea", comentó." En su diario personal mencionó con frecuencia a los miembros jóvenes que demostraban gran potencial y lo que él podría hacer personalmente para alentarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante una conferencia de distrito en Seúl, ordenó élder a Han In Sang, un joven de veintiún años de edad. Refiriéndose a dicha experiencia, el hermano Han dijo: "Mi fe, como converso, era pequeña. Pero cuando él me dio aquella bendición, supe que ese hombre que puso sus manos sobre mi cabeza era un hombre de Dios y en ese mismo instante tomé la resolución de que nunca me volvería en contra de la Iglesia ni del hombre que me estaba ordenando. Después de aquel momento, cada vez que el élder Hinckley venía a Corea, yo iba a esperarlo al aeropuerto, le estrechaba la mano, lo miraba a los ojos y en silencio me decía a mí mismo: 'Élder Hinckley, Han In Sang continúa siendo fiel`.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una y otra reunión espiritual, el élder Hinckley aseguraba a los Santos coreanos que ellos tenían capacidad para dirigir la Iglesia en su propio país y que entre su gente había un gran potencial para el Evangelio. De ciudad en ciudad, fue anunciando lo que llegó a ser un tema familiar para todos: "Ustedes son tan capaces como cualquier otra persona en este mundo. Ustedes pueden contribuir al progreso de la obra de la Iglesia como cualquier otra gente en cualquier lugar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley encontró que los coreanos eran un pueblo inteligente y capaz que todavía no alcanzaba a entender su propio potencial. "Desde 1909 hasta finalizar la Segunda Guerra Mundial, habíamos sido gobernados por alguien más", dijo el hermano Han. "Entonces sobrevino la Guerra de Corea. Estábamos confundidos en cuanto a nuestra propia identidad. Pero el élder Hinckley nos dijo que éramos importantes y que podíamos ser líderes. Nunca nadie nos había dicho eso antes".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rhee Ho Nam, quien se había unido a la Iglesia en 1954, se hallaba entre los que recibieron al élder Hinckley en ésta y muchas otras visitas subsiguientes. "Siempre nos alentaba", comentó una vez. "Llevábamos una vida difícil, casi sin esperanzas. No teníamos grandes expectativas, pero cada vez que venía, el élder Hinckley se reunía con nosotros, nos prestaba su completa atención y nos dejaba llenos de nuevas esperanzas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante una de esas primeras reuniones, recordó el hermano Rhee, un miembro coreano le preguntó al élder Hinckley si habrían de tener alguna vez un templo en Corea. "En aquellos días, éramos menos de cien miembros y este hermano preguntaba acerca de un templo. Me sentí un poco avergonzado de él y, dándole un codazo, le dije al oído que no debía haber hecho tal pregunta. Pero el éldér Hinckley simplemente se sonrió y en tono muy alentador nos prometió que si nos conservábamos fieles al Señor y obedecíamos las normas de la Iglesia, un día iba a haber un templo en la Tierra de la Calma Matutina. Cuando nos habló, fue como si ocurriera algo tangible. En aquel momento pensé que quizás un sueño tan imposible podría por cierto realizarse algún día. Sencillamente, el élder Hinckley es el padre de la Iglesia en Corea ".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Corea, el élder Hinckley viajó a Okinawa, Japón, donde se hallaban establecidos más de 300 soldados miembros de la Iglesia y la obra comenzaba a progresar entre los japoneses. Las reuniones de miembros y misioneros en Okinawa eran muy provechosas y satisfactorias. Kensei Nagamine, un converso que luego sirvió como presidente de rama, presidente de distrito y primer presidente de estaca en Okinawa, describió así la conferencia de distrito que dirigió el élder Hinckley: "Fue muy espiritual y nos dejó muchas bendiciones. Él lloró durante la conferencia y expresó su amor por nosotros, los Santos de Okinawa, y por los soldados. Yo tuve la firme impresión de que este hombre era un padre bondadoso. Fue realmente amable y piadoso. Nunca olvidaré sus cálidos apretones de manos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron muy pocos los días en que no experimentó diversos momentos de ternura. Pero después de dos meses de estar tan lejos de su hogar y de su familia, el élder Hinckley sintió que tenía que regresar a Estados Unidos. Antes de partir, visitó Hiroshima, la ciudad donde apenas quince años antes decenas de millares de japoneses habían perecido a consecuencia de la bomba atómica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para él fue algo impresionante pensar que sólo unos pocos años antes los Estados Unidos habían mantenido un encarnizado conflicto con los japoneses. Ahora se le pedía que ayudara a llevar el Evangelio de paz y de amor a esta gente. Así lo describió en su diario personal: "En esta parte del mundo tenemos muchos problemas en nuestra labor misional, pero creo que, en esencia, no son muy diferentes de los que encontramos en otros lugares. En realidad, los misioneros aquí por lo general se sienten más felices. Esto es difícil de entender si consideramos las circunstancias en que viven... Sin embargo, se encuentran bien, contentos, y son muy dedicados, y ha sido en verdad inspirador verlos trabajar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También fue para él algo maravilloso regresar a su casa. Había extrañado enormemente a Marjorie y a sus hijos-y la familia estaba creciendo y cambiando mucho. En enero de 1961, Kathy tuvo si primer hijo y Dick salió en una misión. El élder Hinckey había ayudado a mandar miles de misioneros a todo el mundo, pero ninguna de esas ocasiones lo había afectado tanto como tener que enviar a su propio hijo al campo misional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres meses después, el élder Hinckley emprendió por segunda vez una extensa gira a través de Asia. Le agradó enterarse de que los misioneros estaban más contentos de lo que parecieron estar en el año anterior y que vivían en condiciones mucho mejores. Asimismo, se sintió reconfortado al percibir el calibre de los nuevos conversos, ya que algunos de ellos eran graduados universitarios que parecían aprender más rápidamente y prepararse para ser líderes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la parte más memorable de su viaje fue en las Filipinas. A pesar de la burocracia existente que todavía presentaba serios obstáculos para el reconocimiento oficial de la Iglesia, llegó a Manila llevando consigo la autorización de la Primera Presidencia para comenzar allí la obra misional. Obtuvo permiso de la Embajada de los Estados Unidos para llevar a cabo una reunión en los terrenos del Cementerio Militar Norteamericano, se levantó temprano esa mañana y fue al cementerio mucho antes de la reunión programada para el amanecer. Al salir el sol, un grupo de casi cien Santos, en su mayoría soldados de la Base Clark de la Fuerza Aérea y de la base naval en la Bahía Subic, se había reunido temprano en la neblinosa mañana frente a la pequeña capilla conmemorativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el mismo momento en que el élder Hinckley convocó la reunión, el Espíritu descendió en forma extraordinaria. Entre los que hablaron se hallaba David Lagman, que se supiera, el único miembro filipino de la Iglesia y el primero en ser ordenado élder, quien relató la historia de su conversión. Cuando era niño, había encontrado un ejemplar del Selecciones del Reader's Digest que contenía un artículo acerca de los mormones. La palabra profeta, empleada para describir a José Smith, captó su atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años pasaron, a través de los cuales se produjeron las tragedias de Corregidor y de Bataán y su patria soportó la ocupación enemiga. Después de la liberación de las Filipinas, se enteró de que un oficial norteamericano para quien trabajaba en la Base Clark era mormón y se armó de valor para preguntarle si realmente su iglesia era guiada por un profeta. Cuando el oficial le dio su testimonio al respecto, el joven filipino sintió estremecerse su corazón y subsiguientemente se unió a la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley concluyó la reunión diciendo: "Lo que comenzamos aquí afectará la vida de miles y miles de personas en esta república insular, y sus consecuencias irán de una generación a otra para su magnífico y sempiterno bienestar". Después de dar su testimonio, el élder Hinckley ofreció una oración invocando las bendiciones del Señor para la obra misional en todas las Islas Filipinas y bendijo a todos sus habitantes con una mente receptiva, un corazón comprensivo, la fe para aceptar el mensaje del Evangelio y el valor para vivir correctamente sus principios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siguiente destino del élder Hinckley era Japón, donde se alegró al encontrar un gran número de miembros locales sirviendo en presidencias de rama. Una vez más, sin embargo, percibió que algunos misioneros estaban algo desalentados y no trabajaban con la intensidad que esperaba. Después de pasar un día con los élderes en el área de Tokio-Yokohama, indicó: "Algunos misioneros están trabajando afanosamente y obteniendo grandes resultados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros sólo deambulan". Él no era de los que sólo deambulan y los que hacían eso no lo impresionaban bien. Después de tres días de permanencia en Japón, escribió: "Hemos andado con la mayor prisa posible teniendo reuniones de misioneros cada mañana y viajando a diferentes ciudades por la noche. Por el momento, no nos ha perjudicado la tarea".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Japón, el élder Hinckley voló a Seúl y quedó gratamente sorprendido por el progreso logrado en Corea. Los misioneros allí eran los más productivos entre todos los del Lejano Oriente, con un promedio de catorce bautismos por año, y un extraordinario núcleo de jóvenes mayores que se unían a la Iglesia. Tuvo la satisfacción de apartar a los dos primeros coreanos llamados a servir como presidentes de rama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuanto más se relacionaba con los Santos asiáticos y los servía, más los apreciaba. Aunque iba experimentando sólo un relativo éxito al estudiar algo de sus idiomas, fue aprendiendo suficientes palabras para que la gente reconociera que por lo menos estaba intentándolo. También les comunicaba sus sentimientos de otras maneras. Han In Sang dijo: "Ningún otro líder de la Iglesia que haya visitado Corea ha llorado como el élder Hinckley. Cuando se reunía con los miembros, sollozaba. Cuando se reunía con los misioneros, sollozaba. Y siempre se acordaba del nombre de cada uno de nosotros. Cuando vino por segunda vez, podía recordar quiénes éramos. Nos decía que nos amaba y eso es lo que nos une a él".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la estancia del élder Hinckley en Seúl, cierta mañana a las cuatro y media lo despertó un fuerte chisporroteo al otro lado de su ventana en el hotel. Su primer pensamiento, "¡Qué mala hora para un casamiento chino!", se desvaneció inmediatamente cuando se dio cuenta de que aquello que creía que eran fuegos artificiales seguía estallando. Sin pensar en las consecuencias, sacó la cabeza por la ventana y notó que el cielo estaba cubierto de un humo gris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dejó oír un ruido estridente que sonaba como un trueno y entonces descubrió de pronto que el hotel se estaba incendiando a raíz de un ataque de artillería proveniente de varias direcciones. En cuestión de minutos, el presidente Andrus, de la Misión Norte del Lejano Oriente, quien viajaba con él, llegó a su puerta para informarle que había visto balas trazadoras fuera de su ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de la confusión al ver que los ocupantes del hotel corrían por los pasillos, no demoraron en enterarse de que se estaba produciendo una revolución. A medida que se vestía con rapidez, el élder Hinckley pensaba en lo que convendría hacer. Si los coreanos del norte invadían la ciudad, su vida misma estaría en peligro. Pensó en la ropa que debía vestir y decidió ponerse los zapatos negros en vez de los marrones, creyendo que le serían más cómodos, y una arrugada camisa de dacrón antes que una de seda recientemente lavada, siendo que le resultaría más fácil lavarla y colgarla a secar si fuese necesario. Entonces no le quedaba otra cosa sino esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al amanecer, se les dijo, a él y al presidente Andrus, que no podían salir del hotel: Los militares se habían rebelado contra el gobierno y estaban dando un golpe de estado. Los soldados uniformados para la guerra, llenaban las calles. Muchas de las ventanas de su hotel estaban destrozadas y las paredes quedaron llenas de agujeros producidos por las balas de ametralladora. A lo largo del día se puso en efecto la llamada "condición verde" y no se permitía a los norteamericanos salir a las calles. Los bancos, los aeródromos y los aeropuertos fueron cerrados y se impuso el toque de queda. Teniendo tiempo para ello, el élder Hinckley escribió la noticia de lo que ocurría y la telegrafió al Deseret News de Salt Lake City, periódico que recibió así la información antes de que la recibiera la Associated Press.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tercer día, el aeropuerto fue rehabilitado y el élder Hinckley entonces emprendió la partida. Al dirigirse a su hogar después de permanecer un mes en el Oriente, advirtió que había pronunciado cincuenta y dos discursos, entrevistado a 240 misioneros, dado su testimonio en inglés por medio de intérpretes en cantonés, mandarín, coreano y japonés, y sobrevivido un estado de sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todos los viajes del élder Hinckley, siempre hubo un factor invariable: Se mantuvo en contacto directo con los misioneros. Desde la niebla de Londres hasta la opresiva humedad del Oriente, los había consolado en su desaliento, los había aconsejado en situaciones difíciles, se había regocijado por sus realizaciones y pasado varias horas de rodillas junto a los que se sentían agobiados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con frecuencia aprovechaba la oportunidad de efectuar algo de proselitismo por su propia cuenta. En cierta ocasión, un oficial de una aerolínea en el aeropuerto de San Francisco (California) le preguntó con qué fines se dirigía a Asia. "Yo represento a la Iglesia Mormona. ¿Conoce usted algo acerca de la Iglesia Mormona?", le preguntó. "Oh, sí, conozco algo", respondió el hombre. "Mi esposa es mormona, pero no se anima a hablar al respecto". "¿De dónde procede su esposa?", preguntó el élder Hinckley. Una vez que el caballero le dio la información pertinente, él, quien por coincidencia conocía a esa familia, respondió con entusiasmo: "Su esposa proviene de una gente maravillosa, de gran linaje, de linaje pionero. ¿Le agradaría saber algo más acerca de la fe de los antepasados de su esposa?" Cuando el hombre dijo que sí, el élder Hinckley llamó al presidente de la misión local y le dio la referencia. Ocho semanas más tarde, el oficial de la aerolínea se unió a la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un viaje a través del Atlántico, se hallaba sentado frente a una pareja que venía de Inglaterra. Cuando se enteró de que el hijo de ese matrimonio deseaba estudiar ingeniería forestal en una universidad norteamericana, él les recomendó la Universidad Estatal de Utah como una excelente institución de enseñanza superior. Tiempo después, el joven llegó para asistir a dicho establecimiento en el norte de Utah y los Hinckley fueron a buscarlo al aeropuerto, lo llevaron a Logan y lo ayudaron a ubicarse. Subsiguientemente, aquel joven y sus hermanos se unieron a la Iglesia, fueron casados en el templo y criaron familias fieles y activas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través de los años, el élder Hinckley ha ido refinando gradualmente la manera en que enseñaba y representaba el Evangelio y fue sintiéndose cada vez más cómodo al hablar con cualquier persona acerca de la Iglesia. Siempre fue muy elocuente sin parecer presumido o sermoneador, y bien decidido cuando se trataba de dar su testimonio en cuanto a Jesucristo, a José Smith y al Libro de Mormón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su discurso en la conferencia general de abril de 1960, se refirió así al proceso de la conversión: "Cuando en nuestro programa misional empezamos a destacar la verdad de Dios como un principio básico, fundamental y primordial, y comenzamos a alentar a quienes estén dispuestos a escuchar para que se pongan de rodillas y le pregunten a Él... concerniente a la veracidad de esa enseñanza, es cuando empezamos a convertir a tanta gente como no lo habíamos hecho en muchos, muchos años".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En junio de 1961, el élder Hinckley y otras Autoridades Generales efectuaron el primer seminario para todos los presidentes de misión y, por primera vez, presentaron un plan modelo de seis lecciones que todas las&lt;br /&gt;misiones debían adoptar. También recomendaron a los líderes en toda la Iglesia que recalcaran el lema del presidente McKay: "Cada miembro un misionero". En ese seminario, la Iglesia en todo el mundo fue dividida en nueve áreas misionales, las cuales habían de ser administradas por Autoridades Generales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con tan extensos viajes lejos de su hogar y tantas asignaciones por atender mientras se encontrara en Salt Lake City, el élder Hinckley fue descubriendo que la vida como Autoridad General era rigurosa y exigente. Sus responsabilidades habrían afectado más a su familia si Marjorie no hubiera atendido su hogar con su acostumbrada buena voluntad. Cuando las normas de la Iglesia se lo permitían, ella viajaba frecuentemente con él, pero teniendo hijos en edad escolar y otros adolescentes todavía en su hogar, también ella sentía la responsabilidad de proporcionarles un sentido de estabilidad y regularidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros factores acentuaban las inconveniencias del modo de vivir del élder Hinckley. Apenas había estado dos meses en su hogar después de su último viaja a Asia cuando, el 5 de junio de 1961, falleció su padre. El fallecimiento de Bryant dejó en Gordon un sentimiento de abandono y, a la vez, de renovada determinación. "Mi mayor deseo era vivir de modo que mi conducta sólo reflejara lo bueno de mi padre y de mi madre", dijo. "El haber perdido a ambos renovó en mi interior ese deseo. Sólo esperé que algún día llegaría a ser digno de mi patrimonio"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-4391761197538050529?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/4391761197538050529/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=4391761197538050529' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/4391761197538050529'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/4391761197538050529'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/el-occidente-se-entrelaza-con-el.html' title='EL OCCIDENTE SE ENTRELAZA CON EL ORIENTE'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-1192870646331450567</id><published>2008-01-28T13:53:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T22:41:22.501-07:00</updated><title type='text'>EL OUORUM DE LOS DOCE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 1 4&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El sábado 30 de septiembre de 1961, el teléfono de los Hinckley sonó a las siete de la mañana. Al contestarlo, Marjorie oyó la voz del presidente McKay, averiguando si podía hablar con Gordon. "¿Estoy interrumpiéndolo en algo?", le preguntó el presidente McKay cuando Gordon tomó el teléfono. "Solamente mi oración matutina", respondió éste. El Profeta le preguntó si podría ir a su oficina tan pronto como le resultara posible y Gordon contestó que lo haría en seguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menos de dos horas después, estos dos hombres se hallaban sentados frente a frente y el presidente McKay entonces le explicó la razón por tan temprana reunión antes de la primera sesión de la conferencia general esa mañana. "He sentido que debo proponerlo para que ocupe el cargo vacante en el Quórum de los Doce Apóstoles", le dijo simplemente, "y quisiéramos sostenerlo hoy en la conferencia". Aquellas palabras sorprendieron al élder Hinckley quien, habiéndose quedado casi sin aliento, trató en vano de encontrar una respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente McKay continuó diciéndole: "Su abuelo fue digno de esto, tal como su padre. Y también lo es usted". Al escuchar esas palabras, el élder Hinckley pareció perder la serenidad, porque no habría podido escoger el Profeta otro elogio que tuviera para él un mayor significado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco más tarde, el élder Hinckley fue sostenido como nuevo miembro del Quórum de los Doce, ocupando el lugar que había quedado vacante en junio cuando el presidente Hugh B. Brown fue llamado a servir como tercer consejero en la Primera Presidencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la última sesión de la conferencia esa tarde pronunció unas breves palabras, diciendo: "La hermana Romney [esposa del presidente Marion G. Romney] me dijo ayer de tarde que, a juzgar por la apariencia de mis ojos cuando había conversado por la mañana conmigo, ella sabía que era yo quien había de ser sostenido. Les confieso que he sollozado y orado mucho".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces admitió que le acometía un sincero sentimiento de ineptitud: "Me conmueve la confianza que ha depositado en mí el Profeta del Señor y el amor que me han demostrado éstos, mis hermanos, a cuyo lado me siento como un pigmeo. Ruego tener fuerzas; ruego que se me ayude; y ruego tener la fe y la voluntad necesarias para ser obediente".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al regresar a su hogar siendo el hombre número setenta y cinco llamado a servir en esta dispensación como miembro del Quórum de los Doce, iba tratando de entender la diversidad de emociones que le acometían. Recién en ese instante empezó a sentir el impacto de lo que acababa de ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley se puso a meditar en todo lo que había presenciado durante su vida. La Iglesia contaba ahora con un millón ochocientos mil miembros y 345 estacas, o sea casi cinco veces más de los que tenía el año en que él nació. Había más misioneros que antes (unos nueve mil) que el total de las personas (unas siete mil) que se convirtieron el año en que él mismo fue a servir su misión. Pertenecía a la segunda generación de su abuelo, quien había ayudado a colonizar Utah, y sin embargo también él había participado personalmente en algunas actividades pioneras, en particular las relacionadas con la obra del templo y a las relaciones públicas. Ahora le resultaba imposible imaginar lo que le esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una carta que compuso con su máquina portátil de escribir, le dijo a su hijo Dick, quien servía en Duisburg, Alemania: "Quiero informarte que he sido llamado al Quórum de los Doce Apóstoles. No sé por qué se me ha llamado a tal posición. No he hecho nada extraordinario; solamente he tratado de hacer lo mejor que he podido con las tareas que me fueron encomendadas sin preocuparme acerca de quien recibiría el reconocimiento por ello".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 5 de octubre de 1961, con la ayuda de sus hermanos de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce, el presidente McKay ordenó apóstol al élder Gordon B. Hinckley y lo apartó como miembro de dicho quórum. Los días subsiguientes fueron para el élder Hinckley llenos de reflexión, meditación, oraciones y muchas lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por sobre todo, deseaba ser digno de su nuevo llamamiento, pero percibía íntimamente sus deficiencias personales. Por momentos le parecía estar viviendo su noche más obscura y en vías de tener que encarar sus propias ineptitudes. Rogaba entonces al Señor que lo pusiera a la altura del manto que ahora llevaba encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una temporada muy emotiva para él, intensificada aún más cuando, al día siguiente de su ordenación, su amigo y mentor de largo tiempo, el presidente J. Reuben Clark, hijo, falleció a la edad de noventa años. Dos días después del funeral, el presidente McKay reorganizó la Primera Presidencia y nombró a Henry D. Moyle y a Hugh B. Brown como primer y segundo consejero, respectivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se asignaron nuevas responsabilidades, nuevos líderes y nuevas oportunidades pero, por el momento, el élder Hinckley continuó dedicándose afanosamente a la obra misional, aunque para ello contaba ahora con la considerable ayuda de otras personas. En noviembre de 1961 se estableció en la Universidad Brigham Young el Instituto de Capacitación en Idiomas para misioneros llamados a países extranjeros. Dicho instituto, que más tarde pasó a ser llamado Misión de Capacitación en Idiomas, se diseñó para preparar mejor a los que servirían como misioneros. Y apenas cuatro meses después, la edad a que los jóvenes podían ser llamados a una misión se redujo de veinte años a diecinueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interés del élder Hinckley en cuanto a la obra misional se intensificó, por así decirlo, desde el momento en que envió a su propio hijo como misionero. Anhelaba regresar a las misiones de Asia y su siguiente viaje, en febrero de 1962, había de ser muy diferente porque esta vez iría con Marjorie. Aunque nunca le resultó placentero separarse de ella en sus viajes anteriores, ahora le preocupaba tener que someterla a los rigores de visitar lugares donde las condiciones eran frecuentemente inhóspitas. Y a ella, por su parte, no le agradaba la idea de tener que dejar atrás a sus hijos por tanto tiempo-particularmente a Jane, que sólo tenía ocho años de edad y extrañaba terriblemente a sus padres cuando se ausentaban. No obstante, después de su último viaje, él le había propuesto: "La próxima vez vendrás conmigo.Los Santos en Asia están empezando a preguntar si en realidad soy un hombre casado".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de febrero, los Hinckley partieron con rumbo a Asia, siendo Manila su primera escala. El élder Hinckley tuvo mucho agrado en enterarse que los misioneros que habían llegado allí sólo unos pocos meses antes habían bautizado ya a trece filipinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obra estaba progresando también en Hong Kong, donde el año anterior unas 350 personas se habían unido a la Iglesia, sumando ahora los miembros 1.763. La necesidad de adquirir una propiedad sobre la cual edificar un centro de reuniones iba siendo cada vez más urgente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su próxima escala fue Taiwán, donde los misioneros continuaban viviendo en condiciones que, en algunos casos, eran aterradoras. Los élderes, sin embargo, parecían sentirse muy felices, y el año anterior habían bautizado a 304 personas, llegando así el número de miembros chinos a más de 800.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Taiwán, los Hinckley volaron a Fukuoka, al sur de la isla japonesa, y desde allí recorrieron el país hacia el norte y continuaron a Corea. Marjorie podía ahora apreciar más los largos viajes que su esposo había realizado por todo el Oriente. En una carta que le escribió a Kathy, decía: "Por seguro que hay mucho que hacer acá para fortalecer la Iglesia... Tu padre podría dedicar provechosamente todo su tiempo yendo de una misión a otra y de un distrito a otro, pero no pienso mencionárselo". Había allí muchas oportunidades para que también ella participara. "Nunca había predicado tanto en mi vida", les comentó a sus hijos. "Las reuniones en inglés no son tan dificultosas, pero aquellas en que necesitamos intérpretes son horribles... Papá hace un trabajo maravilloso-especialmente con los misioneros. Todos disfrutan mucho de su agudo ingenio. Y es asombroso cómo recuerda sus nombres y sus rostros".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie se enamoró de Asia y su gente con tanta facilidad como su esposo. En Hong Kong salió a golpear puertas con las hermanas misioneras en complejos de habitaciones, donde le impresionó sobremanera enterarse de que había un cuarto de baño por cada setenta y cinco personas. Anduvieron caminando por los balcones, tratando de encontrar gente a quien enseñar. Cuando finalmente ubicaron a una familia que las invitó a pasar, debieron sentarse sobre cajas de empacar durante las charlas. Marjorie no podía dejar de mirar un pequeño cáliz con flores artificiales que había en una repisa. "No importa en qué condiciones se encuentren allí las mujeres", dijo después, "siempre tienen maneras de agregarle belleza a su vida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En conjunto, aquella primera experiencia en el Oriente fue más de lo que Marjorie anticipaba. Cuando partieron de Asia, también el élder Hinckley quedó muy satisfecho. La obra estaba progresando. Los misioneros trabajaban con ahínco y los miembros locales de la Iglesia iban aumentando gradualmente y adquiriendo experiencia y entendimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No mucho después de regresar de Asia, el presidente Moyle le pidió al élder Hinckley que le refiriera lo que había hecho durante aquella prolongada gira-particularmente en cuanto a los misioneros. Después de escuchar su informe, el presidente Moyle lo invitó a que fuera con él a California donde realizaría seminarios con los misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ese viaje siguió otro similar a Chicago, después del cual el presidente Moyle continuó su gira por Europa. El élder Hinckley se encontró con Marjorie, Virginia, Clark y Jane, quienes habían ido a buscarlo en un nuevo automóvil que acababan de comprar. La breve vacación durante la cual los Hinckley viajaron de regreso a su hogar desde Detroit resultó ser un placentero interludio, y la familia disfrutó mucho al tener a Gordon exclusivamente con ellos durante varios días sin interrupción. Relataron historias, leyeron libros en voz alta y se detuvieron en cada sitio histórico a lo largo de su viaje hasta Salt Lake City.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas llegaron a su hogar y entraron a la casa, sonó el teléfono. Era el presidente McKay, quien le preguntó al élder Hinckley si había hablado con el presidente Moyle. Cuando Gordon le explicó que acababa de llegar con su familia, el presidente McKay le informó que muy pronto el presidente Moyle lo llamaría desde Europa. Una hora después, sonó nuevamente el teléfono. "Gordon", comenzó diciéndole el presidente Moyle, "he programado un seminario para mañana a la noche aquí en Londres con los misioneros, y quiero que esté usted presente".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocas horas más tarde, el élder Hinckley se hallaba en camino a Inglaterra, desde donde él y le presidente Moyle comenzaron una gira de veintitrés días a través de las 21 misiones de la Gran Bretaña y Europa. Llevaron a cabo, cada día, un seminario en una ciudad diferente. "Yo me encargaba de las horas matutinas hasta el mediodía y el presidente Moyle lo hacía en las tardes", explicó el élder Hinckley. "Luego empacábamos todo y tomábamos el avión a la siguiente ciudad. Fue lo más agotador que jamás he realizado". En menos de un mes, sin embargo, pudieron observar de cerca la obra misional en toda Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la conferencia general que tuvo lugar dos meses más tarde, las Autoridades Generales que servían en Europa describieron el efecto que tuvieron allá las enseñanzas del presidente Moyle y del élder Hinckley. El élder Theodore M. Burton indicó que como resultado de las visitas que efectuaron a su correspondiente misión, los bautismos realizados en agosto habían sido un 28 por ciento más que los del mes de julio, y que los de septiembre superaron en un 37 por ciento a los de agosto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso de la década de 1960, el élder Hinckley regresó a Asia muchas veces. Él fue la primera Autoridad General en hacer frecuentes viajes al Oriente y recorrer las regiones adyacentes. Y fue quizás el primero en infundir en los Santos asiáticos la convicción de que él los comprendía. Como resultado de ello, respondieron tanto a su testimonio como a la manera en que les expresaba su amor y su confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ray Goodson, uno de los primeros misioneros asignados a las Filipinas, observó: "El élder Hinckley fue la primera Autoridad General que fue a Asia sin estar convencido de que iba a morir antes de regresar a Salt Lake... Sus discursos fueron siempre apropiados y los asiáticos no demoraron en apreciarlo. Él no temía estrecharles la mano, viajar en sus medios de transporte, caminar por sus calles o comer sus comidas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hermana Hinckley también se relacionaba muy bien con los asiáticos, por quienes sentía admiración y respeto. Augusto Lim, uno de los primeros conversos filipinos que más tarde llegaría a ser una Autoridad General, describió así la interacción de la hermana Hinckley con sus compatriotas: "Ella se desvivía por estrecharnos las manos y abrazarnos, y siempre besaba a mi esposa. Resultaba muy fácil estar en su presencia y ella era siempre muy amable y amorosa y se interesaba en nuestros amigos, como así también en cuanto a nuestro bienestar. En aquellos días,dedicaba mucho de su tiempo a la gente y eso es lo que más nos impresionaba".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás sin darse cuenta de ello, la manera en que el élder y la hermana Hinckley actuaban entre sí atraía mucho a los asiáticos. "El élder Hinckley siempre estaba atendiendo a su esposa, cuidándola y protegiéndola", continuó diciendo Han In Sang, "casi como si fuera su hermano mayor. Era fácil ver que la amaba mucho, pero lo manifestaba de una manera que impresionaba a la gente oriental. Otro líder de Salt Lake City nos aconsejó que a diario le dijéramos a nuestra esposa que la amamos. Nosotros amamos a nuestras esposas, pero no lo decimos de ese modo. El élder Hinckley nos decía, 'Deben expresárselo a su manera'. Él nos entendía bien".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucedieron muchas cosas que motivaban grandes emociones. Durante una de sus primeras visitas a la Rama Fukuoka, en la isla de Kyushu [Japón], el élder Hinckley convocó una conferencia misional de zona que abarcó todo un día y que, para beneficio de la mayoría norteamericana que se hallaba presente, se llevó a cabo en el idioma inglés. El élder Yoshihiko Kikuchi, el único misionero japonés, entendió solamente lo que su compañero le traducía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como parte de la conferencia, el élder Hinckley invitó a cada misionero para que expresara su testimonio. Uno por uno, así lo hicieron los élderes, hasta que sólo quedaba el élder Kikuchi. Finalmente, el élder Hinckley se puso de pie y, dirigiéndose al élder Kikuchi, lo invitó a que se adelantara. Su compañero le tradujo de inmediato la invitación del élder Hinckley. El élder Kikuchi preguntó si se le permitiría dar su testimonio en japonés. "Ha¡, ha¡", sí, respondió el élder Hinckley. Entonces el élder Kikuchi se dirigió al púlpito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un poderoso espíritu cayó casi inmediatamente sobre él y comenzó a hablar en inglés. "Debe haber sido un inglés muy simple", recordó años más tarde, "pero era como si el Espíritu me elevara y se soltara mi lengua y mis oídos pudieran entender fácilmente el otro idioma. La dulzura y la celestial iluminación que experimenté fueron inolvidables. Fui impulsado por el Espíritu... Sentí que la sombra de mi mente se desvanecía y percibí una visión de la majestuosa luz del Evangelio"." Al hablar [el élder Kikuchi], el élder Hinckley sollozó, como así también la mayoría de los presentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan pronto como dijo "Amén", la mente del élder Kikuchi quedó cerrada para el inglés y su compañero tuvo que traducirle el resto de la reunión. El élder Hinckley se acercó al púlpito y con voz emocionada dijo: "Por lo general no bendigo a la gente desde el púlpito, pero siento la inspiración de pronunciar una bendición sobre este joven japonés. Hermano Kikuchi, este sistema misional es una gran bendición en su vida. Si usted es siempre fiel y humilde y guarda constantemente los mandamientos del Señor,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él lo preparará para que establezca el reino del Señor en esta parte de Su viña. El Señor está preparándolo para que le sirva en una mayor medida". Ése fue el comienzo de un fuerte vínculo entre el experimentado líder de la Iglesia y el élder japonés, quien tiempo después habría de ser llamado a ser una Autoridad General.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque dedicó muchísimo tiempo a principios de la década de 1960 en el Oriente, las asignaciones del élder Hinckley no se limitaban a esa parte del mundo. En mayo de 1963, por ejemplo, viajó a la Polinesia Francesa para dedicar una capilla en la isla de Huahine. Varios centenares de miembrosde la Iglesia procedentes de otras islas de la región contrataron barcazas mercantes para poder asistir a dicha dedicación y escuchar las palabras del élder Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de ese día, unos cincuenta miembros y amigos de la isla de Maupiti tomaron una vieja barcaza, la Manuia, para efectuar el viaje de regreso en horas de la noche. Para cuando la barcaza llegó a Maupiti, el mar se agitaba intensamente. El canal que atraviesa el arrecife de coral hacia la laguna de Maupiti es uno de los más peligrosos en todo el Pacífico Sur. Mientras el capitán intentaba maniobrar la nave por el angosto pasaje, perdió el control de la misma y encalló en el arrecife, se dio vuelta tres veces en medio de las olas que la sacudían y terminó destrozándose. Quince de las cincuenta personas a bordo se ahogaron, incluso todas las hermanas de la Sociedad de Socorro, a excepción de dos de ellas, de la Rama Maupiti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando al día siguiente en Tahití el élder Hinckley se enteró de la tragedia, canceló inmediatamente su vuelo de regreso a Salt Lake City. En horas de la tarde, él y el presidente de la misión, Kendall Young, lograron que un marino los llevara a más de 250 kilómetros de distancia, en una antigua lancha torpedera de la Segunda Guerra Mundial. El élder Hinckley y el presidente Young zarparon al anochecer con rumbo a Maupiti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A eso del mediodía del día siguiente, su lancha se internó en el canal y entonces pudieron ver la destrozada Manuia. Lo que quedaba de la tragedia era verdaderamente horroroso. Al bajar en el muelle y saludar a aquella angustiada gente, no pudo menos que sollozar. "Levanté a esos niñitos que habían perdido a sus madres y traté de contener mis emociones", comentó luego. "Era muy desgarrador contemplar a aquellos huerfanitos y a los hombres que había perdido a sus esposas. Ver el casco destrozado de la nave en el arrecife fue uno de los momentos más difíciles de mi vida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley dirigió un funeral esa tarde e hizo todo lo que pudo para dar consuelo y condolencias a esa gente. Esa misma noche, partió en barco con sus acompañantes hacia Bora Bora. Algunos de los sobrevivientes les acompañaron hasta Tahití para recibir atención médica, entre ellos Claire Teriitehau, una enfermera no miembro de la Iglesia que había asistido a la dedicación de la capilla en Huahine. Durante el viaje, consintió en recibir una bendición del élder Hinckley, quien le dijo que debía unirse a la Iglesia y le explicó que el Señor necesitaba de ella. Poco tiempo después, fue bautizada .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras experiencias fueron igualmente impresionantes. Temprano en la mañana del 18 de septiembre de 1963, el presidente Henry D. Moyle falleció repentinamente. La noticia afectó mucho al élder Hinckley, quien lamentó la pérdida de ese consejero y amigo con quien había visitado tantas misiones en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El año 1963 trajo consigo algunos momentos difíciles, pero también otros de regocijo. Después de treinta meses de servir en Alemania, Dick regresó de su misión. Tanto como le había agradado ver que su hijo fuera al campo misional, al élder Hinckley le resultó aún más maravilloso su retorno. ¡Cuán velozmente había transcurrido el tiempo! Sus hijos parecían crecer con rapidez y, uno por uno, iban saliendo del hogar. Kathy ahora tenía una hija,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Virginia se había graduado de la escuela secundaria, Clark habría de graduarse en menos de dos años e iría entonces a una misión, y Jane en breve cumpliría diez años de edad. Resultaba asombroso pensar que aun su hija menor, quien había sido para él motivo de grandes alegrías, sólo quedaría con ellos unos pocos años más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el otoño de 1963, al prepararse para realizar otro viaje al Oriente, el élder y la hermana Hinckley decidieron llevar consigo a Jane. Como alumna del tercer grado escolar, ésta no tenía siquiera idea de lo que sus padres hacían cuando se ausentaban por varias semanas; sólo sabía que no le gustaba que la dejaran al cuidado de sus hermanas mayores o de alguna tía. Siendo la menor de la familia, Jane era quizás la que más sufría a causa del prestigio y la frecuente ausencia de su padre. La razón por que el élder Hinckley pensó en llevar con ellos a Jane era simple: "A su edad, el pasaje cuesta la mitad y es mejor que invirtamos el dinero en esta clase de actividad en lugar de gastar tanto en automóviles y otras cosas". El sábado 19 de octubre, cuando salieron con rumbo a Honolulú, comentó: "Jane estaba tan entusiasmada que apenas podía disimularlo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las experiencias más memorables de la gira ocurrió en Seúl durante una reunión dominical con sesenta soldados miembros de la Iglesia. El élder Hinckley escribió luego que muchos dieron su testimonio, y agregó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchar a esos hombres fue una de las experiencias más emocionantes de mi vida. Ahí estaban aquellos enérgicos militares, llorando al agradecer al Señor por el Evangelio, por sus familias y por uno y otro... El coronel Hogan, oficial ejecutivo de la Fuerza Aérea en la base de Taegu, sollozaba al hablar... Contó de cuando lo habían enviado a Corea y que en esa ocasión consideró renunciar a su cargo antes de dejar atrás a su familia. No parecía haber manera alguna de llevarla consigo. Pero algo sucedió de improviso y logró entonces llevar a sus seis hijos con él. Luego se puso de pie un joven de apellido Falconer y dijo que sabía por qué los Hogan habían ido a Taegu. Dijo que la familia Falconer... había orado para que otra familia miembro de la Iglesia fuera enviada allí a fin de poder organizar una rama...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un veterano capitán de artillería contó que había comenzado a abandonarse después de su traslado a Corea... Entonces el coronel Plant, quien había sido presidente de distrito para los miembros en servicio militar hasta hacía poco tiempo, lo visitó y ambos se arrodillaron [y oraron] juntos. Eso cambió el rumbo de su vida... Y así pasamos la mayor parte de tres horas en lo que llegó a ser una experiencia espiritual inolvidable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley concluyó diciendo: "Nunca antes había visto a un grupo de hombres en ningún lugar del mundo que pusieran de manifiesto tanto amor por la Iglesia. ¡Qué hermosa experiencia tuvimos esta mañana! Hay algo en Corea que me impresiona. Es el país más desolado y triste que conozco. Quizás sea por eso que siento tan intensamente el Espíritu del Señor cada vez que vengo aquí. Es la gratitud que tanto los misioneros como nuestros miembros militares tienen por el Evangelio. El contraste es tan grande y tan evidente".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tales experiencias no pasaron desapercibidas para Jane, quien pudo ver a su padre con ojos renovados cuando se reunían con los Santos. "Recuerdo haber sentido que papá amaba lo que estaba haciendo", dijo una vez. "Y pude ver el manto de su llamamiento sobre sus hombros. Aunque era muy niña, yo podía sentir algo especial cuando daba su testimonio del Salvador y manifestaba su amor por el profeta José Smith".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el élder Hinckley era indudable que la responsabilidad de promover la obra en Asia recaía pesadamente sobre sus hombros. Las oficinas generales de la Iglesia se hallaban al otro lado del mundo y algunos de los métodos tradicionales de la obra misional no eran muy eficaces entre las particulares culturas asiáticas. Todo lo que podía hacer era procurar la guía del Señor, arremangarse y poner manos a la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su determinación en cuanto a abrir nuevos caminos era evidente asimismo en otras áreas. Desde mediados de la década de 1930, cuando tuvo por primera vez la responsabilidad de ayudar a producir los programas de la Iglesia que se transmitían los domingos de noche por la estación KSL, había estado participando en la tarea de preparar materiales relacionados con el Evangelio para su difusión radiotelefónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su conexión con KSL se intensificó en 1957 cuando el presidente McKay lo designó, primeramente al directorio de la Corporación de Servicio Radiotelefónico de Utah (o KSL) y más tarde miembro de su comité ejecutivo. Juntamente con otros, había contribuido a que las transmisiones de las conferencias generales llegaran al público; la primera transmisión nacional tuvo lugar en abril de 1962.11 A principios de 1964 y al cabo de prolongadas negociaciones, la Iglesia adquirió las estaciones KIRO-TV y KIRO-Radio AM/FM en Seattle [estado de Washington], y el élder Hinckley fue designado director de esa compañía."19 Dos años antes, había participado también en la compra de la estación de onda corta WRUL en Nueva York (más tarde denominada WNYW), adquirida para facilitar trasmisiones a Europa y Sudamérica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1964, cuando llegó a ser aparente que la Iglesia continuaría adquiriendo medios de difusión, se creó la Corporación Internacional Bonneville (BIC) con el fin de que supervisara la administración de todas las entidades de radiodifusión. Como signatario de la incorporación de dicha compañía, el élder Hinckley fue nombrado vicepresidente, miembro de su directorio y miembro del comité ejecutivo.`20 En Bonneville, había que tomar toda una gama de decisiones y a medida que él y otros directores procuraban encontrar maneras apropiadas para expandir la influencia radiotelefónica de la Iglesia, fue haciéndose cada vez más evidente que la nueva tecnología iba a poner el mundo en sus manos de una manera nunca antes imaginada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley estaba ansioso por emplear la tecnología más creativamente para propalar el Evangelio. En primer lugar, estaba seguro de que la Iglesia necesitaba incrementar su utilización de los medios de difusión. Aun su experiencia en Asia le sugirió que el tiempo y el número de misioneros que se requerían para establecer contactos individuales con cada persona no era un método muy práctico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En noviembre de 1964, se dispuso a emprender un viaje que lo llevaría alrededor del mundo y que en el proceso le ofrecería una mayor idea de las vastas regiones que aún no habían recibido el mensaje del Evangelio. Él y Marjorie se privarían de festejar el día de acción de gracias con sus hijos y la sola idea de separarse de ellos en esa fecha tan emotiva apenó mucho a la hermana Hinckley. Pero el viaje era muy importante ya que visitarían países en los que el élder Hinckley nunca había estado antes y quería que ella lo acompañara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de visitar las ciudades naturalmente incluidas en su itinerario, el élder y la hermana Hinckley viajaron hacia el oeste, a países donde la Iglesia estaba todavía limitada a pequeños grupos de miembros esparcidos en diversos lugares. Con el presidente Jay Quealy y la hermana Quealy, de la Misión del Lejano Oriente Sur, viajaron a Bangkok donde se reunieron con algunos Santos de los últimos Días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Bangkok volaron a Saigón (que luego se llamaría Ciudad de Ho Chi Minh), donde unos sesenta miembros de la Iglesia les esperaban en un caliente y vaporoso cuarto de una escuela estadounidense. En tanto que trataba de dirigirle la palabra a una congregación compuesta mayormente de personal militar, aunque también participaban entre ellos dos conversos vietnamitas, una verdadera horda de insectos se treparon sobre el élder Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro viajeros continuaron hasta Singapur y de allí a la India, lo cual resultó serles una experiencia muy singular. En medio de la pobreza y el desaseo, conocieron a Paul Thirithuvodoss, un hombre que había escrito a la Iglesia pidiendo ser bautizado. A invitación suya, fueron en automóvil a visitar una escuela que tenía para niños desvalidos y asistir a una reunión religiosa para varios centenares de sus compañeros. Algunos batían tambores y tocaban en un órgano, todo lo cual hizo que el élder y la hermana Hinckley pensaran en una asamblea típica del Ejército de Salvación. A estos "pobres de la tierra", como los describió el élder Hinckley, Paul Thirithuvodoss les predicó un sermón de estilo pentecostal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que pedía repetidamente que tanto él como otros allí fueran bautizados, ello preocupaba mucho al élder Hinckley, quien luego escribió lo siguiente: "Me inquietaba mucho lo que había presenciado y no sabía qué hacer. Éstas son personas sinceras, pero fueron educadas a la manera pentecostal, que no concuerda con la nuestra... Realmente necesitamos la inspiración del Señor en cuanto a lo que debemos hacer aquí".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto a solas como con el presidente Quealy, el élder Hinckley le imploró al Señor que lo guiara. Finalmente, rehusó llevar a cabo la ordenanza, recomendando en lugar de ello que se enviaran misioneros a fin de que enseñaran a Paul y a los demás. En su diario personal escribió que ésa no fue una decisión fácil de tomar. "Nos despedimos de [Paul] y de sus amigos con verdadero afecto en nuestro corazón, especialmente por él... Iré a dormir un tanto preocupado por no haber efectuado la ordenanza para él, pero completamente satisfecho por el bien que hemos logrado al venir aquí y por saber que los resultados finales estarán muy... en armonía con la voluntad del Señor".` Paul fue bautizado tiempo después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la India, los Hinckley se despidieron de los Quealy y volaron al Cercano Oriente, haciendo escala en Beirut para reunirse con un pequeño grupo de miembros y continuar luego hasta Jerusalén. Éste fue su primer viaje a la Tierra Santa, donde se maravillaron al andar por las huellas de la historia en Gólgota, el Monte de los Olivos y otros lugares importantes relacionados con la vida y el ministerio del Salvador. El élder Hinckley pudo sentir poderosamente la presencia de Aquel que vivió y murió allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Jerusalén volaron a Atenas. El élder Hinckley anhelaba poner pie sobre el Areópago, el cerro desde donde Pablo predicó su famoso sermón acerca del Dios no conocido. Luego, exactamente seis días antes de la Navidad, los Hinckley arribaron a Frankfurt (Alemania), donde les esperaban el élder Ezra Taft Benson y la hermana Benson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de salir hacia el aeropuerto para emprender su viaje a través del Océano Atlántico, el élder Hinckley dictó algunos pensamientos de bendición acerca de su gira alrededor del mundo: "Cuando lleguemos esta noche a Salt Lake City, habremos circundado el globo... Ello ha sido una experiencia inspiradora. He entrevistado a 479 misioneros [y] he conocido a muchos Santos... He escuchado su testimonio y sentido su espíritu, y mi propia fe se ha fortalecido y mi propio testimonio se ha reforzado. Ciertamente que Dios vive y que Jesús es el Cristo. Por cierto que ésta es Su obra, y es bueno estar embarcado en ella".'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-1192870646331450567?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/1192870646331450567/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=1192870646331450567' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1192870646331450567'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/1192870646331450567'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/el-ouorum-de-los-doce.html' title='EL OUORUM DE LOS DOCE'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-3753517121415535003</id><published>2008-01-28T13:52:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T22:34:58.085-07:00</updated><title type='text'>EL PROGRESO EN ASIA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 1 5&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;En los Estados Unidos, la década de 1960 fue verdaderamente volátil, una 'época de altibajos, de triunfos y de tragedias. El presidente de la nación [John F. Kennedy] fue asesinado el 22 de noviembre de 1963; algunos focos de la llamada guerra fría entre países del Este y del Oeste amenazaban con estallar; e indignados estudiantes universitarios, los partidarios del feminismo y los negros se habían determinado a desafiar la situación reinante y demandaban la atención de la nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero a pesar de que proliferaban los grupos de intereses particulares que se oponían a todo lo que representara una institución tradicional o un estilo particular de vida, la Iglesia continuó progresando en el país y en el extranjero. Durante 1963, los miembros de la Iglesia sumaron más de dos millones y parte del resultado se produjo en el Lejano Oriente y en la región del Pacífico Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En julio de 1965, el élder Hinckey voló a Hawai para participar en un acontecimiento histórico. En un viaje de más de once mil kilómetros y que se considera como la más extensa excursión de su tipo en la historia de la Iglesia, 131 miembros adultos y 29 niños volaron desde Japón hasta Hawai para asistir al templo. La obra completa del templo estaba ahora disponible por primera vez en el idioma japonés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reunión del élder Hinckley con sus amigos japoneses en Hawai fue una ocasión jubilosa. Durante varios días efectuó sellamientos, participó en la instrucción correspondiente a la obra del templo, se sacó fotografías con gozosas familias y percibió en el rostro de sus buenos amigos la satisfacción de haberse unido con sus seres queridos para toda la eternidad. Mientras se hallaba en Hawai, también asistió a una reunión en honor del nuevo presidente de la Misión del Lejano Oriente Norte, Adney Y Kumatsu, un miembro japonés nacido en Hawai que era el primero de su raza en ser llamado como presidente de misión.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tales eventos eran fruto de la obra misional y aunque el élder Hinckley ya había sido relevado del cargo de administrar los asuntos diarios del departamento, continuaba sirviendo como Director General del Comité Misional del Sacerdocio. En consecuencia, le correspondía encargarse de los difíciles problemas de administración relacionados con el creciente programa. A fines de 1965, por ejemplo, preparó presupuestos para la operación del Departamento Misional, el viaje de los misioneros y otros asuntos pertinentes en todas las misiones a través del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca comenzó ese proceso anual sin recordar el primer presupuesto que había preparado en 1938 a pedido del presidente J. Reuben Clark, hijo. Aquel año, había presupuestado 85.000 dólares para todo el Departamento Misional y el presidente Clark lo cuestionó por ser demasiado extravagante. Ahora, el presupuesto anual del departamento alcanzaba a millones de dólares.' Cuando el Consejo Encargado de la Disposición de los Diezmos revisó su última propuesta, las Autoridades Generales aprobaron el presupuesto misional sin cambiar siquiera una sola cifra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros problemas del programa misional no se encararon tan rápidamente. La intensificación del conflicto bélico en Vietnam había incrementado la necesidad de que el gobierno reclutara un número mayor de jóvenes para el servicio militar. Una vez más, el élder Hinckley debió negociar personalmente con los oficiales de los Servicios de Reclutamiento la situación de los jóvenes miembros de la Iglesia que eran candidatos para servir como misioneros y también para el servicio militar obligatorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como antes, no encontró soluciones fáciles. Al cabo de numerosas reuniones con dichos oficiales, incluso con el general Lewis B. Hershey, quien continuaba siendo el Director Nacional, la Primera Presidencia emitió una carta fechada el 22 de septiembre de 1965, en la cual anunciaba una nueva cuota para misioneros: se permitía un misionero por barrio cada seis meses, autorizándose la transferencia de las cuotas de barrios y ramas dentro de las estacas y los distritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los problemas relacionados con el servicio militar obligatorio sólo fueron empeorándose a lo largo de la duración de la Guerra de Vietnam. Se trataba de un asunto emocional al revivir sentimientos pasados en cuanto a los esfuerzos de producir un delicado equilibrio entre los requisitos del gobierno y los de la Iglesia. En ocasiones, este conflicto hacía que el élder Hinckley se sintiera aislado y hasta incomprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondiendo a un memorándum del élder Harold B. Lee al Comité Ejecutivo Misional sobre quejas relacionadas con el sistema de cuotas, el élder Hinckley presentó a los Doce una detallada reseña del problema. "Me sobrevino una gran preocupación", escribió luego en su diario personal. "Tuve la impresión de estar presentando un caso ante un jurado hostil. Describí el tema desde cada punto de vista y traté de considerar todo posible interrogante. El Señor me bendijo, porque cuando terminé no recibí crítica alguna sino gran aprecio. Marion G. Romney fue particularmente elogioso y dijo, 'Al escucharlo, pensé que usted se había educado en jurisprudencia—.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de tales frustraciones, el élder Hinckley se dedicó por entero a su trabajo, agradecido de poder hacerlo. A fines de 1965, llegaron a su oficina cuatro ejemplares de la nueva traducción del Libro de Mormón en el idioma chino. Sin demora, le llevó uno de ellos al presidente McKay, a quien le encantó el regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando algo después se llevó a cabo la presentación oficial del mismo, éste contenía en parte las siguientes palabras: "El Libro de Mormón está ahora disponible en el idioma que constituye la lengua natal del pueblo más numeroso de la tierra. Quiera el Señor que se disemine entre ellos como un testimonio del Hijo de Dios, el Salvador del Mundo. Con sincero respeto y profunda estima, Gordon B. Hinckley".° El presidente McKay tomó de la mano a su colega y le dijo afectuosamente: "Usted ha hecho una gran obra en esa parte del mundo. El Señor lo ha bendecido y continuará bendiciéndolo"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante una extensa gira por Asia en 1966, el élder Hinckley dedicó nuevas capillas en Corea, Japón y las Filipinas. Tal experiencia le colmó de emociones. Aunque el crecimiento de la Iglesia en Asia era infinitesimal en comparación con el número de personas a quienes era necesario llegar, se produjo un considerable progreso en los seis años que el élder Hinckley había visitado el Oriente. Doquiera que iba, agradecía a la gente por su fidelidad y su afanosa labor.&lt;br /&gt;En Hong Kong, el élder Marion D. Hanks, del Primer Consejo de los Setenta, y su esposa Maxine, se encontraron con los Hinckley y desde allí el presidente Keith Garner, de la Misión del Lejano Oriente Sur, acompañó a ambos hermanos en una gira a Vietnam para que visitaran a los militares miembros de la Iglesia destacados allí. Los tres oficiales de la Iglesia aterrizaron en el aeropuerto Tan San Nhut, en Saigón. Al descender del avión, el élder Hinckley saludó al comandante Allen C. Rozsa, presidente de la Zona Sud Vietnam de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de una breve conversación, el comandante Rozsa le pidió al élder Hinckley que firmara una nota eximiendo de toda responsabilidad al personal militar estadounidense mientras se encontraran en Vietnam. Ése fue un comienzo muy impresionante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El comandante Rozsa había dispuesto un avión C-47 de la Fuerza Aérea Vietnamita (tripulado por norteamericanos) para llevar a los líderes de la Iglesia por todo el país. Abordaron entonces la aeronave y se ajustaron los cinturones de seguridad en incómodos asientos tipo canastos a los costados del compartimiento de carga. Una vez que el avión hubo despegado, el élder Hinckley notó unos estantes en los que había unos trajes de faena camuflados y equipos de emergencia, y pensó que quizás no sabría qué hacer con esas cosas si llegara el momento de tener que utilizarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando le preguntó al comandante Rozsa si se hallaban volando sobre regiones seguras, el oficial respondió: "Estamos a salvo en tanto que nos mantengamos alejados del campo de acción del enemigo". El élder Hinckley conservó su tranquilidad hasta el momento en que uno de los motores del avión empezó a fallar. "En tales circunstancias", reconoció después, "acuden a la mente extraños pensamientos. Nuestro espíritu pareció revivir cuando el motor volvió a funcionar normalmente". Al aproximarse a la localidad de Da Nang, el comandante Rozsa le advirtió al élder Hinckley que si habían de ser atacados, eso sucedería durante el aterrizaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Da Nang, los líderes de la Iglesia fueron recibidos por el comandante de la base y llevados luego a una capilla improvisada en Quonset, donde se encontraban más de cien soldados Santos de los últimos Días. Lo que experimentaron allí habría de quedar grabado para siempre en la mente del élder Hinckley. Vestidos en trajes de faena y con barro seco en sus botas, los soldados habían llegado desde Rock Pile y Marble Mountain, a lo largo de la zona desmilitarizada, donde la lucha era encarnizada y el vahido de la muerte impregnaba el aire. Al entrar en la capilla, colocaron sus rifles automáticos sobre los dos bancos posteriores y se sentaron, la mayoría de ellos con pistolas sobre la cadera derecha y cuchillos sobre la izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres soldados miembros de la Iglesia habían muerto la semana anterior y el élder Hinckley dio comienzo a la reunión con un servicio recordatorio y luego invitó a todos los que desearan hacerlo a expresar su testimonio.&lt;br /&gt;Durante su discurso, les ofreció también que, si querían, al regresar llamaría a sus seres queridos. Casi todos los soldados anotaron un número telefónico en una simple hoja de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su diario personal, el élder Hinckley se lamentó diciendo: 'Fue una experiencia maravillosa y deprimente a la vez estar junto a aquellos buenos jóvenes, hombres que poseían y honraban el sacerdocio, hombres que cumplían valientemente con su deber como ciudadanos de su país pero que preferirían estar haciendo alguna otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hablar con ellos pensé que más bien tendrían que estar yendo a la universidad... en lugar de patrullar senderos peligrosos en la obscuridad de las junglas asiáticas, donde la muerte ocurre tan rápida, callada y trágica... Éstos son muchachos provenientes de buenos hogares donde las sábanas están limpias y las duchas son calientes, quienes ahora transpiran noche y día en esta tierra afligida, quienes son objeto de ataques y que contraatacan, quienes han podido ver heridas palpitantes en el pecho de sus camaradas y que han tenido que matar a quienes de otro modo los matarían a ellos. No pude menos que pensar en la terrible desigualdad de sacrificios que forma parte de la causa por la libertad humana".'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, el élder Hinckley y su comitiva abordaron su avión y volaron a Nha Trang donde llevaron a cabo una reunión muy similar a la que tuvieron la noche anterior. Luego regresaron a Saigón y allí se reunieron con unos 200 miembros y amigos de la Iglesia en la terraza del Hotel Caravelle para dedicar la tierra de Vietnam del Sur para la predicación del Evangelio. Con el sonar de los morteros y cañones a la distancia, el élder Hanks ofreció la oración dedicatoria, en la que reconoció la función que los soldados poseedores del sacerdocio habían cumplido en traer el Evangelio a los nativos vietnamitas y suplicó al Señor que llegara al corazón de los líderes y diera término al conflicto bélico.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, al partir de Saigón, el élder Hinckley llevaba en su mente el recuerdo impresionante de aquellos con quienes se había reunido en las últimas cuarenta y ocho horas. Pensaba en ese joven procedente de una pequeña población rural que le contó haber presenciado el momento en que murieron sesenta y ocho de sus camaradas, y también en los soldados que habían contribuido parte de su salario -más de 3.000 dólares provenientes de los hermanos de la Rama Saigón en un solo domingo- al fondo para construcción de capillas que jamás habrían de ver o utilizar. El élder Hinckley sentía un profundo respeto por aquellos buenos hombres que, aun en medio de la guerra, enseñaban el Evangelio por medio del ejemplo y del precepto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres líderes del sacerdocio volvieron a reunirse con sus respectivas esposas en Bangkok, donde el élder Hinckley dedicó la tierra de Tailandia para la predicación del Evangelio. Un poco más tarde ese día, él y sus colegas se reunieron con el Ministro de Educación y Religión quien, al cabo de una acalorada discusión, consintió en autorizar la entrada de misioneros al país, aunque bajo condiciones sumamente estrictas. Desde Tailandia, los Hinckley, los Hanks y los Garner volaron a la India, donde el élder Hinckley y su esposa se despidieron de sus compañeros de viaje para continuar hasta la Tierra Santa y desde allí de regreso a su hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al viajar hacia el Occidente, el élder Hinckley reflexionaba acerca de todo lo que había experimentado durante las cinco semanas anteriores-los testimonios manifestados en medio del conflicto bélico, los países abiertos para la predicación del Evangelio, la fidelidad de aquellos miembros tan separados de las congregaciones de Santos de los últimos Días-todo lo cual fortalecía aún más su propia fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, se sentía conmovido por el progreso de la obra en Asia. Ya se perfilaban los líderes locales y podía identificar a varios hombres que habrían de ejercer una considerable influencia en sus respectivos países. Se habían dedicado muchos edificios y ya para el año siguiente se publicaría el Libro de Mormón en el idioma coreano. El élder Hinckley creía estar presenciando el cumplimiento de la profecía de que el Evangelio restaurado habría de ser llevado a los confines de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie y Gordon estaban también presenciando en ese entonces grandes cambios en su familia. Dick había regresado de la misión, se había graduado de la Universidad de Utah, se había inscripto en la facultad de graduados de la Universidad de Stanford, y acababa de anunciar sus planes matrimoniales con Jane Freed. Clark, por su parte, se había graduado de la escuela secundaria y se estaba preparando para ir a una misión y Jane pronto entraría en la adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En septiembre de 1965, Virginia se había casado con James Pearce, evento que produjo la repentina actividad de remodelar la casa a medida que los Hinckley se preparaban para la recepción de bodas en el patio. Agregaron un atrio, ampliaron los jardines y remodelaron la cocina. En marzo de 1967, Clark ingresó en el Centro de Capacitación Misional para ir luego a la Misión Argentina del Norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al aproximarse la fecha del casamiento de Dick, Marjorie se consolaba pensando que, esta vez, las celebraciones no habrían de requerir un reacondicionamiento mayor del patio o de la casa, siendo que la recepción se realizaría en el hogar de los padres de la novia. Su alivio duró muy poco, sin embargo. Cuando ella y Gordon decidieron ofrecer un desayuno matrimonial en su propio hogar y se dieron cuenta de que el comedor no era suficientemente grande para acomodar a tantos invitados, él determinó cuál había de ser la lógica solución del problema. Cerraría el patio, agregaría una chimenea para realzar el lugar y removería la pared existente entre el comedor y el patio a fin de poder tender largas mesas en un solo ambiente. Al fin y al cabo, él podría reconstruir todo eso después de la fiesta. Como de costumbre, la última mano de pintura se dio la noche antes del acontecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 11 de abril de 1967, cuando el élder Hinckley salió nuevamente con rumbo al Oriente, no lo hizo en compañía de Marjorie. Le había mencionado al presidente McKay que ningún miembro de la Primera Presidencia había visitado Asia hasta ese entonces, y le preguntó si consideraría hacer una asignación tal. En consecuencia, el Profeta le pidió al presidente Hugh B. Brown que fuera con el élder Hinckley en una gira por el Oriente. Y sabiendo que tendría que dedicar toda su atención al presidente Brown, pensó que sería mejor que Marjorie permaneciera en casa.Este viaje llevó al presidente Brown y al élder Hinckley a los principales centros metropolitanos del Oriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley tomó toda posible precaución para que aquel hombre de ochenta y tres años de edad, el primer consejero del presidente McKay, estuviera lo más cómodo posible, asegurándose de obtener servicios de primera clase en vez de los de segunda que por lo general reservaba para él mismo. Grandes números de miembros y misioneros esperaban en todas partes para recibir a estos dos líderes de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En varias ocasiones, el presidente Brown profetizó en cuanto a futuros acontecimientos. En una conferencia en Japón, ocurrió una experiencia particularmente inolvidable. El élder Hinckley fue inspirado a declarar que muy pronto habría estacas en Japón, pero quee ello dependería de la fidelidad de los jóvenes. El presidente Brown después profetizó que algunos de los que se hallaban presentes allí llegarían a ver que un hombre japonés ocuparía un cargo en los consejos rectores de la Iglesia. "No sé cuándo habrá de ocurrir", dijo. "Yo no viviré para verlo, pero algunos de ustedes, los jóvenes, lo verán. Y siento que debo predecirlo en el nombre del Señor".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego agregó que también vivirían hasta poder ver la aparición de nuevos anales, que el Evangelio se predicaría a los rusos en su propia tierra y la asignación de misioneros japoneses a la gente de naciones circunvecinas. Esa noche, el élder Hinckley analizó con su líder los eventos del día. "Le dije al presidente Brown que, aunque lo hacía con cierta vacilación, yo presentía que él no llegaría a ver el cumplimiento de lo que había predicho, pero que yo sí, y que el Señor me había enviado allí para que me familiarizara con esta gente y me preparara para cuando fuera a cumplirse", escribió en su diario personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era fácil creer que el élder Hinckley había supervisado la obra en Asia durante casi una década. Habría sido imposible saber en 1960 cuán profundamente habían influido en él los pueblos de ese vasto continente. Tampoco habría podido prever la manera en que él les fortalecería el espíritu a la gente con que trabajó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, después de que las lluvias del monzón precipitaron una verdadera cascada de agua en un desfiladero cercano a la casa de la misión en Seúl destruyendo, a la vez, propiedades y el ánimo de la gente, el informe que el presidente Spencer J. Palmer de la Misión Coreana envió al élder Hinckley manifestaba una cierta actitud desalentada. El élder Hinckley le respondió inmediatamente por correo: "Hemos recibido su carta del 22 de julio de 1966 con respecto a la inundación que ha anegado las propiedades de la casa de la misión. Es indudable que ésa ha sido una terrible experiencia y evidentemente costosa. Quizás le interese saber que la noche antes de la dedicación del Templo de Londres experimentamos allí una inundación de serias proporciones. Yo anduve con el agua hasta la cintura con otras personas para desagotarla, lo cual nos llevó varias horas. Sólo quiero sugerirle que su experiencia no es algo exclusivo de Corea. Noé debió pasar momentos aún peores. Le saluda atentamente, su hermano".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Él siempre esperaba que enfrentáramos los problemas sin desanimarnos", explicó el presidente Palmer. "Bajaba cada vez del avión listo para trabajar y su disposición positiva y frecuentemente humorística ante las dificultades resultaba ser como bálsamo de Galilea. Era como una unción para todos nosotros a quienes los problemas nos parecían a veces demasiado grandes".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adney Y. Komatsu tuvo experiencias similares y dijo: "Una de las cosas que yo apreciaba en cuanto al élder Hinckley era que nunca en mis tres años [como presidente de misión] me criticó ni siquiera una sola vez, a pesar de mis debilidades... Y eso me animaba. En cada ocasión en que nos visitaba..., yo pensaba: 'Esta vez me va a recriminar por no haber enviado el informe a tiempo o por no haber cumplido bien con el programa'. Pero siempre que descendía del avión, me tomaba de la mano como si estuviera bombeando agua de un pozo con gran entusiasmo y decía: 'Bien, presidente Komatsu, ¿cómo andan las cosas? ...Usted está haciendo un trabajo muy bueno'. Y me alentaba de esa manera... No iba para contarme en cuanto a debilidades que yo conocía ya muy bien" .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los frecuentes viajes del élder Hinckley a los países del Oriente fueron familiarizándolo y ofreciéndole un conocimiento práctico del continente que en aquellos días era extraño para los norteamericanos. Cuando algunos dignatarios, líderes y expertos relacionados con asuntos asiáticos visitaban las oficinas generales de la Iglesia, casi siempre se reunían con él. El doctor Ray C. Hillam, profesor de ciencia política de la Universidad Brigham Young, escribió lo siguiente acerca de una de esas reuniones: "Durante los últimos años de la década de 1960... acompañé a Robert Scalapino, un profesor de la Universidad de California Berkeley educado en Harvard, a la oficina del élder Hinckley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Scalapino acababa de ofrecer una disertación sobre Asia en la Universidad Brigham Young y era quizás, en esa época, el más destacado erudito del país en la materia. Aquélla fue una visita cordial. El élder Hinckley lo escuchó atentamente, le hizo algunas preguntas y también varios comentarios. Conversamos por casi una hora. Al salir del edificio, Scalapino me preguntó: '¿Quién era ese tío? Tiene una comprensión realmente histórica... Ha leído mucho sobre Asia... ¿Están todos los líderes de su Iglesia tan bien informados?`&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de sus frecuentes viajes a Asia, el élder Hinckley continuó atendiendo numerosas responsabilidades. En noviembre de 1967, por ejemplo, se reunió con la Primera Presidencia para mostrarles una nueva película del templo, un proyecto que había supervisado durante varios meses. También se mantuvo afanosamente envuelto en el programa misional. En un período de 24 horas, por ejemplo, estuvo relacionado con el caso de un misionero excomulgado por razones de transgresión moral y con la familia de otro que había muerto en un trágico accidente automovilístico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo día tuvo que asistir como principal Autoridad General a una reunión del Comité Misional, al cabo de la cual debió asumir la responsabilidad de llamar a varios jóvenes como misioneros. "Ésta es una de las tareas que me intimidan, dada la enorme responsabilidad que implica", escribió una vez. "He vivido tanto tiempo y tan íntimamente relacionado con el programa misional, que creo tener un serio concepto en cuanto a la importancia de la designación de un misionero, no sólo a un área determinada sino más particularmente al liderazgo bajo el cual habrá de trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que he tenido que encarar esta tarea, le he suplicado al Señor que me guiara y he tratado de escuchar el susurro del Santo Espíritu al hacer tales asignaciones. Sé que los mismos candidatos a misioneros, sus padres y sus seres queridos han ofrecido muchas oraciones, y esa veces aterrador reconocer que soy el instrumento mediante el cual manifestará el Señor una respuesta a esas oraciones".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No teniendo ya que viajar tanto antes de terminar el año 1967, el élder Hinckley se alegró al ver que, de vez en cuando, podría dedicar algunos días a trabajar en su jardín. Fue un verdadero alivio para él, después de haber vestido traje y corbata una semana tras otra, ponerse nuevamente sus viejas ropas de trabajo para entregarse a tareas físicas en el aire fresco y vigorizador a fines del otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cada nueva estación, sin embargo, comenzó a pensar seriamente por cuánto tiempo habrían de permanecer él, Marjorie y Jane en East Millcreek. Dos días antes de la Navidad, pasó horas limpiando cosas afuera y sacando la nieve de las aceras. "Sé que me estoy volviendo viejo", dijo, "porque ya no me gusta este tipo de tareas. No sé cuánto más podré atender este lugar. En el invierno, siento a veces el deseo de mudarme a un apartamento".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había otras evidencias de la marcha del tiempo. A fin del año, meditó en cuanto a la vida según ahora la percibía: "Marge y yo nos estamos sintiendo viejos. Tenemos cuatro nietos y varios cabellos grises. Es un sentimiento de melancolía y sin embargo es algo agradable y satisfactorio ver que nuestros hijos son ya mayores y continúan firmes en la fe... Para nosotros, éste ha sido un año maravilloso y esperamos con anhelo que 1968 sea aún mejor".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás presentía que los días futuros prometían ofrecerle en conjunto totalmente nuevo de oportunidades y cometidos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-3753517121415535003?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/3753517121415535003/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=3753517121415535003' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/3753517121415535003'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/3753517121415535003'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/el-progreso-en-asia.html' title='EL PROGRESO EN ASIA'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-743676936293004884</id><published>2008-01-28T13:46:00.002-08:00</published><updated>2008-03-11T22:27:04.731-07:00</updated><title type='text'>NUEVAS TIERRAS NUEVOS DESAFÍOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;CAPITULO 16&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Además de ejercer gran influencia en países lejanos, el élder Hinckley también había dejado su marca en su localidad. Desde los primeros días de Utah como territorio, la Iglesia había soportado los ataques tanto de personas no miembros como de miembros resentidos con respecto a cuestiones sociales y morales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la primavera de 1968 volvió a surgir un renovado sentimiento en contra de la Iglesia, particularmente en Salt Lake City, cuando un grupo de ciudadanos prominentes lanzaron una intensa y persuasiva campaña procurando legalizar la venta de bebidas alcohólicas al mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los proponentes de esta medida, un grupo de ciudadanos muy bien organizados, no demoraron en convencer a un gran número de adherentes de que las leyes estatales relacionadas con el control de las bebidas alcohólicas restringían el turismo, catalogaban a Utah como un lugar provinciano y fomentaban la venta ilícita de bebidas alcohólicas. En el término de pocas semanas, más de cuarenta mil personas habían firmado una petición agregando un referéndum al sufragio y las primeras encuestas indicaron que dos tercios de los votantes estaban a favor de tal medida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los líderes de la Iglesia estaban profundamente preocupados en cuanto al asunto, convencidos de que significaba serias inferencias morales. Basándose en el precedente establecido en otros estados que ya habían legalizado la venta de bebidas alcohólicas al mostrador, creían que el fácil acceso a las mismas conduciría a un aumento en el costo de los servicios de ayuda social, los crímenes y los accidentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de analizar extensamente la cuestión, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce decidieron contrarrestar activamente la propuesta y asignaron al élder Hinckley la tarea de programar la oposición de la Iglesia. Sin demorarse, él entonces consultó a su gran amigo Wendell J. Ashton, un ejecutivo en publicidad, para que le ayudara a planear la estrategia a seguir en oposición al referéndum. juntos determinaron que, siendo que la cuestión afectaba a la población en general, sería imposible derrotar la iniciativa sin el apoyo ecuménico; en consecuencia, hablaron con ciudadanos prominentes y ministros de varias religiones a fin de que la campaña fuera de naturaleza multilateral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios líderes respetables de la comunidad no miembros de la Iglesia se unieron al Comité de Ciudadanos de Utah contra la Venta de Bebidas Alcohólicas al Mostrador. Aunque el élder Hinckley no integraba dicho comité, participó activamente en organizarlo y realizó en su oficina varias reuniones preliminares sobre la estrategia a seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de mayo, recomendó que el presidente McKay publicara en el periódico Deseret News una declaración para explicar a los miembros de la Iglesia la posición de sus líderes en cuanto al asunto, y el presidente McKay así lo hizo. Entonces, el élder Hinckley convocó una reunión de Representantes Regionales y les encomendó la tarea de alentar a los líderes locales del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro a fin de que diseminaran la información acerca de las bebidas alcohólicas y que identificaran a los ciudadanos que estuvieran dispuestos a hablar en contra del proyecto de ley en los clubes locales y grupos comunitarios. "Estamos encarando una verdadera batalla y si nos ganan no será porque no hayamos tratado. Vamos a hacer todo lo que podamos para vencer", dijo el élder Hinckley a los líderes allí congregados. "Sabemos que el Señor está de nuestra parte en esto y es hora de que nos pongamos de pie para ser reconocidos. Yo he escuchado al Profeta hablar sobre esta cuestión y eso es todo lo que necesito saber".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reacción general en cuanto a la participación de la Iglesia en el asunto fue inmediata y muy emotiva, y la comunidad no demoró en dividirse con respecto a uno de los argumentos más graves que con los años surgieron en Utah. Aunque él prefería permanecer entre bastidores, al élder Hinckley se lo identificó como el principal representante de la Iglesia y por consiguiente fue blanco de los críticos que resentían que la Iglesia interfiriera en una cuestión de índole "política". Los que proponían la reforma descargaban directamente en él sus frustraciones y dirigían sus ataques e insultos contra su persona. Algunos llegaron al colmo de amenazarlo si él y la Iglesia no abandonaban su posición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pedido de las Autoridades Generales, el élder Hinckley habló por los medios de difusión la noche antes de las elecciones apelando a quienes aún permanecían indecisos en cuanto al asunto. Estaba agotado a raíz de las exigencias de la campaña y no recibió de buena gana la asignación, pero una vez más explicó así el razonamiento en que se basaba la participación de la Iglesia: "Por supuesto que la Iglesia ha levantado su voz. La Iglesia ha declarado su oposición con claridad y franqueza. Tenía el deber de hacerlo. En primer lugar, el problema no fue planteado por nosotros. Pero una vez que se lo planteó, la Iglesia no habría cumplido con su obligación si hubiese permanecido en silencio. Ésta es una cuestión moral". Al día siguiente los votantes rechazaron el proyecto de leycasi dos a uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La asignación encomendada al élder Hinckley, aunque a veces le causaba exasperación, fue en realidad hecha a la medida para él. A través de los años había demostrado ser elocuente e imbatible ante cualquier ataque. Reflejaba e inspiraba confianza sin aparentar ser arrogante y se relacionaba muy bien con personas no miembros de la Iglesia. Por tales razones, con frecuencia recibía la responsabilidad de bosquejar la posición oficial de la Iglesia en cuestiones problemáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La década de 1960 dio comienzo a una época de grandes inquietudes de naturaleza racial. La Iglesia, cuya doctrina no permitía entonces que los de raza negra recibieran el sacerdocio, pasó obviamente a ser acusada de discriminación. Tanto los miembros como quienes no lo eran presionaban a los líderes de la Iglesia para que, por lo menos, aclararan la situación o aun abolieran tal restricción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 7 de marzo de 1965, trescientas personas manifestaron frente al Edificio de la Administración de la Iglesia demandando que ésta se declarara en favor de los derechos civiles. El programa de deportes de la Universidad Brigham Young fue incesantemente criticado como símbolo evidente del conflicto. En los años 1968 y 1969, los deportistas de varias instituciones educacionales se negaban a competir con los de la Universidad Brigham Young.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A fines de 1969, el élder Harold B. Lee determinó que había llegado la hora de que la Iglesia explicara su norma sobre el particular y le pidió al élder Hinckley que formulara una declaración en cuanto a los derechos raciales y de igualdad civil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El proyecto era muy delicado y mentalmente agobiante, pero el élder Hinckley preparó un documento que finalmente se publicó como declaración oficial de la Iglesia. Firmado por los presidentes Hugh B. Brown y N. Eldon Tanner, la declaración fechada en diciembre de 1969 reafirmó la convicción de la Iglesia de que todos los ciudadanos estadounidenses merecían los derechos garantizados por la Constitución, pero que las prácticas religiosas eran un asunto diferente. En una Iglesia fundada y dependiente en la revelación, la cuestión de quienes habrían de poseer el sacerdocio era prerrogativa de Dios: "Desde el principio de esta dispensación, José Smith y todos los que le sucedieron como presidentes de la Iglesia han enseñado que los de raza negra, aunque son hijos espirituales del mismo Padre y progenie de nuestros padres terrenales Adán y Eva, no habrían de recibir todavía el sacerdocio por razones que creemos sólo Dios conoce pero que aún no ha dado a conocer a los hombres... Si fuéramos los líderes de una institución creada por nosotros mismos y gobernada en base a nuestra propia sabiduría terrenal, sería muy simple proceder de conformidad con la voluntad popular. Pero nosotros creemos que esta obra es dirigida por Dios y que para conferir el sacerdocio debemos esperar Su revelación. Hacerlo de otra manera significaría negar el fundamento mismo sobre el cual la Iglesia fue establecida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de su articulada construcción gramatical, la declaración no puso fin a las críticas raciales contra la Iglesia. Ésa fue solamente una de las tantas asignaciones que obligaron al élder Hinckley a considerar metódicamente los temas relacionados con la total incorporación de todos los miembros a las filas de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso de ocho años, el élder Hinckley había realizado más de veinte viajes al Oriente y ocupado el equivalente de dos años completos recorriendo esos países. Entonces, durante una gira asiática en la primavera de 1968, tuvo el presentimiento de que ésa sería la última que haría por mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En junio [de ese año], fue relevado de sus funciones como supervisor del Oriente y asignado a trabajar en Sudamérica. Siendo que Clark se hallaba sirviendo en Argentina, el élder y la hermana Hinckley recibían con regularidad los informes que su hijo les enviaba en cuanto a la obra allí, pero habían visitado esa parte del continente sólo una vez. El élder Hinckiey sabía que existía una estaca en Sáo Paulo (Brasil), una en Buenos Aires (Argentina), y una en Montevideo (Uruguay);4 Aparte de eso, era muy poco lo que conocía en cuanto a la tierra que se extiende desde Venezuela al norte hasta el Cabo de Hornos en el extremo sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley aceptó la asignación con determinado desconcierto. Anhelaba familiarizarse con otra parte del mundo, pero en Asia se sentía como en su propio hogar. La primera vez que fue allá había tenido dificultad aun para identificar a unos y otros entre los santos orientales, pero con el correr de los años todos ellos pasaron a ser estimados amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él había dado su testimonio ante grandes y pequeños grupos, en capillas improvisadas y en las chozas de Quonset con el resonar de tiroteos que a lo lejos se dejaban oír en plena noche. Había soportado un sofocante calor en Manila, las lluvias del monzón en Corea y un frío amargo en el norte de Japón. Sin embargo, le era difícil imaginar que podría pasar mucho tiempo antes de que volviera a cruzar otra vez el Océano Pacífico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas, por el momento, dedicó toda su atención a Sudamérica. Su breve experiencia allá le sugería que, aunque la Iglesia era todavía pequeña, esas naciones poseían la promesa de una fructífera cosecha misional. A fines de noviembre de 1968, realizó la primera de una serie de visitas a Sudamérica.En ese viaje, dividió la única estaca de Brasil, dirigió un seminario con los presidentes de las diez misiones sudamericanas y dedicó una capilla en Argentina donde su hijo Clark servía como misionero con el élder Richard G. Scott como presidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cada viaje que emprendía a Sudamérica, la admiración y el amor que el élder Hinckley sentía por los santos iba incrementándose. Muchos de ellos luchaban denodadamente por ganarse la vida, pero de una nación y congregación a otra se admiraba ante la fidelidad de hombres y mujeres que parecían estar investidos de un extraordinario grado de fortaleza y sensibilidad espirituales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando no se hallaba embarcado en algún viaje, el élder Hinckley disfrutaba mucho al tener la oportunidad de participar en reuniones espirituales y trabajar con los hermanos de su quórum, en el que se manifestaba una camaradería tal como nunca había experimentado. Sus conversaciones carecían por completo del dramatismo, la presunción o el politiqueo que suele verse en los consejos gobernantes de muchas instituciones. Por el contrario, cada vez que suplicaban la guía del Señor, el Espíritu los inspiraba con tal generosidad que no tenía palabras para describir lo que experimentaba o sentía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Existe una extraordinaria hermandad en el quórum", explicó una vez. "Yo tenía libertad para hablar sobre cualquier asunto, a pesar de ser el miembro más nuevo. He ahí un grupo de doce hombres quince, cuando nos reuníamos con la Primera Presidencia-cada uno de ellos procedente de diferentes ambientes, representando diferentes puntos de vista y con variadas experiencias en la Iglesia. Por supuesto que se manifestaban diferentes puntos de vista en cuanto a muchos temas, pero se esperaba que habláramos con toda franqueza. Para eso estábamos ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No obstante, nunca hubo animosidad alguna en el consejo", continuó diciendo, "gracias a lo cual podíamos tratar aun los más delicados asuntos. Al intercambiar ideas, efectuábamos un resumen de las diferentes opiniones. Y cuando terminábamos de hacerlo y el Presidente de la Iglesia hacía uso de la palabra, todos estábamos de acuerdo. Cualquiera hubiera sido anteriormente la idea de uno de nosotros, la nueva opinión pasaba a ser la convicción de todos. No se tomaba decisión alguna, a menos que existiera una total unanimidad al respecto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos aspectos de su llamamiento como apóstol eran agradables pero, a la vez, extremadamente agotadores-entre ellos, el tener que responder a una gran cantidad de asignaciones administrativas sin permitir que ello entorpeciera su ministerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley lamentaba constantemente no tener más tiempo para pensar, meditar, estudiar, y sólo en raras ocasiones podía hacerlo en su hogar en i:s fines de semana. Por lo general, sin embargo, debía correr de una asignación, cita y reunión de comité o mesa directiva a otra. Había días-y eso era la regla más que la excepción en que lo único que hacía era saltar de una serie de reuniones a otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante ese período, el eder Hinckley sirvió en las mesas directivas de numerosas instituciones de la Iglesia y también comerciales. Fue director del o imité ejecutivo de la Corporación Administradora Deseret, que zn una sola corporación comprendía todos los negocios que eran propiedad de la Iglesia. Fue director del comité ejecutivo de Bonneville Internacional, la agencia de difusión de la Iglesia, e integró las mesas directivas de la compañía de seguros Benefici.d Life y del Banco Zion.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1971 fue nombrado presidente y director del comité ejecutivo de la compañía editorial Deseret News cuando también se nombró al élder Thomas S. Monson vicepresidente y subdirector de la misma. Al año siguiente, aceptó su nombramiento como integrante del directorio de la compañía de suministro de energía eléctrica Utah Power and Light, aunque se preguntaba cómo habría de cumplir una asignación adicional dentro de su ocupada agenda. Disfrutaba afiliarse con talentosos e influyentes hombres de negocio y anhelaba aprender de ellos las artes industriales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todas sus deliberaciones con las mesas directivas y como miembro de los Doce, el élder Hinckley se distinguía como conservador financiero que deploraba las deudas y el despilfarro. Le preocupaba cualquier operación financiera que no produjera ganancia y manifestaba escepticismo en cuanto a toda propuesta comercial que no pusiera el punto sobre las í es o que al menos garantizara un rendimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba, no obstante, dispuesto a apoyar inversiones infructuosas siempre que indicaran ser prometedoras al administrárselas debidamente. Parecía estar capacitado para distinguir entre lo que es una desenfrenada insensatez económica y la necesidad de hacer a veces importantes inversiones ya sea en cuestión de personas, edificios o compañías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las asignaciones del élder Hinckley en las oficinas generales de la Iglesia incluían su participación en el Comité Ejecutivo Misional, el de Correlación, el de miembros prestando servicio militar, el de Información y el de Relaciones Militares, como así también en la Mesa Directiva de Educación y el comité que consideraba el caso de aquellos que habían sido excomulgados. Desde 1961, había presidido el Comité de Correlación para los Niños, y en 1970 fue nombrado asesor de la Escuela Dominical y de la Primaria.' 6Por varios años, el élder Hinckley había adiestrado a misioneros y a presidentes de misión, y como miembro del Comité Ejecutivo Misional continuó relacionándose con casi cada una de las facetas del programa para misioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En junio de 1969, se inició un programa bimestral de capacitación en idiomas para todos los misioneros llamados a servir en países extranjeros. En junio de ese mismo año, se enviaron los primeros misioneros a España, una medida que no solamente significó un paso más en el progreso misional europeo, sino que fue de particular interés para la familia Hinckley siendo que a su hijo Clark se le pidió que prolongara su misión y ayudara a inaugurar allá la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley continuó supervisando la parte del campo de labores asignada a su cuidado y después de la conferencia general de abril de 1969 salió nuevamente con rumbo a Sudamérica. Siendo que Virginia estaba por dar a luz a sus mellizas, Marjorie no lo acompañó pues consideraba que su responsabilidad era ayudar a su hija. "Nos despedimos con cierta dificultad y verdadera desilusión", escribió después de partir del aeropuerto. Primeramente hizo escala en Omaha [Nebraska], donde le dio a Ginny una bendición paterna, y entonces prosiguió con destino a Perú, Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésa fue la primera vez que visitaba Bolivia y no demoró en darse cuenta de que arribar a La Paz en medio de los Andes es una experiencia muy particular: "Uno se siente bien al principio", escribió tras aterrizar en el aeropuerto más alto del mundo, "pero si empieza a andar con rapidez, no tarda en marearse". Le impresionó mucho la apariencia de los indígenas nativos. "Viven por lo general en condiciones casi al borde de la desesperanza. Su pobreza es realmente espantosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al pasar junto a ellos hacia la ciudad, no pude menos que pensar en la gloria que una vez disfrutaron los hijos de Lehi y en su terrible caída... Mi corazón se afligía por esa [gente]. Merecían algo mejor".A pesar de esas condiciones, encontró que los misioneros tenían muy buen espíritu y estaban dedicados a la obra. "Ésta es una de las cosas admirables y maravillosas de la Iglesia", comentó el élder Hinckley, "ver que los jóvenes, aunque viven bajo difíciles circunstancias después de haber salido de tan cómodos hogares, manifiesten un amor inmenso por el país y la gente con quienes trabajan".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Venezuela, el élder Hinckley recibió un cablegrama informándole que "las señoritas habían llegado con toda felicidad y que la Sra. Pearce se encontraba muy bien"-las mellizas de Ginny habían nacido. En su viaje de regreso, hizo escala en Omaha [Nebraska] para reunirse con Marjorie y visitar a su hija y sus nuevas nietitas, a quienes denominó "un pronóstico de mucho trabajo". Al día siguiente, se despidió otra vez de su esposa, "algo que, me parece, hago con frecuencia", escribió luego en su diario personal. "Ayer fue nuestro aniversario de bodas. Hemos estado casados por treinta y dos años y creo que nuestro amor es más fuerte que cuando nos casamos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley se sintió muy agradecido de que Marjorie pudiera acompañarlo en su siguiente viaje a Sudamérica cuatro meses después, esta vez con escalas en Brasil, Argentina y Uruguay. En ocasiones solía preguntarse si realmente se justificaban esos constantes viajes, pero las circunstancias que encontró en uno de esos países le convencieron de que las visitas de Autoridades Generales eran muy necesarias o de lo contrario no demoraría en suceder que "mil facciones terminarían separándose en procura de arcos tornasolados que ni siquiera se relacionan con el verdadero programa de la Iglesia"."11 Pero también encontró muestras de progreso. En una reunión en la Estaca Sáo Paulo Este se encontraban presentes tantas personas como cuando el año anterior él había dividido la estaca original-una evidencia, pensó el élder Hinckley, de que las divisiones promueven el progreso y la actividad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era realmente alentador reconocer un progreso tal, ya que hacía esos largos viajes a expensas de sacrificios personales. Él y su esposa se encontraban en Brasil cuando Clark regresó de la misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley tenía un criterio más práctico que su esposa en cuanto a la situación. "Marge extraña a la familia y se siente deprimida por no hallarse en casa cuando llegue su hijo", escribió. "Sin embargo, tanto nosotros como nuestros hijos andamos yendo y viniendo con tal frecuencia que estas cosas no parecen preocuparnos demasiado. Ya regresaremos a casa y lo encontraremos muy ocupado con sus propios asuntos y probablemente esto seguirá siendo así en el futuro".` Había veces en que la hermana Hinckley soñaba con vivir una vida más tradicional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada miembro de la familia, no obstante, había aprendido a aceptar, aunque no siempre de buena gana, el régimen inusitado de su padre. Aunque en años anteriores Jane rehusaba acompañar a su madre cuando llevaba a su padre al aeropuerto por temor a ponerse a llorar, ahora lo besaba en la mejilla como si él fuera a regresar esa misma noche de su oficina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de los continuos reajustes y de las contrariedades que debía enfrentar la familia, se avecinaban otras circunstancias dificultosas. Temprano en la mañana del domingo 18 de enero de 1970, el élder Hinckley se hallaba presidiendo una conferencia de estaca en Idaho cuando recibió la noticia del fallecimiento del presidente David O. McKay. Aunque el anciano profeta de noventa y seis años de edad había estado enfermo por largo tiempo, la noticia fue de todas maneras muy sorprendente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el día, el élder Hinckley no pudo dejar de pensar en el profeta, con quien había disfrutado una maravillosa relación personal. Recordó aquel día en 1935 cuando el presidente McKay lo había invitado a trabajar para la Iglesia y las numerosas mañanas dominicales en que los dos se reunían en el quinto piso del Templo de Salt Lake.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente del funeral del presidente McKay, el élder Hinckley y los demás apóstoles se congregaron para reorganizar la Primera Presidencia. Ésa fue su primera oportunidad de participar en el solemne y sagrado procedimiento de ordenar un nuevo Presidente de la Iglesia, y tal experiencia fue muy emocionante por su simplicidad y magnitud. Después de que cada uno de los Doce Apóstoles tuvo la oportunidad de expresar sus sentimiento y de que todos estuvieron de acuerdo en que la reorganización debía proceder sin demora, el presidente Joseph Fielding Smith fue ordenado Presidente de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto habrían de vivirse otros momentos emotivos e inspiradores. En ocasión de un viaje a Sudamérica en febrero y marzo de 1970, durante el cual organizó la Estaca Lima Perú, el élder Hinckley y su esposa visitaron Machu Picchu, donde pasaron tres horas andando por las terrazas en medio de lo que una vez fueran magníficos patios y templos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, viajaron en tren a través de los Andes hacia Bolivia pasando por el Lago Titicaca y pudieron ver de cerca a ese pueblo y apreciar su cultura. "Nos acosan muchachos vendiendo chocolate y goma de mascar, jovencitas vendiendo plátanos y naranjas, mujeres vendiendo pan y hombres vendiendo baratijas", escribió él sobre tal experiencia. "Se suben al tren en una estación, se bajan en la siguiente y son reemplazados por otro grupo igualmente tesonero y alborozado... Mientras viajamos, Marge lee 'Conquista del Perú', la monumental obra de Prescott.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una historia de crueldad y opresión, y sus trágicas víctimas son los indígenas que vemos a nuestro alrededor. Finalmente, arribamos a la cima del desfiladero. A un lado de las vías, un letrero dice La Raya... 4,480 metros. Realmente estamos en el aire y la atmósfera es escasa, seca y fría... Después de un prolongado descenso, viajamos grandes distancias a través del altiplano del Perú. Ésta es una elevada meseta muy común aquí y en Bolivia y se asemeja a las que se encuentran en la región del río Sweetwater, en Wyoming".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron a Juliaca, en el sur del Perú, el élder Hinckley le sugirió a Marjorie que prestara atención para ver si encontraba a los misioneros. Ella empezó a reírse ante la idea de que alguien pudiera estar esperándolos en tan remota estación. "Quizás se sientan muy solitarios y entonces se pongan a mirar los trenes que llegan", le respondió él, y en ese preciso instante Marjorie dejó escapar una exclamación al ver a un par de élderes que observaban los vagones del tren a medida que aminoraban la marcha tratando de reconocer al élder Hinckley y su esposa, quienes según se les había dicho tal vez pasarían por allí. Los dos jóvenes misioneros llevaron de prisa a los Hinckley hasta la vecina localidad de Puno, donde algunos miembros esperaban la primera visita de una Autoridad General.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una breve reunión, el élder y la hermana Hinckley abordaron un barco a vapor que los llevaría en horas de la noche a través del Lago Titicaca. Nunca se había acostado él en una cama tan incómoda desde aquella vez en que acompañó a Dick a un campamento de padres e hijos y tuvo que dormir toda la noche sobre una roca, lo cual desde entonces pasó a ser la pauta para describir el peor descanso nocturno. No obstante eso, el poder reunirse con los Santos en aquel solitario puesto de avanzada compensó tal inconveniencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con frecuencia contemplaba asimismo el magnífico legado de esa gente. Durante una conferencia de zona en Quito, Ecuador, en la que se manifestó un profundo espíritu, dijo a los misioneros: "Tengo la fuerte impresión de que hoy hemos estado en presencia de algunos de los profetas del Libro de Mormón, y creo que ellos están interesados en lo que ustedes están haciendo para que sus hijos reciban el Evangelio".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra ocasión, quedó maravillado ante la gran multitud que asistió a una conferencia en La Paz, Bolivia: "Un coro cantó en idioma aimará. Casi todos eran indígenas y al escucharlos desfilaron por mi mente las profecías del Libro de Mormón de que 'las escamas de tinieblas empezarán a caer de [los] ojos' de los descendientes de Lehi... Escuchamos a varios discursantes nativos y todos lo hicieron bien. Todos eran de linaje lamanita. Ésta ha sido una de las experiencias más emocionantes que he tenido-presenciar la llegada de este pueblo a la Iglesia".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas habían los Hinckley desempacado sus maletas tras regresar de Sudamérica, cuando tuvieron que partir hacia el Oriente donde el élder Hinckley habría de ayudar al élder Ezra Taft Benson, quien tenía entonces la responsabilidad de la obra allí, a organizar en Tokio la primera estaca en Asia. Cuando retornaron al Oriente, los Hinckley tuvieron un alegre reencuentro con varios amigos muy queridos. El élder Hinckley conocía ya a casi cada uno de los hermanos del sacerdocio a quienes entrevistaba detenidamente y con quienes él y el élder Benson conversaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le impresionó mucho saber que todos los entrevistados pagaban un diezmo íntegro y que, a excepción de uno solo de ellos, habían entrado al templo, a pesar de haber tenido que viajar hasta Hawai para ello. "Creo que esto es algo extraordinario", escribió. "Nunca antes he tenido una experiencia como ésta". El 15 de marzo de 1970, fue organizada la Estaca Tokio, con Kenji Tanaka como presidente. El primer consejero del presidente Tanaka-Yoshihiko Kikuchi-era, a la edad de 29 años, el oficial más joven de la estaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Benson le pidió al élder Hinckley que adiestrara a los nuevos líderes de la estaca, y éste comenzó su capacitación formulando a cada uno preguntas que pusieron a prueba su familiaridad con el Manual General de Instrucciones. Uno de los hermanos no sólo contestó correctamente la primera pregunta, sino que hasta indicó en qué página del manual se encontraba la respuesta. Otro de los hermanos respondió de manera similar a la segunda pregunta. La respuesta a la tercera pregunta del élder Hinckley demostró el mismo tipo de conocimiento. "¿Cómo es que son ustedes tan versados en cuanto al manual?", les preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que se enteró que, el año anterior, estos líderes del sacerdocio y sus familias habían compartido sus vacaciones y que todos esos días habían estado estudiando el manual hasta aprender, en una sola semana, cómo debe ser administrada una estaca. El élder Hinckley se sintió profundamente emocionado al ver cómo se habían preparado aquellos hombres a quienes tanto apreciaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siguiente viaje internacional del élder Hinckley, realizado en mayo de 1970 a Sudamérica, dio lugar a una desconcertante serie de acontecimientos. Después de haber presidido una conferencia de estaca en Lima, tomó un vuelo a Santiago. Dos días más tarde, un telegrama del presidente Allen E. Litster, de la Misión Andina, le informó que menos de un minuto después del despegue de su avión, Perú había sido sacudido por un terremoto devastador y que cuatro misioneros habían desaparecido en la región norte del país. El élder Hinckley trató inmediatamente de ponerse en contacto con Véase 1995-1996 Church Almanac, pág. 327.el presidente Litster y cuando finalmente lo consiguió después de varias horas, se le dijo que todavía no habían podido localizar a los misioneros y entonces prometió regresar al Perú a la mañana siguiente. "Yo sabía que a fines de esa semana el élder Hinckley tenía una importante reunión en Salt Lake City", dijo el presidente Litster. "Cuando le pregunté acerca de eso, él contestó: 'Honestamente, no podría volver a casa hasta que no hayamos localizado a esos misioneros`. Cuando el presidente Litster comentó cuánto le sorprendió que suspendiera todo lo que estaba haciendo para regresar a Perú, él respondió: "Presidente, toda persona necesita contar con alguien a quien consultar". Esa noche, el élder Hinckley no lograba conciliar el sueño. "No podía dejar de pensar en esos misioneros", escribió en su diario personal. "Pero tenía la certeza de que aún estaban vivos, aunque en graves circunstancias, y que teníamos que hacer algo por ellos tan pronto como fuera posible, y que, además, estaban trabajando afanosamente para ayudar a los heridos y moribundos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, después de algunos problemas, el élder Hinckley consiguió tomar un vuelo a Lima. Ni bien él y el presidente Litster arribaron a la casa de la misión, recibieron un llamado de los misioneros desaparecidos, quienes habían conseguido que un radioaficionado los conectara con el servicio telefónico de Lima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo después, el presidente Litster relató lo que sucedió cuando el élder Hinckley habló con los misioneros: "El pequeño lugar donde se encontraba el radioaficionado estaba lleno de gente que esperaba su turno para usar la radio, y los misioneros dijeron que eso era un verdadero pandemónium. Todas las conversaciones radiotelefónicas se transmitían por altoparlantes a fin de que los que se hallaban en ese cuarto pudieran escuchar lo que se decía. Súbitamente, cuando la voz del élder Hinckley se dejó oír en medio del clamor de todos los que querían usar la radio, se produjo un silencio total. Aunque esa voz hablaba en inglés y allí todos hablaban español, unos y otros comenzaron a cuchichear y preguntaban: '¿Quién es ese hombre?' Algo les manifestó, aun en medio del caos, que ésa no era la voz de un hombre común".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, en su diario personal, el élder Hinckley anotó en cuanto a los misioneros, quienes se encontraban muy bien: "El recibir esa noticia después de tanta preocupación, fue por supuesto algo muy emotivo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los tres días siguientes, el élder Hinckley y el presidente Litster continuaron coordinando los esfuerzos para ayudar a los damnificados, hicieron arreglos para que se distribuyeran suministros de asistencia por medio de la Cruz Roja Peruana y visitaron varios lugares del país para inspeccionar los daños y reconfortar a los miembros y a los misioneros. Los daños causados por el terremoto en Lima fueron menores que los registrados en el norte del país, donde quedaron completamente destrozadas varias poblaciones y ciudades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a la localidad de Chimbote, la reacción del élder Hinckley fue naturalmente característica: "¡Qué espantoso panorama! Casi todas las casas habían sido dañadas y había pozos de agua fétida en todas las tierras bajas... Chimbote es una ciudad desolada... Huele como si fuera una pescadería y eso, sumado a los olores típicos de las condiciones existentes aquí, hacen de éste un lugar repulsivo. Me apena pensar en los misioneros, y sin embargo todos ellos quieren permanecer aquí y ayudar a que los santos reconstruyan sus hogares" Cuando le pareció haber hecho todo lo que podía, el élder Hinckley regresó a su casa. Ya tendría oportunidad de realizar otros viajes a Sudamérica, muchos de los cuales serían más placenteros, pero muy pocos en los que habría de prestar tanta ayuda como lo había hecho en Perú."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al año siguiente, el élder Hinckley se sorprendió al ser condecorado por la Universidad de Utah como Ex-Alumno Distinguido, el más alto honor conferido por la Asociación Universitaria a ex estudiantes.`22 Quizás la mayor sorpresa que recibió en 1971, sin embargo, fue cuando en mayo se le asignó la supervisión de ocho misiones en el área Europea-Alemana. Después de haber servido apenas dos años como supervisor de la obra en Sudamérica, no esperaba tal cambio de responsabilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No perdió tiempo en hacer su primer viaje a Europa como tal. El presidente Joseph Fielding Smith le encomendó que asistiera a la primera conferencia de área de la Iglesia, a llevarse a cabo en Manchester, Inglaterra, en agosto siguiente. Así fue que partió un mes antes para poder inspeccionar cuidadosamente las misiones correspondientes. Jane, que acababa de graduarse de la escuela secundaria, acompañó a sus padres en su gira por Suiza, Alemania e Italia. El espíritu reinante entre los santos era maravilloso, pero la cosecha misional, comparada con la de Sudamérica, era más bien moderada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hinckley viajaron entonces a Manchester, donde se encontraron con el presidente Smith y otras Autoridades Generales en el Centro Bell-Vue del King's Hall, el cual mostró un lleno total de 12.000 personas durante los dos días de conferencia. El panorama conmovió profundamente al élder Hinckley, quien no podía contener las lágrimas al entrar en ese enorme auditorio y verlo colmado de miembros de toda la Gran Bretaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando en la sesión de la tarde del domingo se puso de pie para hablar, tuvo el presentimiento de que debía dejar de lado el discurso que había preparado y simplemente ofrecer en cambio su testimonio personal. "No recuerdo haber sentido jamás en mi corazón lo que siento hoy en esta conferencia", dijo. "Nací en Estados Unidos, pero fue como misionero en Inglaterra que recibí el poder de la fe".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros dos meses de 1972 le ofrecieron la maravillosa oportunidad de participar en la dedicación de templos, en Ogden y en Provo, Utah. En ambas dedicaciones habló el presidente Joseph Fielding Smith,24quien había de fallecer menos de cinco meses más tarde. Al día siguiente del funeral, el Quórum de los Doce Apóstoles se reunió para efectuar la reorganización de la Primera Presidencia. Harold Bingham Lee, entrenado y cultivado a lo largo de treinta y un años de servicio en el apostolado, recibió el llamamiento de Presidente de la Iglesia y escogió a N. Eldon Tanner y a Marion G. Romney como primer y segundo consejero respectivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de los años, el nuevo Presidente de la Iglesia y el élder Hinckley habían mantenido una cálida amistad. El élder Hinckley había servido en el Comité de Correlación bajo la dirección del élder Lee, quien con frecuencia le delegaba importantes tareas. Merced a ello, se había ganado la confianza del presidente Lee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas dos meses más tarde, cuando se le encomendó al élder Hinckley la reorganización de la Estaca Londres Inglaterra, el presidente Lee le preguntó si él y su esposa podían acompañar a los Hinckley a Europa. Éstos se sintieron muy sorprendidos y halagados ante la posibilidad de viajar con el presidente Lee, quien deseaba también ir a Italia, Grecia y la Tierra Santaprimera visita de un Presidente de la Iglesia a esos lugares en esta dispensación. Fue una notable experiencia viajar por toda Europa y reunirse con grandes y pequeños grupos de miembros que se regocijaban al estar en presencia del recientemente ordenado Presidente de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos líderes reorganizaron la Estaca Londres, con la principal participación del élder Hinckley. A punto de comenzar la sesión de la noche del sábado, el presidente Lee le preguntó si ya había determinado quién sería el nuevo presidente de estaca. "Creo que sí", respondió, "pero me preocupa su edad. Sólo tiene treinta y un años".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Lee no dijo nada y, poco después, a medida que se desarrollaba la reunión, le pasó una nota en la que simplemente decía: "Yo tenía treinta y un años de edad cuando fui llamado como presidente de estaca". Eso contestó cualquier pregunta adicional que el élder Hinckley tuviera en mente y entonces le ofreció el llamamiento al joven obispo. Antes de retirarse a dormir esa noche, escribió: "Estas experiencias son siempre interesantes. Uno se preocupa, entrevista, ora y, finalmente, de una manera extraordinaria pero inexplicable, recibe la confirmación en cuanto a la persona indicada"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Inglaterra, los cuatro viajaron a Atenas, donde se reunieron con funcionarios del gobierno con la intención de establecer la identidad de la Iglesia como una "casa de oración". Temprano en la mañana siguiente, subieron al monte Areópago para presenciar el amanecer sobre el Acrópolis. Allí escucharon al presidente Lee recitar el famoso sermón de Pablo acerca del "Dios no conocido". Más tarde, a pedido del Presidente de la Iglesia, el élder Hinckley ofreció una oración en la que pidió al Señor que enterneciera el corazón de los funcionarios griegos, detuviera la mano del adversario y bendijera a los santos de allí con fe para seguir adelante. Su sencilla oración fue tan elocuente y poderosa que el presidente Lee declaró entonces que se le consideraría como una rededicación de esa tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Lee y los Hinckley viajaron luego a la Tierra Santa para pasar allá tres días inolvidables. Entre varias reuniones con dignatarios y funcionarios del gobierno, visitaron diversos lugares relacionados con la vida del Salvador. Pero la parte culminante de su visita ocurrió en el Jardín del Sepulcro. Una noche, a medida que la brillante luz de la luna de septiembre se filtraba por entre el ramaje de los olivos, el presidente Lee organizó la Rama Jerusalén, la primera unidad de la Iglesia que se formaba en la Tierra Santa en casi dos mil años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el viaje, el presidente Lee había estado siendo acosado por el agotamiento y una fatiga total. Es noche, al prepararse los Hinckley para retirarse a dormir, la hermana Lee llamó a su habitación para pedirle al élder Hinckley que le diera una bendición al presidente Lee. Él llamó de inmediato al presidente Edwin Q. Cannon, de la Misión Suiza, que viajaba con ellos, y ambos fueron a la habitación del Profeta. Ésa no era la primera vez que el élder Hinckley bendecía al presidente Lee, y tenía cierto conocimiento en cuanto a la enfermedad que por varios años había padecido. Pero esa noche le sorprendió sobre manera su semblante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía el rostro muy decaído y hasta entristecido. El élder Hinckley preguntó si quizás debía llamar a un médico, pero el presidente Lee sólo quería que le dieran una bendición. "Mientras pronunciaba la bendición, sentí el Espíritu del Señor", escribió luego. "Tuve la seguridad de que el Señor sanaría a Su siervo"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A eso de las dos de la mañana, lo despertó el sonido del presidente Lee que, en la habitación contigua, tosía convulsivamente por largo tiempo hasta que, súbitamente, dejó de hacerlo. A la mañana siguiente, cuando le preguntó cómo se sentía, el Presidente de la Iglesia le contestó con sencillez: "Mejor". No fue sino hasta un día después, cuando su salud parecía haber mejorado notablemente, que le confió lo que había ocurrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante su convulsión, había arrojado un par de coágulos de sangre. De pronto, dejó de respirar con dificultad, cesaron sus dolores de espalda y se recuperó de su extremo cansancio. "Teníamos que venir a la tierra de los milagros para presenciar un milagro en nosotros mismos", le dijo al élder Hinckley. El presidente Lee escribió en su diario personal: "Ahora comprendo que me hallaba merodeando en los bordes de la eternidad y que un milagro, en esta tierra de milagros mucho mayores, se me ofreció por la gracia de Dios que obviamente estaba prolongando mi ministerio".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante las últimas horas de su vuelo de regreso a Salt Lake City, el élder Hinckley describió así sus sentimientos en cuanto a la experiencia de viajar por dos semanas con el Presidente de la Iglesia: "Hemos presenciado el restablecimiento de la salud del Presidente y eso ha sido, para mí y para Marge, una experiencia incomparable que jamás olvidaremos... Hemos andado por donde anduvo Jesús y testificado de Su divinidad como el Hijo del Dios Viviente... Hemos proclamado el llamamiento profético de José Smith y afirmado el llamamiento profético de Harold B. Lee, su sucesor en el cargo. Éste ha sido un viaje inolvidable. Ésta ha sido una experiencia digna de atesorar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La semana siguiente, en una reunión de Autoridades Generales antes de la conferencia de octubre, el presidente Lee pidió que el élder Hinckley presentara un informe de su viaje. "Al referirme a nuestra visita a la Tierra Santa, me sobrevino la convicción de la divinidad del Señor Jesucristo, quien dio Su vida por los pecados de la humanidad", escribió después. "Tuve dificultad para expresarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Lee estaba visiblemente emocionado, como así también otras Autoridades Generales. Cuando terminé de hablar, el presidente Lee se puso de pie y mencionó el milagro que le había ocurrido cuando se hallaba en Jerusalén. Dijo que fue algo muy sagrado para relatarlo aun bajo estas circunstancias. Estaba muy emocionado y se le derramaron lágrimas... Dijo nuevamente que si alguna vez había tenido alguna duda acerca de mi llamamiento como Apóstol y del poder del sacerdocio que se manifestó por mi intermedio, tal duda había desaparecido ya".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-743676936293004884?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/743676936293004884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=743676936293004884' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/743676936293004884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/743676936293004884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/nuevas-tierras-nuevos-desafos.html' title='NUEVAS TIERRAS NUEVOS DESAFÍOS'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-3504674739387029010</id><published>2008-01-28T13:46:00.001-08:00</published><updated>2008-03-11T22:12:30.987-07:00</updated><title type='text'>CONSTANCIA EN LOS CAMBIOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 1 7&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El élder y la hermana Hinckley estaban comprobando cuán verdadero es el adagio de que nada es tan constante como el cambio en las cosas. A principios de 1973 se propaló la noticia de un significativo.y por largo tiempo esperado evento internacional. El 23 de enero, el presidente norteamericano Richard M. Nixon anunció que se había llegado al acuerdo de cesar las hostilidades en el conflicto entre los Estados Unidos y Vietnam y que las tropas militares emprenderían el regreso al país. "Por cierto que tenemos razón para regocijarnos ante las circunstancias", escribió el élder Hinckley en su diario personal al pensar en los miles de soldados miembros de la Iglesia que había conocido durante esos años-tanto los que estaban regresando como aquellos cuyas familias nunca verían otra vez. Sólo esperaba que, algún día, las semillas sembradas por la obra misional en esos largos años de contienda dieran sus frutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras tendencias afectaban a la sociedad, cuyas normas morales parecían estar cambiando. Cuando la Corte Suprema dio su fallo en el caso llamado Roe versus Wade, permitiendo a una mujer el derecho al aborto en el primer trimestre de su embarazo, el presidente Lee llamó a su oficina a los élderes Benson, Hinckley y Monson para tratar con la Primera Presidencia si la Iglesia debía responder y cómo. Después de considerar la posibilidad de dar a publicidad una declaración que habría de oponerse a la decisión de la Corte, el élder Hinckley sugirió una medida de alternativa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vez de dar la impresión de estar censurando el poder judicial, la Iglesia podría simplemente reiterar su posición. Una acción tal reafirmaría a los miembros de la Iglesia que la doctrina no había cambiado sin llegar a reprender el tribunal superior de la nación. El élder Hinckley temía haber excedido sus límites con tan definida proposición a la Primera Presidencia, pero se sintió aliviado cuando el presidente Lee dijo estar de acuerdo y le expresó su aprecio por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era cosa común que el presidente Lee incluyera al élder Hinckley en varias de sus deliberaciones. Uno de los temas sobre los que lo consultaban con regularidad era la obra del templo. El élder Hinckley servía entonces como director del comité encargado de los templos, responsabilidad que requería mucha dedicación y dinamismo. A pesar de su experiencia al haber participado afanosamente en ese departamento, no tenía siquiera "idea en cuanto a tantas cosas que demandan atención" en los templos. Además de otras cosas, se interesaba en algo que lo había preocupado por muchos años-el hecho de que millares de miembros vivían a grandes distancias del templo más cercano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron demasiadas las veces en que había organizado estacas en varios lugares del mundo en las cuales muy pocos de los miembros entrevistados para ocupar posiciones de liderazgo habían entrado al templo. Se preguntaba entonces si no sería posible construir templos más pequeños y menos costosos a fin de aumentar su número en todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun conversó con el presidente Lee al respecto. "¿No son acaso los miembros de Sudamérica... tan dignos de las bendiciones del templo como la gente en Washington?", comentó el élder Hinckley en una parte de su diario personal?3 Tiempo después escribió: "La Iglesia podría construir [muchos pequeños] templos por lo mismo que cuesta el Templo de Washington [que entonces se hallaba en construcción]. Llevaría así los templos a la gente en vez de que la gente tenga que viajar largas distancias para ir a ellos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Lee había designado al élder Hinckley para que asistiera a una conferencia de jóvenes en Johannesburgo, Sudáfrica, y le sugirió que regresara vía Sáo Paulo a fin de buscar allá posibles terrenos para un templo. En consecuencia, los Hinckley partieron para Sudáfrica en mayo de 1973 y disfrutaron inmensamente esa experiencia. En los tres días que permanecieron allí, el élder Hinckley habló catorce veces y al concluir la última reunión escribió: "¡Cuán maravillosa ha sido para nosotros la experiencia de encontrarnos aquí en Sudáfrica entre fieles Santos de los últimos Días! El país es hermoso, pero su gente es más hermosa aún. Mi corazón se allega hacia ellos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Johannesburgo, los Hinckley realizaron el largo viaje a través del Atlántico Sur con rumbo a Sáo Paulo. Después de explorar en busca de lugares para un templo, el élder Hinckley regresó a Salt Lake City entusiasmado no sólo en cuanto a las posibilidades de edificar una Casa del Señor en Brasil sino también por la pauta que tal proyecto establecería en todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese verano, participó en una conferencia de área en Munich y un mes después describió así cómo lo había impresionado dicha conferencia: "Fue una extraordinaria experiencia estar en aquel estadio olímpico y contemplar los rostros de 14.000 Santos de los Últimos Días congregados allí procedentes de casi toda Europa. Dos días antes, yo me había reunido con los misioneros de la Misión Alemania Sur y presentí en ellos cierto desaliento...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como resultado de todos sus esfuerzos, sólo habían conseguido un converso aquí y otro allí... Pero cuando vi a esa gran multitud de santos en Munich, reconocí los frutos de su fe... Vi a cada hombre, mujer y niño allí presentes llamar a mil puertas... Escuché las oraciones, las súplicas de los misioneros para que se les guiara a alguien que estuviera dispuesto a aceptar la verdad. Vi a esos misioneros andar por una calle tras otra en medio de crudos inviernos y sofocantes veranos... Cuando contemplé aquella vasta congregación, supe que la fe había sido recompensada y que... se había producido un milagro".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de todos los viajes realizados por el élder Hinckley y su esposa, era maravilloso reunirse con su familia cuando les era posible. La familia en pleno se reunió en Salt Lake City con motivo del casamiento de Clark con Kathleen Hansen en el Templo de Salt Lake, en el que ofició el élder Hinckley al día siguiente de la conferencia general de octubre de 1973. Con cuatro de sus cinco hijos ya casados, él y Marjorie sólo esperaban que Jane, quien pronto cumpliría veinte años de edad, tuviera la misma fortuna de encontrar su propio compañero. En una ocasión, escribió: "Recuerdo cuando nació Jane. Calculé que cuando ella cumpliera veinte años de edad, yo tendría sesenta y tres. Ésa me parecía mucha edad en aquella época, pero esos años han pasado rápidamente y aunque estoy aproximándome a los sesenta y tres, todavía me siento joven de espíritu".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese año, Jane pasó la Navidad con la familia de Dick en el sur de California, así que Gordon y Marjorie celebraron una apacible festividad en su hogar. La serenidad de la temporada fue interrumpida, sin embargo, a la noche siguiente cuando, casi a las 9:00, sonó el teléfono. Era Wendell Ashton que lo llamaba con una noticia difícil de creer: El presidente Lee acababa de fallecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hinckley quedaron atónitos. Al presidente Lee se le había visto agotado unos pocos días antes, pero no tanto como para preocuparse demasiado. "¡Qué terrible sorpresa es ésta!", escribió el élder Hinckley. "Es increíble... Nada menos que él, cuando pensábamos que viviría mucho tiempo por ser tan vigoroso. Había sido presidente por menos de dieciocho meses, pero dejó una marca indeleble en la Iglesia. Lo extrañaremos mucho, pero es evidente que el Señor lo llevó por algún propósito que sólo Él conoce".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiéndosele invitado a hablar en el funeral, el élder Hinckley suplicó recibir la inspiración para decir algo digno de su líder y profeta. Una congregación que colmó el Tabernáculo presenció un inspirado servicio durante el cual el élder Hinckley habló acerca de su especial asociación con el presidente Lee y se refirió en cuanto al difunto líder como un humilde, benevolente y fiel sirvo de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la tarde siguiente, los catorce apóstoles llegaron en ayunas al Templo de Salt Lake. Después de tomar la Santa Cena, cada uno de ellos expresó su convicción de que el Señor había hablado y que Spencer W. Kimball debía ser ordenado Presidente de la Iglesia. El presidente Kimball eligió entonces a N. Eldon Tanner y a Marion G. Romney como su primer y segundo consejero respectivamente. Por tercera vez en los últimos cuatro años, el élder Hinckley participó en esa solemne ocasión. "Es maravillosa la manera en que la Iglesia... pasa en una transición de esta clase sin siquiera un parpadeo", escribió esa misma noche en su diario personal. "Ninguna otra organización en toda la tierra puede hacer lo mismo. Presenciar un cambio de esa naturaleza constituye un innegable testimonio de la divinidad de esta obra".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a otra razón, diciembre de 1973 fue un mes que ni el élder ni la hermana Hinckley habrían de olvidar: Ésa fue la última Navidad que celebraron en su casa de East Millcreek.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley se había encariñado, desde su niñez, con dicho suburbio y encontraba sosiego en trabajar la tierra. Le encantaba cavar el suelo con la pala, ver correr el agua por una acequia y podar con tijeras los ingobernables arbustos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A fines de 1972, él y Marjorie adquirieron una parcela en la subdivisión Ensign Downs, a un kilómetro del centro de Salt Lake City. En los terrenos de su alrededor se habían estado construyendo algunas casas y reconocieron que pronto quizás tendrían que hacer algo con ese "pastizal" que poseían. "No me agradaba en absoluto salir de East Millcreek", comentó en el otoño de 1972, "pero estimo que sería conveniente que construyamos un nuevo hogar y vivamos más cerca de mi oficina. Prestaríamos un servicio mucho mejor al Señor si no tuviésemos que perder tanto tiempo viajando de aquí para allá y trabajando en la vieja casona. No es una decisión fácil, pero supongo que uno de estos días tendremos que armarnos del valor para hacerlo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de 1973, decidieron que no podían ya postergar la mudanza. Los años pasaban y, en realidad, las tareas del élder Hinckley en las oficinas generales de la Iglesia continuaban aumentando. Era lógico que viviera más cerca de su oficina y del aeropuerto. Con renuencia salieron a ver algunos terrenos y aun inspeccionaron unos condominios, pero descartaron la idea de mudarse a un "gabinete de archivo". Finalmente, y aunque no le entusiasmaba la posibilidad de volver a trabajar en un jardín, decorar y envolverse en cada tarea pertinente a la construcción de una vivienda, el élder Hinckley diseñó una casa a edificarse en su parcela de Ensign Downs. Aun cuando se habían excavado ya los cimientos y colocado las primeras planchadas de cemento, él y Marjorie no estaban todavía muy seguros de que si se mudarían allí o venderían esa casa cuando la terminaran de edificar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era ya el mes de septiembre y aún vacilaban. En su diario personal, él escribió: "[Todavía nos preguntamos] si no es una locura mudarnos-abandonar nuestros árboles y nuestro césped y un millar de recuerdos que acumulamos con sudor y lágrimas durante treinta y dos veranos para entonces comenzar a plantar de nuevo a nuestra edad". Era algo casi intolerable para él pensar en vivir en un lote sin árboles. También escribió: "Me imagino que una vez que el lugar tenga un jardín será muy atractivo, pero los árboles no crecen en un día".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un mortificante período de indecisión, decidieron que no habría un momento mejor para efectuar el cambio y lo iniciaron a principios de febrero de 1974. Marjorie empacó un sinnúmero de cajas, afirmando que ahora entendía lo que sería tener que prepararse para morir y sepultarse uno mismo. Todas las cosas estaban cargadas de recuerdos. Esa casa había sido su hogar durante casi toda su vida de casados y resultaba imposible imaginar que vivirían en otro lugar. Salir de East Millcreek resultó ser más fácil, sin embargo, cuando un amigo de la familia convino en alquilar la casa; oportunamente, abandonaron para siempre la idea de venderla y continuó siendo propiedad de la familia para ser más tarde (otra vez) remodelada a fin de satisfacer las necesidades de otras personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque la casa en Capitol Hill era de su propio diseño, a los Hinckley les llevó tiempo acostumbrarse a vivir en ella. Y teniendo aún cajas sin desempacar, a mediados de febrero partieron con rumbo a Japón. Una vez más, el élder Hinckley había sido asignado a supervisar la obra en el Oriente y ése era, en los últimos cuatro años, su primer viaje a aquella región. Tanto él como su esposa estaban ansiosos por saludar a sus viejos amigos y aparentemente sus anfitriones japoneses se sentían de igual manera, porque después de pasar por la aduana en Tokio, los esperaba un numeroso grupo de miembros sosteniendo letreros que decían: "Bienvenidos, élder y hermana Hinckley". ¡Qué reconfortante, después de los recientes trastornos que habían padecido en Salt Lake City, fue para ellos sentirse bienvenidos y como en su propia casa al otro lado del mundo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, el élder Hinckley describió así cuán deleitable era encontrarse de regreso en el Oriente: "Algo tintinea en mis huesos esta mañana al encontrarme en Japón visitando a los miembros y a los misioneros. He estado aquí muchas veces, ya sea enfermo o con salud, con pena y con regocijo. Y ahora me parece que aquellos primeros días obscuros han quedado atrás y que la Iglesia descansa sobre firmes cimientos". Tales sentimientos parecían ser recíprocos. Después de una reunión en cierto barrio de Tokio, escribió: "Nunca he recibido una bienvenida tal... Al terminar la reunión fuimos literalmente asediados. La gente se empujaba tanto para acercarse a nosotros que tuvimos temor de que alguien se lastimara. Cuando al fin salimos de allí, me sentía tan cansado e incómodo que apenas podía mantenerme de pie".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar del gozo que sentía al regresar a Asia, el élder Hinckley notó un lamentable síntoma: muchos conversos estaban dispersándose. "Son muchos los que entran por una puerta y se van por otra", comentó en voz alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de sus propósitos más significativos en este viaje era encontrar un terreno para edificar un templo en Tokio. Después de visitar varias propiedades y considerar diversos elementos, desde los medios de transporte hasta la disponibilidad de alojamiento para los miembros que acudieran de otras partes de Asia, el élder Hinckley regresó a Salt Lake City con una recomendación a la Primera Presidencia. Como director del comité encargado de los templos, siempre pensaba en diferentes maneras para que los miembros de la Iglesia en todo el mundo pudieran tener un acceso más inmediato a las ordenanzas del templo, y las posibilidades de construir un templo en Japón era, para él, algo maravilloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el verano, conversó con el presidente Kimball acerca de la posibilidad de construir dos templos más en Estados Unidos-uno en la región noroeste, quizás en Seattle (Washington) y otro en Atlanta (Georgia). Entonces se le designó para que buscara terrenos en ambas localidades, y al aproximarse la fecha en que se completaría la construcción del magnífico templo de Washington, D.C., fue a la ciudad capital estadounidense a fin de revisar los detalles para la recepción y los servicios dedicatorios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de que se instalara la piedra angular en el mes de septiembre, un gran número de miembros del Congreso, invitados especialmente, visitaron el edificio. Al día siguiente, comenzaron a llegar varios diplomáticos a quienes se les brindaron giras individuales, ocasión que permitió al presidente Kimball, al presidente Romney y al élder Hinckley conversar personalmente con cada uno de ellos. El élder Hinckley pudo hacerles, en cada caso, algún comentario acerca de su respectivo país y su gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando la Primera Presidencia y otras Autoridades Generales, incluso el élder Hinckley, regresaron en noviembre a Washington, D.C., para la dedicación del nuevo templo, habían visitado ese blanco y refulgente edificio unas 750.000 personas. La noche de su llegada, el élder Hinckley despertó con una fiebre altísima. Al día siguiente debió permanecer en cama. Cuando el presidente Kimball se enteró de ello, mandó de inmediato al Dr. Russell M. Nelson, quien acompañó al élder Hugh B. Brown en su viaje a Washington, para que lo examinara. El Dr. Nelson presintió que se trataba de una infección y llevó al paciente al Centro Médico Georgetown. Así fue que en el primer día de la dedicación, mientras las Autoridades Generales disfrutaban de una magnífica experiencia espiritual, el élder Hinckley debió someterse a una serie de examinaciones, las cuales confirmaron el diagnóstico del Dr. Nelson. Fue llevado entonces de vuelta al hotel para que se recuperara y después de dos días de convalecencia, se sintió suficientemente bien para asistir a una sesión y aun para dar un discurso al concluir la dedicación."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tanto que se hallaban en esa región, Marjorie había planeado con su hija Jane visitar a Clark y Kathleen, quienes vivían en la ciudad de Nueva York, pero no se sentía muy cómoda con que su esposo viajara a Salt Lake encontrándose en tan débil condición. Él insistió en que no alteraran sus planes y regresó a su casa por sí mismo el día del cumpleaños de Marjorie. Pensando en ella, escribió: "Hoy cumple sesenta y tres años, pero está llena de vida, de amor y de alegría. Todos los que la conocen parecen amarla porque ella demuestra un interés genuino por la gente. Se interesa en los problemas y las necesidades de toda persona. ¡Cuán afortunado soy de tenerla como compañera!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie se las entendía muy bien con el estilo de vida que le imponían las asignaciones que su esposo recibía de la Iglesia. Cuando se trataba de criar a la familia y mantener a todos en estrecho contacto a pesar de las distancias, soportaba de buen ánimo la carga. El resplandor de la fama, las ausencias prolongadas, los viajes rigurosos, la postergación de la celebración de los cumpleaños y aniversarios, las fiestas pasadas en obscuros rincones del mundo, el tener que aclimatarse a los cambios entre una región y otra-en todas éstas y muchas otras circunstancias ella había apoyado a su esposo sin vacilar. No tenía problema en quedarse en casa, especialmente cuando sus hijos eran jóvenes, mientras él viajaba de un país a otro, y sin embargo aceptaba también con entusiasmo los agotadores viajes durante los cuales solamente le tocaba a veces permanecer en capillas, hoteles y aeropuertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marjorie había aprendido a estar lista para hablar sin preparación, porque su esposo rara vez se lo advertía con antelación. Pero siempre respondía, aun ante tales circunstancias, con característico buen humor. "¿Qué harían ustedes si estuvieran casadas con un hombre como éste?", solía preguntar a la congregación después de que él le diera unos pocos segundos para que empezara a hablar. "Es evidente que él mismo no sabe todavía lo que quiere decirles, y por esa razón me ha pedido que yo haga uso de la palabra", seguiría diciendo, haciendo que la congregación se echara a reír. Por su parte, el élder Hinckley parecía esperar siempre sus bromas inocentes y la gente disfrutaba ese sentido del humor que les revelaba cuán cordiales y tratables eran los dos. Él apreciaba también la eficacia con que ella se presentaba ante una audiencia y frecuentemente escribía en su diario personal todos los comentarios sobresalientes de su esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella también había aprendido a tolerar las peculiaridades de su esposo, una de las cuales era su tendencia a tomar decisiones de último momento en cosas tales como un viaje al extranjero. Cierto incidente se convirtió en una leyenda de la familia. La noche antes de que partiera con rumbo a una de sus giras asiáticas, él no se había decidido todavía si ella iba a acompañarlo en el viaje o no. Cuando Marjorie le preguntó finalmente si debía o no salir con él a la mañana siguiente, el élder Hinckley le respondió con algo de impaciencia: "¿Tenemos acaso que decidirlo en este mismo instante?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cA muchas mujeres les habrían trastornado tales indecisiones e inconveniencias, pero hacía mucho tiempo que Marjorie había decidido pasar por alto esas efímeras molestias como lo que en realidad eran: efímeras. Verdaderamente, sabía que ser la esposa de una Autoridad General requiere poseer una rara combinación de firme independencia y constante apoyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había momentos en que habría querido reírse cuando le preguntaban qué tal era estar asada con un líder de la Iglesia, como si eso la convertía en algún tipo de personaje célebre. Si usted se lo imaginara, pensaba por lo general, sabiendo muy bien que solamente otras mujeres en las mismas circunstancias podrían entender las ironías, oportunidades, desafíos y bendiciones inherentes a su modo de vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de las exigentes responsabilidades que con regularidad les enviaban a recorrer el mundo, tanto el élder Hinckley como su esposa hacían muchos sacrificios para mantenerse cerca de sus hijos y nietos, quienes vivían en diversas partes del país. Cuando viajaba con su esposo, Marjorie solía salir lo más temprano posible a fin de visitar las ciudades donde vivían sus hijos. Él hacía lo mismo, tomando a veces un prolongado desvío en su ruta (si ello no significaba un aumento de costo en los pasajes de avión) para pasar siquiera unas horas con la familia. Con el transcurso del tiempo, Marjorie envió a sus nietos cientos de tarjetas postales desde cada rincón del mundo y docenas de cartas a los miembros de su familia. Llevaba siempre consigo una libreta en los aviones, a las reuniones y aun de una habitación a otra cuando permanecía en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de que Kathy y su familia se mudaron a Hawai, Marjorie acostumbraba a hacer llamadas telefónicas de larga distancia, confesando luego: "Este sistema de marcar directamente el número a Hawai probablemente llegue a arruinar permanentemente mi presupuesto doméstico. Es una tentación muy grande y después de razonarlo por dos o tres días, cedo al impulso de discarlo. He encontrado un buen justificativo y es que, como familia constituida solamente por dos personas, no gastamos nada en diversiones, así que ése es dinero que gastaría en entretenimientos... Disfruto cada uno de sus caros minutos". Y cuando el élder Hinckley le trajo una carta de Kathy que había recogido al pasar por Hawai, le escribió inmediatamente diciendo: "Gracias por la carta que me enviaste con papá. Me ahorró varias horas de tratar en vano de saber lo que realmente estaba sucediendo allá en el [Océano] Pacífico".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto que el élder Hinckley nunca sentía mayor felicidad que al estar en compañía de su familia. Él y su esposa parecían estar siempre al tanto de las mayores decisiones y de los problemas que cada uno de sus miembros encaraba. Marjorie, en particular, oficiaba como la médula familiar. Se mantenía informada en cuanto a las actividades de cada uno--qué estaban haciendo sus nietos en la escuela, con quiénes se asociaban, quién viajaba a dónde, quién de sus nietos iría a dormir con ellos, y cuál de ellos necesitaba un poco más de atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto los miembros de la familia como los amigos recurrían a ella porque sabía cómo ayudarles a sentirse bien consigo mismos. Ella vivía preocupándose por todos, sin embargo, y sus hijos bromeaban diciéndole que encabezaba "la lista de las madres alarmistas". Pocos meses antes del casamiento de Clark, por ejemplo, se afligía conjeturando que Jane (quien era todavía muy joven) estaba enamorada pero que Clark (quien estaba próximo a graduarse de la universidad sin haber encontrado una esposa) no lo estaba. Poco después, Clark se enamoró de Kathleen y se casó con ella, y luego Jane contrajo su compromiso matrimonial con Roger Dudley. Esa nueva circunstancia-la inminente boda de su hija menor-indicaba ser un momento crucial. Según lo describió el élder Hinckley: "Un hombre comienza a sentirse viejo y entregarse a los recuerdos cuando se preocupa mucho porque sus hijos crecen y se van".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los miembros de la familia se reunían, sin importar cuál fuese la edad de cada uno de ellos, las risas eran inevitables. Y a pesar de toda la responsabilidad de su padre, ninguno de los hijos de la familia Hinckley parecía estar impresionado con su propio prestigio y generalmente todos rechazaban las invitaciones que se les hacían para que dieran discursos como algo típico de "lo que significa crecer en el hogar de una Autoridad General".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando a una de las hijas de Clark se le asignó en la escuela secundaria que escribiera acerca de alguna persona destacada, enseguida pensó en su abuelo materno, cuya distinción en el ambiente deportivo incluía haber entrenado a un equipo que compitió en la Copa Davis en tenis. Durante la entrevista que tuvieron, él le preguntó por qué no escribía más bien sobre su abuelo Hinckley. Después de una breve pausa, la niña inquirió un tanto confundida: "¿Y qué es lo que él ha hecho?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las oficinas generales de la Iglesia no había duda alguna en cuanto a todo lo que el élder Hinckley había hecho y estaba haciendo como miembro del Quórum de los Doce. Admiraba a quienes cumplían lo que prometían hacer y adoptó personalmente esa norma. También trataba de proceder de conformidad con otros principios básicos: que uno debe hacer las cosas lo mejor que pueda a pesar de las circunstancias, que uno puede hacer muchas cosas sin importarle a quién habrá de acreditárselas, y que es más importante concentrarse en las responsabilidades que en los privilegios. "No existe nada en el mundo que sea tan agradable como una tarea bien hecha", dijo en una ocasión. "No existe recompensa mayor que la que se obtiene al solucionar un problema difícil". Para él, abundaban las tareas a realizar y los problemas a resolver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A él le preocupaba cada vez más que la Iglesia auspiciara tantos programas exigentes y complicados que eclipsaban el simple poder del Evangelio. Pero ahora tenía cierta influencia administrativa. El 13 de febrero de 1975, en una reunión de la Primera Presidencia y los Doce, tuvo la satisfacción de ver que se aceptara e implementara una propuesta que habían hecho el élder Hunter, el élder Monson y él mismo. Los tres habían sugerido que el Quórum de los Doce se constituyera como un comité con responsabilidad sobre los programas de la Iglesia y que se dividiera en subcomités asesores de cada uno de dichos programas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al efectuarse esta reestructuración, las asignaciones de su propio comité fueron modificadas y asumió entonces la responsabilidad sobre el Sacerdocio de Melquisedec, las Comunicaciones Públicas y los comités encargados de los templos. Por primera vez en cuarenta años, dejó de tener responsabilidad directa sobre la obra misional. Y aunque tenía pasión por esa labor, el cambio fue para él muy reconfortante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo asimismo un gran impulso en otros aspectos. En toda la Iglesia se estaban llevando a la práctica nuevos cambios para satisfacer las necesidades del rápido aumento en el número de miembros. En mayo de 1975, la Primera Presidencia anunció la creación de una programa de supervisión de áreas. Se asignó a seis Ayudantes de los Doce para que supervisaran las actividades de la Iglesia residiendo fuera de los Estados Unidos y Canadá, y se nombró a los Doce como asesores de las diferentes áreas. (El élder Hinckley fue asignado al Área del Atlántico Norte.) El 24 de julio, el presidente Kimball dedicó el nuevo edificio de veintiocho pisos como sede de las oficinas generales de la Iglesia. El élder Hinckley se preguntaba cuánto tiempo llevaría ocupar completamente lo que parecía ser un inmenso espacio para oficinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En agosto de 1975, el élder Hinckley acompañó al presidente Kimball y a otros líderes de la Iglesia al Lejano Oriente para llevar a cabo conferencias de área en Tokio, Hong Kong, Taipei, Manila y Seúl. Durante la conferencia de Tokio, el presidente Kimball anunció que se construiría allí un templo-el primero en todo el Lejano Oriente-y el élder Hinckley tuvo gran satisfacción al enterarse que dicho templo se construiría en el terreno que él había recomendado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para él, ese viaje fue a la vez inspirador y emocionante. Se asombraba al ver que la Iglesia había madurado tan notablemente en todo el área que quince años antes había supervisado. Al entrar en el Coliseo Araneta, en Manila, y verlo colmado por unos 18.000 miembros, sollozó abiertamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hablarles, el élder Hinckley ofreció a los miembros filipinos un vislumbre del futuro. "Tengo la firme convicción", les dijo, "de que todo lo que hemos visto ahora es sólo un preámbulo de lo que tendrá lugar en esta nación. Ahora contamos con una estaca, pero habrá muchas más. Tenemos unos pocos edificios, pero tendremos muchos más. Y estoy convencido de que algún día habrá en esta tierra un templo de Dios".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el otoño de ese año, los Hinckley celebraron un significativo acontecimiento. Fue un día glorioso y solemne cuando el élder Hinckley efectuó el casamiento de su hija menor, Jane, con Roger Dudley.El élder Hinckley acababa de cumplir sesenta y cinco años, una edad que bajo cualquier otra circunstancia habría señalado el momento de jubilarse, pero en vez de ello trajo consigo un caudal de trabajo más exigente que nunca. Por su parte, Marjorie era más filosófica en cuanto a su progresiva edad. Después de tratar de consolar a una amiga más joven que se lamentaba al cumplir los cincuenta, le dijo: "Los cincuenta fueron mi edad predilecta. Se requieren casi tantos años para aprender a dejar de competir y dedicarse a vivir. Es la edad que me gustaría tener durante toda la eternidad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jane y Roger se instalaron en la casa de East Millcreek y sus padres descubrieron entonces que las razones para seguir corriendo hasta la vieja casona no terminaban nunca. Nadie entendía mejor el funcionamiento de ese hogar que su propio creador, y una reparación tras otra parecía suplicar su atención en tanto que su nueva casa le presentaba al élder Hinckley la necesidad de constantes proyectos de jardinería. Los resultados, aunque lentos en producirse, fueron sin embargo impresionantes. Cierto día, una nueva vecina procedente de otra ciudad golpeó a la puerta de los Hinckley y le preguntó a Marjorie quién era su jardinero. "Mi esposo", respondió ella. La mujer entonces inquirió: "¿Podría decirle que pase por mi casa y me dé un presupuesto?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus numerosos viajes, el élder Hinckley tenía una manera muy especial de relacionarse con la gente. Aunque es muy elocuente en su idioma, su estilo nunca ha sido emocional ni florido. Pero cuando en las reuniones les expresaba su amor a los miembros y les decía que eran tan especiales como cualquier otro grupo de miembros en todo el mundo, le creían y se disponían a demostrárselo. Cuando les hacía bromas acerca de sus respectivos países y costumbres y encontraba cómico algo que sólo alguien que pertenece a su misma cultura se atrevería a señalar, comprendían que él los reconocía y aceptaba. Cuando se hacía bromas a sí mismo, todos se sentían bienvenidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando daba su testimonio, podían sentir la fortaleza de sus convicciones y el poder de su fe. No hubo nunca una rama o un barrio demasiado pequeño o alejado para merecer su atención, y su mera presencia en lugares lejanos le manifestaba su devoción a la gente como así también al Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley fue siempre optimista en cuanto al Evangelio y el poder que éste tiene para transformar vidas. Cuando se le asignó que hablara en la Universidad Brigham Young acerca del progreso de la Iglesia, simplemente tituló su discurso: "Las cosas están mejorando". Él creía que los días venideros serían los más gloriosos que la Iglesia jamás haya visto. Aunque se producirían algunos reveses, tenía la seguridad de que el Evangelio habría de triunfar.23 Desde su punto de vista, el futuro se veía radiante. Sí, los problemas eran serios. Pero, como les decía con frecuencia a sus colegas y amigos, la única manera que él sabe de llevar a cabo una cosa, es ponerse de rodillas, rogarle al Señor y entonces levantarse y poner manos a la obra."24 Él sabía bien lo que decía, porque lo había estado practicando por varias décadas. Lo que no sabía la que la tarea más ardua todavía le esperaba en el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1178236400680424326-3504674739387029010?l=feencadapaso.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://feencadapaso.blogspot.com/feeds/3504674739387029010/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1178236400680424326&amp;postID=3504674739387029010' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/3504674739387029010'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1178236400680424326/posts/default/3504674739387029010'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://feencadapaso.blogspot.com/2008/01/constancia-en-los-cambios.html' title='CONSTANCIA EN LOS CAMBIOS'/><author><name>Possy Yoni Lingo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00799322184228360078</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://lh6.google.com/possiyonilingo/RtkwmtXCV9I/AAAAAAAAAok/LOLmbjuw_w8/3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1178236400680424326.post-1608618766706300671</id><published>2008-01-28T13:43:00.000-08:00</published><updated>2008-03-11T22:07:36.426-07:00</updated><title type='text'>LA IGLESIA PROGRESA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;C A P Í T U L O 1 8&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El élder Hinckley no recordaba una época en la que había tenido tanto que hacer y tan poco tiempo disponible para hacerlo. La Iglesia estaba creciendo y ello demandaba más de cada una de las Autoridades Generales, particularmente de los miembros del Quórum de los Doce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al comenzar uno de sus discursos ante maestros de religión, reveló así la naturaleza de su agenda: "Era un tanto descabellado para mí tratar de venir aquí esta noche. Una azafata me reprendió al intentar yo bajarme del avión antes de que se detuviera. He tenido hoy un día largo y muy atareado. Me levanté temprano para dictar estas palabras y luego corrí al templo para efectuar una ceremonia matrimonial. De ahí fui a que me cortaran el pelo, después me apresuré hasta el aeropuerto, tomé el avión, y aquí me tienen. Esto es demasiado para hacerlo en un solo día, pero es característico del tiempo abrumador y complicado en que vivimos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él probablemente no cambiaría este régimen de las cosas, sin embargo. En ese mis
